Por qué China e India se necesitan mutuamente

Por qué China e India se necesitan mutuamente

Para acelerar su desarrollo económico, los dos países deben superar sus suspicacias, dicen los columnistas Anil K. Gupta y Haiyan Wang 31 de Mayo 2010

Por Anil Gupta y Haiyan Wang

Algunos rumores recientes de que el gobierno indio estaría dificultando a las compañías chinas exportar equipamiento para telecomunicaciones a los operadores de aquel país (o incluso que hasta podría emitir una prohibición basada en aspectos de seguridad) son solo la última novedad en la relación entre las dos potencias emergentes, que avanza dos pasos al mismo tiempo que retrocede uno.

De una pequeña base de US$ 2900 millones en 2000, el comercio bilateral entre China e India creció exponencialmente en los últimos diez años. En 2008 alcanzó los US$ 52.000 millones, en 2009 la crisis financiera internacional generó una pequeña retracción, y es muy probable que supere los US$ 60.000 millones en 2010. Para poner estas cifras en perspectiva, el comercio bilateral de China con toda América latina y el continente africano es de cerca de US$ 110.000 millones con cada uno. Durante la última década, el comercio entre China e India creció a una tasa anual del 40 por ciento, un ritmo dos veces más rápido que el que cualquiera de esos dos países registró con el resto del mundo. China es ahora el socio de negocios más grande de India. Y en sentido contrario, India es el décimo socio más grande de China a nivel mundial.

Consideremos también algunos de los desarrollos recientes. Las compañías chinas son los más grandes proveedores para los productores de energía indios. En marzo de 2010, una compañía del gigante asiático entregó trenes subterráneos que serán utilizados en Mumbai. Y ese mismo mes, Kamal Nath, ministro de Transporte, Rutas y Autopistas indio, señaló públicamente que le gustaría invitar a las firmas chinas a jugar un rol importante en el desarrollo de las redes ferroviarias de alta velocidad de su país, una declaración que fue muy bien aceptada por los funcionarios chinos.

Las exportaciones de India a China consisten principalmente en materias primas. Luego de Australia y Brasil, es el tercer exportador de hierro a China. Pero más allá del comercio, los vínculos entre los dos países están creciendo también en otras dimensiones. Con las adquisiciones de Jaguar y Land Rover a Ford, Tata Motors ahora obtiene una facturación de cerca de US$ 1000 millones del mercado chino. Y otra de las firmas de ese grupo, Tata Consultancy Services, se ha convertido en el proveedor líder de software de base para el sector bancario del gigante oriental.

A cambio, firmas chinas como Lenovo, Haier y Alibaba han visto crecer su presencia en el mercado indio. Y Shanghai Automotive compró recientemente una participación del 50 por ciento en las operaciones indias de General Motors. Por otra parte, Huawei Technologies, la tecnológica china líder, opera un centro de investigación y desarrollo de software con 2000 personas en Bangalore, el más grande fuera de su territorio, y ha anunciado que lo expandirá a 5000 profesionales los próximos tres a cinco años.

Pero además del crecimiento en el comercio, la inversión y los vínculos tecnológicos entre compañías, los gobiernos de ambos países comenzaron a armonizar y coordinar sus políticas en numerosas áreas, como el calentamiento global, las discusiones mundiales de comercio y el poder de decisión en instituciones multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.

FUENTES DE DESCONFIANZA
Más allá de estos avances positivos, existen dos grandes problemas que continúan generando fricciones: el déficit comercial indio, junto con la desconfianza que generan disputas territoriales no solucionadas, y la duradera amistad de China con Pakistán. A pesar de lo que los líderes políticos de ambos países han explicitado que desean tomar el camino pragmático, la falta de confianza siempre sale a la luz, con sus efectos negativos para el frente económico.

Reflejo de ello son los rumores sobre las importaciones de equipamiento de telecomunicaciones chinos y el hecho de que la India lidera la presentación mundial de casos antidumping en contra de aquel país. En el contexto de esta danza, que avanza dos pasos y retrocede uno, mencionamos cuatro recomendaciones.

