Paseos junto al río Tajo

Paseos junto al río Tajo

Entre angostas callejuelas, altos miradores, playas y paseos fluviales, Lisboa invita a disfrutar tanto de paisajes naturales como de una arquitectura que lleva a sumergirse en recorridos con una sorprendente historia medieval. 27 de Mayo 2011
Custodiando las orillas a través de las cuales el río Tajo se sumerge en el océano, hace casi 2.000 años nació la legendaria ciudad de Lisboa. Fue erigida como capital portuguesa en 1255 y en poco tiempo se convirtió en un centro cosmopolita reuniendo a los grandes navegantes que, desde mediados del siglo XIV, impulsaron la venturosa era de los descubrimientos.

Hoy en la ciudad aún brillan las reminiscencias de la vieja metrópoli, del imperio de ultramar, mientras entre callejuelas donde resuenan viejos tranvías los desniveles del terreno sorprenden con inesperados miradores y con esa mezcla de aromas de mar, de café y de castañas asándose en las esquinas que completan la seducción urbana en recorridos de una nostalgia atemporal.

Debido a su origen como lugar de encuentro entre el continente y el océano, esta ciudad bien puede comenzar a recorrerse desde la costa, desde el lugar que fue antiguamente el punto de arribo de viajeros de todo el mundo. Aquí se encuentra la Praça do Comércio, también conocida como Terreiro do Paço, cuyo lado sur muestra el encanto de un espacio abierto al río. Este sitio es punto de partida de las excursiones en barco que permiten pasear por el Tajo o que, directamente, llevan a la orilla opuesta, al histórico barrio de Belém y al Parque de las Naciones. De aquí salen también las excursiones turísticas en tranvías centenarios, que constituyen una manera amena y diferente de conocer la ciudad.

En dirección opuesta al Tajo se abre la Baixa, una agitada zona comercial donde numerosas fachadas de azulejos muestran cómo la arquitectura portuguesa ha llevado este elemento a su más refinada expresión. Si luego se desea ahondar en este arte heredado de los árabes, basta dirigirse al Museo Nacional del Azulejo, situado en un antiguo convento del siglo XVI.

Atravesando la Baixa, las zonas del Rossio y la Praça da Figueira vuelven la imaginación hasta la época medieval, mientras permiten ver desde el llano al elevado Castillo de San Jorge. Cerca del Rossio se encuentran varias tascas o "ginjinhas", donde se degusta el típico licor de este nombre. Algunas de las más célebres están en el Largo de Santo Domingo y en las calles Portas de São Antão y Barros Queirós.

Luego será conveniente regresar unos pasos hasta el extremo oeste de la calle Santa Justa, donde espera un elevador de hierro forjado con 45 metros de altura, construido hace un siglo por un discípulo de Eiffel. El ascenso une la ciudad baja con el Chiado y con uno de los barrios más pintorescos de la ciudad, el Bairro Alto, que ofrece arquitectura, tiendas de antigüedades y restaurantes donde no suele faltar la dulce y nostálgica música del fado.
Al norte del Rossio, se sitúa la Plaza de los Restauradores, que constituye un nexo entre la Lisboa antigua y la moderna. Está rodeada de importantes edificios de finales del XVIII, entre ellos el Palacio Foz, que alberga la oficina de turismo.

Lisboa también remite a la era de los descubrimientos y el poderío marítimo en dos edificios clasificados como Patrimonio Mundial de la Humanidad. El Monasterio de los Jerónimos, levantado en 1501, y la Torre de Belém, a orillas del Tajo, el símbolo más distintivo de la ciudad.

Placeres de arena
Aunque las calles de Lisboa no pueden dejar de recorrerse con tiempo, el sol del verano europeo también invita a disfrutar de sus playas. Carcavelos es la primera ribera de arena con olas dignas de surfistas y practicantes de kitesurf, aunque para los deportes acuáticos nada mejor que el paisaje del Parque Natural de Sintra-Cascais. En la costa de Sintra, la Playa das Maçãs se ofrece como un centro de descanso único para tomar sol, bañarse en el mar o simplemente contemplar el paisaje entre la sierra y el Atlántico. Playa Grande es, tal vez, la más famosa, dando lugar a diversas competiciones nacionales e internacionales de deportes como surf, bodyboard y kitesurf. Si se prefieren aguas más tranquilas, arriba, sobre el acantilado que domina Playa Grande, puede accederse a una piscina de agua salada. Un recorrido por las riberas atlánticas de Lisboa, además, no puede dejar de lado la visita a la Boca del Infierno y sus múltiples cavernas batidas por el mar, ni al Cabo de Roca, el punto más occidental del continente europeo.

Datos útiles
El vuelo a Lisboa demora unas 13 horas. Puede consultarse a la aerolínea Lan (
www.lan.com) que tiene tickets a la capital portuguesa con conexión en San Pablo.
Más información:
www.visitportugal.com
Excursiones en tranvía (Carris): www.carris.pt
Excursiones en barco por el río Tajo (Transtejo): www.transtejo.pt



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