Por qué la Argentina no seduce al capital extranjero

Por qué la Argentina no seduce al capital extranjero

Históricamente en el tercer lugar en recepción de inversión foránea directa tras Brasil y México, el año pasado la Argentina cayó a la sexta posición en ese ránking de países latinoamericanos. Los analistas coinciden en que, más allá de las posibilidades estrictamente económicas, el problema pasa por la incertidumbre política. La inflación también es un factor que conspira. 08 de Julio 2011

No son los fundamentales económicos. Se trata de un país grande con 40 millones de habitantes, con una capacidad industrial medianamente desarrollada y casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados de superficie, cuya economía crece de forma sostenida, aunque de forma cada vez menos subyacente sea acosada por una creciente inflación. "El principal problema es el escenario de inestabilidad política", dice tajante Diego Martínez Burzaco, economista de Inversor Global. Por más que haya problemas específicos en algunos sectores de la economía, la caída en la inversión extranjera se debe de forma casi exclusiva a la falta de previsión que enfrentan aquellos que quieran apostar capital en el país.

"Es un escenario complejo y completo en el sentido de desalentar la inversión", apunta Martínez Burzaco. "Está el tema de la inseguridad jurídica, con cosas puntuales, como la estatización de las AFJPs. Pero también se trata de un escenario donde las políticas estatales de mediano y largo plazo, que trascienden al gobierno de turno, parecen estar ausentes. Y hoy por hoy vivimos en un contexto de alta inflación doméstica con baja inflación global, lo que encima para las empresas sube los costos en dólares de la mano de obra".

Según datos de la Cepal, en 2010 la Argentina ocupó el sexto lugar latinoamericano en recepción de inversión extranjera directa (IED). Esto sitúa al país no sólo por detrás de economías de mayor tamaño como México o Brasil, sino que lo relega a manos de economías de menor envergadura, como Chile o Colombia, países que se han caracterizado por aplicar reformas estructurales en el sentido de fomentar la inversión.

De muestra basta un botón: si durante la crisis de 2009 los flujos a América Latina cayeron en 41%, en la Argentina se redujeron por la mitad.

A continuación, un vistazo a los vecinos más cercanos.

Uruguay
"En la Argentina, por cómo conciben la política los miembros de los últimos dos gobiernos, las acciones discrecionales de la política económica se han vuelto mucho más frecuentes y trascendentes", dice Gabriel Oddone, de la consultora CPA Ferrere en Montevideo. "En Uruguay, a pesar de la mayor vocación dirigista del gobierno actual, la distancia con las formas y sustancias de los gobiernos argentinos recientes son considerables".

En este escenario, sostiene Oddone, "la economía uruguaya es una economía abierta, de hecho mucho más abierta que la argentina. Aquí también el tamaño importa, aunque Uruguay ha cumplido un prolongado y sostenido proceso de apertura desde 1974. Nótese que en este período gobernaron tres de los cuatro partidos con representación parlamentaria -sólo el Partido Independiente con dos diputados no figura- y la dictadura. Esto es, la apertura es una política de Estado en Uruguay, lenta como todo en Uruguay, pero firme".
Actualmente en el lugar 64 del ránking del World Economic Forum, en Uruguay ha crecido el flujo en los negocios relacionados con la maduración de la producción forestal y sus derivados (celulosa, chips), así como la inversión en el sector agropecuario, sobre todo agrícola. Este sector se ha visto favorecido por los altos precios internacionales y por la incertidumbre que provocan las políticas sobre el sector en la Argentina, desviando capital hacia el otro lado del Río de la Plata. Esto ha provocado que la inversión extranjera directa se haya duplicado en términos del PIB en los últimos cinco años en relación a toda la historia del país. "La distribución de dividendos a los accionistas del exterior tributa un 7% de Impuesto a la Renta de No Residentes. Esto te da la pauta de cómo, en este caso, la repatriación de utilidades está lejos de ser expulsora de inversiones", dice Oddone.

Según el economista, el régimen de inversiones uruguayo, que contempla el establecimiento de zonas francas, suele ser muy útil para los inversores extranjeros. "El régimen de inversiones es particularmente beneficioso, puesto que permite deducir en promedio hasta el 50% del Impuesto a la Renta Empresarial a pagar. Y en un máximo muy excepcional la deducción, incluso, puede alcanzar el 100% de lo invertido". 

Chile
Donde también existen zonas francas y facilidades tributarias para la inversión, además de altos estándares en la mayoría de los frentes, es al otro lado de la cordillera. En Chile, las zonas francas de Iquique y Punta Arenas, en los extremos norte y sur del país, sirven como portones de entrada a una inversión que luego se disemina por el resto del territorio. En el ránking de competitividad del World Economic Forum, Chile se encuentra en el lugar número 30 a nivel mundial y en el primero a nivel latinoamericano y en el número 21 en el ránking preparado por la Heritage Foundation entre 178 países para medir los niveles de corrupción y décimo mundial en el índice de libertad económica de la misma institución.
Además, cuenta con 20 tratados de libre comercio con 57 países alrededor del mundo que representan un 90% del PBI mundial. De esta forma, a pesar de ser un mercado relativamente pequeño, ha podido reinventarse a sí mismo como plataforma hacia el Asia-Pacífico. Desde el año pasado es miembro de la OCDE, una muestra no sólo de estabilidad económica sino además política, algo que lo hace fuertemente atractivo en comparación con otra potencial plataforma hacia el Pacífico, como Perú.

