Los agujeros de la energía que podrían complicar a Cristina

Los agujeros de la energía que podrían complicar a Cristina

El anuncio de la primera eliminación de subsidios por parte del Gobierno puso en el centro de la escena a la crisis energética. Los analistas ubican este déficit dentro del póquer de dificultades que complicarán a la Presidenta de cara a su segundo mandato, junto a la inflación y el tipo de cambio, el aumento del gasto público y el frente externo. Además de un esquema de tarifas bajas que muestra señales de agotamiento, la reversión de la caída de la producción de hidrocarburos es el desafío que viene. 04 de Noviembre 2011

La energía ha ido escalando posiciones en los últimos años y hoy ocupa un lugar entre los máximos desafíos que deberá enfrentar la presidenta Cristina Kirchner durante su segundo mandato. Algunos analistas incluso ubican a la problemática energética entre los temas clave que complicarán a la mandataria tras la reelección, junto a la inflación y el tipo de cambio; el aumento del gasto público, y el frente externo.

La cuestión energética tiene varias facetas. La más inmediata está relacionada con el alza exponencial que han sufrido los subsidios para mantener abastecido el consumo eléctrico y gasífero.

"Para sostener los precios reducidos, el Tesoro nacional destina montos crecientes de subsidios, (cercanos a los u$s 6 mil millones en 2010), para financiar el sector energético, entre otros, la importación de combustibles", advierte un informe de la Academia Nacional de Ingeniería, presentado en septiembre.

Los números del primer semestre dan cuenta de una agudización de esa tendencia, si bien la decisión anunciada el miércoles por la Casa Rosada para empezar a bajar subsidios parece apuntar a desmontar una política que se volvió insostenible.

Según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración (ASAP), las subvenciones del Estado al sector energético crecieron un 76% con relación al mismo período de 2010. Llagaron hasta los $ 19.242 millones contra los 10.904 millones del año pasado. La mayor beneficiaria fue Cammesa, la empresa mixta que administra el mercado eléctrico, que recibió $ 12.914 millones para importar gasoil y fuel oil para las centrales térmicas. La estatal Enarsa, que despacha a pérdida los barcos de LNG (gas natural licuado, por su sigla en inglés) que llegan a Bahía Blanca y a Escobar, se quedó con $ 4.030 millones, más del doble que en 2010 ($ 1.877 millones).

Las transferencias a Cammesa y a Enarsa, sumadas a los subsidios al gasoil que reciben las empresas transportistas, superarán los $ 60 mil millones en 2011. Y seguirán creciendo durante el año que viene, según estimaciones oficiales. Si bien no está del todo claro, porque en el documento que ingresó al Congreso solo figuran números parciales, los subsidios a la energía que figuran en el Presupuesto 2012 podrían ascender hasta los $ 78 mil millones, según cálculos preliminares de Jorge Lapeña, ex secretario de Energía.
"Es más, si se mantiene el ritmo de crecimiento de 2011, la expansión podría ser mucho mayor. Hay algo que está claro: mientras que los subsidios aumentan a un ritmo del 50% anual desde 2009, la recaudación del Estado lo hace al 30 por ciento", compara el presidente del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi (IAE).

Los subsidios se incrementan de forma directamente proporcional a como se expande la importación de energía. Para 2012 está previsto un aumento de las cargas de LNG que llegarán al país (este año ingresaron 50 envíos para las terminales de Escobar y Bahía Blanca y en 2012 llegarían hasta las 70) y un aumento del 40% de los envíos de gas desde Bolivia, que a partir de enero aportarán 11,6 millones de metros cúbicos diarios (MMm3/d) del fluido. También se estima un alza de las importaciones de gasoil, que según el proyecto de ley de Presupuesto 2012 ascenderían hasta los 7 MMm3 en el año contra los 4 MMm3 de 2011.

Reacomodamiento tarifario
La erosión de la balanza comercial por el contrapeso de los subsidios va in crescendo. "La superación del problema será uno de los grandes temas a los que deberá abocarse el Gobierno durante el próximo año", señala Fausto Spotorno, director de la consultora Orlando Ferreres & Asociados.

A raíz del fuerte incremento del consumo de combustibles en surtidores y de la suba de la demanda eléctrica en hogares, el Estado debió aumentar la compra en el exterior de gasoil, fuel oil y gas natural, que explican, en gran medida, el total de los u$s 6.866 millones “energéticos” importados durante los primeros ocho meses del año, según datos del Indec. La cifra da cuenta de un alza del 83% con relación al mismo período de 2010 (u$s 4.200 millones).

El déficit energético durante el período llegó a los u$s 2.853 millones entre enero y agosto, y proyecta un rojo superior a los u$s 3 mil millones a lo largo de todo el año.

Con la mira puesta en el mediano plazo, una de las decisiones más importantes que deberá tomar la Presidenta será definir qué pasará con el esquema tarifario, que se mantiene prácticamente sin variaciones desde 2002. La quita de subsidios anunciada por el Gobierno a sectores de la economía indica que, tarde o temprano, le llegará el turno a los consumidores de gas y electricidad. Hasta el momento, el kirchnerismo fue renuente a tocar los valores de esas tarifas, pero el actual esquema se hace insostenible y complica el superávit fiscal.

"La mayoría de las empresas cree que las tarifas deben ser corregidas, porque no es posible solventar el incremento de los costos con lo que pagan los usuarios, sobre todo los residenciales", indica Néstor García, a cargo del área de industria de Energía & Recursos Naturales de KPMG.

