Más que enseñar a pescar, capacitar en la cría de peces

Más que enseñar a pescar, capacitar en la cría de peces

Desde hace tres décadas, Eduardo Catania produce peces y capacita en el armado y gestión de una granja acuícola. Un emprendimiento que busca sembrar la semilla entrepreneur. 31 de Marzo 2011
A muchos les gusta pescar, y a Eduardo Catania le gusta criar peces. Tanto, que a los 20 años armó su primer estanque en un campo alquilado, mientras trabajaba en su pequeña fábrica de muebles de oficina. Años más tarde, decidió dejar la fábrica en manos de su padre para transformar a la acuicultura en su ocupación principal. “Es una actividad muy interesante y con mucho futuro. El consumo mundial de pescado ronda los 120 millones de toneladas y sigue creciendo. Nuestro país exporta más pescado que carne vacuna”, asegura el productor.

Las primeras piletas para criar peces las construyó él mismo, cavando zanjas en un predio de 9 hectáreas que adquirió en la localidad bonaerense de San Vicente. También diseñó los sistemas de recambio, climatización y oxigenación del agua. “Al principio, los ciclos de cría llevaban casi un año, y era prácticamente imposible vivir de esto. Con el tiempo fui investigando y me di cuenta de que la temperatura del agua y la iluminación pueden acelerar estos ciclos a casi el doble, con lo que si se planifican bien los desoves y “cosechas”, se puede contar con pescado fresco para vender durante todo el año”, dice Catania.

Esta es una de las claves del negocio de la acuicultura controlada, en estanques o piletas. A diferencia de la cría de peces en aguas abiertas como lagunas, ríos o el mar; el hacerlo en estanques cerrados permite monitorear las condiciones de temperatura, oxigenación del agua e iluminación, con lo que la producción deja de depender de las condiciones climáticas y ambientales, y se puede planificar a demanda.

En un comienzo, Catania se dedicó a la cría de truchas, que comercializaba bajo dos modalidades: la venta directa a un exportador, y la venta al peso en un “pesque y pague”. Para este caso, acondicionó dos lagunas a cielo abierto en su quinta, adicionando quinchos y sombrillas, más un servicio de restaurante atendido por él, su esposa Graciela y su hija Nancy. “La idea es que las personas vinieran a pasar el día, comieran su propio pescado, o lo llevaran a su casa pagando una entrada y la mercadería por kilo de peso. Pero la realidad es que muchos se iban sin pagar”, se lamenta. Es por esto que, hace unos años, a raíz de un serio accidente de tránsito que lo dejó postrado en silla de ruedas durante varios meses, Catania optó por discontinuar el “Pesque y Pague”, ya que no había personal suficiente para controlar el servicio.

Para la misma época, una decisión gubernamental restringió la exportación de truchas, por lo que decidió enfocarse en otras especies, como la tilapia, muy apreciada en la cocina china y coreana. De esta situación difícil, el emprendedor sacó buenas enseñanzas: conoció las ventajas de diversificar la producción, y la solidaridad de sus clientes orientales, quienes le prestaron dinero y se hicieron cargo de su tratamiento de rehabilitación.

Capacitar para abrir el mercado
Prácticamente autodidacta (Catania cursó en la escuela de oficiales de aeronáutica pero nunca se dedicó a pilotear aviones), el emprendedor comenzó a impartir clases de Acuicultura en la escuela agrotécnica Nro. 1 de San Vicente y en la facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Hasta que a fines de los ‘90 decidió abrir una escuela taller en su propia granja (
www.productoracuicola.com.ar). Allí realiza un curso los sábados por la mañana, desde marzo hasta noviembre, y talleres intensivos de 10 días durante el verano.

Las clases son teórico prácticas e incluyen asesoramiento a quienes deseen dedicarse a la acuicultura como negocio. Entre los alumnos llegan profesionales que toman la actividad como un hobby que les permite desestresarse y otros que quieren montar su propia granja de peces.

“Con una inversión mínima de $ 10.000 se puede comenzar a criar peces en un tanque australiano. Esto puede complementar otras actividades agrícolas como la siembra, ya que el agua sin tratar de las peceras sirve para riego y abono de los cultivos”, destaca. “Recomiendo empezar de a poco y luego ir escalando la producción”, aclara. Asimismo, el curso puede aplicarse al cultivo de todo tipo de seres acuáticos: desde peces ornamentales a langostas y moluscos para gastronomía, o algas marinas para cosmética o biodiesel. “Esta actividad permite cambiar la producción según la conveniencia o condiciones del mercado.

Por otra parte, si se implementa el sistema de “venta en vivo”, se pueden mantener los peces hasta el momento en que deban colocarse en el mercado y siempre estarán frescos; algo que no ocurre con la captura, que exige al pescador contar con sistemas de refrigeración propios o vender inmediatamente el producto al precio que sea, para evitar que se eche a perder.

Hasta el año pasado, el establecimiento de San Vicente producía unas 20 toneladas de peces al año, por $ 20 el kilo, lo que da una facturación anual de $ 400.000 anuales. Para fines de 2011, gracias a $ 1 millón de inversores privados, el emprendedor espera elevar su producción a 300 toneladas anuales. Con este fin, ha construido una serie de piletas equipadas con sensores que permiten monitorear las condiciones del agua a través de la computadora.

Pero más allá de aumentar la producción en su propia granja, la difusión de la acuicultura es hoy la principal ocupación de Catania ya que “cuantos más criaderos de peces haya, se ampliará el mercado: habrá más productores de alimento balanceado que competirán entre sí mejorando la calidad y los precios, y empezarán a fabricarse dispositivos que hoy no se consiguen. Esto beneficiará a todos, y no le restará ventas a nadie. Yo siempre vendo todo el pescado que tengo, y si produjera más, también lo vendería”,asegura.

En números
- 600 toneladas por hectárea y por año rinde la producción acuícula controlada.
- 120 millones de toneladas es el consumo anual mundial de pescados y moluscos.
- 8 kilos per cápita anual consumen los argentinos.

Ficha
- Fundación: 1995.
- Actividad principal: cría de peces y moluscos; enseñanza de la acuicultura.
- Producción: 20 toneladadas anuales (2010); 300 toneladas (a partir de 2011).
- Facturación 2010: $ 400.000



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