Pablo Devoto:

Pablo Devoto: "Tu primer trabajo es armar un buen equipo"

En la empresa como en la cancha, el ejecutivo máximo de Nestlé y ex-rugbier apuesta por el contacto con la gente. 19 de Abril 2010

Desde hace ocho años, cuando se convirtió en el primer argentino en ocupar el cargo de número uno, Pablo Devoto tiene la última palabra en esta compañía de origen suizo. Pero lejos del vértigo que podría provocarle manejar una empresa que factura localmente $ 1.800 millones, el ejecutivo prefiere hablar de la responsabilidad de liderar un equipo, que a su vez conduce a otro.

Para lograr esta difícil tarea le escapa a la famosa soledad del número uno y se apoya en los que considera sus puntos más fuertes: estar siempre disponible y ser una persona más que accesible. Eso sí, no por eso deja de añorar la llegada del viernes, ni relega su vida social, que incluye no sólo a su mujer y a sus cuatro hijos, sino también a su querido club de rugby CASI y hasta a la parroquia de su zona. 

¿Qué consejo le daría a quien aspire a ser número uno?
Tendrías que preguntarle a algún número uno (risas). Yo soy el gerente General local: el número uno está en Suiza y hay uno solo. La verdad es que consejos no daría, pero la experiencia que me ha tocado vivir es que muchas cosas se han dado sin que me las proponga. Todo va surgiendo, al tratar de hacer las cosas bien, de acuerdo a tu forma de pensar, de vivir y a tus valores. Te mentiría, si te dijera que me puse el objetivo. Los caminos se van haciendo. Claro que siempre hay una visión. Pero yo no no me puse objetivos profesionales, siempre pasaron por lo personal, por mi familia. Lo laboral siempre fue accesorio, aunque traté de hacerlo lo mejor posible. La idea fue ver si el trabajo me ayudaba en lo personal y no al revés.

¿Lo ayudó? ¿Cuál es el balance, a ocho años de estar en este sillón de CEO?
Sí, me ayudó. Nestlé es una compañía que tiene una cultura muy fuerte de valores morales y éticos a los cuales uno adhiere fácilmente, aunque no sea fácil cumplirlos. Es seria, muy respetuosa de las personas, del medio ambiente y de los consumidores, y muy multicultural. Eso le viví desde el principio, cuando viajé a Suiza. Me llamó la atención con el respeto que me trataban llegando de Argentina. Yo iba con un complejo de inferioridad y me mostraron mucho respeto por lo que podías aportar y curiosidad por entender.

El balance laboral-personal es muy bueno. El año pasado lo sentí como el más difícil, más incluso que 2002. Se complicó todo más. Estando en una compañía como la nuestra, que está en varios negocios, es raro que todos tengan problemas. El año pasado se dieron situaciones difíciles en el país y en el mundo. Estaba más estresado, con menos tiempo y voluntad para el disfrute. Pero este año arrancó bien, con otra energía. La cosa no está fácil, pero se van encontrando soluciones.

¿A qué hora arranca y termina su día? ¿Existe el tiempo libre o es una utopía?
Soy tempranero para levantarme y hacer actividad física. Salgo a correr tres veces por semana, a eso de las seis y media. A trabajar llego ocho y media o nueve. Mi energía arranca muy alta y se va apagando, a lo largo del día. Llego a la oficina y ya hice de todo. Siento que le estoy ganando al día, como decía un amigo. Igual después me gana (risas).

A casa llego muerto, entre las seis y media y las ocho. Pero nunca termino igual: a veces tengo comisión directiva del CASI (Club Atlético San Isidro), otras voy al driving y también a la Parroquia Santa Rita. Si no hago otra cosa, me muero. Siempre tengo algo en paralelo al trabajo.

El fin de semana trato de respetarlo. Sí leo cosas de trabajo: junto en la semana y ahí me pongo al día. Con respecto a la tecnología, tengo Blackberry, pero no soy enfermo. Pero reconozco que pasé por distintas etapas. 

Se habla mucho de la soledad del número uno. ¿Cómo la vive usted?
Es cierto. Hay decisiones importantes que uno toma en soledad, pero es parte del trabajo. Otras son compartidas con el equipo. No lo vivo como algo dramático: es la responsabilidad que me toca, al tener que conducir.

Antes me preguntabas un consejo y ahora se me ocurre uno: evitar las sorpresas. La anticipación en cuanto a problemas y resultados es clave en un manager. El debe anticipar por dónde vienen los tiros y cómo los va a manejar. Las funciones específicas saben hacer su trabajo, pero no están anticipando. Uno maneja el big picture.

Mencionaba responsabilidades inherentes a la posición. ¿Qué es lo que más disfruta y lo que menos de su trabajo?
Lo que más me aburre es el Power Point. Cuando ves que tiene más de 12 cuadros y que a la izquierda dice una de 174, me quiero morir. Creo que en determinado nivel las cosas se pueden contextualizar de manera simple.

Disfruto el compartir con el equipo y el contacto con la gente. Me gusta escuchar, hablar, participar, caminar por la compañía, visitar una fábrica, salir al mercado, almorzar con el equipo de ventas. No soy de los que se encierran a pensar y se aislan.