Primero, la relación económica entre los dos países es de suma importancia para ambos. China está mejorando la estructura de sus importaciones de bienes de consumo de labor intensivo a productos tecnológicos. Y mientras India continúe con la revolución de su infraestructura y producciones, representa la mayor oportunidad de mercado para las manufacturas de maquinaria chinas. Además, en los próximos 15 a 20 años, India se convertirá en la tercera economía mundial. Entonces será muy difícil para las compañías chinas competir mundialmente en sus respectivas industrias sin una presencia significativa en el mercado indio. Y la misma lógica se aplica para las firmas indias con ambiciones globales. Y además será necesario que los líderes políticos de ambos países se mantengan pragmáticos y no se vuelquen a la retórica extremista de los nacionalismos.

Segundo, India debería dejar de lado la equivocada aprensión sobre su déficit comercial con el gigante asiático. Para el gobierno de aquel país es una mirada de corto plazo sumarse a las preocupaciones de los proveedores locales de maquinaria, quienes en cualquier caso no son capaces de abastecer la creciente demanda doméstica. Sin una intervención divina, no hay forma de que India pueda esperanzarse con convertirse en una potencia económica sin una construcción y desarrollo agresivo de su infraestructura. Los bajos costos de la maquinaria china pueden ser de gran ayuda para que el país acelere su revolución estructural y productiva. De hecho, si China quisiera entregar su maquinaria en forma gratuita, India debería aceptarla. A medida que la infraestructura mejore, comenzará fácilmente a darle a China un retorno en los mismos sectores en los cuales hoy mantiene el liderazgo, como los bienes manufacturados. Las capacidades de ingeniería de India están entre las mejores del mundo y su costo laboral es menos de la mitad que el chino.

LA ATRACCIÓN DE LOS JOINT VENTURES
Tercero, India debería aprender de China y lidiar con el gigante de la misma manera que ellos lo hacen con las compañías occidentales. El mensaje debería ser: nuestras puertas están abiertas, son bienvenidos, pero nosotros queremos que cierren joint ventures e inviertan en India. Esa estrategia expandiría los vínculos económicos entre los dos países en otras dimensiones además del comercio. También permitiría el flujo de las capacidades de infraestructura y capital chinos a India. Las inversiones y las sociedades joint venture también acelerarían el ritmo en el que los emprendedores y managers de ambos países aprenden y se sienten cómodos entre ellos.

Finalmente, deben ser creados puentes confiables para que el capital chino (en el rango de los US$ 100.000 millones) encuentre su camino hacia India. El gigante asiático representa una montaña de capital en busca de inversiones atractivas. Durante la próxima década, con el objetivo de más de US$ 1 billón que se necesitan de inversiones, los proyectos de infraestructura indios pueden proveer a China de una gran oportunidad.

En el corto plazo, además de la maquinaria, el capital chino también puede emerger como un socio indio en la aceleración de la revolución estructural. El golfo que necesita ser unido es el de la desconfianza, pero existen mecanismos bien establecidos para permitir que partidos que no se tienen confianza mutua puedan hacer negocios. Uno de esos mecanismos es que el capital chino ingrese como “socio limitado” de los fondos indios enfocados en infraestructura y administrados por terceras partes en las que ambos confíen. Después de todo, si China y Japón pudieron aprender a hacer negocios juntos, por qué no podrían hacerlo China e India, dos países que han mantenido una relación armonioso por más de 2000 años.

Anil K. Gupta (anil.gupta@insead.edu ) es profesor de estrategia de Insead. Haiyan Wang (hwang@chinaindiainstitute.com) es socio y manager del China India  Institute y profesor adjunto de estrategia de Insead. Los dos escribieron Getting China and India Right (Wiley, 2009) y The Quest for Global Dominance (Wiley, 2008).



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