Miguel Ángel Broda:

Miguel Ángel Broda: "Un cambio de gobierno nos va a sacar de `Marte´"

El economista anticipa un crecimiento de entre 5 y 5,5 por ciento para 2010. Y aclara que el riesgo de una crisis existe, con un kirchnerismo que juega al límite. 07 de Abril 2010

Es feriado. Miércoles 24 de marzo y a pocas horas de embarcar hacia Nueva York, Miguel Ángel Broda, recibe a APERTURA en su oficina frente a Catalinas. En los últimos años, el economista prefirió cultivar el low profile. “De veinte pedidos de notas, acepto una”, confiesa. La razón, se focaliza en su core-business: la consultoría. Esta vez, y como excepción en la que incluso jugó con la posibilidad de la negativa del medio por ser un día no laborable,  acepta el desafío de opinar sobre la política económica de la “dinastía Kirchner” como él propio la define. Comienza la charla con tono relajado, pero se exaspera cuando habla del “graN macroeKonomista” –Néstor Kirchner-, de la miopía fiscal, el “desmedido” aumento del gasto público y de la “herencia pesada” con la que cargará el próximo Gobierno.

¿“Volcó” el modelo K?
Lo único que ha quedado del “modelo K” es el fortísimo incremento del gasto público (en términos reales) como llave de la caja política y de la estrategia económica. Con un incremento del gasto público de 14 por ciento promedio por año por encima de la inflación, éste es sin dudas un modelo populista con intervención creciente del Estado en la economía. Esto generó un cambio formidable en las expectativas de los empresarios y ha significado un notable desestímulo a la inversión privada. A su vez, Argentina enfrenta el problema de cómo financiar un gasto público que viene lanzado y que aumentó nada menos que 10 puntos del PBI en los últimos tres años, el doble de lo que lo incrementó Grecia.

¿Sobrevive el modelo hasta fines de 2011?
Como venimos, se hace sin dudas cuesta arriba. Es que la esencia de este modelo, la permanente expansión el gasto público,  es de hecho su principal Talón de Aquiles. Con una fuerte expansión del gasto público, en 2010 las necesidades de financiamiento son mucho más elevadas, pero son financiables gracias a que existe el BKRA (con reservas y con una emisión monetaria relativamente moderada). Pero si la “fiesta” del gasto continúa en 2011, apelar al mismo mecanismo de fondeo que en 2010 puede ser mucho más riesgoso. Es que a tasas de expansión monetaria relativamente razonables no veo un financiamiento suficiente del gasto público para llegar sin problemas a fines de 2011. No hay con qué, ni la Anses y ni el Banco Nación alcanzan (difícilmente pueda repetirse lo sucedido en 2009 dicho banco incrementó el crédito al gobierno en $ 7.500 millones, mientras que los depósitos al sector privado en la institución sólo subieron $ 6.500 millones. Habría entonces que recurrir a una mayor emisión para financiar al fisco y ello pondría a la macro de Argentina en un terreno más resbaladizo, sobre todo para un país que ya viene con elevados niveles de inflación y con una demanda de dinero muy sensible. Claro está que, siempre cabe la posibilidad de que se adelanten las elecciones o de que se modere el ritmo de expansión del gasto público, que se levante el pie del acelerador. 

Crisis macro, ¿de qué magnitud?
Es difícil que se produzca una mega crisis de la magnitud de la hiper del 89/90  o la de la salida de la convertibilidad. Pero el riesgo de una crisis existe y ha aumentado con un kirchnerismo que sigue redoblando sus apuestas y juega al límite. Lo que ayuda a que no tengamos crisis como aquellas es el “yuyito”, gracias al cual vamos a tener un superávit comercial de U$S15.000-16.000 millones, lo que genera una suficiente cantidad de dólares para abastecer una salida razonable de capitales y para generar los dólares que el Tesoro necesita para pagar sus obligaciones de moneda extranjera. Pero tenemos problemas macro importantes (como la preocupante expansión del gasto público y la elevada inflación) que no deben subestimarse. Para el Gobierno, sin embargo no hay problemas. La inflación no es un problema, o mejor dicho es sólo un problema de estrangulamiento de la oferta que busca resolverse otorgando crédito barato para financiar la expansión de la inversión. Esta receta K, es lo mismo que ir en una ruta, ver un tren cruzando y en lugar de frenar apretar a fondo el acelerador. Vamos a contra-mano de lo que hacen otros países del mundo que cuando sube la inflación, moderan las políticas expansivas. Hasta China parece tenerlo bien claro: el gobierno chino ha bajado en dos oportunidades los encajes con el fin de desacelerar el ritmo de expansión del crédito, buscando evitar que la inflación del año pase del 2.7 por ciento anual, hoy a 3.0 por ciento.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias de una inflación del 25 por ciento?
El problema es que en Argentina las aceleraciones inflacionarias (provocadas por políticas expansivas) pueden terminar conduciendo a una desaceleración del nivel de actividad o, directamente, una contracción del PBI. O sea las aceleraciones inflacionarias suelen ser recesivas y no expansivas como en otros países estables. Es que las expectativas inflacionarias reaccionan rápidamente (se corrigen al alza), con lo cual se incrementa también la tasa de inflación efectiva, reduciendo los ingresos reales y afectando el consumo. En este contexto, si bien la economía viene creciendo a un buen ritmo anualizado de 6 por ciento desde el tercer trimestre de 2009 y la buena cosecha va a ayudar a apuntalar el nivel de actividad en los próximos dos trimestres, lo cierto es que en un contexto de incertidumbre y aceleración de la inflación, el riesgo es que la economía tienda a desacelerarse hacia a fin de año. De todos modos, aún cuando prevemos cierta desaceleración, la economía argentina podría crecer en torno al 5.0/5.5 por ciento en 2010.

