Lo que ellas quieren

Lo que ellas quieren

La tan cotizada diversidad puede no ser fácil de conseguir para algunas compañías. Es el caso de L’Oréal, una empresa asociada a la mujer, que redobla sus esfuerzos para atraer al sexo masculino. Pero, una vez vencidos los obstáculos, ellos demuestran que pueden navegar en la mente femenina casi tan bien como Mel Gibson. 15 de Marzo 2010

En pleno auge del work-life balance, cuando la mayoría de las compañías se enfrenta al desafío de hacer su entorno y ritmo laboral especialmente más amigable para las mujeres, empresas como L’Oréal tienen un objetivo opuesto: conquistar al segmento masculino.

Es que si bien la empresa de cosméticos y belleza mantiene un equilibrio en su dotación (49% mujeres y 51% hombres), en algunas áreas los hombres no son tan fáciles de reclutar. Los cosméticos, las cremas y las fragancias actúan como un imán para atraer a mujeres de todas las edades a sus filas, pero no resultan tan apetecibles para los hombres, especialmente los jóvenes, que tal vez sueñan con trabajar en una automotriz o en la industrias pesada.

Hombres, divino tesoro
De hecho, en algunas búsquedas de la empresa, por cada tres mujeres que aplican lo hace tan solo un hombre. “Nuestro desafío es lograr el equilibrio por áreas. Hoy todavía nos cuesta más atraer a un hombre a marketing o a sell out, que tiene el contacto con el consumidor y para el cual es vital conocer los productos”, reconoce Carolina Buira, directora de Recursos Humanos de la empresa.

Para lograr conquistar al sexo masculino, entonces, la compañía saca todas sus armas de seducción. Los juegos de negocios organizados junto a universidades y las charlas en distintas casas de estudio están a la orden del día. En estas oportunidades, se trata de hacer énfasis en aquellas fortalezas que van más allá del género, como la innovación o el gran grupo económico que respalda a la empresa local. “Tratamos de transmitir que somos mucho más que labiales”, precisa Buira.

Eso sí, desde la primera entrevista de selección, la compañía comienza a sondear la sensibilidad de los postulantes. Se fijan si disfrutan de algunos hobbies más artísticos o sensitivos, como puede ser la fotografía o la degustación de vinos, y están atentos a la apertura mental de los candidatos.

Para que no quede ninguna duda, ven su reacción ante la presencia de los productos femeninos, que suelen inundar las salas de reuniones. “En la entrevista, se trabaja mucho con los productos. Les preguntamos cómo los venderían, a quién y si lo conocen. No le vas a pedir que se maquille, pero sí tal vez que pruebe una fragancia o una crema”, cuenta Buira.

Pero, ¿por qué persiguen tanto este balance entre hombres y mujeres? La razón es sencilla y no es otra que la tan cotizada diversidad, que se ha convertido en el nuevo mantra de los recursos humanos en los últimos años. “Nuestro negocio se basa en la diversidad de nacionalidades, sexos y culturas. La idea es que nuestros recursos humanos sean un reflejo de los que son nuestros consumidores”, explica la ejecutiva.

Hoy, si bien todavía queda mucho trabajo por hacer para alcanzar esta diversidad en algunas áreas, L’Oréal está lejos de ser una tierra sólo de mujeres. Incluso en los sectores menos atractivos para los hombres, ya hay algunos adelantados que se animaron a romper los estereotipos.

Incursionar en la mente femenina es hoy el trabajo de muchos de estos hombres, que pasan sus días al mejor estilo Mel Gibson en la película ‘Lo que ellas quieren’, descubriendo los hábitos y preferencias femeninas. Prueban cremas, fragancias y hablan de coloración, como si fuera el último modelo de un auto. Eso sí, hasta ahora ninguno escucha los pensamientos del sexo opuesto.

Alejandro Pupkin, jefe de Producto Senior de La Roche Posay, y Agustín Becerra, analista de Trade Marketing de Productos de Consumo Masivo, son dos claros exponentes de este creciente protagonismo masculino en el mundo del maquillaje y la belleza. “Me acuerdo que en la primera reunión del área comercial me tuve que probar un labial, previo al lanzamiento”, dice entre risas Pupkin, quien hoy maneja la comercialización de esta marca de tratamientos faciales y corporales.

Becerra también recuerda sus primeros pasos: “En la entrevista de selección, me dieron para vender un delineador y ni sabía lo que era. Algo debo haber hecho bien porque entré”, reconoce y detalla que su primer trabajo fue en la categoría de cremas para pasar luego al mundo de la coloración.

Pero,desde esos primeros días a la fecha, la inmersión en el universo de belleza fue completa, si bien los dos aseguran que escuchar a la mujer sigue siendo una de sus principales herramientas de trabajo. “Cuando empecé a trabajar sólo me afeitaba. Hoy uso crema de limpieza y after shave. Además, como pruebo todos los productos de la marca, mi botiquín está lleno de cremas”, cuenta sin prejuicios Pupkin. Becerra tampoco se queda atrás: “Hoy ni loco me afeito con jabón. Hasta elijo el shampoo.”

Más allá de los cambios de hábitos personales, ambos han agudizado enormemente su poder de observación. “Empezás a detectar cosas que antes no registrabas. Hoy me doy cuenta al toque si alguien se tiñó”, cuenta Becerra. “En el ascensor siempre hacés preguntas del tipo ‘¿Qué perfume tenés, Polo Black?”, detalla Pupkin.

A tal punto se han familiarizado con este universo, que hoy son consejeros de belleza de amigas y familiares. Y si se les hace una pregunta difícil, no dudan en responderla: “Ahora casi que nos resulta más fácil venderle a la mujer que al hombre.”

Chicas en la línea de montaje
Así como los hombres se animan a adentrarse en territorios femeninos, las mujeres también comenzaron a incursionar en los nichos tradicionalmente masculinos. En la industria pesada, reducto del sexo fuerte si los hay, las operarias ya han hecho el desembarco oficial. Hoy automotrices como Daimler Chrysler, Peugeot y Toyota cuentan localmente con mujeres en sus plantas. Daimler, por caso, incorporó a las primeras seis mujeres a su línea de producción en septiembre del 2005, siguiendo las políticas de diversidad de la compañía.

Pero no todo se trata de autos. En la fabricante de aviones Lockheed, el 29% de las mujeres que allí trabaja forma parte de la fuerza pesada de trabajo. Pintan aviones, montan el tablero de las aeronaves, circuitos eléctricos incluidos, y hasta fabrican paracaídas.

Pero la entrada de las chicas ya supera también este nicho. En la minería y el petróleo también hicieron su entrada triunfal. En la mina de Veladero, operada por Barrick, trabajan 80 mujeres, desempeñando tareas muy diversas, que incluyen desde la conducción de camiones hasta la exploración y la ingeniería.

Aunque la incorporación de las mujeres requirió de adaptaciones culturales y hasta edilicias, la mayoría de las compañías que las eligieron asegura que quiere incrementar este número. Entre las ventajas competitivas de las mujeres, no dudan en mencionar el cuidado de los detalles y la calidad.



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