Macri, el alcalde con más votos y vetos

Macri, el alcalde con más votos y vetos

Entre "Capitán Veto" y jefe de Gobierno “en uso de sus facultades constitucionales", dependiendo desde donde se lo mire, la recurrencia al uso de esta herramienta para rechazar leyes por parte de Mauricio Macri reavivó el debate sobre la relación entre el Poder Ejecutivo y la Legislatura. Cuánto y qué vetó y cómo lo hicieron los anteriores mandatarios. 10 de Febrero 2012

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo acusó de "vetador serial" en su discurso. Desde la otra orilla, la respuesta no tardó en llegar y fue María Eugenia Vidal, vicejefa de Gobierno, quién lo defendió en Twitter: "El veto es una herramienta institucional. Sobre 1500 leyes sancionadas, Mauricio Macri vetó menos del 6 por ciento, analizando cada caso detalladamente".

En rigor, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, lleva vetadas 107 leyes que, sobre las 1500 aprobadas hasta el momento en sus dos mandatos, representan un 7,1 por ciento del total, según cifras de Chequeado.com, un sitio web dedicado a cotejar los discuros y declaraciones de los políticos.

Números aparte, el Gobierno porteño se defiende diciendo que se trata de vetos técnicos porque había errores en las leyes, y no de un uso político de la herramienta para imponer la voluntad del Ejecutivo.

La asignación de partidas por parte de la Legislatura sería una de las causas comunes de la utilización del veto, puesto que tiene que ser el Ejecutivo quien decida el destino de los fondos y no el Poder Legislativo, argumentan desde el gobierno porteño. El ministro de Cultura, Hernán Lomabrdi, por ejemplo, explicó recientemente que, aunque se rechazó la ley que preveía el aumento de fondos para el programa Teatro por la Identidad, esos fondos se asignarán a través de partidas presupuestarias del Ministerio. Según Lombardi, superarán, incluso, lo previsto por la legislación. El veto sería entonces a la ley, pero no al principio.
Para Agustina Haime, politóloga por la Universidad Torcuato Di Tella y autora de una tesis sobre la relación entre el Ejecutivo porteño y la Legislatura, no es siempre así: "Existe de todo, hay vetos que se justifican por cuestiones técnicas, pero también hay otros que son por decisión política".

Uno de los casos más resonantes fue el rechazo a la ley que creaba un registro para los cuidacoches o "trapitos" de la ciudad, el cual fue considerado un ejemplo de un veto aplicado por razones políticas. El mismo gobierno de la Ciudad lo argumentó, explicando cuál es el trato y los recaudos que, a su juicio, se deben tomar con los espacios públicos.

Otra decisión de fondo fue la de vetar, en 2010, una ley que limitaba el uso de la publicidad oficial. En realidad, Macri vetó 9 de los 18 artículos, incluyendo los que establecían que en los avisos de la ciudad no se podían "incluir el nombre, voz, imagen o cualquier elemento identificable con funcionarios del sector público de la ciudad de Buenos Aires", ni usar colores o símbolos que pudieran confundirse con los del partido de gobierno. También, reglamentaba el uso de publicidad en los momentos previos a las elecciones: específicamente, se prohibía su difusión en los 30 días anteriores al comicio. Parte de la ley estaba basada en un proyecto presentado por la propia Gabriela Michetti, cuando se desempeñaba como jefa del bloque que apoyaba a Macri en la Legislatura.

Técnicamente, al eliminar ciertos artículos, como en este caso, la ley completa queda descartada. La Legislatura tiene que volver a votarla con los cambios, contando con la misma mayoría que requería la ley. O bien, puede insistir en ratificar su versión original, para lo que necesita dos tercios de los votos. A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, el Ejecutivo porteño no puede vetar una parte y promulgar el resto de la ley.
"El veto es una herramienta constitucional y es legal que el Ejecutivo lo utilice, pero no es usual que se haga con esta frecuencia", opina al respecto María Barón, directora Ejecutiva de Directorio Legislativo, una organización no gubernamental dedicada al seguimiento del trabajo parlamentario. Y agrega: "No es coherente que el Ejecutivo vete leyes que su propio partido aprobó. El bloque en la Legislatura debería funcionar como el brazo del Ejecutivo en el Legislativo".
Uno de los principales problemas que podría surgir del uso de vetos, según la mirada de Barón, es "la pérdida de confianza de los otros bloques que, después de discutir y modificar una ley, finalmente la ven vetada".

En perspectiva
Si bien es cierto que Mauricio Macri fue quien más ha utilizado el poder de veto, tanto por la cantidad, como por la proporción sobre el total de leyes aprobadas, el actual jefe de Gobierno no es el único que ha empleado con frecuencia tal facultad en la administración porteña. De hecho, su utilización se viene incrementando de gestión en gestión en la Ciudad.
Fernando de la Rúa, primer jefe de Gobierno (1996-1999) desde la autonomía de la Ciudad, vetó el 3,2 por ciento de las leyes. Por su parte, la primera gestión de Aníbal Ibarra (2000-2003) aumentó la proporción al 4,6 por ciento y en su segunda gestión (2003-2006), compartida con Jorge Telerman, la llevó al 6,2 por ciento.

Las acusaciones de parte de la oposición a los distintos gobiernos por no respetar las leyes aprobadas son similares en los últimos años. En 2007, Soledad Acuña, quien por entonces era legisladora y hoy es subsecretaria de Políticas Educativas en el gobierno porteño, criticaba a Telerman por "vetar indiscriminadamente, sin fundamento y, en muchos casos, sin justificativos reales, leyes que fueron sancionadas por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires".

Las justificaciones de otros gobiernos también suenan conocidas. "Los legisladores incluyeron en la ley una serie de disparates que nos obligaron a vetarla porque hacía muy difícil para los jueces completar las causas", opinaba Juan Carlos López, secretario de Justicia de Ibarra, en 2004, sobre una ley de procedimientos judiciales.
Por otra parte, salvo algunas leyes emblemáticas, la mayoría de los proyectos vetados en la Ciudad no fueron de gran impacto en la agenda pública. Ejemplos de las leyes rechazadas en las últimas gestiones incluyen la "creación de la carrera de Optometría" o "la prohibición del uso de sopladoras de barrido en espacios públicos y dependencias del Gobierno". De ahí, quizás, la importancia que se da a la cantidad de vetos y no a cada ley en particular



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