Pero ¿qué pasa si se intenta aumentar el gasto 40 por ciento con una inflación del 25 por ciento?
Como dije, sería una estrategia riesgosa. Recuerde que para hacerlo habría que acudir a decretos de necesidad y urgencia que permitan ampliar las partidas de gasto. Con el agravante de que si llegara a reabrirse la discusión de una nueva Ley de Presupuesto 2010 como piden algunos legisladores de la oposición, el gasto podría crecer más de lo aconsejable teniendo en cuenta que todos nuestros políticos son pro-gasto. Lo que veo es que todas las acciones del Gobierno apuntan a resolver los problemas de Argentina aumentando el gasto público. Mientras en el resto del mundo, los presupuestos establecen un límite al gasto nominal, en Argentina ello no sucede (el “presupuesto es un chiste”).

¿Hay riesgo de una crisis cambiaria o bancaria?
El sistema financiero es sólido y solvente. Incluso el gobierno quiere colocarle deuda para hacerse de los recursos líquidos de los bancos. Pero yo no veo riesgo de una crisis bancaria (salvo que el mundo muestre una trayectoria de W -a la que le asignamos una baja probabilidad de ocurrencia- y haya una crisis financiera internacional que afecte al sistema financiero local. Por el lado cambiario, este año, el ingreso de dólares provenientes del superávit comercial alcanzaría para financiar la salida de capitales y los pagos en moneda extranjera del gobierno nacional. Pero es probable que a lo largo de este año vayamos perdiendo competitividad (recuerde que atrasar el tipo de cambio es una estrategia típica de los gobiernos peronistas al final de sus gestiones que apunta a que los salarios reales sean algo mayores). En este contexto, es el próximo Gobierno el que tendrá que implementar un programa antiinflacionario serio y el que probablemente tenga que readecuar un poco el tipo de cambio real.

¿Cuál será la herencia con la que se encontrará el próximo Gobierno?
La herencia es pesada. El próximo gobierno recibirá una economía que tiene una elevada tasa de inflación (y una alta inercia inflacionaria); un Estado que tiene dificultades para financiarse por un déficit fiscal creciente. Asimismo, el país habrá perdido competitividad por el atraso cambiario y el próximo gobierno hereda una economía con un alto grado de intervención del Estado que será difícil de desmantelar. Por último, no hay que olvidarse del brutal atraso de las tarifas, que habrá que ajustar.

¿Cómo se sale?
La verdad es que yo soy optimista con relación a la Argentina para cuando se termine esta orientación de política económica aislacionista, intervencionista y populista (lo que a mi juicio es la política-económica K). Sin dudas, un cambio de gobierno nos va a sacar de “Marte” y nos va a permitir reinsertarnos nuevamente en el “globo terráqueo”. Es muy difícil no ser optimista. Recuerde que hoy los países emergentes explican el 70 por ciento de la tasa de crecimiento de la economía mundial y en dichos países hay 1.500 millones de personas dejando atrás la pobreza y comenzando a engrosar las capas medias. Esas personas seguirán demandando por muchos años una serie de bienes en los que la Argentina tiene ventajas competitivas (carnes, yogures, aceites, manufacturas de origen agropecuario, etc), lo cual nos genera una inmejorable oportunidad.

¿Cuál es la sensación térmica de los empresarios?
Hoy sin dudas el clima de negocios es negativo. Los empresarios argentinos enfrentan dos opciones: o bien se adaptan a las reglas de juego del intervencionismo K que promueve el “capitalismo de amigos” o bien guardan sus proyectos de inversión en un cajón y esperan un gobierno normal.

¿Hoy es más difícil hacer pronósticos macroeconómicos?
Sí, resulta más complicado pronosticar. El problema es que es alta la incertidumbre. Hoy no sabemos si el GraN maKro va ir por una expansión del gasto público de 28 por ciento interanual, de 35 por ciento o de 40 por ciento. Tampoco sabemos si el BKRA va a ir por una emisión monetaria de 25 por ciento este año, de 30 por ciento o más. Y el COMBO (de expansión del gasto y emisión monetaria) que elija Néstor Kirchner tiene distintas implicancias macro (en términos de tasa de inflación, impacto sobre la demanda de dinero, salida de capitales). Claramente, los factores idiosincráticos de la Argentina le ponen mucha duda a los pronósticos. En el resto del mundo, los que gobiernan estudiaron los mismos libros que los analistas y no los objetan. Acá la política económica es diseñada por alguien muy inteligente, con mucha capacidad de trabajo, pero que mira a los libros de teoría económica de lejos, con mucha desconfianza y resquemor.



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