"Multar a las consultoras que miden la inflación es de un autoritarismo impensable en democracia"

En una entrevista exclusiva con We, el ex economista jefe del Banco Mundial para la región, Sebastián Edwards, dice que los elevados precios de los commodities permiten financiar las políticas neopopulistas de la administración K. Además, critica la inflación y las barreras comerciales impuestas por Guillermo Moreno y asegura que la incertidumbre jurídica frena la llegada de inversiones al país. 06 de Mayo 2011

En el cosmos académico, es conocido por ser profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Pero es su paso por el mundo financiero el que ubica al chileno Sebastián Edwards como uno de los economistas más reconocidos de los dos lados del Ecuador. Fue economista jefe del Banco Mundial para la región (1993-1996), consultor de distintos gobiernos regionales, empresas e instituciones, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y la agencia para el desarrollo internacional de los Estados Unidos.

En su paso por Buenos Aires, Edwards dio una charla en un encuentro de la Sociedad Mont Pelerin y habló en exclusiva con El Cronista We. El autor de Populismo o mercados: el dilema de América Latina (2009) hace hincapié en los precios elevados de los commodities como una de las bases de la continuidad del modelo populista en la región, escenario que se replica, según dice, en la Argentina.

A su vez, expresa su preocupación por la marcha económica del país. Sobre la inflación, reflexiona que "es un poco tarde" para que el Indec saque un nuevo índice a nivel nacional y advierte sobre los peligros que encierra el intento del gobierno kirchnerista de acallar a las consultoras privadas que miden la inflación. "Es de un autoritarismo impensable en una verdadera democracia", dispara.

Con una mirada que profundiza las críticas, rechaza las barreras a las importaciones impuestas por la Argentina. "Políticas proteccionistas que no sean estrictamente para enfrentar situaciones de dumping o de competencia ilegal son preocupantes. Es un error de la Argentina empezar a generalizarlas".

¿En qué momento se encuentra el populismo en América Latina? ¿En avance o retroceso?
Por un lado, tenemos una cierta pérdida de entusiasmo, especialmente con respecto a Chávez. Y del otro lado tenemos la situación del Perú, donde dos populistas de distinta persuasión, uno más de derecha y otro más de izquierda, se van a enfrentar en las elecciones de la segunda vuelta en junio. Además, tenemos precios elevados de los commodities, que encima están subiendo, y eso permite que, a pesar del menor entusiasmo que existe con respecto a Chávez, siga contando con medios económicos muy sustanciales que le permiten mantenerse y financiar sus aventuras populistas.

Usted siempre se refiere a la era kirchnerista como un neopopulismo. ¿La continuidad del kirchnerismo también está dada por el alza en los precios de los commodities o existen otros factores?
Los precios de los commodities, naturalmente, permiten mantener esa situación a través de las retenciones a las exportaciones, y financiar las distintas políticas distributivas de esta administración. Por otro lado, mi impresión es que la oposición no ha logrado fraguar un relato alternativo que sea verdaderamente atrayente para los votantes. Eso es un problema porque, al dejar la cancha abierta, el adversario se aprovecha. No veo una oposición coherente y con un relato, que es muy importante que exista, que entusiasme y convenza a la gente de que las cosas van en cierta dirección.

¿Existen similitudes de la oposición argentina con la venezolana, a la que se ve débil y fragmentada? 
No, creo que las realidades de la Argentina y Venezuela son bastante diferentes. La oposición venezolana está mucho más desarticulada.

¿Cómo analiza el tema de la inflación en el país?
La inflación es preocupante y el público argentino tiene una preocupación por cifras que no son confiables. Se habla de un nuevo índice que va a sacar el Indec para todo el país, pero es un poco tarde. Ya hay un sentimiento generalizado de que ha habido un cierto nivel de engaño. El hecho de intentar acallar a los institutos privados que estaban calculando cifras de inflación para informar a sus clientes es de un autoritarismo impensable en una verdadera democracia.

Hace poco llegó al país una misión técnica del FMI, justamente para asistir en la creación de un IPC nacional. ¿Cómo evalúa este llamado desde la Argentina para que venga el organismo cuando todavía no permite la revisión del artículo 4?
El tema del artículo 4 es complicado en América Latina, región que ha tenido relaciones complejas con el FMI. En el caso de Brasil, aun cuando se producen las revisiones de ese artículo, no son publicadas en la página web del Fondo Monetario. Es decir, vemos esa situación no sólo en el caso de la Argentina. Es una aproximación inteligente al Fondo, que es entrar por el lado de la asistencia técnica. 

¿Se hizo, cree usted, para quedar bien a los ojos del mundo?
Precisamente. El FMI ha cambiado mucho. Como director del hemisferio occidental tenemos a un ex ministro socialista de Chile (Nicolás Eyzaguirre). No es Claudio Loser, un neoliberal, es un tipo que fue ministro del presidente Lagos por seis años. La realidad es que el Fondo ha cambiado, y eventualmente, la Argentina tendría que acercarse a él. Esta aproximación a través de la asistencia técnica tiene bastante sentido. 

¿Considera que el país debería consentir la revisión del artículo 4?
De acuerdo a los estatutos del Fondo, todos sus miembros tienen que mantener esa conversación con la institución, conversación que luego se plasma en el informe del artículo 4. Hace poco Standard's & Poor ha cambiado la perspectiva de la deuda de los Estados Unidos, y eso estaba reflejado en el artículo 4 de los Estados Unidos. Luego de terminar la misión que realizó en Nueva Zelanda, al día siguiente, sale en la página web un análisis preocupante del Fondo con respecto a la situación de ese país. Los estatutos los llaman y lo lógico es que la Argentina participe de estas conversaciones.