Desde algunos despachos de la Secretaría de Energía, que dirige Daniel Cameron, están estudiando un esquema tarifario de “georeferenciación”, que a través del cruce de diferentes variables (consumo, nivel socioeconómico, ubicación geográfica) distinga a aquellos usuarios que deban ser protegidos con una tarifa social. Para el resto se empezarían a aplicar subas parciales con vistas a reducir los subsidios energéticos en un 70% dentro de cuatro años. La versión, sin embargo, es negada por otros referentes del Ministerio de Planificación, que dirige Julio De Vido.

La enorme diferencia entre la tarifa local y los precios internacionales de la energía eléctrica y el gas natural generar varios trastornos, advierte la Academia Nacional de Ingeniería, presidida por Oscar Vardé. "Entre ellos figuran el desvío de miles de millones de dólares del Presupuesto nacional para subsidiar la importación de combustibles; la disminución de las inversiones en exploración en gas convencional con la consiguiente caída de reservas; la imposibilidad de implementar programas de ahorro energético o energías alternativas sin subsidios directos; y la incentivación de demanda innecesaria con el consiguiente despilfarro de recursos agotables que no estarán disponibles para las generaciones futuras", enumera el exhaustivo informe.

La caída de las reservas
La reversión de la caída de la producción y las reservas de hidrocarburos es, quizás, el área energética donde más deberá trabajar CFK en su segundo mandato.
Durante el kichnerismo, la Argentina perdió su condición de país autoabastecido y hoy es un importador neto de energía. Entre 2003 y 2010, la producción de gas cayó 8%, y la de crudo, 18%, según un documento de los ex secretarios de Energía. Esto pese a que el resto de la economía mostró fuertes tasas de expansión.

El gas es el que atraviesa la situación más complicada.

Los depósitos comprobados del fluido sumaban a fines de 2009 los 378.862 millones de metros cúbicos (MMm3), la mitad que en 2000 (777.609 MMm3), según datos del Instituto Argentina de Energía General Mosconi.

El hidrocarburo explica, además, un 50% de la matriz energética nacional. De ahí, su especial valía y su rol estratégico para el desarrollo del país.

En ese sentido, Cristina deberá decidir si libera parcialmente el precio interno del gas para incentivar la inversión en exploración. El valor local del recurso hoy ronda, en promedio, los u$s 2,40 por millón de BTU, muy lejos de los u$s 10 que cuesta traerlo desde Bolivia o los 15 que vale el LNG.

El reclamo de mayores precios por parte de la industria viene desde hace rato. Pero rebotó con mayor intensidad en los últimos meses, a raíz de la trascendencia que cobró el potencial de los yacimientos no convencionales de hidrocarburos. Es que, según indica el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE, por sus siglas en inglés), la Argentina cuenta con la tercera reserva de gas no convencional del planeta.

El próximo gobierno tendrá que encontrar, entonces, la fórmula económica para incentivar la inversión en exploración, sobre todo en campos de shale y tight gas. "El Gas Plus (que permite mejores precios para la nueva oferta del fluido) es una herramienta interesante, pero hay que buscar la manera de simplificar el programa a fin de generar un desarrollo masivo de los campos no convencionales", precisa Carlos Ormachea, gerente de Tecpetrol, la petrolera del grupo Techint.

"La mayor fuente de energía que está en capacidad de transformar el panorama energético argentino en las próximas décadas es el gas natural de reservorios no convencionales", completa la Academia Nacional de Ingeniería. "Este período de transición (los próximos cinco años) es fundamental para definir la magnitud de los recursos con los que cuenta cada cuenca y transformarlos en reservas", agrega.

El financiamiento
La Presidenta deberá contemplar también una visión de largo plazo que apueste a viabilizar la construcción de los grandes proyectos de energía que están en carpeta. Entre ellos figuran la instalación de varias represas de gran porte, el montaje de una nueva central nuclear y la apertura de varios parques eólicos.

El acceso al financiamiento es la clave para destrabar esas iniciativas. "Hoy las obras están demoradas por la ausencia de crédito en el país", señala García. "La generación hidroeléctrica aporta alrededor del 35% de la demanda eléctrica, pero los nuevos proyectos están estancados por falta de financiación", indica, en la misma línea, la Academia Nacional de Energía.

Las represas que están licitadas y en proceso de adjudicación demandarán desembolsos por más de u$s 7.000 millones hasta 2015. Se trata de Chihuido I, que será construida sobre el río Neuquén, Cóndor Cliff-La Barrancosa, emplazadas sobre el río Santa Cruz, en la provincia homónima, y Los Blancos I y II, que funcionarán sobre el río Tunuyán (Mendoza). Entre todas aportarán, una vez en funcionamiento, más de 2.000 megawatt (Mw) nuevos de potencia eléctrica. Si se suman la construcción de Atucha III y los parques eólicos licitadas en el Genren -el programa lanzado por el Gobierno para incentivar las energías renovables-, las inversiones en grandes obras de infraestructura superarán los u$s 10.000 millones. El Gobierno tendrá la responsabilidad de forjar condiciones macroeconómicas que posibiliten al acceso al crédito a gran escala, uno de los grandes déficits del kirchnerismo.

La entidad dirigida por Vardé propuso, en esa dirección, la creación de una Agencia Federal de Energía, encargada de sentar las bases del planeamiento energético a futuro. El organismo debería perseguir "la sanción de una nueva ley de hidrocarburos, el gradual ordenamiento de los precios del sector, la generación de recursos humanos y empresarios en tecnologías energéticas estratégicas, y el impulso y revisión periódica del plan energético de largo plazo".



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos