Malvinas: 30 años de diplomacia y ningún resultado

Malvinas: 30 años de diplomacia y ningún resultado

Desde el fin de la guerra en adelante, la Argentina ha desplegado distintas estrategias diplomáticas para conseguir que el gobierno británico se avenga a discutir la soberanía de las Islas Malvinas. Pero hasta ahora ninguna de ellas ha rendido sus frutos. 30 de Marzo 2012
La Argentina ha probado todo en estos 30 años de post-guerra para que el gobierno británico cumpla las resoluciones de Naciones Unidas y se siente a negociar la soberanía de las Islas Malvinas. La aspereza diplomática de Raúl Alfonsín en los 80, la estrategia de seducción a los isleños de los 90, la gelidez con Londres en el fugaz tiempo de la Alianza, la indiferencia de Eduardo Duhalde -tenía otras urgencias domésticas- hasta estos últimos ocho años kirchneristas de endurecimiento retórico y concreto con la administración inglesa y los kelpers.

Nada funcionó. Londres no se ha movido de su posición intransigente, de su negativa a conversar sobre la disputa de soberanía, mucho menos ahora que los resultados de la exploración petrolera reflejan la posibilidad de que uno de los pozos hidrocarburíferos en las Islas sea comercialmente viable.

Después de la guerra de 1982, el gobierno democrático de Raúl Alfonsín concentró sus esfuerzos diplomáticos en la Asamblea General de Naciones Unidas. En aquellos años, el entonces canciller Dante Caputo planteó ante el organismo la voluntad argentina de hacer cumplir por la vía pacífica las resoluciones que año a año ganó la Argentina, pero que el Reino Unido desoía. De hecho, el gobierno alfonsinista se negó a declarar formalmente el cese de hostilidades a Gran Bretaña, mientras Londres se rehusara a conversar sobre la disputa bilateral.

Carlos Menem tenía una obsesión: que la bandera argentina flameara de alguna manera en las Islas Malvinas y ser el primer presidente en visitar Londres después de la guerra. Primero fue su canciller Domingo Cavallo el encargado de acercar posiciones con el Reino Unido: en octubre de 1989, en Madrid, la Argentina finalmente declaró oficialmente el fin de las hostilidades. En 1990 se reanudaron formalmente las relaciones diplomáticas bilaterales, bajo la fórmula del paraguas de soberanía: nada de lo que se acuerde o se haga afecta el reclamo individual de los dos países.

La llegada del fallecido Guido Di Tella a la Cancillería en 1991, reformuló la relación con Londres, pero especialmente con los isleños. Di Tella le agregó creatividad y absurdo a la diplomacia de los 90. Le envió cartas a los malvinenses, les mandó por correo el libro El Principito y ositos Winnie Pooh. Claro que no fue producto de esa estrategia de seducción a los kelpers que la Argentina y el Reino Unido avanzaron en otros temas, como un acuerdo petrolero, que en 1995 legitimó el lanzamiento de una licitación para la exploración petrolera en Malvinas, a cargo de los kelpers.

Como premio, en 1998, Menem logró al menos uno de sus objetivos: se convirtió en el primer presidente argentino en visitar Londres después de la guerra.
Ese año, el gobierno de Tony Blair detuvo al ex dictador chileno, Augusto Pinochet en Londres, a pedido del ex juez español Baltasar Garzón, y ese hecho (no la seducción a los isleños) fue determinante para quebrar la intransigencia malvinense. Porque Chile, en protesta por la detención de Pinochet, suspendió los vuelos que comunican con las Islas, y los isleños accedieron a que el Reino Unido firme un acuerdo por el cual se reestablecieron los vuelos desde Chile, bajo la condición de que uno de ellos aterrice mensualmente en Río Gallegos, además de también permitir el ingreso de ciudadanos con pasaporte argentino a Malvinas, prohibido desde 1982.

La Presidencia de Fernando de la Rúa se propuso desde el inicio desmantelar la política de seducción a los kelpers. El ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini se concentró en reencauzar el reclamo argentino en la ONU e intentó generar el consenso para elaborar una política de Estado sobre la cuestión Malvinas, pero quedó trunca ante la gravedad de la crisis político institucional en la que terminó sumido el gobierno de De la Rúa.

La llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada también heló aún más las relaciones con el Reino Unido. El santacruceño se declaró malvinero desde su discurso de asunción el 25 de mayo de 2003. Y en su primer encuentro con el primer ministro Tony Blair en Inglaterra, en el marco de la cumbre de mandatarios progresistas en julio del 2003, sorprendió a Blair con un pedido directo: le pidió hablar sobre la soberanía de Malvinas. El laborista se quedó sin palabras.

Desde aquel día a hoy, la cuestión de las Islas ha sido central en la política exterior kirchnerista, teniendo como directriz el reclamo pacífico ante Naciones Unidas, sumado a lograr el apoyo del bloque regional y otros foros internacionales.Todo vínculo con los isleños fue archivado, especialmente durante la gestión de Cristina Kirchner. Las relaciones bilaterales decrecieron, y los intercambios retóricos entre Londres y Buenos Aires fueron in crescendo a medida que se acercaba el 2 de abril.

Reflejo del espesor de la relación es que no hubo embajador en el Reino Unido desde 2008 hasta la semana pasada, cuando Alicia Castro tomó posesión de la sede diplomática. Tampoco hasta ahora se cumplió el anuncio de la Presidenta de principios de marzo, cuando dijo que iba a instruir al canciller Héctor Timerman y a Castro a que le comuniquen al gobierno de David Cameron la intención argentina de renegociar los acuerdos de comunicaciones de 1999, y reemplazar el vuelo desde Chile de la empresa LAN por tres vuelos de Aerolíneas Argentinas desde Ezeiza a las Islas. También Cristina adelantó que pedirá replantear el acuerdo de pesca, principal fuente de ingresos de la economía kelper. Pero nada de eso ha sucedido oficialmente.

En la última semana, Timerman también envió cartas a las Bolsas de Londres y Nueva York advirtiendo a las empresas petroleras que operan en Malvinas que son plausibles de acciones legales por parte del gobierno argentino. También dijo el canciller que sucederá lo mismo con las empresas involucradas indirectamente en el negocio y que operen en la Argentina continental. Hasta ahora han sido más fuegos de artificios diplomáticos acordes con el 30° aniversario de la guerra, que acciones concretas del gobierno argentino. Salvo el trabajo minucioso en organismos internacionales que se han pronunciado a favor del reclamo argentino.

Desde 1983 a la fecha, han pasado laboristas y conservadores por Downing Street y la postura no ha cambiado un ápice. Sea cual sea la estrategia argentina de turno -helada, dura o seductora-, Londres se niega a cumplir con las resoluciones de un organismo que integra desde la cúpula, como miembro permanente del Consejo de Seguridad.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos