Lavagna dixit:

Lavagna dixit: "El carácter de un gobierno se juega en las primeras decisiones"

El ex ministro de Economía describe por qué los tiempos se acortan para el Gobierno. Cómo fue la interna para dar pelea por el sillón presidencial y qué opciones hay para una futura actividad política. 14 de Enero 2010

Si bien la entrevista con el ministro de Economía más longevo de los gobiernos K se gestó a pocas semanas del temblor financiero que generó el enfrentamiento entre la Casa Rosada y el titular del Banco Central, los comentarios de Roberto Lavagna no tienen fecha de vencimiento. En charla con APERTURA EXTRA, el economista vuelve a advertir por qué en 2010 el camino de la economía local pasa de forma obligada por tres factores que bien pueden convertirse en un triangulo de las Bermudas para la administración de Cristina Kirchner: inflación, inversión y empleo. Además, cuenta en exclusiva cómo fue la interna del último encuentro con Néstor Kirchner.

La postergación del ajuste del gasto que está haciendo el Gobierno, ¿cuál será la consecuencia macroeconómica?
Un aumento de la inflación y la no creación de empleo. En cualquier país normal esas son cosas profundamente preocupantes.

¿Cual evalúa como el mayor peligro para que la economía argentina rebote pero no tanto como debería rebotar?
Para que haya una situación de de crecimiento sostenible con impacto social hay que pensar justamente en una tasa de inflación mucho menor, en mayor inversión y mayor creación de empleo. Y ninguna de esas tres cosas creo que se van a dar.

Por ejemplo, para controlar el tema de la inflación, ¿por dónde se debería empezar?
Por todo junto (ríe). A ver, siempre hay medidas puntuales y le doy un ejemplo. Yo lo podría decir lo siguiente: mire, una cosa de lo que hay que hacer es admitir que si, durante tres años, se mataron vientres, que es la máquina de fabricar carne, usted no puede pretender ahora que, la carne no suba. Entonces tiene que hacer políticas alternativas, con pollos, con pastos, etc. Pero, es una medida puntual. Que no sirve absolutamente de nada si usted no la metió en un conjunto que tiene los cinco componentes que le mencioné. A esos se suman los otros componentes que también son institucionales.

¿Pero a qué otro instrumento puede recurrir?
A la deuda externa. Para eso sacaron el decreto autorizando el endeudamiento. Y van a encontrar en los banqueros el aplauso. También, cómo no van a aplaudirlo: por un lado les aseguran que les van a pagar por anticipado y, por otro lado, le dicen que les van a dar más negocios. Pero eso son los bancos, no es el país.

¿Quiere decir que vamos a atravesar 2010, quizás a los ponchazos, pero atravesarlo al fin aunque sea en aguas inquietas?
Será chapoteando en el barro, como me decía un colega suyo estadounidense hace unos días. No es la crisis terminal, ni mucho menos. Pero, en términos relativos y en relación con el mundo volverá a ser una pérdida de significación y de peso.

¿En su caso personal, cuál considera como su medida más acertada desde sus días de gestión?
Más que la mejor, fue la primera. Por el simple hecho de que el carácter de un gobierno, de un ministerio, se juega en las primeras decisiones. Y una de ellas fue obligar a los bancos a abrir las puertas. Recuerde que los bancos habían estado cerrados, 24 días sobre 85 días hábiles de 2002. Pero, ya habían estado cerrados a fines de 2001. Los banqueros se resistían porque temían a la presión de la gente. Pero, los bancos se abrieron y no se cerraron nunca más. Muy ligado a eso fue no admitir, como quería el FMI e incluso algunos diputados y banqueros locales, bonos compulsivos a cambio de depósitos. Nosotros dijimos que sólo íbamos a aceptar bonos voluntarios y que íbamos a lanzar procesos de canjes voluntarios. Hubo tres, durante los cuales se fueron liberando el corralito, el corralón. Cuando Kirchner asumió ya estaba liberado el corralito, el corralón, estaban reabsorbidas las 14 cuasimonedas. Pero eso se hizo sobre la base voluntaria.

¿La razón de su salida del Gobierno tiene que ver con esa incipiente quita de autonomía que vivieron mucho más fuerte sus sucesores?
Para nada, yo no tuve ningún problema con Kirchner. Durante la campaña presidencial, a veces, los periodistas –e incluso algunos de mis colaboradores - pedían sangre. Pero, mi salida, se vio motivada por qué, después de que él gana, en 2005, las elecciones de mitad de mandato, me dice que quiere cambiar de política y de equipo. Y ese es su derecho. Así, como es el derecho de todos los demás a opinar  sobre si los cambios que hizo eran buenos o malos. En esos días hubo colaboradores de el –y él mismo- que decían: “¡Ahora, empieza nuestro gobierno!”. Eso venía a colación de que llevaba apenas dos años en el Gobierno y había asumido con muy poco apoyo social. Personalmente creo que nos hicieron perder una gran oportunidad como país, pero bueno.

¿Cuando se gesta la idea de postularse para presidente? ¿Cuando sale del Gobierno?
No. Después. El cambio se produce a finales del 2005. Yo durante seis meses no hice ninguna declaración pública. A fines de mayo, di una conferencia de prensa en la Universidad Austral, donde señalé lo que a mi juicio eran los desvíos que había empezado a tener el Gobierno. Y bueno, los desvíos se fueron agrandando, y mi idea era que había que hacer un esfuerzo de tratar de mostrar que había un camino distinto que ya le había dado resultados a la Argentina.

Hoy, ¿esa idea vuelve a pesar?
Las circunstancias no son nunca iguales. Además, uno adquiere una experiencia. Nunca había tenido experiencia electoral y uno aprende que sin plata y sin prensa no tiene ninguna posibilidad. Y yo no tuve ni plata, ni prensa (ríe). Un pedazo de la prensa estaba a favor de una oposición rabiosa y la otra parte estaba íntimamente ligada al Gobierno.

¿Lo desilusionó la experiencia?
No. Uno aprende y yo aprendí. Además, creo que hicimos una elección excepcionalmente buena en vistas de las circunstancias. Nosotros tuvimos menos recursos que los que se gastaron en alguna elección de cualquier intendencia del gran Buenos Aires. Salimos primeros en Córdoba, segundos en la mitad del País, 3,3 millones de votos. Pero sobre todo, uno se queda bien con uno mismo. Eso no significa que ahora uno tenga o no que repetir. No digo, ni sí ni no.

¿No cree que aquella reunión con Néstor Kirchner, a principios del 2008, perjudicó el futuro de su carrera política?
No ustedes inventaron eso.

La foto estuvo. 
Y tiene que estar. Primero, el diálogo hay que defenderlo siempre, siempre. Quienes no quieren dialogar o no están dispuestos son tan autoritarios como Kirchner. Segundo, tiene que ser público. Para eso estuvo la foto. Y tercero, uno tiene que dejar por escrito lo que critica y lo que propone. Eso es lo que hice. Pero, sólo un diario lo publicó. Recuerde que me encontré con él a 50 días de que la Presidenta había asumido. Era un momento donde se podía intentar reencauzar las cosas. La reunión fue tremendamente amable. Pero, también es obvio que las cosas que le dije y le dejé por escrito no le gustaron. Nunca más hablé con el. Pero, como le dije, si uno no cree en el diálogo no está haciendo política en serio. Eso es así en el mundo desarrollado y en el en desarrollo. Está el ejemplo espectacular de Brasil para probarlo.

Cómo le explica a sus interlocutores extranjeros que la Argentina, con Uruguay, Brasil y Chile como vecinos, no tome esos modelos como ejemplo?
No lo pueden entender. El ejemplo está en los comentarios que ya hizo el premio Nobel, Simon Smith Kuznets (1971), en su momento. El dijo: “Hay cuatro clases de países. Los países desarrollados, los países subdesarrollados, Japón y la Argentina”. Japón, no tenía nada, pero era lo que es China hoy. Y la Argentina, porque lo tiene todo y siempre vuelve a los brotes verdes, períodos en que se hacen las cosas bien, todo parece que sale. Pero, en cuanto las cosas están un poco mejor, el país empieza de nuevo a pensar en el corto plazo, con una actitud irresponsable. Hay solo un país que tiene un tamaño similar al nuestro, que en más de 30 años pasó de una tasa de la población que vivía debajo de la línea de la pobreza del 4 por ciento a tener un 35 por ciento. El único que sufrió un proceso de esta naturaleza fue la Unión Soviética en el momento del desmembramiento de las 15 repúblicas. Por otra parte,  vivimos una implosión social y económica de tal manera que ya no nos acordamos mucho de lo que era la sociedad argentina en 1975. Obviamente, tenía otros problemas: problemas pesadísimos, pero no problemas de pobreza, de droga, de inseguridad. Tampoco sería correcto olvidar, que a pesar de todo, en todos estos años hubo brote verdes: el Plan Austral, el 2002-2005, a lo mejor, el 1991- 1993.

¿Cómo ve un ex funcionario público el deterioro de la economía que él mismo ayudo a enderezar?
Da bronca y mucha, obviamente. Aunque también hay que saber no tomárselo de forma personal. Pero, si creo que se ha perdido una gran oportunidad.

¿La próxima oportunidad es en el 2011?
No sé. Porque a veces, la sociedad argentina –y con eso me refiero a la dirigencia que es la política, la sindical, la empresaria, la de los medios de comunicación, los intelectuales- tiene mucho de escapista y a encontrar al iluminado que les va a resolver el tema. Y algo de eso empieza a ver ahora.



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