Matrimonio gay: ¿qué pasó en los países que dieron el puntapié inicial?

Matrimonio gay: ¿qué pasó en los países que dieron el puntapié inicial?

Luego de que el Senado diera vía libre a la nueva ley de matrimonio entre personas del mismo sexo en la Argentina, el debate se enfocó en el día después. Las naciones que ya aceptan en sus legislaciones el casamiento igualitario no fueron ajenas a la controversia. Tras un fuerte impacto inicial, ya hay lugares donde la tasa de bodas empezó a decrecer. 23 de Julio 2010

Además del reciente caso argentino, son ocho los estados que han aceptado el matrimonio entre personas del mismo sexo, otorgándoles los mismos derechos que las parejas heterosexuales: los Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2005), Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009) y Portugal (2010). En los Estados Unidos se ha implementado en algunas regiones. Y en México, el Distrito Federal es el único lugar que acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo.  

En los Países Bajos, si bien el proyecto había sido rechazado por los partidos cristianos, no hubo intención de modificar la ley cuando éstos llegaron al gobierno en 2002. La nueva disposición fue inaugurada con una ceremonia matrimonial conjunta muy difundida en los medios que incluyó una pareja de mujeres y tres parejas conformadas por varones. Tres años después, según un informe de la cadena CBS, la tasa de casamiento entre personas del mismo sexo comenzó a decrecer y empezaron a registrarse los primeros divorcios.
 Al año siguiente de su promulgación, se registraron en Bélgica 300 matrimonios de parejas del mismo sexo, en una proporción equivalente respecto de uniones entre hombres y entre mujeres. Esto representaba 1,2% de todos los enlaces de ese año. En 2006 se amplió la ley para permitir la adopción.

A partir de 2004, los Estados Unidos otorgó la posibilidad de matrimonio a los homosexuales residentes en Washington, Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont y New Hampshire. Vermont fue el primero que en 2009 lo avaló por una iniciativa legislativa y no a partir de presentaciones judiciales.

En tanto, durante los primeros tres años desde la implementación de la ley en 2005, España celebró más de 12.000 bodas, el doble de la cifra alcanzada en igual periodo por Bélgica.

A poco más de un año de promulgada la ley en Canadá, el Ministerio de Ciudadanía e Inmigración informó que "los casamientos entre personas del mismo sexo realizados legalmente en ese país y las jurisdicciones del exterior serían reconocidas para cualquier propósito de inmigración".

En 2005,  una sentencia del Tribunal Constitucional de Sudáfrica dictaminó que era injustificable la discriminación en base a la orientación sexual, instando al gobierno a modificar la ley en un plazo no mayor a un año. Así, durante los primeros seis meses,  se celebraron 562 uniones. Hasta ese entonces, 36 funcionarios encargados de oficiar matrimonios, de un total de 700, se habían abstenido de unir legalmente parejas del mismo sexo.

No fue ése el único lugar donde intervino la Justicia. En 2008, la Corte Suprema de California había declarado la inconstitucionalidad de la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo. Cinco meses más tarde, en noviembre, un referéndum revirtió la situación a través de la llamada Proposición 8 que enmendó la Constitución para que el matrimonio  fuera considerado exclusivamente entre un hombre y una mujer. Aún así, la ley ampara los 18.000 matrimonios celebrados durante el proceso de enmienda. Para ese entonces, el 51% de la población californiana aceptaba el matrimonio entre homosexuales.
En el norte europeo, Noruega aprobó la ley en enero de 2009 con el apoyo de la coalición gobernante y de las facciones opositoras de izquierda, conservadoras y liberales. La ley establece que, como parte de la definición neutral del matrimonio en términos de género, si una mujer casada con otra resulta embarazada a través de métodos de inseminación artificial, su compañera gozará de los derechos de maternidad desde el momento de la concepción.

Por su parte, Suecia triunfó en la modificación de la legislación con el apoyo de la coalición de centroderecha con un resultado de 261 representantes parlamentarios a favor y 22 en contra. Según un informe de 2004, el número de uniones del mismo sexo alcanzaba los 1500 casos de un total de población gay y lesbiana de 140.000 individuos. Esto significaba que el 98% de los ciudadanos suecos que elegían parejas del mismo sexo no estaban casados.

En el Distrito Federal de México, las parejas homosexuales casadas pueden adoptar desde el año pasado. El 50% de los ciudadanos de la urbe apoya la modificación. Algunos estados como Morelos, Sonora y Guanajuato promovieron ante la Corte Suprema un escrito pues estaban en contra de la migración de sus habitantes a fin de contraer enlace para luego regresar a sus lugares de origen. La justicia resolvió que los matrimonios realizados en el Distrito Federal tienen validez en todos los estados de la república.

