Los ricos también lloran

Los ricos también lloran

La propuesta del magnate Warren Buffett para que aumenten los impuestos de las grandes fortunas del país a fin de paliar el déficit de la economía causa revuelo en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Obama recogió el guante, pero los republicanos pusieron el grito en el cielo. En Europa, Francia ya aprobó una ley similar y otros países la tienen en estudio. 28 de Octubre 2011
La consigna era bajar el déficit fiscal y la receta fue, entre otras cosas, impuestos a quienes tuvieran ingresos superiores a u$s 250 mil dólares anuales por familia, a exploraciones de la industria petrolera y a aviones privados de las empresas, entre otros. Pero al plan del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, le faltaba algo.
Lo había denunciado el otrora enfant terrible Michael Moore en su último documental, Capitalism, a love story, pero atronó en el mundo financiero hace un par de meses cuando fue repetido por del súper inversor Warren Buffett. Tan fuerte fue el ruido que incluso en Buenos Aires lo escuchamos en boca de quien se suponía sería un enviado del establishment. El jefe de estrategias de inversiones globales de Morgan Stanley en una visita a la ciudad hace unas semanas contó que hace 50 años el 25% de los estadounidenses controlaba el 50% de la riqueza y ahora el 1% controla el 40%. "Los EE.UU. se ha brasilizado", dijo David Darst en una charla con la prensa.
Vox populi, vox Dei fue la respuesta de Barack Obama, y un poco haciendo un guiño a sus bases liberales (en el sentido político estadounidense) fue que a mediados de septiembre propuso un nuevo impuesto para los ingresos individuales por encima de un millón de dólares anuales.
La propuesta, conocida como "impuesto Buffett", por el pedido del Mago de Omaha de que por favor le subieran los tributos, no sólo a él sino a todos sus amigos, vendría a completar el paquete de medidas que apunta a mejorar el profundo agujero en las cuentas de la primera economía del mundo.
Uno de los principales líderes republicanos en el Congreso, Paul Ryan, acusó a Obama de querer resucitar "una lucha de clases, que puede que funcione bien políticamente pero, económicamente, es un desastre".
Para la oposición republicana, que controla la Cámara de Representantes, un aumento de impuestos de esa naturaleza es sólo un mal chiste que tiene casi nulas posibilidades de convertirse en ley. Y desde tribunas como la revista Forbes también son muchos los que han salido a criticar la iniciativa del mandatario norteamericano diciendo que no se trata más que de una jugada electoral que, sumando y restando, no implica una mejora sustancial en la recaudación.
De cualquier forma, en otras partes del mundo el eco ha resonado y el tema ya está en estudio.
Las deudas de Europa
La posición de Buffett y Obama está teniendo resonancias al otro lado del Atlántico, donde los problemas fiscales tienen al mundo en vilo. A fines de agosto, un grupo de ricos alemanes rescató una iniciativa ciudadana creada en 2009 llamada "Ricos por un impuesto sobre el capital", que apunta a crear un impuesto de 5% para los patrimonios superiores a medio millón de euros hasta que se restablezca el equilibrio presupuestario de las finanzas públicas. La idea es que después de dos años el impuesto baje al 1%. Cuando se lanzó la iniciativa hace dos años, sólo 23 personas la apoyaron a través de la publicación de un manifiesto. Aunque ahora ese número haya subido a 50, la cifra sigue siendo mínima si pensamos que en Alemania existen más de dos millones de hogares con patrimonios superiores a los 500 mil euros anuales.
En España, la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Elena Salgado, ha ido más allá de las buenas intenciones de los ricos alemanes, impulsando aumentos adicionales a los impuestos a las grandes fortunas de su país. A los empresarios españoles, que ya habían rechazado la decisión del Ejecutivo ibérico de adelantar el cobro del llamado impuesto de sociedades de las grandes empresas, la medida no les gustó nada. Y el lobby parece haber hecho efecto porque, a pesar de los esfuerzos de Salgado, finalmente el gobierno de Zapatero rechazó la iniciativa de enviar un proyecto de ley al Congreso.
Francia da el ejemplo
Sin embargo, en la Francia de Nicolas Sarkozy, el llamado de Buffet parece estar surtiendo efecto. La primera piedra fue lanzada por la mujer más rica de Europa, Liliane Bettencourt, (una de las dueñas de L'Oreal, que amasa una fotuna de u$s 20 mil millones). La mujer, junto a otros millonarios como Christophe de Margerie, de la petrolera Total; Frederic Oudea, del Banco Societe Generale; Marc Ladreit de Lacharrière, presidente de Fimalac (matriz de la calificadora de riesgo Fitch); Louis Schweitzer, de Volvo y AstraZeneca, y Jean-Cyril Spinetta, director de Air France, firmaron una carta donde pidieron al Gobierno hacerle frente a su déficit aumentándoles los impuestos a ellos. La intención de los altruistas, decía la carta, era pagar una "contribución especial" con un espíritu de solidaridad en un momento en que no sólo Francia sufre por la debilidad del euro, sino toda la región.
La jugada causó fuerte impacto en Europa. "Nosotros, presidentes o directivos de empresas, hombres o mujeres de negocios, financieros, profesionales o ciudadanos adinerados deseamos que se instaure una contribución especial que afecte a los contribuyentes franceses más favorecidos", decía la misiva. "En un momento en el que el déficit de las cuentas públicas y las perspectivas de un agravamiento de la deuda del Estado amenazan el futuro de Francia y de Europa, en un momento en el que el Gobierno nos pide a todos un esfuerzo de solidaridad, nos parece necesario contribuir", cerraba.
De cualquier forma, los empresarios hicieron el pedido curándose en salud, bajo advertencia de que la contribución "no debe ser tan severa como para provocar un éxodo de los ricos o un aumento de la evasión fiscal". Sarkozy, claro, les tomó la palabra, y más aún. En principio, creó un nuevo impuesto para gravar el 3% de quienes ganen más de 500 mil euros al año, cifra que esta semana, cuando se aprobó la medida, terminó bajando el piso a 250 mil euros por año y aumentando el gravamen a 4% para quienes superen el medio millón.
Originalmente también existía una cláusula que establecía que la medida sería de carácter temporal, perdiendo su vigencia cuando el país alcance el objetivo de reducir el 3% de déficit fiscal previsto para 2013, meta auto impuesta pero nunca cumplida por los países miembros de la Unión Europea. Pero el texto cerrado hace pocas semanas por el primer ministro François Fillon, no puso un límite preciso de tiempo sino que estipuló que la medida se sostendrá “hasta que se alcance el objetivo de equilibrio de las cuentas de las administraciones públicas".
Los chicos no lloran
También Portugal, un país altamente endeudado y con serias sospechas en torno a su solvencia crediticia, ya anunció que introducirá una especie de impuesto a los ricos para sanear parte de sus finanzas públicas. La estrategia presupuestaria 2011-2015 presentada por el ministro de Finanzas, Vítor Gaspar, incluye la entrada en vigencia del llamado impuesto solidario a los ciudadanos y empresas ricas. Gaspar anunció que para 2015, ésta y otras medidas reducirán el déficit presupuestario a 0,5% del PBI portugués. La nueva tasa elevará el impuesto a la renta en 2,5% e implicará un alza de 3% en el impuesto a los ingresos de sociedades y empresas, que serán aplicables a todos aquellos con ingresos superiores a 153.300 euros al año (unos u$s 221 mil) y a las empresas que ganen por sobre 1,5 millones de euros anuales.
Además, Gaspar anunció la eliminación de una serie de exenciones tributarias y el alza de los impuestos a operaciones inmobiliarias en un punto porcentual, hasta 21%. Estas medidas, según el funcionario, esperan recaudar casi 100 millones de euros adicionales y "aumentar la justicia social".
Italia: "Yo te presto, Silvio"
En Italia, la situación es otra y aunque allí los más ricos no quieren saber nada de nuevos impuestos, un grupo de millonarios decidió tender su solidario brazo a las problemáticas arcas fiscales de ese país.
El presidente de Ferrari, Luca Cordero Di Montezemolo -cuya fortuna se calcula en unos u$s 400 millones-, se mostró a favor de comprar deuda pública para ayudar al país ante la escalada que sufrió su prima de riesgo. No se trata de un impuesto, pero junto a un grupo de empresarios de su talle, como el presidente de Tod's y el mandamás de la petrolera Eni, firmaron una carta dirigida al primer ministro Silvio Berlusconi ofreciendo su ayuda. "Si Italia nos necesita, nosotros estamos ahí", afirmaron patrióticamente los ejecutivos, aunque hasta ahora Il Cavaliere no les ha tomado la palabra.



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