Los Kirchner, bajo la lupa del psicoanálisis

Los Kirchner, bajo la lupa del psicoanálisis

Desde que llegaron al Gobierno, “la psiquis” del matrimonio presidencial y su particular estilo de manejar el poder ha sido objeto de recurrentes análisis. ¿Influyen los rasgos de personalidad a la hora de tomar decisiones? La mirada de los especialistas. 06 de Agosto 2010

Paranoia, narcisismo, aislamiento, pensamiento binario, iracibilidad, incapacidad para aceptar una opinión que difiera de la suya. La lista de categorías psicológicas que se han aplicado -y se aplican- para intentar explicar el particular estilo del matrimonio Kirchner para manejar los hilos del poder es inagotable. Hay que decirlo; indagar en el inconciente de los K se ha convertido, casi, en un deporte nacional en el que todos pretenden ser DT.

WE decidió consultar a los que saben: cuatro prestigiosos psicoanalistas y psiquiatras y un psicólogo social cruzan el gastado debate y dan su punto de vista.

Se aclara: ninguno pretende en esta nota hacer un “diagnóstico” psicológico de los Kirchner. Pero sí están capacitados para arrojar luz sobre muchos de los interrogantes que plantea la conducta de un dirigente en el ejercicio del poder: cómo influye su perfil psicológico a la hora de tomar decisiones; cuánto hay de personalidad y cuánto de estrategia en su estilo de conducción; ¿se puede hablar de rasgos paranoides o ese comportamiento es atribuíble a una táctica política para conservar el poder?

“En la política hay muy pocos locos”, sentencia Jorge Carrizo, psicólogo social de la Escuela de Psicología Social Pichón Riviere. Carrizo sostiene que “si bien toda decisión política lleva implícita una impronta personal, lo que a veces parece arbitrario está muy condicionado” por la estrategia e interés de los partidos políticos. “En el caso de Argentina -aclara-, que atraviesa una crisis en su sistema de partidos, esos intereses se mezclan con los de aquellos que en verdad detentan el poder (grupos de poder) y la propia arbitrariedad del líder”.

Más contundente que Carrizo, el especialista en psiquiatría y psicoanalista de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), Harry Campos Cervera, afirma que “los rasgos psicológicos de un líder son determinantes en su modo de ejercer el poder”. Por ejemplo, dice, “la personalidad histriónica es más participativa. Tiende más a delegar y a confiar en el otro. En cambio, las estructuras fóbicas buscan ser representadas por terceros que subsanen la dificultad de relacionarse”.

Cervera también diferencia “el modelo narcista de liderazgo que, acompañado de actitudes psicopáticas (marcado desinterés por los otros), actitudes esquizoparanoides (aislamiento y desconfianza) desencadena la formación de grupos de próximos que terminan funcionando como quistes que aíslan a la dirigencia de su pueblo”, generaliza.

Hasta aquí, claro, cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

En el caso concreto del ex presidente, Carrizo arriesga y admite que el “rasgo más visible es su incapacidad para aceptar el segundo plano”, desde que su mujer fue electa como su sucesora.

Pedro Horvat, especialista en psiquiatría de APA, destaca otro aspecto determinante de la psicología K: su aislamiento político en el proceso de toma de decisiones. “Es conocido que recurren a muy pocos interlocutores, que éstos tienen poca posibilidad de contradecirlos y son poco proclives a la autocrítica. De este modo, lo que resuelven, acertado o no, es siempre en esencia un acto de autoafirmación. Nunca hay crisis personal ni cambios”, dice.
Por su parte, el psquiatra Pablo Hirsch califica a Néstor Kirchner como un hombre de pensamiento “muy concreto, con baja tendencia a la abstracción, que se siente más cómodo en la acción. Por momentos irascible, explosivo. Le gusta tener el control. Es probable que ante la posibilidad de perder ese control, atraviese procesos psicosomáticos”.

A Cristina, en cambio, la define como “temperamental, inestable, acostumbrada a discutir los problemas en términos de ideologías y no desde un análisis de alternativas y estrategias”.

“Sobresalen sus rasgos histriónicos, con una fuerte necesidad de reconocimiento”, añade.

