"No se necesita una tasa de inflación del 30% para crecer"

Con la carga de haber protagonizado la antesala de la crisis de 2001, el ex ministro de Economía, José Luis Machinea, analiza la economía del país. Pide bajar la inflación, advierte sobre la falta de inversión y la distorsión de precios relativos. Retraso cambiario y de tarifas, en la mira. 17 de Diciembre 2010

Como a todo fiel creyente, la fe en lo imposible es lo que mantiene a José Luis Machinea en pie, incluso en los momentos más adversos. También en esta calurosa tarde de diciembre, cuando, como tantas veces, debe hacer de tripa corazón. “La esperanza es lo último que se pierde”, admite el ex ministro de Economía sin tapujos, aunque sonriente, en diálogo con We. La respuesta no sorprende: después de la entrevista deberá hacerse de valor para ir a apoyar al club de sus amores, Racing, que enfrenta un desafío inmediato y presuntamente más difícil que el que le espera a la economía argentina a largo plazo con expectativas de crecimiento “que están para quedarse”. No obstante, desde su nuevo cargo como decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, Machinea también advierte sobre los desafíos inmediatos, entre los que resalta la falta de inversión y la urgencia por lograr estabilizar la distorsión de los precios relativos y la inversión.

¿Estamos seguros cómo todos dicen, o hay que esperar un impacto de la crisis europea en la economía local y regional?
Hay dos maneras que puede incidir. Una es la manera directa: a través de las importaciones que hace América Latina a Europa. Aquí hay que decir que la posición de Europa en América Latina fue reduciéndose a través del tiempo. Así que no es tan significativa. Es menos significativa para América del Sur que para los países de América Central o México. Pero la otra forma que puede impactar, y que sí me parece más importante, es por la inestabilidad que puede crear.

Para 2011, ¿qué oportunidades ve para la región y la Argentina? 
Con una mirada de más largo plazo, las expectativas son muy buenas para la Argentina y para la región. Creo también que estas expectativas están para quedarse. La razón es que hubo un cambio estructural de la demanda, como lo ejemplifica China, que si bien no crecerá a una tasa de 10%, si lo hará a una tasa de 8% y se encamina a convertirse en el mercado más dinámico del mundo. Y esto seguirá generando un precio de commodities alto. Esa dinámica está para quedarse con nosotros por lo menos 15 años más. 

¿Cuáles son los principales desafíos para la Argentina?
Los de mediano y largo plazo tienen que ver con cómo usamos la oportunidad que se nos presenta desde el contexto exterior. Algunos países la están usando mejor que nosotros para crear las condiciones de un crecimiento sostenible a largo plazo. Nuestra oportunidad pasa por atraer e utilizar la renta de los recursos naturales para gastarla más en innovación. Y no hablo de “gastar” sino de crear una cultura de la innovación y de la importancia del conocimiento en la economía. Esto tiene que ver con la reformas que debemos hacer en Educación. Esos son los grandes desafíos, porque esta bonanza de los recursos naturales no va durar para siempre.

¿Cuán indicada es la estrategia de la Argentina, también de Brasil de apostar tanto a la demanda china o india? ¿No implica cierta dependencia?
Hay algo de dependencia, no cabe duda. Alguno dirá: hicimos algo de sustitución de importaciones, pero de lo que se trata es de ver cómo nos insertamos en el mundo, cómo podemos exportar otra cosa que no sea recursos naturales. Ahí hay una oportunidad que tiene que ver con distintos sectores, cómo le podemos agregar valor. Quiere decir, más biotecnología, más investigación. Hay oportunidades extraordinarias de servicios, donde se requiere mucho más tecnología que en el pasado. 

Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y se lo ve como la llave mágica para insertarnos en el mundo. ¿Cuánto de dependencia razonable hay en eso?
La idea que teníamos muchos era que el Mercosur tenía que ser la cabecera de desembarco en el mundo. Desgraciadamente los resultados fueron escasos en ese sentido, para decirlo de una forma educada. Brasil tiene que ser ahora la llave para insertarnos en el mundo por más que seguirá siendo un importante socio comercial de la Argentina porque a Brasil le va a ir bien. Pero, para el resto del mundo, ante un Mercosur que no funciona, la Argentina puede insertarse por las suyas.

