Los laboralistas hacen horas extras

La discusión por salarios y el aumento de las demandas siguen generando actividad para los especialistas en Derecho Laboral. Por dónde pasan hoy los principales focos de conflicto para las empresas, más allá de los reacomodamientos de sueldos de este año. 26 de Marzo 2010

Ocupan un lugar clave en los estudios jurídicos desde hace cinco años. Saltan de una negociación colectiva a un litigio y, de ahí, a recomendar qué hacer frente a las asperezas de una interna sindical. El caudal de trabajo de los laboralistas sigue en alza y la apertura de paritarias en los principales gremios -con pedidos de aumentos superiores al 25%- anticipa un 2010 tan agitado, o más, que antes.

"La mayoría de los conflictos que tenemos hoy se originan en la aparición de los sindicatos disidentes", explica Julián de Diego, titular de De Diego & Asociados y uno de los laboralistas más consultados del mercado. El abogado enumera los casos que involucran en este momento a la UOCRA (Construcción), UTA (Transporte), químicos y mineros, entre otros sindicatos que enfrentan disputas internas con nuevas agrupaciones que procuran quedarse con los afiliados. Ignacio Funes de Rioja, socio de Funes de Rioja & Asociados -otro estudio referente en la City en materia laboral-, sostiene al respecto que se están delineando cambios en los conflictos intrasindicales, algo que antes se resolvía dentro del mismo sindicato que ostenta la personería gremial. "El problema mayor se da cuando estas entidades nuevas, sin representación formal -por no haber cumplido con los procedimientos legalmente establecidos- procuran quebrar el modelo sindical", advierte Funes de Rioja. "Buscan transformarse en los representantes sindicales de hecho, reclamando su lugar en la negociación colectiva, iniciando conflictos o, incluso, requiriendo de los jueces una tutela de sus dirigentes aún mayor que la que tienen los de las entidades representativas, dueñas de la personería gremial”, agrega.

Javier Adrogué, socio de Adrogué, Marqués, Zabala & Asociados, dimensiona la problemática. "El eje más importante para las empresas es el tema salarial. Pero no advierto que la conflictividad gremial originada en el reclamo salarial sea hoy la principal preocupación", describe. A su juicio, se está pasando de las disputas entre sindicatos del mismo universo, que no cuestionan el modelo de representación, a un conflicto de otra naturaleza. "Los nuevos sindicatos pretenden la representación de la gente, pero desde otro lugar", sostiene Adrogué, y agrega: "No dicen: yo participo de este esquema; van a la fractura del mismo".

Cuestión de número
Este escenario plantea situaciones nuevas para las compañías, que conducen a una redefinición del sindicato como "sujeto", señalan los abogados. Si bien los representantes de los nuevos gremios simplemente inscriptos pueden elegir delegados -a partir del fallo de la Corte Suprema de fines de 2008 que abrió la puerta a la libertad sindical-, no está claro si el número máximo de representantes que contempla la ley para una empresa es por sindicato o con independencia de la cantidad de gremios que pretenden la representación, plantean en los estudios. "No es lo mismo tener cinco delegados y que tres sindicatos se los repartan, que cada uno de ellos pretenda tener cinco", grafica Adrogué.

"¿Con cuántos delegados va a tener que negociar una empresa? Cualquiera puede salir a pedir representantes así. La ley está diseñada para el sindicato único", sostiene Juan José Etala, socio de Salvat, Etala & Saraví y vicepresidente de Política Social de la Unión Industrial Argentina (UIA). "Los fallos que dicta hoy la Justicia no se corresponden con las necesidades de las compañías", critica.

"Es un problema de difícil solución, que debe ser manejado por gente experimentada. La empresa se transforma en el campo de batalla", apunta José Luis Zapata, socio del Estudio O"Farrell, a cargo de la práctica laboral. Marcelo Aquino, partner de Baker & McKenzie y cabeza del departamento laboral del estudio, dice que la causa de la conflictividad intrasindical refleja, en muchos casos, la crisis de representatividad manifiesta de los gremios tradicionales. "Pero la solución al diferendo no pasa por la decisión de las firmas, que son meras espectadoras", coincide.

Para De Diego, en cambio, "ninguna empresa que tiene un conflicto entre un sindicato antiguo y uno nuevo es inocente". Y añade: "Siempre ha habido alguna contribución de la empresa para que esa situación se genere. El conflicto entre sindicatos no es sólo un problema de representación del sindicato viejo frente a una reivindicación del sindicato nuevo; es, también, un problema que tiene que ver con el manejo de los recursos humanos en cada compañía".

El riesgo para De Diego pasa por los "mecanismos friccionales" que pueden provocar las demandas de dos frentes: si uno pide 10, el otro pedirá 15, ejemplifica. "Las empresas que permiten que esa competencia crezca y se desarrolle pueden convertirse en rehenes en medio del caos", opina.

En un segundo nivel aparecen los conflictos entre sindicatos formalmente constituidos por temas de encuadramiento de afiliados (las disputas de los camioneros de Hugo Moyano en los centros logísticos, por ejemplo). Se mantienen, aunque en menor intensidad que otros años, cuentan los especialistas. El plano sindical acarrea también reclamos por categorías o la inclusión en el convenio colectivo del personal excluido.