¿Paranoico, yo?
Primero fueron los militares; después, la Iglesia, luego, el sector agrario, y también, la oposición. Todos ellos han conspirado en el imaginario mundo de los Kirchner, presuntamente, para “sacarlos del poder”.

Cuando en 2004 Néstor Kirchner envió a un incómodo José Pampuro (por entonces ministro de Defensa) a irrumpir en una cena de militares retirados bajo el supuesto de que estaban conspirando, ningún funcionario nacional pudo luego aportar datos concretos que confirmaran el presunto complot. Pero el debate quedó instalado y a los Kirchner les vino de perillas para generar una corriente de opinión favorable, consolidar imagen y, de paso, empezar a aplicar su consabido método de estigmatizar a aquellos que disienten con sus políticas como integrantes de un presunto plan desestabilizador.

¿Paranoia o estrategia?
“Pura estrategia política”, asegura Carrizo, sin titubeos. 
La psiquiatra Lía Ricón coincide: “Sería reduccionista atribuir las estrategias a rasgos paranoides de personalidad”.
De modo general, Cervera indica que “una forma de reclutar seguidores es, por ejemplo, atacar elementos que ya son parte del pre-juicio en el ámbito popular. Así fue que Hitler atacaba a los judíos y los alemanes acompañaban, así como hoy parece eficaz atacar al imperio EE.UU. con olor a azufre”. Y traslada su argumento a la esfera local: “Un día un vecino del otro lado del charco es un agente del terrorismo ecológico y al día siguiente es nuestro hermano del alma. Para adentro, los enemigos que hoy asoman la cabeza seguramente ayer fueron aliados. Este modelo de dirigencia paranoica es perentorio, a la larga genera anticuerpos porque el pueblo espera del líder que valora un reconocimiento y un amor del que ya no es acreedor”.

Para Hirsch, en cambio, “es difícil saber” si algunos comportamientos de los Kirchner “expresan rasgos paranoides o una estrategia para victimizarse”.

Lo que sí asegura es que tanto Néstor como Cristina presentan una “hipersensibilidad a la crítica” digna de remarcar. Sobre el ex presidente dice: “Da la impresión de tener baja tolerancia a la frustración. Puede pasar en minutos de un estado de plena convicción de estar ganando batallas épicas, a experiencias de traición, acompañadas de sentimientos de inseguridad y frágil autoestima. Pasados los momentos de intensidad emocional, vuelve a planificar, siempre a corto plazo y a evaluar estrategias para construir nuevamente espacios de poder”.

Las elecciones de 2009, en las que Kirchner resultó derrotado, bien podrían servir de ejemplo para ilustrar el análisis de Hirsch. De hecho, no habían pasado 24 horas de aquel revés electoral, que el santacruceño ya acusaba a los “barones” del conurbano de haberlo traicionado retacéandole apoyos para conservar sus pequeñas cuotas de poder.

Buenos y malos
Desde que llegó a la Presidencia, Kirchner impuso la lógica amigo-enemigo como forma de gobernar, excluyendo de su diccionario la palabra “consenso”.

“Un modo binario de percibir la realidad implica un maniqueísmo que parecería suponer la existencia de personas totalmente buenas y otras totalmente malas. Esto sólo se ve en las malas novelas. Yo entiendo esta lógica -si la emplean- como una estrategia política”, reflexiona Ricón.

Para Horvat, la pelea con “el campo y la ley de Medios son ejemplos de decisiones que con un sostén ideológico (con el que se puede coincidir o no) se tomaron además por ser funcionales a un modo interno de organización mental: lo bueno de un lado y lo malo del otro”.

A criterio de Carrizo, “la lógica binaria, así como la desmentida de la percepción -sostener, por caso, que no hay inflación mientras la gente ve como suben los precios- son políticas que tienen un efecto perverso en la sociedad porque llevan al pensamiento dilemático. Es una distorsión tan grande de la realidad que solo puede llevar a un conflicto imposible de resolver. Pero creo que el país se está salvando porque la gente desconfía”.

¿Será la psicología K un dato de peso el año próximo cuando las urnas den su veredicto?



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