¿Cuánto le preocupa una tasa de inflación que supere el 28%?
Definitivamente es un problema. Aparte, es evidente que el mundo no necesita una tasa del 30% para crecer. Pero, si me pregunta si veo la tasa de inflación explotando el año que viene, creo que no. En parte porque el Gobierno puede usar el tipo de cambio como ancla, que puede generar otro tipo de problemas. Pero no veo que la tasa de inflación se espiralice más allá del 30%, siempre y cuando el Gobierno logre llegar a cerrar los necesarios acuerdos con el sindicalismo. Lo más importante es cómo bajamos las expectativas de inflación. Eso significa las demandas sindicales y también las demandas de aumentos de precios del mundo empresario. No creo que la tasa de inflación baje mucho pero, en todo caso, que tampoco se haga explosiva. 

Ante los primeros resultados, ¿cree que los acuerdos sirven?
Me parecen bien.

¿Cuál sería la tasa de inflación de la Argentina de hoy, sin tener que recurrir a medidas drásticas y si la cosas se hicieran de forma más mesurada y bien?
Reducir la tasa de inflación va a llevar un tiempo. No puede haber tratamientos de shock, porque estos indicarían una situación de fuerte retracción. Entonces hay que trabajar en una mezcla de política de demanda y de concertación de empresas y salarios durante un tiempo que, me parece, será de varios años. 

¿Con un acuerdo eso no se soluciona?
Debe ser un acuerdo sostenido en el tiempo para poder llevar la tasa de inflación debajo del 10%. Uno no necesita una tasa de inflación del 25 ó 30% para crecer. Para eso, uno tiene que aspirar a tasas que no necesariamente tienen que ser el 2% pero sí por debajo o cercanos al 8%. Lo que mira el mundo y la gente es si hay un esfuerzo para ir reduciendo la tasa de inflación, más que si somos capaces de reducir la tasa de golpe del 30 al 8%. El tema es el cambio de tendencia que deberíamos buscar desde la política económica.

Sin embargo, desde el Banco Central creen que no hay problema en ampliar la base monetaria. ¿Cómo se entiende?
No ayuda. Pero por otro lado, tampoco me parece que sea el problema más grave. En ese sentido mucho más grave me parece el retraso relativo del tipo de cambio y de algunas tarifas. 

¿En qué sentido?
El problema es que hay que estabilizar al mismo tiempo que adaptar los precios relativos. Porque cuando uno tiene mucha distorsión de los precios relativos, tiene que estabilizar, pero con la distorsión atrás. Es una situación muy compleja.

El tema de las tarifas es un eterno. ¿Cuánto tiempo más podemos seguir jugando con la idea y que la situación se vuelva insostenible para las empresas?
El tema es que aquí tenemos subsidios equivalentes a cuatro puntos del producto. Es una cifra extraordinaria, que está dirigida a sectores medios o medios altos. Pero no hay ninguna posibilidad que uno elimine esos subsidios en el corto plazo. Sería demasiado fuerte. Debería ser una reducción gradual, estableciendo siempre tarifas subsidiadas. Cuando uno tiene distorsiones de cierta magnitud, la solución requiere de un largo período de tiempo.

¿El gasto público soporta más expansión?
Creo que el gasto público tiene un nivel respecto al producto que ya es suficiente para el grado de desarrollo argentino. La aspiración acá tiene que estar dirigida a evitar que sigamos aumentando la distorsión. 

¿Qué otros desafíos nos aguardan?
El principal pasa por la inversión. Porque cuando uno tiene estas distorsiones de subsidios, al mismo tiempo tiene precios para los que tiene que invertir en la infraestructura del país -la energía es el caso más notorio- que nada tienen que ver con los precios internacionales. Por tanto, hay pocos incentivos para invertir. La pregunta es cómo se puede hacer para atraer inversiones en infraestructura, que es lo que uno necesita, desde carreteras hasta energía, agua. Y ahí hay que establecer precios para nuevas inversiones más cerca de los precios internacionales. Pero para las nuevas inversiones porque si lo hace para todo el mundo, ¿cómo lo financia?

