Pingazos en rodeo ajeno

Pingazos en rodeo ajeno

La Argentina exportó caballos por más de US$ 30 millones en 2009 y se consolida como uno de los principales productores del mundo. 06 de Septiembre 2010
La historia hípica, en la Argentina, viene de larga data. Los españoles introdujeron los caballos en las Pampas, lo que dio origen a la raza criolla. Hoy, el país se ubica entre los 10 con mayor stock de equinos en el mundo y es el cuarto productor mundial de caballos de carrera, con 8000 por año. En total, las actividades hípicas generan un movimiento superior a los US$ 800 millones anuales, lo que representa un 5 por ciento del producto bruto agropecuario y emplea a 70.000 personas de manera directa y a 110.000 en forma indirecta, según datos de la Coordinación de Actividades Hípicas del Ministerio de Agricultura de la Nación. “La industria, en general, muestra una tendencia de crecimiento, con la característica de estar compuesta por muchos actores y actividades”, destaca Patricio Digilio, coordinador del área. Los más de 2,7 millones de caballos vivos que hay en el país se dividen en caballos de carreras, de equitación (prueba completa, salto, adiestramiento), polo, pato y otras actividades como las jineteadas o pruebas de rienda. Además de los caballos de trabajo o paseo.

Si bien es una actividad con alta tradición familiar, emparentada con un hobby o una pasión, encuentra su veta de negocio, sobre todo, en los caballos deportivos de exportación. En 2009, se vendieron al exterior 4476 caballos por un valor de US$ 30,2 millones, algo menos que en 2008, aunque mayor que en 2007, cuando se exportaron 5005 ejemplares, por US$ 24,4 millones. “La exportación creció en montos porque, antes, no se declaraban los valores reales a los que se vendían los caballos. Hace cuatro o cinco años, se dictaron resoluciones en las que, dependiendo del valor del caballo, hay un precio mínimo para liquidar impuestos”, explica José María Nelson, socio del Estudio Hope, Duggan & Silva y criador y propietario de caballos de carrera. Concretamente, se establecieron retenciones del 10 por ciento a la exportación. “La caída del último año tiene que ver con la crisis internacional. En 2010, recuperaremos lo que se vendió en 2008 (casi 5500 productos)”, pronostica Digilio.

Entre las razas más demandadas en el exterior, se encuentran caballos de polo, pura sangre de carrera, reproductores de criollos, reproductores de árabes y de silla argentino (para salto). 

“En el turf, hay dos etapas: previa al debut en las pistas, sin domar, que son los que menos se exportan; y, luego, los que se venden con entrenamiento, con más valor a medida que se cotizan”, explica Enrique Delger, director Comercial de Haras Firmamento. Por ejemplo, un ganador de un clásico puede cotizar en la amplia franja de US$ 100.000 a US$ 1 millón, según su edad, pedigree y campaña. Desde hace 30 años, el haras se especializa en la cría de caballos de carrera (su titular es Juan Carlos Bagó, dueño del laboratorio homónimo), con un plantel de 250 yeguas madres y una producción anual de 160 a 170 productos. En 2009, ganó la estadística de productores, con 199 ganadores en 308 carreras, y un total de $12,6 millones en premios. Atrás quedaron el haras La Quebrada, de la familia Ceriani (con  $ 11,8 millones); La Biznaga, de la familia Blaquier ($ 7,1 millones); y El paraíso, con $ 6,8 millones. En total, los hipódromos (Palermo, San Isidro y La Plata, a la cabeza) mueven un volumen cercano a los $ 600 millones anuales. 

El caso Campero
Campeón en la Argentina, Campero fue un pura sangre que ganó también el Gran Premio de Roma. Su dueño se lo quedó de padrillo (macho reproductor) para 80 yeguas madres. “La realidad es que los 240 hijos de Campero nunca ganaron nada. Este modelo de haras se fundió”, comenta Nelson. Hoy, los haras (lugar donde los productores crían y domestican a los caballos), apuestan a entre ocho o diez padrillos y cada uno no tiene más del 30 por ciento de los hijos. Aún así, siguen siendo entre 200 y 300 los que existen en la provincia de Buenos Aires, con un fenómeno particular que empieza a darse en el negocio de los propietarios, llamado “racing clubs”: fondos que atraen a inversores para que, en vez de invertir $ 20.000 en un solo caballo, deposite ese dinero en un fondo que tiene entre cinco y siete ejemplares. “Cada inversor posee un 7 ó 10 por ciento del fondo con otras 10 personas y se compite a un mayor nivel, con más caballos y menor riesgo. Es el mismo modelo de los pooles de siembra. Se puede entrar con $10.000 ó $ 20.000, sabiendo que la plata está administrada por un profesional. Lo ideal es comprar un 10 ó 20 por ciento de un fondo”, agrega Nelson. 

