Negocios rentables y bajos en carbono

Negocios rentables y bajos en carbono

Una nueva economía que deje una huella ambiental cada vez menor pugna por surgir: negocios inclusivos, cuidado del ecosistema, reuso, reciclaje, reducción de residuos, eficiencia y energías limpias son sus bases. En la Argentina, ya hay múltiples emprendimientos que adhieren a esta tendencia. Sepa por qué. 12 de Enero 2012

De tanto ir al río, Juan Pablo Mosconi, un ingeniero rosarino fanático de los deportes náuticos, tomó contacto con la necesidad de acceso a la energía de los isleños del Paraná. Ya en 2004, preparó como proyecto final de su carrera un prototipo de generador eléctrico, a través de microturbinas hidráulicas especialmente adaptadas a los ríos de llanura. Su idea era llevar esta solución energética limpia y renovable a los pescadores y pobladores de las islas que bordean la costa rosarina.

Una vez con el título de ingeniero Mecánico bajo el brazo, comenzó a trabajar en Dreyfus y luego en Acindar. Así la vida corporativa lo obligó a dejar su proyecto en suspenso. Sin embargo, en 2010, Mosconi decidió abrirse camino como emprendedor y renunció a la compañía para montar una fábrica de microturbinas. Se inscribió en el concurso de emprendedores IB50K del Instituto Balseiro. Investigó y reveló que las necesidades concretas de cada vivienda tipo en las islas son de 6,3 KW al día, suficientes para la iluminación y funcionamiento de electrodomésticos. Por otra parte, comenzó a desarrollar otro tipo de turbinas hidráulicas, más sofisticadas, para usuarios de mayores ingresos y con casa de fin de semana en las islas.

En esencia, ambos modelos de microturbinas (básico y premium) , trabajan con ríos de poca velocidad y mucho caudal, generando electricidad en forma limpia y a bajo costo.
Finalmente, a fines de 2010, Mosconi se contactó con la fundación Endeavor. Allí conoció a su socio y mentor, Federico Seineldín, un emprendedor serial dedicado a la tecnología como transformador social y rosarino como él. Mientras el primero de los socios se dedicó al diseño mecánico y funcional de las microturbinas, el segundo se ocupó de diseñar un sistema de microfinanzas para que los usuarios puedan acceder a los equipos a través de microcréditos otorgados por cooperativas, organizaciones sociales y gubernamentales. "El costo de un equipo básico para el hogar ronda los $ 13.000 y sus potenciales usuarios necesitan financiamiento para poder comprarlo", dice Juan Pablo.

Por su propuesta de impacto social y ambiental positivo, el emprendimiento de Mosconi y Seineldín se convirtió en uno de los 50 ganadores de la edición 2011 de Fundes BiD in Challenge, concurso para emprendedores que provee asesoramiento y búsqueda de financiamiento. Con este nuevo impulso, los emprendedores esperan comercializar e instalar las primeras microturbinas en las islas del Paraná en 2012 y luego salir a explorar otros mercados en la cuenca del Amazonas (Brasil, Perú y Ecuador). Hasta el momento la inversión en el proyecto fue de $ 345.000 con fondos propios y provenientes de concursos, y la facturación proyectada para 2012 alcanza los $ 642.000.

Conciencia ambiental
El éxito del proyecto de Mosconi y Seineldín es representativo de una tendencia de empresarios que saben combinar la sustentabilidad y rentabilidad mucho más allá de los requisitos mínimos. "La nueva economía, además de cuidar los recursos, debe ir por más, comprometiéndose en la recomposición de lo dañado, regenerando vida y ecosistemas", amplía Pedro Tarak, representante de la Fundación Avina, entidad que apoya a emprendedores sustentables en América latina.

La buena noticia es que en la Argentina hay emprendedores que se están haciendo eco de esta tendencia, como es el caso de Matías Portella. Mientras cursaba una diplomatura en Creación de Empresas, el ingeniero industrial cordobés diseñó un proyecto de producción de juguetes con material reciclado. A fines de 2011, se contactó con Santiago Guzmán, técnico, y con Guillermo Costa, docente de escuela primaria. Juntos se ocuparon de desarrollar un primer producto: una casa de cartón reciclado, que se puede armar y pintar a gusto, para chicos de dos a seis años. "Además de estar construidas en material reciclado, las casas de juguete incentivan la imaginación de los chicos, puesto que ellos deben ocuparse de pintarlas y decorarlas", apunta Portella.

Con una inversión de $ 35.000 ($ 5.000 obtenidos en el concurso Capital Semilla de la Sepyme y $ 30.000 del premio Córdoba Emprende), los socios compraron los insumos y comenzaron la fabricación de las casitas de juguete en serie. Por el momento, producen 50 unidades semanales. Pero la idea es invertir en una máquina troqueladora y contratar más personal para llevar la producción a 200 unidades por semana. "Estamos registrando el diseño y la marca, próximamente nos mudaremos a una incubadora de empresas. Actualmente, vendemos en dos jugueterías grandes de Córdoba y la idea es desembarcar en Buenos Aires durante 2012 y, a partir de allí, comenzar a exportar", dice el emprendedor.