Deme un ejemplo concreto.
Petróleo. Hoy hay 10 empresas activas en el sector. Usted fija un nivel de producción y les ofrece pagarle a partir del año que viene un adicional por el aumento de la producción. Por el resto le sigue pagando el precio actual. A la larga, lo que importa es que genere incentivos a la inversión nueva. l Desde el Gobierno se insiste con que la tasa de inversión total contra el PBI viene creciendo a un 21%-22%.

Si bien es cierto que la inversión ha aumentado, esa tasa es muy baja. Las deficiencias se ven sobre todo en la infraestructura del país. Entonces, la pregunta sigue siendo: ¿cómo hago para aumentar la inversión? Entonces sí tiene que haber inversión pública, de hecho ha habido ciertos sectores con demasiada inversión pública. Pero necesitamos también inversión privada y no vamos a tener inversiones privadas si los precios asociados a esas inversiones no se acercan a los internacionales.Como eso no se puede reflejar en la tarifas porque sería un shock, hay que pensar en pagar algo parecido al precio internacional sobre la inversión marginal.

¿Existe un modelo similar en la región?
Yo no conozco un país que haya acumulado semejante distorsión.

Por otro lado, la situación financiera del país se presenta bien. ¿Cómo la evalúa?
Dos cosas a resaltar. Una muy positiva es que la deuda se redujo fuertemente por una combinación de factores. Primero, la economía creció mucho. Segundo, la situación fiscal es muy manejable. Tercero, se subestimó la tasa de inflación valor de los bonos indexados. Cuarto, se capturaron los fondos privados de las pensiones y se pasaron a la Anses y eso redujo la deuda. Quinto, la apreciación cambiaria. Si uno mira la deuda argentina, era de un 55% del PBI en 2000/2001, para llegar luego hasta un 140% por la devaluación. Pero porque después se apreció el tipo de cambio, también bajó la deuda. Por todo eso el país queda con una deuda muy baja: la deuda neta está hoy en menos del 20% del Producto. ¿Cuál es el dato no tan positivo? El tamaño del sector financiero en la Argentina. Es demasiado chico. Con lo que pasó, la gente ya no confía en el sector financiero. Eso implica el boom de la construcción: las personas prefieren invertir en ladrillos. Falta que el sector financiero sea capaz de generar crédito de mediano y largo plazo. Sin eso es difícil pensar en un país con un desarrollo sostenible. Ése es un proceso largo.

¿Qué tan largo?
Lo que pasó con los fondos de pensión (la estatización de la AFJP) no ayudó. La imagen que quedó es que los bancos podrían ser los próximos. Algunas señales que ha dado el Gobierno no ayudan a generar credibilidad en el largo plazo. Porque uno puede cambiar el sistema, pero otra cosa muy distinta es sacar los fondos de la órbita de las personas y llevarlo a la caja. Eso se transforma en un problema a la hora de formar expectativas para el ahorro.

Se podría decir que eso es lo que había que hacer después de la debacle.
Los países pueden tener políticas de distribución y al mismo tiempo de atracción a las inversiones. No hay que pelearse con los inversores necesariamente para mejorar la distribución del ingreso. Brasil es el caso más nítido de la región que sigue teniendo una enorme desigualdad pero ha conseguido una mejora en la distribución en los últimos 10 años considerable.

¿Cómo se elimina la idea de que el dólar es el mejor refugio y no el banco?
Las personas perciben hoy la situación como que estar fuera del banco es mejor remedio que estar dentro del banco, más allá del dólar, por el miedo a lo que pasó en 2001. Recobrar la credibilidad lleva un tiempo. Pero eso no quita que haya que generar el concepto de que un sistema financiero de mayor tamaño es importante para un país. A veces uno confunde que si el sector financiero es más grande y si hay más depósitos, los bancos ganan más.

¿Cuánto debería contribuir el empresariado para que 2011 sea mejor que 2010?
Tiene que hacer más. Para que eso pase, el sector va a pedir una cosa: ser claro con las reglas de juego. El constante cambio en las reglas de juego no ayuda a negociar. Por otro lado, en la Argentina y en algunos sectores aún tenemos instalada la idea de que se gana más plata consiguiendo una protección específica para productos específicos o beneficios impositivos más que invirtiendo en proyectos estratégicos de largo plazo y teniendo una estrategia empresarial a 10 años.



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