Proteccionismo: un fantasma que crece pero con previsibilidad

Proteccionismo: un fantasma que crece pero con previsibilidad

Mientras la Argentina multiplica las restricciones a las importaciones para asegurarse el superávit comercial, otros países también ensayan recetas para proteger a sus mercados de la crisis. ¿La diferencia? Reglas claras, a contramano de la improvisación local, principal queja de los socios comerciales. El capitalismo de estado: una tendencia que llegó para quedarse. 16 de Marzo 2012
Como si se tratara de una carrera de obstáculos, en la Argentina los empresarios sortean a diario las trabas a las importaciones que impone el sofocante secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Licencias no automáticas, declaraciones juradas, retrasos aduaneros, sutiles llamados telefónicos y explícitas arengas exportadoras son parte del repertorio del omnipotente funcionario para cumplir con uno de los grandes desvelos económicos del Gobierno para el 2012: la balanza comercial.

Sin embargo, y pese a los esfuerzos de quien todos señalan como el Ministro de Economía de hecho, el panorama no parece demasiado alentador. Con las exportaciones afectadas por la sequía, la caída del precio de los commodities producto de la crisis internacional y la menor tracción de Brasil, sumados a una demanda de importaciones creciente, los especialistas en comercio exterior consultados por WE pronostican un superávit comercial menos holgado para este año.

Nadie lo duda: sin dólares y sin acceso al financiamiento en los mercados de capitales, se avecina una política regulatoria más intensa. "El gran motor que impulsa a imponer restricciones es la necesidad de sostener un superávit comercial fuerte, porque la Argentina no tiene otra vía de entrada de capitales", sostiene Mauricio Claveri, especialista en comercio internacional de la consultora Abeceb.com.

Según datos del Indec, en 2011 aún con la férrea política de restricciones, el saldo comercial cerró en torno a los US$ 10.347 millones, un 11 por ciento menos que en 2010. La caída se explica en gran medida por el aumento del 31 por ciento en las importaciones, que alcanzaron los US$ 73.900 millones.

"Este año se avizora una situación internacional complicada que puede hacer que la Argentina exporte menos y que tenga un superávit comercial menor, y que el Gobierno prefiera ajustar por el lado de las importaciones", opina el presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), Diego Pérez Santisteban.

Los últimos datos del Indec ya marcan tendencia: las importaciones en enero crecieron al menor ritmo en dos años, al subir sólo un 10 por ciento con relación al mismo mes del año anterior. Así, se alcanzó un vez más superávit comercial, aunque de apenas US$ 550 millones.

Respecto al prónostico anual, en las consultoras los economistas hablan de una balanza modelo 2012 más cercana a los US$ 6000 millones que a los US$ 10.000 que anhela el Gobierno.

Mientras se agudizan los faltantes en diversos sectores y se acumulan las quejas por la falta de certezas en las reglamentaciones de empresas extranjeras y socios comerciales como Brasil, Uruguay y Chile (está última nación recibió ayer a Cristina Kirchner en un clima de molestia por las trabas que impone Buenos Aires a sus productos), fronteras afuera los principales países de la región y del mundo debaten cuál es la receta más adecuada para proteger sus mercados en tiempos en que la crisis de la eurozona y de Estados Unidos tienen en vilo a la economía global.

"En el mundo hay un despertar del proteccionismo, cosa que suele ocurrir cuando hay escenario de crisis potenciales y cambios en los parámetros comerciales de referencia", analiza Marcelo Elizondo, ex titular de la Fundación ExportAr y director de la consultora DNI, sobre el contexto externo post-crisis financiera.

El proteccionismo económico alternó momentos de popularidad con ostracismo a lo largo de la historia. Y si bien en tiempos de especialización y de cadenas de producción globales ya nadie apuesta a políticas proteccionistas como mecanismo de desarrollo a mediano y largo plazo, actualmente la incertidumbre económica y financiera generó que se endurecieran los controles en el comercio entre naciones.

"El proteccionismo actual puede llegar a ser una tendencia coyuntural, pero el renovado rol del Estado es, definitivamente, una tendencia que llegó para quedarse", dice Mariano Turzi, politólogo de la Universidad Di Tella y autor del libro BRICS: Las potencias emergentes. Y agrega: "El capitalismo de estado es el nuevo paradigma que surgió después de la crisis de 2009. Por eso la variable política va a ser cada vez más importante en cualquier cálculo comercial o corporativo. Aquella mano invisible del mercado ahora es reemplazada por un guante visible del Estado".

Buenos vecinos
Por tratarse del principal aliado comercial de la Argentina y por su peso geopolítico en América latina, la estrategia de comercio exterior de Brasil es siempre motivo de análisis de este lado de la frontera. Los especialistas coinciden en señalar que actualmente la sexta economía del mundo presenta similitudes ténicas, pero diferencias en el modo de aplicación con respecto al manual del gobierno de Cristina Kirchner.

En 2011, debido a la apreciación del real y a la pérdida de competitividad en sectores de su industria, el gobierno de Dilma Rousseff acudió a una serie de herramientas para proteger su mercado interno: aumentó el número de Licencias No Automáticas (LNA), aceleró medidas anti-dumping y aumentó el Impuesto a Productos Industrializados (IPI).

