Marcelo Giugale:

Marcelo Giugale: "No hay político al que le vaya bien con inflación"

El director de Política Económica y Programas de Reducción de Pobreza del Banco Mundial para América Latina, Marcelo Giugale, augura desde Washington un enroque en el motor del crecimiento mundial y refiere a la falta de visión de la Argentina como principal traba para su desarrollo. 15 de Octubre 2010

El exitoso rescate de los 33 mineros que se hallaban a más de 600 metros bajo tierra en Copiapó puso a Chile en el centro de la escena. Brasil, en tanto define su futuro electoral, se jacta de ser la octava potencia del mundo. La región, evidentemente, está lista para dar su gran salto. “Soy muy optimista”, resalta desde Washington el argentino Marcelo Giugale, director de Política Económica y Programas de Reducción de Pobreza del Banco Mundial para América Latina. Giugale, quien recientemente presentó The day after tomorrow -un libro del que parciparon 40 economistas del BM y que, por estos días, se está convirtiendo en lectura de rigor en las reuniones anuales- analiza el futuro de la región, el gasto público y las políticas sociales. 

¿Cómo será el día después?
Hablamos de entre dos y cinco años a futuro. Estamos a punto de ver un enroque (switch over) en el motor del crecimiento global. El mundo en desarrollo será el que arrastre la economía mientras que los países desarrollados pondrán su casa en obra. Este enroque va a causar un cambio en las agendas de políticas públicas, que se manifiesta en áreas como el manejo macro, la estrategia comercial, la política social -incluso estamos diciendo que podría comenzar a visualizarse el principio del fin de la pobreza- y también en la calidad institucional del Estado. La post crisis trae un mundo distinto al que teníamos. Esto tiene un supuesto detrás de que no va a haber una segunda mega explosión, poco improbable pero no impensado. 

¿Este cambio de timón se refiere a los BRIC?
Es más que los BRIC. Hay historias de éxito en America Latina más allá de Brasil, con casi media docena de países muy encaminados: Chile, Uruguay, Perú, Colombia. México se está recuperando. También algunos países de Centroamérica. Lo mismo se puede ver en el sur de Asia y en algunos países africanos. 

¿Y la Argentina? ¿Cuáles son las trabas para su desarrollo?
No hay fórmulas universales. Cada uno de los países exitosos tuvo que solucionar problemas internos. Pero en todos emerge un común denominador: los que tienen éxito son los que pueden balancear la disciplina económica con la solidaridad social; la eficiencia rigurosa con la equidad; el mercado con la gente. Ese equilibrio da sostenibilidad política y hay una visión de país que toda la clase política abraza. En tiempos electorales, la discusión es sobre quién puede hacer lo mejor y no qué modelo seguir. 

¿Es viable el despegue a partir de la política social?
Este instrumento se desarrolló en la región en los últimos 10 años. Trece países pudieron conocer al pobre por nombre y pueden transferirle recursos al individuo a medida. Se puede hacer política social ajustada a la necesidad del individuo. Eso hace que tener un programa de transferencia directa sea redituable, eficiente y políticamente sostenible. Este modelo de comportamiento se testeó con transiciones presidenciales. En Chile se fueron 20 años de Concertación, de la izquierda a la derecha, y Piñera no dijo “voy a patear el tablero”. Lo testeamos también de la derecha a la izquierda en El Salvador. Ése es el modo de hacer solidaridad social que las élites de América Latina han comprado. Dio sostenibilidad y generó una visión de país.

¿En qué sugiere concentrar el gasto público?
Prefiero hablar de gasto social. Cuando se dice voy a enfocar mi gasto a la necesidad completa de esta persona, la política social comienza a cambiar a través del ciclo de vida. El mejor uso de un dólar adicional en un individuo ocurre invirtiéndolo en los primeros dos años de edad porque ahí se forman las condiciones neurológicas que permiten tener la capacidad cognitiva para triunfar en el mercado laboral. Si el niño no tuvo la nutrición o los estímulos necesarios, va a tener problemas para competir con sus pares el resto de su vida. Eso se puede llevar a la política social cuando el individuo llega a la escuela primaria, donde lo más importante que aprende son los estándares mínimos de educación. Por ejemplo, al final de segundo grado, un niño no debe leer menos que 60 palabras por minuto, que es el umbral por debajo del cual en los Estados Unidos mandan a los hijos a escuela especial. En la región sólo el 10% las lee. La discusión no es cuánto gastar o cuántas escuelas construir sino cuál es el resultado que se va a lograr. Lo mismo puede replicar para capacidad de razonamiento matemático y habilidades no cognitivas. 

