Luces y sombras de los agroemprendimientos

Luces y sombras de los agroemprendimientos

Radiografía de una realidad que pesa como nunca sobre los pequeños y medianos negocios del sector. La ganadería y la lechería, entre los más afectados. Historias, reclamos y pronósticos de tierra adentro. 03 de Junio 2010

Casi tan vasto como la superficie agropecuaria argentina (unos 180 millones de hectáreas) es el mundo de los negocios vinculados al agro en el país. Y heterogéneo. Hoy conviven los clásicos y curtidos hombres de trabajo con la juventud rural, con sus aportes de pensamiento innovador y de conocimientos tecnológicos avanzados, que han potenciado el fenómeno del boom agropecuario del presente. En este escenario, las pymes del sector están hoy bastante lejos de las viejas usanzas, tributarias de concepciones meramente empíricas, en cuanto a modos de encarar la producción y su comercialización. Los sellos modernizadores, claro, fueron tiñendo los horizontes productivos. De estas y otras cuestiones tales como la disputa con el gobierno; la reformulación de sus respectivos negocios como medio de vida, y la supervivencia trabajosa de estos pequeños y medianos productores lácteos y ganaderos, hablan tanto protagonistas directos como expertos reconocidos en la materia.

Las pymes ganaderas y lácteas vienen sufriendo en carne propia la concentración del sector. Según el Censo Nacional Agropecuario 2008, mientras en 1988 había en el país 421.221 explotaciones agropecuarias, la cifra cayó a 333.532 en 2002, y volvió a descender a 276.581 en 2008. Es decir, en las últimas dos décadas desaparecieron casi 145.000 unidades productivas, como parte de un fenómeno asociado al reinado de la soja, los pools de siembra y los costos de producción que minan la rentabilidad de los pequeños productores.

Ganadería, crisis y oportunidades
En los últimos años, las vacas empezaron a ceder lugar a la soja, en los campos. “La crítica situación empezó cuando el Gobierno creyó que, adoptando medidas de restricción a las exportaciones, iba a controlar el precio de la carne a nivel doméstico. Al acotar así las condiciones de rentabilidad, se fue desestimulando la preservación de vientres, consecuencia y origen central de la presente disparada de la carne en góndolas”, resume Federico Fleitas Ortíz de Rosas, productor ganadero de Daireaux, provincia de Buenos Aires, en referencia a los acuerdos de precios que comenzaron en marzo de 2005.

Según el Senasa, el stock ganadero nacional descendió de casi 58 millones de cabezas (2008) a 54,4 millones de cabezas en 2009. Esto implica una caída de 5,5% en apenas un año. Como es de esperar, toda la cadena productiva se ve afectada. Desde la mano de obra directa destinada a la explotación ganadera hasta la industria frigorífica. En efecto, el consumo de carne vacuna per capita cayó más de 20% entre enero y abril últimos, en reflejo a la fuerte alza de precios al mostrador ante la escasez de oferta de ganado, indica el último informe mensual de la Cámara de la Industria de la Carne.

Para trazar el panorama del sector, Pedro Apaolaza, titular de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), apela a las estadísticas: “Teníamos 60 millones de cabezas y ahora estamos en 50; teníamos 16 millones de toneladas de trigo y estamos en 7; del girasol, ni hablemos; en lo relativo al maíz, zafamos; hubo en esto un año excepcional y la soja sigue en buenos valores porque continúa siendo el cultivo más rentable, en particular por la demanda internacional”. Aún así, admite, “seguiremos siendo la góndola del mundo, más por las necesidades de la coyuntura de otros mercados que por nuestros propios méritos”.

Con un enfoque retrospectivo, Federico Landgraf, asesor de Coninagro, advierte que “nunca hubo una política integral y duradera del Estado hacia el campo, de manera que sería injusto atribuirle los males exclusivamente a la era kirchnerista. La realidad indica que, sobre todo en la ganadería, se requiere un marco de estabilidad esencial en una actividad muchas veces condicionada por diversos avatares, por ejemplo climáticos, por definición imprevisibles”, cierra.

Sojización
El stock ganadero del noroeste bonaerense cayó un 30% en los últimos cinco años. El informe de la Estación Experimental del INTA General Villegas determinó que, en base a los datos de la campaña de vacunación de aftosa, se detectó una caída de 1,18 millones de cabezas de ganado entre los años 2004 y 2009, mientras que, en los últimos tres años, se registró la reducción más fuerte: 11% interanual.

Muchos productores (pequeños, medianos o grandes) gradualmente se fueron volcando hacia el meneado proceso de sojización, buscando optimizar el factor rentabilidad que ofrece este cultivo. Casi la totalidad de la producción de soja se coloca en el exterior, donde se da un cuadro de demanda excepcional y, a la vez, sostenido. En esto, incide el hecho de no estar atado a variables de ajuste de precios en el orden doméstico, como sí lo está la carne. “Existe un doble discurso oficial. Por un lado, el Gobierno llama a no sembrar soja porque aduce que daña el suelo y, por el otro, prácticamente obliga a seguir produciéndola al tiempo que desestimula el resto de la producción”, evalúa Apaolaza.

Un productor de Entre Ríos que adhiere a la Federación Agraria Argentina (FAA), que prefiere el anonimato, reconoce que, “como en cualquier negocio, el productor busca lo más rentable. Eso no quiere decir que vayamos camino a la abolición del resto de las actividades, sino que, circunstancialmente, la soja es un fenómeno que resuelve situaciones apremiantes en materia de ingresos”, explica‘.

Retenciones y veda
Las ventas externas de carne, que hasta septiembre del 2004 habían reportado negocios por casi u$s 1.000 millones, un 30% más que en el mismo período de 2003, se frenaron en 2005 en igual medida. El factor retenciones, reimplantado durante la gestión de Eduardo Duhalde y su ministro Roberto Lavagna, en coincidencia con al crack de 2001/2002, tuvo una evidente incidencia. Pero fue Felisa Micelli, quien impulsó la suspensión a las exportaciones de carne por 180 días para equilibrar -se dijo- la oferta y la demanda a nivel doméstico. En 2008, con Martín Lousteau en Hacienda, se produjo la fuerte reacción del campo frente al nuevo incremento en las retenciones, merced a la famosa Resolución 125.

En 2009 -sostiene el Senasa-las exportaciones de carne vacuna aumentaron un 57% en volumen y un 11% en divisas respecto de 2008, con lo que alcanzaron los u$s 1.652 millones. Pero la citada marcha hacia la liquidación de vientres, con las consecuencias apuntadas, pareció prevalecer. “La cuenta es simple, cuanto más se exporta, hay más carne para el mercado local, porque los cortes populares se consumen aquí”, resume un productor del noroeste bonaerense que hace apenas unos meses se desprendió de sus 700 cabezas ante la sostenida falta de rentabilidad de su emprendimiento (ver recuadro).

En las últimas semanas se elevaron voces de alerta por las restricciones a las exportaciones de carne con la consecuente pérdida de mercados. A mediados de abril, y sin eufemismos, la Federación Rusa advirtió a la Argentina que si continúan las restricciones, ese país congelará las negociaciones comerciales en otros terrenos y buscará la provisión de esos envíos en otros mercados. La advertencia vino del propio premier Dmitri Medvédev.

Mientras, en los países vecinos no se retiene impuesto sobre las exportaciones; por el contrario, se otorgan créditos blandos. En esta línea Brasil logró cuadriplicar la producción ganadera en 12 años y le quitó buena porción del mercado a la Argentina. Por su parte, Uruguay está superando a nuestro país como exportador de carne en volumen. Con 12 millones de cabezas, exporta el 70% de su producción (la Argentina consume casi el 80% de la suya). Entre noviembre y diciembre pasado, según el Senasa, la importación total de carne fresca pasó de 28 a 90 toneladas, la mayoría proveniente de Uruguay, y en el transcurso de todo el 2008 ingresaron 793 toneladas de carnes frescas por u$s 1,47 millones.

Con el foco puesto hacia adelante, Mariano Tomatis, socio líder de la práctica de Agribusiness de PricewaterhouseCoopers (PwC), sostiene que “luego de la suba de precios, el productor tiene hoy incentivos para aumentar la producción. Aunque va a tomar tiempo porque en este sector los ciclos tienen por lo menos tres años de duración, el mercado va en la dirección correcta y está recuperando el equilibrio”.

Para Landgraf, el productor agropecuario argentino “es sumamente competitivo y se mide con los estándares internacionales. El problema, es que no encuentra condiciones atractivas, motivo por el cual muchos se van a producir a países como Brasil, Uruguay o Paraguay.

Radiografía del sector lácteo
Para definir la actual situación del sector lechero, Juan José Linari, asesor de Carbap, de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y ex Coordinador Nacional de Política Lechera, repasa el pasado reciente. “En 2007, los tamberos de países que compiten con la Argentina, cobraban de u$s 0,35 (por litro) o más, mientras que el tambero argentino, desconectado de la realidad internacional por la política doméstica, conseguía entre u$s 0,25 y 0,27”. Hoy, el tambero criollo está en un nivel de precios similar al de la competencia (unos u$s 0,95), como Uruguay, Australia y Nueva Zelanda, entre otros.

En diciembre de 2007, el por entonces titular de Economía, Martín Lousteau, advirtió, en el marco del seminario Propyme de Techint, que “no se puede exportar la leche, que es el nuevo oro, a cualquier precio, perdiendo la posibilidad de consumirla internamente”. Esto ocurrió luego de que el Gobierno fijara un precio de referencia de $ 0,78 por litro a boca de tambo.

La concentración de la industria es una tendencia que se consolida. Juan Melchor Trossero, titular de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba (Caprolec), advierte ahora que “si tenemos en cuenta que 45% de la leche se produce sobre tierras alquiladas, que son muy pocas las oportunidades del productor de fijar alguna condición sobre el negocio (precio, plazos de pago, parámetros de calidad), que se trata de un producto perecedero, más la falta de reglas claras para la comercialización, la clave está en la prevalencia del fuerte, es decir de las grandes cadenas que procesan la materia prima”, sostiene.

De crisis y oportunidades
Lo cierto es que en los últimos meses, la lechería argentina experimentó un cambio importante. Las empresas tamberas pasaron de una situación crítica, en la que los ingresos mensuales no alcanzaban para pagar los gastos corrientes y los niveles de endeudamiento crecían mes a mes, a encontrarse frente a una combinación de factores más favorables para la actividad, sostienen desde CREA.

Por un lado, aumentaron los precios internacionales e internos. Por otro, se mantuvo el valor de los cereales y de los subproductos industriales que se usan como suplementos. Además, la campaña de reservas de cultivos de verano, principalmente silaje de maíz y sorgo, arrojó buenos rendimientos en casi todas las regiones. El inicio húmedo del otoño permitió que la implantación de los verdeos de invierno y pasturas se realizara con éxito y, a pesar de la sequía que hoy presiona en algunas zonas, las perspectivas forrajeras son buenas. Frente a esta realidad, los productores empiezan a pensar cómo invertir saldos que comienzan a generarse en las empresas.

“La producción tiene una tendencia errática en los últimos años. En 2009 creció 0,7% respecto de 2008, y el potencial que tiene la industria es muy interesante. La Argentina es muy competitiva y tiene mucho espacio para crecer sobre todo en temas de eficiencia; eso tiene que ver básicamente con la tecnología”, dice Tomatis, de PwC. Es que el país tiene un gran potencial en el mercado alimenticio y en particular en lácteos. Además, la lechería, refuerza Tomatis, “tiene un efecto dinamizador en los pueblos porque emplea más mano de obra, lo que le da un rol social importante”. Un dato: la Argentina es el segundo eportador mundial de leche en polvo, con lo que la industria tiene allí una interesante alternativa para compensar la baja rentabilidad del mercado interno.