Otro nicho son los caballos de tiempo libre para el mercado europeo. “Hay un potencial muy grande a desarrollar para caballos de paseo que demanda Europa”, revela Carlos Solanet, director Comercial de La Rural, quien recomienda invertir en caballos de pedigree (de raza) y en la cría de alta calidad. La Rural, además de organizar la exposición “Nuestros Caballos” (principal exposición ecuestre de América latina, que convoca a más de 900.000 personas, 700 animales y 30.000 criadores), incentiva a las asociaciones de productores locales (de criollos, cuarto de milla, árabes, polo, silla argentina, peruanos de paso, percherón, petisos, entre otras) a insertarse en el mercado europeo. Ya realizó la primera exposición europea de caballos criollos junto a la Feria de Verona, “Fieracavalli”. “El sector se amplió mucho. Nuestra tasa de crecimiento en expositores –criadores– es del 20 por ciento anual”, afirma Solanet. 

En el mercado interno, los remates y las compras entre particulares son las vías por las cuales corre la comercialización. Aunque mucho varía según la raza. “Inscribimos 5000 crías por año de productos de pedigree. Entre el 15 y 20 por ciento se comercializa a través de remates”, destaca Raúl Etchebehere, directivo de la Asociación Criadores de Caballos Criollos, que tiene 900 socios. La Exposición Rural de Palermo, entre julio y agosto, es la más importante, aunque las exposiciones locales y los remates de cabaña ganan terreno. Los productos criollos más cotizados (campeones o ganadores de pruebas) pueden estar en $ 25.000. Ejemplares para la industria o trabajo parten desde $ 1500. Una yegua de cría o un criollo castrado rondan los $ 5000/8000. “Hace cuatro años fuimos la primera raza que salió a vender en 12 y 18 cuotas. Eso agilizó el mercado”, afirma Etchebehere. En 2009, llegaron a comercializar entre 500 y 600 productos.    
       
Salto en alto
Considerada como la tercera disciplina dentro de la industria hípica, después del polo y el turf, la equitación también pone foco en la exportación. “Es bastante selectiva y apunta a los mejores productos”, sostiene Enrique Santamarina, manager del Haras Henry Jota (ubicado en General Las Heras, Buenos Aires) y presidente de la Asociación Argentina de Fomento Equino. Con más de 350 criadores, la entidad inscribe más de 2000 productos por año. Los compradores llegan desde los Estados Unidos, México, Colombia y Ecuador, principalmente. “El negocio de la cría es difícil y de largo plazo. Hay un año de gestación y, hasta que se comercializa, pasan tres años (promedio que se vende un producto recién domado). A nivel deportivo, para llegar a cotizarse, tiene que tener no menos de ocho o nueve años de vida”, aclara Santamarina. Ahí, recién, se demuestra si la cría es buena, por lo que los riesgos son altos, al igual que los insumos. En la cadena, están comprometidas la industria veterinaria, de transportes, fletes y seguros, alimentos y forrajes, talabartería y enseres, herrajes y operadores intermedios, como brokers dedicados a la búsqueda de ejemplares de calidad. “El negocio en el caballo de salto está en la valorización, en la medida que se mete en el circuito deportivo”, afirma Eduardo Rosenberg, presidente del Haras La Tatabra.

El Gran Premio Sol de Mayo, el Del Capricho (ambos internacionales) y los grandes premios nacionales son los principales de la actividad. Ubicado en San Miguel del Monte, el haras vende unos 30 productos por año (a los tres o cuatro años de edad) en un remate. “El mercado interno es pequeño y el negocio es marginal. El 50 por ciento de nuestros productos se exportan”, destaca Rosenberg. El piso de comercialización ronda los US$ 2000.



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