Cada tanto, disfruto también de los viajes. Me resultan inspiradores. Viajo a Suiza una o dos veces al año, a lo que hay que sumar reuniones regionales, dos o tres por año. Mínimo una vez por mes tengo un viaje de dos o tres días. En la soledad del avión o del hotel, tomás distancia al salir de la rutina. Leyendo lo mismo, se te ocurren distintas cosas. Se te abre la cabeza.

Hablando de la rutina, ¿Cuál es el día de la semana que no quiere que llegue nunca?
Siempre quiero que llegue el viernes (risas). Desde el colegio, es el mejor día. Y el domingo a la tarde es el peor. Me gustan las jornadas variadas, de entrar y salir. Me gusta que haya movimiento.

¿Cuáles son sus principales defectos, en el mundo del trabajo?
Soy excesivamente impaciente y eso te lleva a una ansiedad que a veces no es buena. Con el tiempo vas aprendiendo. Me pasó sobre todo cuando trabajé afuera. Estuve cinco años en Centroamérica, viviendo en Panamá. Fui con el ritmo y la exigencia nuestra. Pero allá el mismo clima te dice “pará un poquito”. Es un sauna permanente. Después vas aprendiendo que no todos son iguales, que una palabra que acá suena natural en otro contexto cae pésimo.

¿Qué palabras tuvo que erradicar del diccionario?
Uno, tal vez, viene de un liderazgo más duro y la gente se asusta. No porque tenga miedo, sino que no lográs el compromiso. También hay que estar atento a detalles y señales. Me acuerdo que un día organicé una reunión de ventas y veía que no lograba motivar a la gente, no se enganchaban. Y eso que una de las que yo creía mis fortalezas era manejar bien una reunión de vendedores. Cuando terminó la reunión, pregunté qué pasaba y el jefe de ventas me dijo: “Usted no entiende, hoy es viernes y es happy hour.” 

¿Cuáles considera que son sus mejores virtudes?
Trabajo muy cerca de la gente. Estoy siempre disponible para hacer reuniones, resolver problemas y escuchar. Creo ser muy accesible. No soy de los que pone distancia, sino que me involucro y camino la empresa. La verdad es que me aburro solo (risas).

¿Tanta cercanía le jugó alguna vez en contra?
Lo tenés que manejar para no terminar vos dando todas las soluciones. Tenés que aportar tu punto de vista y descubrir cuál es tu lugar. No por ser el gerente General vas a tomar las decisiones de todos los temas. Hacés tu aporte y seguís camino. La participación es buscando agregar valor.

Que sos el gerente general ya es obvio. Tenés que preocuparte por agregar valor y a veces hacerlo es reconocer que el otro te está dando la solución. No podés dominar todos los temas, sería de una soberbia absoluta. Podés tener experiencia y una visión más holística, pero tu primer trabajo es armar un buen equip. Y si tenés ese equipo, después no podés andar diciéndole lo que tiene que hacer.

A la hora de sumar a alguien al team, ¿en qué se fija más, aparte de las competencias más duras?
Eso es secundario. Lo primero son los valores que tiene esa persona, su personalidad, lo que quiere de la vida. Ves qué hizo hacia atrás, qué hace los fines de semana, quiénes son sus amigos y qué compromiso tiene con la sociedad. Te pueden engañar, pero podés percibir eso. Una vez alguien me dijo: “Cualquiera puede ser ingeniero, pero no cualquiera puede ser señor”. Y es así.

Jugó en la Primera del Club Atlético San Isidro (CASI) y más tarde en los Pumas. ¿Aplica principios del rugby a la empresa?
Todo el tiempo. Es una formación natural que uno tuvo por muchos años y, además, sigo ligado al ambiente del rugby. Suelo decir, por ejemplo, que “el equipo juega como entrena”. La performance de la compañía es consecuencia del proceso de trabajo previo.

No tiene a nadie del San Isidro Club (SIC) en el equipo ¿no?
No tengo. Y no voy a tener (risas). Hay algunos ex rugbiers como el director de Recursos Humanos, que jugó cuando era joven. El comercial, que es chileno, también jugó en su país. No es un requisito. Pero cuando alguien jugó al rugby, tenés una conexión especial y códigos distintos.

En el trabajo, muchos de los principios se aplican. Pero también hay que entender que el otro no jugó al rugby. Eso lo tuve que aprender. El sacrificio al que uno se acostumbra en este deporte es enorme: se juega con lluvia y barro, el grande contra el chico. Tenía un dentista que decía que el umbral de dolor de los rugbiers era mucho mayor.

La institución que le da el rugby al capitán es como la de un gerente General. Donde yo jugaba, había varios con potencial de líderes, pero el capitán era el capitán. Eso en otros ambientes no se da. A veces me sorprende, cuando en el ámbito laboral no se respeta al jefe.

¿Qué sabía de chocolates y lácteos cuando entró en Nestlé?
Vengo de una familia italiana en la que la comida es clave. Somos todos de buen comer. Era bastante natural que termine trabajando en una empresa de alimentos (risas). Pero mi primera elección fue la publicidad y la comunicación, aunque los productos de consumo masivo me gustaron siempre.

¿Qué se imagina haciendo, una vez que se retire?
Podría ayudar a una de mis hijas, que es diseñadora de indumentaria, en un proyecto textil que tiene. Y hasta por qué no poner un autoservicio en Costa Esmeralda, un barrio cerca de Pinamar donde hace poco nos construimos una casa.



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