Biotecnología para cultivos
La biotecnóloga brasileña Stella Maris Da Silva se radicó en Mendoza en 2006 para trabajar en la Universidad Nacional de Cuyo. A los cuatro años de investigar y hacer docencia en esa institución y en la UTN de Cuyo, en 2010, Da Silva se topo con una nueva plaga que estaba afectando los cultivos de vid. Se trata de un tipo de polilla proveniente de Europa. Su tratamiento químico, además de ser muy costoso, deja residuos en la fruta que se consideran potencialmente tóxicos por lo cual está prohibido en los Estados Unidos y en la Comunidad Europea.

El año pasado, Da Silva y un equipo de investigadores comenzaron a ensayar un bio plaguicida a base de un tipo de hongo (entomopatógeno) combinado con feromonas (hormonas que atraen a las mariposas y las confunden sexualmente, evitando su reproducción). Era la primera vez que se ensayaba esta combinación para el combate de plagas en cultivos. Sin embargo, la apuesta rindió: el nuevo producto resultó ser más económico y menos agresivo para el ambiente que los plaguicidas químicos.

Este tratamiento puede complementar al uso de plaguicidas químicos, que deben dejar de utilizarse tres meses antes de la cosecha y resultan ineficaces ya que en esa ventana de tiempo la polilla continúa reproduciéndose. Por otra parte, los bioplaguicidas usados en forma exclusiva son compatibles con la producción orgánica, un segmento de mercado de alto crecimiento y potencial exportable. Además, por su costo resultan accesibles para los medianos y pequeños productores, con lo que permiten generalizar el combate de la plaga y lograr un control más exitoso.

Para desarrollar el producto comercialmente Da Silva presentó un proyecto al Programa de Apoyo a Empresas de Base Tecnológica (PAEBT) en el marco de la convocatoria de los Fondos Sectoriales (Fonarsec) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. La inversión proyectada para una primera etapa es de u$s 319.000 para la compra de maquinarias, la realización de ensayos y la producción local de feromonas que actualmente deben importarse.

En esta primera etapa, se encuentran trabajando seis personas en el emprendimiento: tres ingenieros en química, un especialista en logística, un representante comercial y la biotecnóloga Da Silva. En una segunda etapa, cuando se comience la elaboración de otros productos biológicos, la emprendedora tiene previsto incorporar unas seis personas más.
La meta es generar una empresa para fabricar productos biológicos que reemplacen -al menos parcialmente- a los químicos en el control de plagas que afectan a frutales y otros cultivos como soja y maíz. "Utilizar productos biodegradables, además de combatir específicamente la plaga para la cual fueron desarrollados, evitará que los productores sufran restricciones para vender en mercados externos", sostiene la emprendedora.

Negocios Triple R
Bajo la premisa de "Reducir, Reutilizar y Reciclar" los materiales, están surgiendo nuevas empresas que aprovechan y agregan valor a materiales considerados como desecho. Es el caso de Reciclados del Sur, una planta recicladora de neumáticos usados que los emprendedores Alberto Dómina y Alejandro Bianchi están poniendo en marcha en la provincia de Santa Fe. Dómina, contador público, comenzó a capacitarse en temas de Responsabilidad Social Corporativa en 2007. Un amigo que fabrica piezas de caucho lo acercó a la problemática de los neumáticos usados y le propuso la idea de instalar una planta procesadora, dado que hasta el momento sólo existe una, en la provincia de Buenos Aires.

Los neumáticos usados, además de ser terreno propicio para la incubación de dengue y roedores y generar un volumen importante de desechos, contienen materiales tóxicos y de difícil degradación. No obstante, si se los somete a un proceso de trituración y separación de sus componentes, se puede recuperar el caucho (85%), algo de acero (15%) y textil (5%). Con este material se pueden fabricar desde pisos de goma para gimnasios, pistas de atletismo y escuelas, hasta productos de marroquinería.

También Dómina y Bianchi presentaron su proyecto al concurso Bid in Challenge y resultaron seleccionados en la categoría impacto ambiental positivo. Para poner en marcha la planta a mediana escala se requiere una inversión de $ 1 millón. Para esto, están en tratativas con las municipalidades de Rosario y Santa Fe. La idea es que exista, como en algunos municipios de España, una legislación específica que obligue a las fábricas de neumáticos y gomerías a recolectar los productos usados y llevarlos a la planta de reciclado.

Actualmente, la planta de Reciclados del Sur se encuentra en una fase de pruebas con maquinaria recientemente adquirida. La idea es llegar a procesar dos toneladas de neumáticos por día y crear 15 empleos en los próximos dos años.



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