Los ocho pecados de la historia entre la Argentina y el Club de París

Los ocho pecados de la historia entre la Argentina y el Club de París

El grupo de países acreedores se convirtió en el protagonista absoluto de la visita de la presidenta Cristina Kirchner a Alemania. Sin embargo, poco se sabe sobre el pasado, presente y futuro de la relación con la Argentina. Por qué no es un acreedor más y qué tan importante es saldar una deuda de u$s 6700 millones para recuperar la confianza internacional. 08 de Octubre 2010

Un anuncio incumplido
En septiembre de 2008 la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, había anunciado que iba a cancelar la deuda vencida de 6.706 millones de dólares con el Club de París usando reservas del Banco Central. La decisión fue aplaudida por analistas y empresarios -propios y opositores- durante un acto en la Casa Rosada. La frase utilizada entonces fue casi idéntica a la de este miércoles con Angela Merkel: "Se reafirma una vez más la voluntad de pago de la Argentina en sus compromisos internacionales", dijo por entonces. "Este pago pone a todas las empresas que pueden obtener financiamientos en estos países en una pole position que hasta ahora no tenían inversores tanto nacionales como extranjeros con inversiones radicadas aquí", resumió la mandataria en un acto público. El pago nunca se hizo. "La intención de la Argentina fue pagarlo antes de la caída de Lehman Brothers", justificó la Presidenta. "En Europa no quedaron conformes con las idas y vueltas porque allá la palabra de un jefe de Estado se toma como un hecho", admite por lo bajo uno de los embajadores del viejo continente, hoy en la Argentina.

Un matrimonio con varias idas y vueltas
En 1956 se inició la relación con el Club de París ya que este grupo "informal" se creó por idea e invitación del entonces ministro de Finanzas francés, cuando causalmente o, mejor dicho, casualmente había convocado a representantes de otros países acreedores de la Argentina en momentos en que el gobierno local solicitaba refinanciar su deuda externa ante otros. En mayo de ese año, la Argentina acordó una primera negociación por unos u$s 500 millones dando así comienzo a una relación que ya lleva más de 54 años. En estos años, unas 85 naciones ya tomaron préstamos de este particular club de acreedores que no funciona con la formalidad de una entidad u organismo. Se trata puntualmente de un conjunto de países acreedores de otras naciones. Su función es coordinar el otorgamiento de préstamos y, sobre todo, el seguimiento de sus pagos.

Los pasivos que no se olvidan
El Club está integrado por Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, los Estados Unidos, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Rusia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, y Suiza, los países acreedores. La deuda representó en la década del "80 una parte mayoritaria del endeudamiento argentino, del orden del 17 por ciento, según un trabajo del Centro de Estudios para el Cambio Estructural (CECE). Más tarde, cuando crecieron los empréstitos con el Fondo Monetario y otros organismos internacionales, junto a la emisión de deuda que tomaron los bancos y el sector privado, ese porcentaje se diluyó y hoy es mucho menor. Tal como le ocurrió al Fondo y a otros organismos internacionales, su rol fue disminuyendo en los últimos años con la mejora en las cuentas públicas de los países emergentes. Un 87 por ciento de la deuda de la Argentina con el Club de París está repartida entre seis países: Alemania, Japón, Holanda, Italia, España y Estados Unidos que lideran también el ranking de inversores extranjeros en el país.

No entender que el Fondo es una cuestión de fondo
"El FMI tiene que auditar el acuerdo, ésa es la posición de la Comunidad Europea", resumió, sin anestesia, Merkel. "Eso es inadmisible. Hay que recordar el compromiso del FMI y sus recetas en la crisis que llevaron al desastre", retrucó la presidenta CFK. El ex presidente Néstor Kirchner ya había intentado en su gestión lograr un acuerdo pero como exigía una revisión de la economía local por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo al que Kirchner culpó por la debacle económica del país en 2001 y del que se alejó discursivamente en 2006 al cancelar la deuda que la Argentina tenía con ese organismo de casi u$s 10.000 millones, prefirió no avanzar. Entonces, ante la imposibilidad de eludir los controles del FMI para reestructurar el pasivo con el Club, se había decidido hacerlo con reservas y en efectivo. Algo que finalmente se postergó.

No anticipar el día después
"La decisión podría destrabar proyectos de inversión de empresas europeas, que hasta ahora estaban impedidas de hacer negocios en la Argentina debido a la cesación de pagos de la deuda con el Club de París, un organismo compuesto mayormente por naciones acreedoras industrializadas", describe Eduardo Blasco, presidente de Maxinver. Los principales bancos públicos y agencias de inversión de los países que integran el Club están impedidos de prestarle a la Argentina hasta tanto no pague lo adeudado. Por ejemplo, las últimas centrales eléctricas se construyeron en el pasado con fondos aportados por algunas de estas agencias, como el Eximbank de Alemania y el Japan Bank for International Cooperation (JBIC). "Además, mejorarían las condiciones y las formas, dos cuestiones centrales", agrega Mariano Lamothe, economista jefe de abeceb.com.

Descuidar la micro dentro de la macro
El país liderado por Angela Merkel es el principal acreedor argentino dentro del Club de París. El 30 por ciento de los u$s 6700 millones se le deben a Alemania. La formalidad de pagarle al Club de París generaría incrementos en el comercio bilateral entre ambos países. Por año se exportan a tierras germanas productos por u$s 1906 millones versus las importaciones por u$s 2022 millones. Sin embargo, pese a que la presidenta argentina elevó una queja formal ante el gobierno de Alemania debido a que la Unión Europea aumentó en 20.000 toneladas la importación procedente de feed lot, beneficiando de esa manera las exportaciones de los Estados Unidos, la Argentina también hizo lo propio con trabas unilaterales a las expo de carne para garantizar el mercado doméstico.

No entender que la billetera no lo es todo
"Salvo que sea en efectivo, será difícil escapar al veredicto del Fondo. Pero eso generaría un problema de imagen y también se generarían títulos agoreros para el Central. Creo, no obstante, que hay reservas suficientes para avanzar", señala Blasco. "Esto abriría los mercados internacionales, sumaría nuevas líneas y continuaría el ciclo alcista de los bonos locales", agrega. Por su parte, Lamothe sostiene que con reservas que superan los u$s 50.000 millones y de las cuales existen más de u$s 10.000 millones de disponibilidad -postura estricta- o u$s 17.000 millones contra base, existe un potencial muy grande para colocar la deuda en el exterior. "Sino, los grados de libertades a futuro se van reduciendo porque va aumentando un gasto que es inflexible al no crecimiento", resume. En caso de poder saltar al Fondo -algo que los analistas ven cada vez más improbable-, el procedimiento adoptado será similar al que se utilizó en oportunidad de la cancelación de los compromisos con el FMI.

Desde el punto jurídico, el uso de las reservas para estos fines se encuentra respaldado en el decreto 1599 de 2005, en el cual se establece que las reservas que excedan el respaldo del 100% de la base monetaria (denominadas “de libre disponibilidad”) podrán ser aplicadas al pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales.

Pensar que el acuerdo será la llave definitiva
Si bien es una señal más que positiva para el financiamiento del sector público y las empresas a tasas más razonables, esto no lo es todo. "La Argentina tiene una imagen de informalidad, una sensación de inseguridad jurídica, que no es un tema de números. Es una cuestión de fondo en la que se pueden analizar los números pero en el fondo lo importante es la voluntad de hacia dónde ir", agrega Blasco. El economista se refiere a los fundamentals de largo plazo en el que las variables gasto e ingresos tarde o temprano afectarán el superávit.



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