Porcentajes en pugna
Las negociaciones salariales que aceleran a partir del mes que viene en la mayoría de los gremios ya ocupan gran parte de las horas de los laboralistas. "El nivel de reajuste de sueldos es una preocupación cíclica", señala Adrogué. "Y aunque aumentos de más del 20% suenan a disparate para las empresas, porque no hay presupuesto que los aguante, ya hay sindicatos pidiendo el 30%", apunta.

A la incógnita de cuál será el nivel de incremento salarial en un contexto de inflación real alto -más del 25%, de acuerdo con las estimaciones privadas- se suma, según el abogado, el irresuelto problema del solapamiento entre el personal dentro y fuera de convenio, que dio origen a la creación de sindicatos jerárquicos impensados tiempo atrás, como el de los petroleros en el Sur, o el de los químicos. Esta situación arrastra ya varios años y se agrava con cada incremento al personal de convenio por encima del porcentaje concedido al plantel jerárquico, que sigue rezagado, según Adrogué.

"Los aumentos salariales de los últimos cinco años nunca fueron inferiores a la inflación real", observa De Diego, quien imagina que reaparecerán las cláusulas gatillo en las negociaciones, ya que ningún gremio querrá quedarse corto con la cifra. "Habrá aumentos con sumas no remunerativas, más que otros años, porque muchas actividades no resisten aumentos", pronostica. Ese cuadro plantea dos rondas de negociaciones a lo largo del año, con incrementos en dos veces, y la necesidad de acordar cómo se hará la conversión de las sumas no remunerativas que, eventualmente, se otorguen al salario formal, explica.

"Veo complicadas las negociaciones. Las empresas no pueden dar más del 15%, pero no imagino a ningún sindicato aceptando menos del 20", revela en off the record un laboralista que participa desde hace años en la mesa de discusión con varios gremios. "Sin estadísticas confiables, la negociación se convierte en un tembladeral", opina Zapata. "Y lo paradójico es que el sindicato tampoco sabe cuál es el incremento salarial que debe pedir", agrega.

A juicio
Con la conflictividad en alza, los litigios son la otra fuente de trabajo que aporta movimiento para los estudios. De Diego menciona que los juicios por accidentes de trabajo aumentaron un 16% en 2009 y los montos, más de un 50%. "En nuestro caso, el departamento contencioso representaba un 30% de nuestra actividad; ahora, ocupa más de un 50", detalla.

Las demandas por accidentes de trabajo también marchan a la cabeza en Gallo & Asociados, confirma su titular, Gustavo Gallo."La litigiosidad es infernal. Sufrimos los efectos de una jurisprudencia cambiante", sentencia Etala. La complejidad de los temas que se discuten cotiza en ascenso, indica Funes de Rioja. A los casos de enfermedades y accidentes de trabajo se suman temas nuevos, como la discriminación y el acoso, señala el abogado.

Otro punto en el que repara Funes de Rioja son los litigios de los niveles ejecutivos. "Se observa cada vez más cierto nivel de abuso de los beneficios del fuero laboral, tanto en materia de legislación de fondo como de procedimientos", cuestiona, en alusión a los reclamos de altos directivos o profesionales que demandan por sumas millonarias a las compañías por diferencias salariales. "Es un tema preocupante, ya que distrae recursos que podrían ser utilizados para invertir y deben ser empleados para pagar sentencias o conciliar reclamos", asegura.

Adrogué agrega que, a las demandas por beneficios como el auto o el celular no considerados en una indemnización por despido, se suman ahora los reclamos por pagos no remunerativos acordados en las paritarias. La Justicia ya emitió fallos a favor del empleado en estos últimos casos.

Las demandas por daño moral frente a despidos discriminatorios son otra novedad, resalta Zapata. "Lamentablemente, no existe dentro de la legislación laboral una norma específica que brinde tratamiento puntual a los despidos discriminatorios", indica. Por ende, los jueces aplican directamente la ley antidiscriminatoria en las relaciones del trabajo "y eso genera algunas veces resultados inadecuados o injustos que afectan la vida de las empresas", según el socio de O"Farrell. Una de las situaciones más difíciles de manejar, a su juicio, son las demandas por reinstalación de un empleado en su puesto de trabajo.

Para Aquino, si bien la instancia obligatoria de conciliación permite reducir la cantidad de reclamos que se judicializan, el incremento de las demandas no se detuvo y, en la provincia de Buenos Aires, el aumento es mayor, al no existir esa etapa en el proceso -existe un proyecto de ley en la Legislatura provincial para imponer la conciliación obligatoria, pero aún se encuentra en trámite, explica el socio-.

El sistema de las ART, en efecto, sigue generando dolores de cabeza entre el sector corporativo. "No se adecuó la ley a la doctrina que emana de la Corte en el fallo "Aquino", a pesar del tiempo transcurrido", afirma Zapata. "Esto implica que el sistema de riesgos de trabajo funciona de hecho por una doble vía no articulada: las ART, que brindan las prestaciones que marca la ley, y la Justicia, que debe resolver los juicios que se inician en base al Código Civil", completa.

En diciembre último, el Gobierno intentó, a través del decreto 1694, desalentar el inicio de los juicios, al incrementar los montos de las indemnizaciones tarifadas que otorga la ley. Aunque los litigios pueden bajar un poco, estiman en los estudios, falta el remedio de fondo. "El decreto no solucionó el problema", según Funes de Rioja. "Sigue faltando certeza y previsibilidad sobre el funcionamiento del sistema, y ambas no son palabras huecas", completa Adrogué.

Otro motivo por el que los laboralistas facturan horas extras.



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