Miguel Peirano:

Miguel Peirano: "El alto consumo no genera riesgos"

02 de Febrero 2011
Cumplió su mandato al frente del Ministerio de Economía. Y se fue cuando Cristina sucedió a su marido.  “Tuve disidencias suficientes como para no seguir, principalmente en temas como la inflación, el Indec y la política agropecuaria”, reconoce. E inmediatamente aclara que “tener visiones diferentes no implica dejar de tener un reconocimiento del proceso en términos generales”. Aún hoy, el economista preferido de los industriales sigue creyendo que hay que ordenar el Indec, el tema inflacionario y el agropecuario. “Hay marchas y contramarchas, más allá del buen trabajo que está haciendo el ministro”, afirma Miguel Peirano, quien asegura que no le gustaría volver a la función pública. Quienes lo rodeaban recuerdan la pasión con la que “discutía” hasta entrada la madrugada con Néstor, tan workaholic como él. 

¿Cuáles son las perspectivas para este año?
Será un año con características similares a 2010, con una crisis internacional que aún se mantendrá vigente. Preveo un piso de crecimiento cercano al 5 por ciento, niveles de creación de empleo significativo y un superávit comercial elevado. Entre los temas a resolver, la inflación, que en 2011 será similar al año pasado, o levemente inferior, y evidencia la necesidad de coordinación de políticas económicas.  Pero no existen factores para pronosticar una espiralización de la inflación. El escenario cambiario es de absoluta estabilidad, hay un superávit comercial elevado y el sistema financiero está extremadamente sólido.

¿No le preocupa el atraso cambiario?
Todavía hay una paridad cambiaria que permite tener de-senvolvimientos satisfactorios de la economía. El desafío es disminuir la inflación, porque uno no puede preservar el tipo de cambio real en base a que las devaluaciones nominales acompañen a los niveles inflacionarios.

¿Hoy estamos cerca de los niveles del uno a uno?
No, en absoluto, por una diversidad de motivos. Existe una política de administración del comercio exterior diferencial al período del uno a uno, con lo cual no solamente se tiene que evaluar la competitividad del tipo de cambio sino también el conjunto de medidas de políticas de incentivos. Los sectores más expuestos al atraso cambiario, históricamente más vinculados a los problemas de empleo, hoy tienen una política de administración del comercio exterior efectiva. Además, la competitividad con Brasil, por las políticas cambiarias que aplica ese país, y las medidas del Mercosur preservan a ciertos sectores. Sin subestimar el desafío de la inflación, no sólo para preservar el poder adquisitivo sino también variables macro, como el tipo de cambio.

¿Qué medida adoptaría para detener la inflación?
Es acertada la visión del Gobierno cuando plantea que resolver la inflación por mecanismos ortodoxos o políticas de ajuste severas que implican emisiones monetarias, ajustes fiscales o políticas globales más tradicionales son negativas porque disminuyen la inflación a costa de sacrificios en la tasa de actividad y el empleo. El objetivo no debe ser el derrumbe de la inflación, sino una tendencia descendiente que se va retroalimentando. Para disminuir la inflación con una señal descendente se requiere una coordinación de un conjunto de políticas sectoriales y de inversión a largo plazo. El tema es que no en todos los sectores los orígenes inflacionarios responden a las mismas causas: en algunos es por los precios internacionales; en otros, por necesidades de políticas de incentivo específicas; en otros, por inflación importada de Brasil. También hay realidades de comportamientos oligopólicos. El planteo global del acuerdo económico y social que se realizó es un sendero de diálogo de análisis para generar expectativas favorables también al descenso inflacionario. Hay un sesgo excesivo en adjudicarle a la emisión los problemas inflacionarios actuales.

Pero hoy se da una puja entre precios y salarios...
Como aclaré, no son las mismas realidades las que determinan la inflación en cada uno de los sectores. La inflación es el síntoma del desorden en el funcionamiento de algunos mercados. Lo que se necesita es una política global que señale el camino hacia una inflación descendente. Este es el esquema para lograr una inflación cercana a un dígito. Respecto a la pregunta, para generar un escenario de menor presión en los reclamos salariales, primero tenés que lograr que los precios disminuyan en su tasa de crecimiento, si no es difícil que sea viable. Además, no hay factores especulativos cambiarios que históricamente alimentaron la inflación. Hay exceso de dólares, superávit comercial. El desafío es cómo preservar la competitividad en términos nominales. Hay rentabilidad, proyectos de inversión, creación de empleo. Existen dificultades pero el marco es positivo en términos de perspectivas. 

