"Los alimentos son una oportunidad"

Antonio Aracre, director regional de Syngenta, considera que la preferencia de los productores por la soja es “lógica y racional”. Lo que viene. 02 de Diciembre 2011
En 40 años, la población mundial sumará 3000 millones de personas más pero la cantidad de tierra para la siembra seguirá siendo limitada. Para Syngenta, este cocktail anticipa un futuro promisorio. En la Argentina, la empresa suiza, productora de agroquímicos y semillas, factura US$ 550 millones, sobre un mercado doméstico que mueve un total de US$ 3500 millones. En tanto, la compañía vende por US$ 3300 millones en América latina. “Este año, la región, por primera vez, encabezará la facturación en el negocio de agroquímicos de la firma”, resalta Antonio Aracre, director de la empresa para América latina e, inmediatamente, agrega: “Es la zona emergente que antes comenzó a entregar sus promesas de crecimiento acelerado”.

Aracre habla desde el Centro de Investigación en Jealott Hill, a 50 kilómetros de Londres, el lugar elegido para presentar los nuevos insights de su negocio: una estrategia que apunta, por cultivo, a la integración de tecnologías –anunciada a principios de este año– e incluye la unificación organizacional de las divisiones de Agroquímicos y Semillas, negocios que, hasta comienzos de 2011, funcionaban por separado y que apuntan a la  creación de soluciones que contemplen la mejor genética posible, la mejor biotecnología aplicada y un tratamiento químico a medida. Todo, dentro de la misma semilla.

La expectativa, en los headquarters, es crecer en ventas, de US$ 8400 millones a US$ 17.000 millones, en los próximos cuatro años, solamente, dentro de los siete cultivos que integran el showcase de Syngenta en Jealott Hill: maíz, soja, girasol, trigo, caña, arroz y hortalizas. Aracre está convencido de que, con una demanda global de alimentos que empuja el crecimiento de los negocios de agroinsumo, la biotecnología y el mejoramiento genético ganarán protagonismo frente a la ciencia química tradicional.  En la Argentina, donde el agro se expande permanentemente, el mercado de agroquímicos crece 7/8 por ciento anual, contra el 15/20 del de semillas y biotecnología. En otros regiones más maduras –Europa, los Estados Unidos–, los agroquímicos avanzan 3 a 4 por ciento y la biotecnología, 8 ó 9. “Respecto a nuestro negocio, en la región, el 85 por ciento de las ventas se genera por agroquímicos y el 15, por semillas y biotecnología. En el mundo, esa relación es de 75 a 25”, dice Aracre.

En estas reuniones globales, ¿cómo “baja” la política macro sectorial del Gobierno?
Separando lo anecdótico de lo concreto. Podría agudizar las críticas sobre los temas en los que no coincido, como el excesivo intervencionismo en la comercialización de granos, pero no estaría bien si, paralelamente, no plantease las cosas que se hacen correctamente. Por ejemplo, el trabajo profesional y consciente sobre biotecnología, que se refleja en la aceleración que se vio últimamente en la aprobación de eventos que generan mayor competitividad a los productores. La Argentina tiene un destino incuestionable e indelegable: convertirse en uno de los países claves en la provisión de alimentos para el mundo. La oportunidad puede ser gigantesca y rápida, o sólo grande y de mediano plazo. Por ahora, nosotros (como país) estamos eligiendo que, nada más, sea grande y de mediano plazo.

¿Los precios altos de las commodities representan una oportunidad o un riesgo? Definitivamente, una oportunidad. Para el país, el riesgo podría ser si el Gobierno se acostumbra a la bonanza internacional y no genera un fondo anticíclico que minimice las disrupciones económicas.

¿Es riesgoso para su negocio que Cristina Fernández de Kichner gane en octubre?
No. Tenemos una mirada política de más largo plazo. El compromiso con el negocio es para los próximos 50 ó 100 años. Cuando proponemos un nuevo proyecto, necesitamos 8/10 años de desarrollo. Es decir, dos Cristinas.

Con tantos frentes abiertos, ¿el productor es permeable a la innovación tecnológica?
Sí. Es permeable a todo lo que contribuye a mejorar el rinde. No hay forma de convencerlo con estrategias de marketing blandas, sino que hay que trabajar sobre el concepto de la conveniencia y la productividad. Y, sin duda, con los pre-tratamientos de semillas listas para usar, como Plenus, se facilita una emergencia más sana, un rinde más alto y estable, y una simplicidad notable. Trabajamos en aumentar el mercado de semillas certificadas, que hoy representa el 20 por ciento del mercado en soja. Planeamos llevarlo al 50 por ciento en cinco años.

¿Cómo es la producción de soja, comparada por países? 
El 50 por ciento de la producción mundial de soja está en América latina. Y, en los Estados Unidos, el 35. Además, el 50 por ciento, o más, de la soja cultivada en la Argentina se hace sobre campos alquilados y no hay una conciencia muy fuerte sobre la preservación de los suelos. No se regulan los contratos de arrendamiento, incluyendo cláusulas de rotación, como en otros países. En los Estados Unidos, el rinde promedio del maíz es de 12.000 kilos por hectárea, con casos de altísima tecnología que logran 17.000 ó 18.000. En la Argentina, el promedio es de 6500; hay quienes logran 12.000 ó 13.000 kilos. No se da porque el Corn Belt de los EE.UU. sea más rico que la Pampa húmeda. Hay más intensificación tecnológica, un esquema de rotación maíz/soja mucho más racional y un trabajo de mejoramiento genético focalizado, que llevan muchísimos años sustentados en un respeto a la innovación y a la propiedad intelectual que nadie discute.

¿Le preocupa la distorsión que genera la preferencia de los productores por la soja?
Es lógica y racional. Es un cultivo más rustico, que requiere menos inversión inicial y, por ende, menos riesgo. Pero tengo confianza en Cristina. Más allá de que pueda estar, o no, de acuerdo con algunas decisiones, este gobierno se caracterizó por intervenir donde ve distorsiones. Y una de las pocas cosas que puede  cambiar esta distorsión excesiva que existe en la rotación entre el maíz y la soja es una legislación que fije pautas de rotación. La cantidad de pools de siembra con mirada cortoplacista que hay en el país, sumado a dueños de campos que sólo viven del alquiler de la tierra pero no la explotan, es una combinación explosiva para generar un sistema de rotación poco compatible con los intereses de largo plazo del país. 

¿Por qué los ecologistas cuestionan tanto a la industria?
Humildemente, creo que plantean los temas desde un lugar de panza llena. Debe haber pocos ecologistas en China, la India y África porque, si uno ve a compatriotas muriéndose de hambre, piensa en qué es lo que puede aportar la ciencia para solucionar ese problema. No se centra en cuestiones casi infantiles como, por ejemplo, el planteo de quienes defienden la agricultura orgánica, una agricultura que nos mataría de hambre a todos. Imagínese volver a tener una agricultura orgánica. Significaría reducir la producción en un 60 por ciento, lo que generaría un mayor aumento en el precio de las commodities y, como consecuencia, mayor exclusión social en el mundo.  

Sobre el final de la frase, suena su celular. Aracre da por terminada la entrevista. Tiene razones más que justificadas: es el tercer llamado de sus hijos, Julieta y Federico, durante la entrevista. Los niños, a miles de kilómetros de distancia de “Papá”, reclaman un “poco de su atención”. Ahora sí, las semillas quedaron de lado.



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