Martín Redrado:

Martín Redrado: "El Central es pro-inflacionario"

02 de Febrero 2011
Su verano, sin dudas, será menos turbulento que el de 2010. De hecho,proyecta vacaciones en familia en el   norte de Brasil. Se lo nota más relajado y ¿más tranquilo? “No”, refuta el mismo Martín Redrado. Y aclara: “Tranquilo estuve siempre, lo que tengo es distinta responsabilidad”. Además, agrega que, contrariamente a lo que muchos piensan, enero de 2010 no fue el peor mes de su vida, sino octubre de 2008, cuando asegura haber vivido presiones políticas para devaluar. “Fue en plena crisis sub-prime, el mercado nos jugaba en contra todos los días. Intervenimos y el 30 de octubre vendimos US$ 525 millones, pese al desacuerdo de la Presidenta, que quería seguir al real, que pasó de US$ 1,60 a US$ 2,45”.
Redrado hace una pausa, mientras mira de reojo su Blackberry. Tal vez busca algún feedback del tweet que posteó la mañana de la nota: “Hay más reservas pero también mayor emisión con una consecuencia directa: la inflación”. El mensaje tenía un destinatario directo: el canciller Héctor Timerman, quien había pregonado, también en Twitter, que había más reservas.

A diferencia de un año atrás, cuando era un funcionario K y cultivaba un low profile, el ex presidente del Banco Central –considerado por el propio Alan Greenspan un “héroe por su manejo de la presión política”– habla, analiza y refuta. Basta recorrer sus tweets diarios para percibir su adicción por esta herramienta en la que ya suma más de 12.700 followers. “La llegada del FMI se da por presión del Gobierno que busca ganar tiempo para que no se revelen problemas del país antes de elecciones”; “Con la toma del Central para financiar el gasto estamos fuera de sintonía. Perdemos el ritmo de toda América del Sur, que crece con una inflación de un dígito”, fueron algunos de sus mensajes en la red social. Todos temas que profundizó en la entrevista con APERTURA. 

¿Cuáles son las variables que más le preocupan de la economía? 
Hay un tema que cruza la economía y la vida de los argentinos, que es la lucha contra la pobreza, una consecuencia no deseada de este proceso económico, y una clara demostración de que algo está fallando. Crecemos pero generamos cada vez más pobres, que ya alcanzan a 11 millones de argentinos. El desafío hacia el futuro es crecer pero también generar desarrollo. El gran cambio del año pasado fue utilizar al Banco Central para financiar el gasto público con emisión monetaria, una inconsistencia que generó un salto en la inflación que prácticamente se ha duplicado con un tipo de cambio planchado.

¿Cómo sigue la película de emitir para financiar?
Hoy, para ser buen economista, hay que ser un buen meteorólogo. A mi juicio, la soja tendrá resistencia en US$ 400 durante 2011, pero si al fenómeno de sequía lo extrapolamos a 2012, donde puede llegar el fenómeno del niño, la Argentina puede tener problemas en la cantidad de dólares, que es lo que permite sustentar un tipo de cambio que no se mueve. La estimación es que el dólar este año alcanzará los 4,20, el PBI crecerá 5,5 por ciento y la inflación rondará el 28/30 por ciento.

¿Cómo se corrige?
Con un programa económico que tenga integración productiva y crediticia con el mundo. Se puede parar el tren antes de que se genere una crisis. Hay dos escenarios: se reacomoda la variable cambiaria a lo que es la inflación, o se realiza un programa de reordenamiento que aliente un modelo de proconsumo y de alta inversión. Es decir, que impulse la inversión privada para ampliar la capacidad instalada. Muchas empresas están trabajando al límite porque no hay confianza para proyectar. Nadie se anima a lanzarse a invertir en el largo plazo. Si el país se integra productivamente con el mundo en términos de cadena de valor y genera un programa de desarrollo productivo con incentivos impositivos pro inversión, con un esquema de integración con el mundo, como lo están haciendo el resto de los países de la región y no hablo de Brasil, sino del Tesoro colombiano, el peruano y sus empresas, que están emitiendo a 10, 15 años en moneda local en los mercados internacionales.

¿Qué consecuencias podría haber, si no se implementa eso?
Va a depender de los factores climáticos y del precio de la soja. Son las dos variables que hay que mirar. Además, la inflación está sujetada con un tipo de cambio planchado. El Gobierno intentó manejar los precios con un pacto social que fracasó. Es decir, está tratando de atacar los efectos y no las causas de la inflación. En el corto plazo, una de las incógnitas será el tipo de cambio, que es cuánto será la dolarización de los argentinos teniendo en cuenta que, por incertidumbre, suele darse en procesos preelectorales. Y que quizás ahora no se dé, producto de que ya tuvimos cuatro períodos de tensión cambiaria superados. La otra incógnita es cómo terminarán las negociaciones salariales para poder dimensionar el impacto sobre la inflación. Graficándolo, estamos andando en quinta con el auto: para que no se despiste, tenés el volante bien firme tomando la variable salarial y dólar; si alguna de ellas se escapa, el auto puede salir de pista.

¿Coincide con quienes afirman que el atraso cambiario nos llevará a una situación similar al uno a uno?
Estamos cerca. Pero no sólo hay que mirar el tipo de cambio bilateral, sino también el multilateral, es decir, con qué países comercia la Argentina. En 2010, tuvimos la buena suerte de que los países de la región, y Brasil en particular, tuvieron una apreciación nominal del 16 por ciento. A mi juicio, y conversando con el equipo del Banco Central brasileño, el proceso de apreciación cambiaria de ese país ha llegado a su fin y esto va a dejar más en evidencia que no se puede dejar planchado el dólar con esta inflación. La diferencia con otros países de la región, como Perú, Colombia, Uruguay o Chile, es que han vivido un proceso de apreciación pero con una inflación de un dígito. ¿Qué casualidad no? Que la Argentina y Venezuela tengan la inflación más alta del continente y en ambos casos utilicen al Banco Central para financiar el gasto. El uso de las reservas lo estamos pagando los argentinos con más inflación.

¿Hay riesgo de una híper?
No, porque el dólar está controlado. Los procesos hiperinflacionarios se generan cuando faltan dólares y la gente, con el exceso de pesos, compra dólares. Hoy se compran bienes, pero como no hay inversión, no aumenta la capacidad productiva.

 ¿La Argentina puede evitar la crisis?
Sí, se puede evitar una crisis, pero viviremos un fuerte pozo de aire en términos de reacomodamiento de las variables. En 2010 comenzó un proceso insustentable que se puede corregir porque tenemos muy buenos precios de los productos que vendemos y tiempo. Pero, sin correcciones, no será viable continuar con este proceso durante los próximos tres años.

Tras la muerte de Néstor Kirchner, ¿quién comanda la economía?
No hay Ministerio de Economía, sino una fragmentación de funciones que antes le reportaban a Néstor Kirchner. Desde la salida de Lavagna, hay un esquema muy fragmentado: lo que hace hoy el ministro de Economía es lo que realiza una Subsecretaría de Finanzas en cualquier equipo económico. Por otra parte, existe una Secretaría de Hacienda muy fuerte, la parte de precios en manos de Guillermo Moreno y el dólar, que lo maneja la Presidenta a través del Banco Central. Este es el esquema que se centraliza en la Presidenta, quien ha demostrado tener una posición más dubitativa cuando llegan las crisis que la que tenía el ex presidente, un hombre de tomar decisiones inmediatas, a diferencia de ella, que, en general, duda. Espero que no tenga que vivir un momento de tensión económica para ver cómo maneja esas variables.

¿Cuál es el costo de un Banco Central no independiente?
La falta de credibilidad que tiene la Argentina en relación al resto de los emergentes, teniendo en cuenta que son los países que está mirando el mundo. Primera Asia y, luego, cuando apuntan hacia América del Sur, analizan Brasil, Perú, Colombia, Chile y Uruguay, pero no la Argentina. La idea es que el Gobierno improvisa sobre la marcha y, cuando necesita fondos, va de manotazo en manotazo. Y en el consciente del inversor se genera que cualquier cosa es posible en la Argentina y que no hay límites frente a la voracidad de querer acumular poder y generar un mayor financiamiento de las actividades gubernamentales. De todas formas, nunca defendí la independencia desde el punto de vista sacrosanto. No creo en el Banco Central que funciona como una isla. Hablo de independencia de criterios.

Redrado prefiere que sean otros los que evalúen su gestión. Igual, se reconoce como el artífice de haber evitado una crisis entre 2004-2010. “Si se mira a la Argentina en los últimos 30 años, cada siete hubo una, algo que no pasó en los últimos siete”, destaca quien pudo surfear cuatro períodos de tensiones cambiarias y corridas financieras, según enumera: el subprime, períodos preelectorales, la crisis del campo y la desaparición de las AFJP. Un repertorio que le dio, según sus propias palabras, el mote de experto en crisis ante el mundo.

Pasaron 40 minutos desde el comienzo de la charla. Sobre el final, hay tiempo para hablar sobre si el Ministerio de Economía es una asignatura pendiente. Reconoce tener vocación por la actividad pública, a la vez que responde con una evasiva: “Uno no puede proyectar su carrera en función de los cargos, la vida está llena de imponderables”. Y agrega: “Otro país es posible, estamos generando una sociedad muy dividida con ricos muy ricos y pobres muy pobres”. El mensaje final, con tinte político, explica por qué, días después de la charla, la Ciudad se pobló de afiches de la Renovación Federal Peronista con el lema: “Lo que viene”.



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