Cuando Barack Obama asumió como presidente en 2008, habló sobre un acercamiento de los Estados Unidos hacia América Latina…
Sí, pero la región sigue siendo una prioridad muy baja para los Estados Unidos. El equipo en el Departamento de Estado a cargo de la Argentina es muy convencional, sin mayor creatividad, que ha mantenido las políticas externas de los EE.UU. con respecto a la región. Parece que sí vamos a ver un acuerdo de libre comercio con Colombia, que es un avance, pero no nos engañemos, viaje o no viaje, Latinoamérica sigue siendo una prioridad muy baja.

En su última visita oficial a la región, Obama pasó por Brasil y por Chile, pero evitó a la Argentina. ¿Qué mensaje se quiso dar con esa omisión?
Lo interesante es por qué Chile y no la Argentina. Porque a Brasil es obvio que lo tiene que visitar: una nueva presidenta, el país más grande de la región, que tiene aspiraciones para entrar al Consejo de Seguridad de la ONU con un asiento permanente. ¿Por qué Chile en vez de la Argentina? Creo que es un reflejo de que Chile ha hecho los deberes bajo presidentes de izquierda, bajo presidentes que han sido perseguidos, que han sido exiliados por la dictadura. Y la Argentina es un país que sigue marcando el paso, y eso se refleja en la decisión de no venir. Creo que también influyó el hecho de que haya una serie de juicios de compañías de inversionistas norteamericanos con la Argentina, que todavía están pendientes, con respecto a lo que sucedió en 2002.

¿A qué se refiere con que la Argentina sigue marcando el paso?
En el sentido de que no avanza, de que no impulsa el tipo de políticas que significarían un mayor rol para el mercado. Ahí, sigue marcando el paso.

Además de la inflación, otro de los temas de agenda se centra en las barreras a las importaciones colocadas desde la Secretaría de Comercio Interior. ¿Considera que esas restricciones perjudican al país?
Uno de los grandes problemas en la historia latinoamericana, que nos ha retrasado en nuestra modernidad y en nuestro crecimiento económico, ha sido el proteccionismo. En ese sentido, políticas proteccionistas que no sean estrictamente para enfrentar situaciones de dumping o de competencia ilegal son preocupantes. Es un error de la Argentina empezar a generalizar las políticas proteccionistas.

¿Estas medidas alejan a los países en términos comerciales?
Naturalmente que produce una preocupación, un cierto recelo, y eventualmente un alejamiento si se mantiene en el tiempo, sí.

El Mercosur cumplió 20 años desde su creación en marzo de este año. ¿Qué balance realiza sobre el bloque regional?
Siempre he dicho que el Mercosur es una de las peores ideas que se han pensado en América Latina, y sigo pensando lo mismo. Creo que un Mercosur de infraestructura caminera, con menos burocracia para moverse de un país hacia el otro, con mejores comunicaciones, eso hace mucho sentido. En eso no hemos avanzando nada. Hoy día ir de Buenos Aires a San Pablo sigue siendo tan difícil como lo era hace 25 años atrás, una proeza. Por tanto, no hemos avanzado en lo que debiéramos haber avanzado, que es una mejora en el transporte y en las comunicaciones.

¿Qué otras debilidades observa en el mercado común?
El problema de fondo del Mercosur es muy simple: una unión con ambiciones requiere de un ancla y una locomotora que sean al mismo tiempo creíbles y sólidas, por el lado del ancla, y rápidas y eficientes, por el lado de la locomotora. Y el Mercosur no tiene ni el ancla institucional ni la velocidad de la locomotora. Es una mala idea por todos los lados. Por suerte no hay una moneda común, y los países que lo componen deberían intentar insertarse en el mundo globalizado y aprovechar las oportunidades que ofrece desde el punto de vista individual. Es lo que ha hecho Chile, que es un país pequeño, pero no porque sea pequeño hay que mirarlo menos. Hay una cierta tendencia entre los políticos argentinos y chilenos de decir que Chile es un caso diferente porque es un país muy chico. De verdad que es un país muy chico, pero no por eso ha dejado de ser exitoso, y debiéramos aprender de él.

Este año, la actualidad argentina está atravesada por un proceso electoral. Más allá de quien asuma como presidente en diciembre, ¿cuáles son los principales desafíos económicos que enfrentará el próximo gobierno?
Uno de los problemas serios de la Argentina es que hay un sentimiento de que no hay una regla de la ley asentada y respetada. Los derechos de propiedad son muy frágiles y son violados de forma, si no es sistemática, con cierta frecuencia. Hay una incertidumbre jurídica que impide que el país tenga las inversiones que podría tener. Si tuviera esas inversiones, se cumpliría naturalmente lo que todos esperamos: que sea uno de los países más pujantes e importantes del mundo, a la altura de la capacidad de su pueblo. Es un pueblo maravilloso, muy trabajador, pero desafortunadamente, los políticos le han fallado a la población una y otra vez.

¿La visión cortoplacista argentina le juega en contra al país a la hora de atraer inversiones?
Naturalmente que le juega en contra, porque las inversiones importantes son de una larga gestación, y demoran muchos años en poder recuperarlas. Por tanto, en un ambiente de inseguridad jurídica, donde los contratos son violados, con escraches, piquetes y tomas de ruta, son situaciones que retrasan la inversión.



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