"Le prestamos al Estado, pero también hay que mirar cuánto nos deposita"

Lo aseguró Juan Carlos Fábrega, presidente del Banco Nación, en en un mano a mano exclusivo con APERTURA. La ventana de su despacho en el primer piso de Rivadavia y 25 de mayo (el mítico edificio dibujado por el arquitecto Alejandro Bustillo) tiene mirada directa a la Casa Rosada. Fábrega remarca –aunque sea evidente– que se encuentra completamente identificado con el rumbo de Cristina Fernández de Kirchner, y rescata una de las políticas seguidas por la entidad: la recuperación de la cartera en mora. Lea la entrevista completa. 03 de Septiembre 2010

Juan Carlos Fábrega no es un presidente más dentro del Banco Nación: llegó al máximo sillón a fines de 2008 tras una carrera de 41 años dentro de la entidad estatal, en la que ocupó múltiples posiciones, en el país y en el exterior (Montevideo y Santiago de Chile), con la gerencia General incluida. “Es la primera vez en la historia del banco que un funcionario de línea llega a la presidencia”, pone de relieve. Mendocino de nacimiento, dio sus primeros pasos como auxiliar en Río Gallegos (una casualidad del destino, ya que se trasladó allí por el trabajo de su padre), en 1969. Nueve años después accedió a su primera gerencia de sucursal. La ventana de su despacho en el primer piso de Rivadavia y 25 de mayo (el mítico edificio dibujado por el arquitecto Alejandro Bustillo) tiene mirada directa a la Casa Rosada. Fábrega remarca –aunque sea evidente- que se encuentra completamente identificado con el rumbo de Cristina Fernández de Kirchner, y rescata una de las políticas seguidas por la entidad: la recuperación de la cartera en mora.

¿Qué le aporta de diferente a su gestión el hecho de tener una carrera dentro de la institución?
Es una ventaja que tiene que ver con el conocimiento de la gente –tenemos 16.700 empleados- y del funcionamiento del banco. Percibo que, para ellos, es importante que un funcionario de línea haya alcanzado la presidencia. Pero estoy absolutamente de acuerdo con las políticas que sigue el Gobierno, si no, no podría ocupar este lugar. Además, me tocó tomar el banco en su mejor momento de los últimos 50 o 60 años.

¿Es así? ¿En qué indicadores se basa?
Los que refleja el balance. Tenemos entre el 23 por ciento de los préstamos de todo el sistema, y el 28 por ciento de los depósitos. Antes éramos líderes en morosidad; hoy somos líderes en la baja morosidad. La mora es del 1,02 de la cartera.

¿Cuándo dio el vuelco?
En 2002 la morosidad era del 30 por ciento. Fuimos mejorando la situación con los años de crecimiento y gracias a distintos planes que pusimos en práctica y que tuvieron resultado. Les fue bien a los sectores productivos que atendemos. Llegamos a tener 198.000 deudores morosos, y hoy son sólo 35.000, sobre 850.000 clientes en cartera activa.

¿El principal desafío del sistema en general, hoy, es prestar a largo plazo?
Es cierto que la inserción del sistema es escasa frente a los guarismos de los países desarrollados. El crédito en el orden del 12 por ciento del PBI es realmente bajo. No es menos cierto, también, que el sistema está muy sólido. Después de la crisis de 2001, los bancos tomaron demasiados recaudos. Nosotros hicimos mucho esfuerzo en prestar a las PyMEs, y el 42 por ciento de nuestra cartera de crédito está orientado a la inversión. Con el plan del Bicentenario, la idea es colocar $ 8000 millones en los próximos ocho meses a través de todo el sistema, no sólo el Nación, para alentar la inversión.

¿Cree que habrá demanda? Muchos banqueros dicen que las empresas no se arriesgan por la incertidumbre que presenta el contexto…
Cuando hay productos atractivos, los clientes toman los créditos de inversión. En 18 meses, colocamos $ 5000 millones de nuestra línea 400, destinada a PyMEs, con cinco años a tasa fija de entre 9,5 a 12 por ciento anual.

¿Las tasas reales negativas ahuyentan al ahorrista?
Hasta ahora no hubo ningún ruido. En lo que va del año, los depósitos privados en el Nación vienen creciendo al 20 por ciento. No veo que exista ese problema. Las tasas que maneja el sistema son correctas y hacen muy atractiva la inversión. Lo importante es poder dar una tasa fija a cinco años, para generar previsibilidad.

¿Cuánto le debe el Estado al Banco Nación hoy?
Cuando se habla de que el sector público puede tomar créditos en el Banco Nación, hay que mirar también los depósitos. En 2001, el Estado Nacional había tomado $ 4000 millones en créditos y tenía casi $ 1700 millones en depósitos. Hoy debe $ 17.000 millones, sí, pero tiene depósitos por $ 58.000 millones. Tenemos suerte: es un cliente al que le podemos prestar. El nivel de asistencia está contemplado en el presupuesto. Podemos darle al Estado financiamiento de hasta el 30 por ciento de los depósitos que el Estado tiene.

¿Las líneas son adelantos al Tesoro?
Sí, son líneas de plazos de entre 12 y 24 meses, con pagos mensuales que corren sin inconvenientes.

¿Cuánto paga el Estado de tasa?
Badlar más 1, un 11,5 por ciento. Por los depósitos el Estado recibe bastante menos, así que el banco gana plata.

¿Cuáles fueron los resultados de 2009?
Las utilidades ascendieron a $ 1215 millones. En el primer cuatrimestre de este año, ganamos $ 482 millones, contra $ 306 millones del mismo período de 2009.

¿Qué se propuso cambiar del banco, dado que conoce desde adentro todos sus procesos?
El rol del banco es financiar la producción. No hay duda de que uno de los puntos neurálgicos que debe corregir es la agilidad. Pero no podemos perder de vista el rol social: tenemos que atender a los jubilados y los planes sociales, y eso hace que muchas veces haya cola en las cajas.

¿Qué puede hacer desde su función para mantener al Nación al margen de la mala política y los créditos a los amigos del poder, un riesgo que sobrevuela a las entidades públicas?
En los últimos siete años no existió crédito prebendario. Le prestamos a la producción y los números lo demuestran. Además, nos sentamos a trabajar con los deudores morosos. Ahí hicimos el esfuerzo más grande. También seleccionamos bien los riesgos. La calidad de nuestra cartera, hoy, es ponderada por los auditores externos.



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