El 5 de junio de este año Portugal aprobó la modificación para la unión homosexual. Las organizaciones en defensa de los derechos homosexuales locales no se mostraron del todo satisfechas. Según Sérgio Vitorino, coordinador de la asociación Panteras Rosa, el problema en Portugal es que la sanción no fue la consecución de políticas para combatir la homofobia: "Aquí no se ha hecho nada para lograr un cambio cultural, y se empieza ahora con una medida dictada desde arriba".

Modificaciones parciales
Israel acepta la posibilidad de que una pareja homosexual pueda adoptar bajo la tutela de ambos padres. La explicación de la aceptación del matrimonio igualitario en un país con un fuerte componente religioso radica en parte en la convicción de que debe mantenerse la solidaridad entre la población judía de Israel. De este modo, el deseo de retener a los individuos judíos en Israel anula la hostilidad religiosa hacia la homosexualidad.

Junto con Andorra, Islandia, Reino Unido, San Pablo en Brasil y algunas regiones de Australia, Israel también admite la adopción conjunta de menores por parte de padres del mismo sexo, aún cuando sus legislaciones no contemplan para estas parejas los plenos derechos del matrimonio.

En Francia, en cambio, hace varios años se discute el tema a partir de un hecho policial. Cuando en 2004 los medios dieron cuenta de un brutal asesinato de un homosexual, un colectivo de sociólogos, políticos y filósofos firmó un  "Manifiesto por la igualdad de derechos" que reivindicaba los derechos de los heterosexuales para los homosexuales. Dos meses más tarde, Noël  Mamère, responsable del partido ecologista, celebraba la boda de dos hombres en su ayuntamiento de Bègles. Sin embargo, aún hoy hay controversia. Recientemente Eric Fassin, antropólogo y profesor  de la Facultad de Ciencias Sociales de la Escuela Normal Superior en París, opinó que "por el momento, Sarkozy no está preparado para decir que los homosexuales deben gozar de la libertad de casarse, aunque sí dice que las mujeres deben gozar de la libertad de poder abortar. En el tema de la homosexualidad, el presidente se encuentra hoy paralizado. A loque apuesta hoy es a figurar como un hombre moderno en el escenario internacional, particularmente al comprometer a Francia en la lucha por la despenalización de la homosexualidad".

Según la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), la homosexualidad es legal sólo en 115 países. Por el contrario, en Irán, Mauritania, Arabia Saudita, Sudán, Yemén se la considera un delito con pena de muerte. En 2002 Costa Rica modificó el Código Penal para eliminar el delito que tipifica la homosexualidad de "sodomía escandalosa". Y Panamá dejó de considerarla ilegal recién en 2008. En Japón, la homosexualidad ya no es considerada una enfermedad sexual. Desde el año pasado este país considera legal el matrimonio igualitario contraído en el exterior por ciudadanos japoneses y extranjeros.

Las bases económicas
De acuerdo al mapa de las naciones que han implementado modificaciones a sus leyes de matrimonio, parecería existir una relación entre la defensa de nuevas libertades ligadas a la identidad sexual y las bases económicas. Para el profesor en Derecho James D. Wilets, quien fuera convocado por la Secretaría General de las Naciones Unidas en temas de derechos humanos, el panorama jurídico del matrimonio entre personas del mismo sexo parece circunscribirse a sociedades con determinados tipos de constitución económica. Según él,  "las democracias más industrializadas han considerado el reconocimiento de al menos algunos de los derechos de las parejas del mismo sexo como requisito de la aplicación de los principios de no discriminación y de protección igualitaria, incluso si algunos de estos países son reacios a extender estos principios hasta el completo reconocimiento legal de las uniones del mismo sexo".

Desde las organizaciones representativas de las minorías gays y lesbianas, la legitimidad de la demanda de matrimonio es cuestionada desde una óptica también de base económica. Michael Warner, profesor de estudios americanos en la Universidad de Yale y autor de The Trouble with Normal analiza la emergencia de este fenómeno en los EE.UU. a partir del momento en que los abogados instauraron este tipo de demandas creando la antinomia "matrimonio u homofobia" en pos de crear nuevas necesidades en el circuito comercial del derecho.

Aún así ha pasado poco tiempo como para extraer conclusiones definitivas acerca del impacto sufrido por los países en los que la modificación del matrimonio ha tenido lugar. La relación entre actos privados y contextos socioculturales es en la actualidad tan compleja que apenas se está en condiciones de vislumbrar algunos cambios.



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