"Brasil es un país con la tradición más defensiva históricamente en la región. En los años recientes ha aplicado a sus importaciones medidas similares a las que usa la Argentina pero de una forma más suave, ya que la balanza comercial brasileña se ha mantenido positiva y el país ha recibido entradas de capitales muy fuertes" sostiene Claveri, en contraposición con la creciente merma de divisas que aqueja a la Argentina.

La utilización de LNA para proteger el mercado brasileño data de la década del 90 y de hecho se las aplica a un universo de productos mayor a los cerca de 600 que exhibe la Argentina. Sin embargo, Claveri destaca que Brasil "las aplica selectivamente en caso de que necesite hacerlo, cómo sucedió recientemente en la industria automotriz, por ejemplo". Al respecto, el presidente de la CIRA, agrega: "Brasil se maneja con las LNA bajo la órbita de la Organización Mundial de Comercio (OMC), allí las licencias se liberan dentro de los plazos estipulados. Y eso genera previsibilidad".

En materia energética, rubro que en 2011 explicó el 13 por ciento de las importaciones en la Argentina, Brasil es una suerte de contracara. Históricamente, Brasil fue importador neto en términos energéticos, y a raíz de los proyectos de exploración que tiene en marcha y al desempeño de Petrobras, está en camino de convertirse en potencia. En tanto, aquí -mientras sube la tensión entre YPF y el Gobierno- se recorre el camino inverso: como reconoció la propia Presidenta, el país el año pasado se volvió deficitario, lo cual, al mirar la balanza comercial, genera más presión sobre el resto de los sectores para mantener el superávit.

Doble estándar
En paralelo, existe otro modelo de comercio exterior que gana adeptos en América latina. Se trata de una línea más abierta al mundo, sin restricciones a las importaciones, y en la que, incluso, proliferan los Tratados de Libre Comercio (TLC) con potencias como los EE.UU. o China. Entre sus miembros emblemáticos se encuentran Chile y México, aunque países como Colombia y Perú -superada la inquietud que despertó en los mercados el triunfo electoral del populista Ollanta Humala el año pasado- también se sumaron al club.
Y mientras los países emergentes centran su estrategia de protección mediante la aplicación de barreras arancelarias o trabas directas que generan dificultades para restringir el ingreso de productos, los países desarrollados echan mano a medidas técnicas que en la práctica actúan como barreras para-arancelarias, como son los requisitos sanitarios y fitosanitarios, las normas de calidad o las exigencias medio-ambientales. "La diferencia con las economías emergentes es que, al ser normas técnicas, se convierten en medidas difícilmente cuestionables", dice Claveri.

"La Unión Europea presenta una especie de doble estándar: es proteccionista hacia afuera, pero muestra absoluta apertura fronteras adentro. Como bloque suele acudir a diversas vías de protección, desde las arancelarias a los subsidios a la producción agropecuaria, por ejemplo", agrega Elizondo.

Un informe divulgado esta semana por Standard and Poor's es contundente respecto a la postura europea. Según la calificadora de riesgo, "hay un riesgo de cambio inesperado del actual marco de políticas que afectan el comercio internacional", lo cual podría "aguar" las perspectivas de crecimiento latinoamericano. También alerta que "el prolongado estancamiento" podría generar una reacción de algunos países "a favor de un mayor nacionalismo introvertido".

El otro caso emblemático es el de China. El gigante asiático tiene como pilar estratégico incrementar sus exportaciones y lograr mayor penetración en los mercados externos. "China mantiene su moneda algo debilitada, con una paridad cambiaria similar a la argentina con el peso, que es altamente competitiva al evitar que se le aprecie el yuan", explica Claveri. De todas maneras, los analistas destacan que ante el voraz crecimiento de su mercado interno, el mundo está atento a las medidas que Beijing pueda imponer a sus importaciones.
Intervencionismo y regulación

"El tipo y la calidad de la intervención estatal van a variar muchísimo en cada país según las capacidades y las voluntades políticas. Si la intervención política no está bien definida, se genera incertidumbre para los inversores", define Turzi.

El ex jefe de la Fundación Exportar aporta su mirada: "En general, los países que tienen un comercio exterior muy intervenido, a su vez lo tienen muy regulado. Y los que lo tienen poco intervenido, lo tienen poco regulado", dice. Para Elizondo, en esta última categoría caen países como Singapur o Taiwán, paraísos del libre comercio. En la otra vereda, explica, está Brasil. "Se trata de un país cuya intervención en comercio exterior es creciente, pero que va acompañado de regulaciones crecientes. Aplican LNA para muchos productos, pero cumplen un mecanismo formal e institucional provisto por la OMC que concede certezas".
La Argentina escapa a ambas categorías. "Tiene un comercio exterior muy intervenido, pero poco regulado. De modo que la intervención no genera certidumbres y no le concede a las empresas un escenario a largo plazo para tomar decisiones", dice Elizondo. Y agrega: "Aquí se aplica una intervención no regulada, que está más relacionada con solicitudes de la administración pública a las empresas o con ciertos requerimientos relacionados a decisiones políticas".

Por lo pronto, el Gobierno ya estudia subir los aranceles de importación a 100 nuevos productos. El listado, consensuado con empresarios, incluye bienes de capital, intermedios y de consumo. Desde el Ministerio de Industria advierten que como contrapartida los industriales se comprometen a generar más inversión, empleo y a mantener los precios bajos.

"Los importadores nos acomodamos a los trámites y a las normas burocráticas. El problema es no tener certezas sobre las reglas de juego", concluye, desde la Cámara de Importadores, Pérez Santisteban.



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