Chile cuenta con el menor riesgo país de la región, resultado de su estabilidad económica, disciplina monetaria y un sólido sistema político y fiscal. Cuenta además con acuerdos bilaterales para evitar la doble tributación con 22 países -incluyendo la Argentina- y un impuesto al ingreso temporalmente en 18,5% como parte del programa de reconstrucción post terremoto (es originalmente de 17%, nivel al que debería volver en 2013) y ofrece una serie de beneficios tributarios para la investigación y desarrollo.

En el lugar número 15 entre 82 países -y primero en Latinoamérica- en el ránking de clima de negocios de The Economist Intelligence Unit, todos estos factores han llevado a Chile a aumentar sostenidamente los niveles de su IED. Si durante la década del '90 ésta equivalía a un 6,5% del PBI chileno, la proporción se ubica acttualmente en 8%, con miras a seguir aumentando.

Brasil
Como ya se está haciendo costumbre, Brasil marca la pauta.

En los primeros cuatro meses de este año la inversión extranjera directa en el vecino carioca se triplicó respecto del mismo periodo del año anterior, alcanzando u$s 22.985 millones. La cifra, de paso, equivale a un 42% de la previsión del gobierno de Dilma para todo 2011, que debería alcanzar los u$s 55.000 millones. Incluso, en el sistema financiero la inversión era tal que el gobierno tuvo que ponerle freno -a través de un aumento de los impuestos sobre las inversiones de corto plazo- para detener la apreciación del real. Según informó el Banco Central de Brasil, la inversión extranjera en el mercado financiero se ese país cayó a la mitad, de u$s 16.625 millones a u$s 8.637 millones, pero parte de ella se estaría desviando hacia la economía productiva con capitales provenientes de la Unión Europea, el Mercosur, los Estados Unidos y China.

En los primeros meses de este 2011 se triplicó la inversión de las empresas multinacionales en proyectos productivos en Brasil y según el Central brasileño, el aumento de la inversión extranjera directa financió por completo el déficit de cuenta corriente del país, que en los primeros cuatro meses había acumulado un récord de u$s 18.119 millones.
Pareciera que Brasil ya no sabe por dónde crecer. Número 58 en el ránking del World Economic Forum, si bien el ámbito de inversión de las empresas extranjeras presentes en el país ha estado siempre relacionado a sectores como metalurgia o minería, el sector agrícola de la economía brasileña también ha comprobado su atractivo. Sólo en marzo de este año el gigante suizo Nestlé hizo una inversión de 70,1 millones de euros en producción lechera en el estado de Río de Janeiro.

Vuelta a casa
Según un informe de Ecolatina, la Argentina está en medio de un sostenido proceso de pérdida de atractivo para la inversión extranjera directa. Según el último informe de la Cepal, durante 2010 Argentina recibió u$s 6.193 millones, una reducción de 36% con respecto a 2008 que representan un 5,3% respecto de los u$s 113 mil millones recibidos por Latinoamérica en su conjunto y un 7,3% respecto de los u$s 85 mil millones concentrados en Sudamérica.

El informe sostiene que si bien en la Argentina "en promedio su flujo de capitales externos registra cierto crecimiento, en los últimos años evidencia una continua pérdida de participación en relación a sus vecinos". De esta forma, lo recibido el año pasado equivale apenas a 5,5% del total de los capitales entrantes en la región, el nivel más bajo de las últimas dos décadas (a excepción del período de crisis 2001-2003).

De esta forma, la abundante liquidez y las bajas tasas de interés en los países desarrollados, sumadas al fuerte crecimiento de los países emergentes, han creado un contexto muy favorable para el ingreso de capitales en los países de América Latina donde la Argentina no está recibiendo la parte de la torta que tradicionalmente le correspondía. De ser históricamente el tercer país de la región en términos de recepción de inversión extranjera -detrás de Brasil y México-, en el lapso 2006-2008 ocupó el quinto puesto y en 2009 y 2010 descendió al sexto lugar.

"El contexto mundial permite que América Latina sea considerada como un 'vecindario de moda' para concretar inversiones. Sin embargo, la Argentina no está capitalizando las circunstancias con el mismo éxito que sus vecinos", sostiene el informe.

En cambio, países como Chile o Perú más que duplicaron la suya en los últimos cinco años. Es que, razona, "existen parámetros sobre los cuales el país exhibe muy malas calificaciones y son de gran importancia para atraer los flujos de inversión extranjera directa".

Según el ránking de facilidad para los negocios elaborado por el Banco Mundial, la Argentina aparece en la 115 posición de un total de 183 países, mientras que en el índice de competitividad del World Economic Forum, se ubica en el puesto 87 entre 139 naciones, por debajo de los tres países comentados en este informe. "Las decisiones de inversión se materializan luego de evaluaciones más amplias que las que presentan estos indicadores. Pero los mismos no configuran una buena carta de presentación del país en el extranjero y son reflejo de cuestiones que también limitan la inversión a nivel local".

En una sintonía similar se encuentra Martínez Burzaco, quien de todas formas destaca las potencialidades de la economía nacional. "Existen áreas, como la infraestructura del sector energético, donde la inversión sería altamente rentable en un escenario, por ejemplo, de liberalización de las tarifas. Aunque esto es improbable con el curso del actual manejo económico", dice. Otra área con potencial podría ser la explotación de recursos naturales, pero en el contexto actual el economista estima que una de las áreas que seguirá atrayendo la inversión será el retail, "sobre todo porque el consumo está ocupando una parte cada vez mayor en la torta del PBI nacional".



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