Hay empresarios que no pueden competir en el mundo por el aumento de los costos.
Puede haber realidades sectoriales en particular con mucho valor agregado con competencia en mercados muy agresivos, como el de China, pero el Gobierno tiene capacidad de respuesta con políticas de incentivo sectoriales para resguardar la competitividad en el corto plazo.

Volviendo a la inflación: ¿los acuerdos sociales sirven para manejar las expectativas de suba de precios?
Son acuerdos para colaborar en las expectativas en la fijación de las pautas, pero no en una lógica corporativa donde, muchas veces, algunos segmentos empresarios en particular intentan recrear esquemas de acuerdos económicos y sociales para transformarse en espacios de elaboración y discusión de planes económicos. Los planes económicos son responsabilidad del Gobierno. Un acuerdo social no suplanta un plan económico, sino que es un ámbito para generar fluidez en el diálogo, mejorar las expectativas inflacionarias  y para distender las tensiones.

¿El crecimiento macro está sustentado por los precios de los commodities?
No, en absoluto. Hay decisiones que se tomaron en política económica que permiten acompañar y respaldar al escenario internacional. La Argentina tiene un tipo de cambio flexible, un Banco Central que interviene en función de los escenarios internacionales, un sistema financiero que funciona en pesos. Además de una política de administración del comercio exterior muy efectiva para preservar el empleo. Que el mundo haya tenido que atravesar una crisis en la que los bancos estadounidenses hayan tenido que ser intervenidos por el Estado, y en la que los propios gobiernos de la Unión Europea no encuentran solución a los problemas, y que en la Argentina la situación cambiaria y financiera haya sido de exceso de estabilidad, es un dato que hay que observarlo. Si hubiéramos tenido un sistema financiero dolarizado, como en los ‘90, o un tipo de cambio fijo o un Banco Central que no intervenía, no tengas dudas de que hubiéramos tenido problemas cambiarios y bancarios. Imagínese si el Mercosur hubiera tenido una moneda única, como recomendaba gran parte del pensamiento internacional; la situación habría sido muy compleja en los picos de la crisis. La Argentina hubiera perdido autonomía en el manejo de sus políticas y flexibilidad. Hay un conjunto de decisiones que a veces se subestima que debe ser dimensionado, no sólo para destacar mérito de la política económica, sino también para rescatar la lógica conceptual que los países de la región y el Mercosur en particular han tenido para vincularse. Hubo etapas en las que la Unión Europea era el claro ejemplo que el Mercosur debía tomar por su inexperiencia, su juventud o ineficacia. La experiencia demostró que en los últimos años el bloque profundizó su relación sobre reglas más consistentes como que la integración no implica sólo tener una moneda única y la eliminación de aranceles.

¿Cuáles pueden ser las implicancias de una eventual suba del real este año?
No hay certeza de que Brasil devalúe. Si lo hace, lo más probable es que lo haga en forma administrada y, en ese caso, la Argentina tiene capacidad de respuesta, en términos macro y globales. Este país articuló un sistema económico mucho más flexible frente a un escenario de cambio que en experiencias anteriores como, por ejemplo, en la década del ‘90, cuando no tenía capacidad de respuesta cambiaria, monetaria, fiscal ni de política comercial. Hoy tenés un sistema más flexible y consistente frente a escenarios de cambio. Lo que hay que hacer hoy es lograr niveles descendentes de inflación para que la competitividad de la moneda frente al real en los próximos años no se deteriore.

¿Cuáles son los riesgos de este boom de consumo?
No hay, prefiero una economía con alta demanda y ver cómo se resuelven los riesgos. Es más sencillo y mucho más viable solucionar los problemas presentes que si se estuviera discutiendo un escenario recesivo o de depresión. Que existan niveles elevados de demanda y que el Gobierno tenga la visión conceptual de incentivar la demanda, me parece acertado.



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