Tecnología y valor agregado
La Argentina lideró por largos años los avances en la utilización de organismos genéticamente modificados y en la biotecnología. Actualmente, hay cuencas lecheras con pequeños productores en las que el fenómeno de la mera subsistencia se da en gran número. Allí es imprescindible un trabajo desde el Estado junto con sector privado para brindar capacitación y estimular formas asociativas que generen escala, a fin que esas explotaciones ganen eficiencia y sustentabilidad.

En el mundo, en las últimas tres décadas, se van cerrando tambos todos los años. Entre el 3 y el 5% de las explotaciones tienden a desaparecer, mientras van quedando los más grandes. En la Argentina, también ha ocurrido algo análogo; la diferencia es que aquí aún resisten no pocos productores pequeños y medianos que exhiben capacidad y vocación para seguir siendo tamberos.

Para Juan Trossero, de Caprolec, el sector de la producción exhibe una tendencia diferente. “Hasta 2003, en un período de 15 años habían dejado la actividad más de 17.000 tambos en el país. No obstante, durante la gestión del actual Gobierno, las estadísticas de la provincia de Córdoba, por ejemplo, indican un proceso de permanencia de establecimientos que no deja de sorprender”. Y añade: “En el país, las empresas medianas se han ido agrandando, en tanto muchas otras consideradas pequeñas hoy ya están cerca de ser catalogadas como medianas. También aumentó el número de pymes y micropymes, (tambos fábrica)”, sostiene el dirigente.

Lo cierto es que hoy el sector está frente a un excelente horizonte. “Pasada la crisis mundial en su peor faz, que tiene que ver con el precio de los commodities y en el cual los valores de la leche fueron los más castigados entre mediados del 2008 y del 2009, hay una recuperación muy fuerte de los precios y un mercado que se ha estabilizado en valores que están en un 50 o 60% arriba del precio promedio histórico de los lácteos”, dice Linari. Para que esos beneficios lleguen, desde Caprolec reclaman “un tipo de cambio competitivo en una economía que padece el riesgo de la inflación permanente. Hay que evitar cualquier distorsión de los precios relativos”.

Javier Zubizarreta, Coordinador Técnico de Lechería del Movimiento CREA, estima que lo que más se resintió durante el período de bajos precios fue el mantenimiento de la estructura, maquinaria e instalaciones. Además, se perdieron muchas pasturas por la sequía. En conclusión, dice un comunicado de CREA difundido la semana pasada, “las empresas lecheras deberían utilizar los saldos positivos de la actividad de un modo racional y conservar siempre alguna reserva financiera o recursos de rápida disponibilidad, para disponer de una adecuada estabilidad ante adversidades climáticas o de mercado”.

Desde la cámara de productores lecheros de Córdoba, Trossero propone una pregunta indispensable: ¿Queremos producir leche para abastecer el mercado interno en plenitud y luego atender la demanda externa? ¿Queremos producir para vender al mejor postor sin que importe quién es el demandante? ¿Queremos producir volumen o queremos producción con productores? “Éstas son las decisiones de fondo faltantes para planificar y definir que es lo mejor de cara al mañana”, concluye.

Nadie duda del rol de las empresas vinculadas al agro como motor de la economía Argentina. Esto quedó demostrado, en especial, tras la crisis de principios de siglo, y no sólo por los muy favorables precios internacionales de los commodities. Cuando esos niveles comenzaron a declinar en coincidencia con la crisis internacional, el sector pudo -no obstante- aguantar y rehacerse con relativa rapidez. Profesionalismo, tecnología, previsibilidad y reglas claras en relación con las actividades rurales, resultan una fórmula de interrelación y búsqueda mutua. Porque, ya se sabe: “Los hermanos sean unidos..., porque si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera”.



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