Durante años la Argentina se jactó de su clase media y de permitir la movilidad social. Actualmente, ¿hay espacio para ello?
Hay mecanismos distintos que conforman las clases medias. En los últimos 30 años, China sacó 400 millones de personas de la pobreza pero dejó que el mercado lo hiciera. Lo hizo con el crecimiento y no con políticas sociales. No hay coberturas de salud ni de pensiones de tercera edad establecidos. La gente salió trabajando en el mercado. Es el modelo en promedio del sudeste asiático, basado en el individuo. En América Latina, hace 60 años que tratamos de crear una clase media a través de políticas públicas. Subsidiamos los servicios, la salud, el transporte, la educación. Se apostó a formar una clase media mediante el Estado. 

¿Cuál es más sustentable?
Ambos están a prueba. China está reactivando el consumo interno, invirtiendo a través de redes de seguridad social. En América Latina, que era pura red, se está tratando de focalizar los subsidios. Ésa es la verdadera revolución. A eso que me refería con hacer política social conociendo al pobre por nombre. Está cambiando la relación entre el Estado y la gente. Los dos modelos tienen deficiencias y todavía hay cosas para corregir. 

¿Se puede relegar el crecimiento del país al precio de las commodities?
En la Argentina y en la región va a cambiar la estrategia comercial. Las commodities en los mercados son un accidente en la plataforma de desarrollo. Si las cosas se manejan bien son un detonante importante en el crecimiento. Si se logra convertir la riqueza natural a humana, de capital físico a intelectual, el país despega. Se puede aprender mucho de los países nórdicos. La riqueza natural es una bendición más que una maldición. Pero además, hay que tener un marco fiscal sólido. Las proyecciones obligan a tener reglas y detonan la necesidad de monitoreo independiente. En el pasado, el monitoreo fiscal lo tenía el Estado. Eso está cambiando porque comienzan a aparecer agencias independientes, públicas y privadas. Éstas son las instituciones que levantan la alarma cuando ven que hay países que acumulan fondos y que no se usan de acuerdo a las reglas. Al final del día, lo que complica el uso de la riqueza natural es la decisión fiscal. 

¿Es optimista respecto de la Argentina?
Sí. Y con la región, que logró su propio consenso. Hace 20 años era el Consenso de Washington. Hoy, es el consenso de la gente, que tiene valores a los que no va a renunciar: la estabilidad de su trabajo, de sus precios, de sus depósitos. No hay político al que le vaya bien con inflación. Nadie quiere vivir de espaldas al mundo. La idea de cerrarse y de vivir con lo nuestro ya no la compra nadie. El gusto por la modernidad fuerza a los gobiernos a estar globalizados e integrados financiera y comercialmente. El concepto elitista de América Latina murió. Hasta las clases más altas se dan cuenta de que en el bote estamos juntos. El apetito por justicia social y la aceptación por la solidaridad va forzando el comportamiento de nuestros líderes.

Un argentino en el BM
Marcelo Giugale, director de Política Económica y Programas de Reducción de Pobreza del Banco Mundial para América Latina, tiene 20 años de experiencia en el campo de la economía aplicada, con experiencia en Medio Oriente, Europa del Este, Asia Central y América Latina. Encabezó negociaciones de políticas públicas y más de u$s 15.000 millones en financiamiento de proyectos, a través de un amplio espectro de países y sectores del desarrollo. Sus publicaciones cubren temas de política económica, finanzas, desarrollo, agricultura y econometría empírica. Fue editor en jefe de colecciones de notas de política económica para las transiciones presidenciales en México (2000), Colombia (2002), Ecuador (2003), Bolivia (2006) y Perú (2006). Recibió condecoraciones de los gobiernos de Bolivia y Perú, y enseñó en American University in Cairo, The London School of Economics, y la Universidad Católica Argentina (UCA). Se doctoró en economía en The London School of Economics. Recibió la Medalla de Oro de la UCA, donde se graduó como licenciado en Economía.



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