"Las universidades de excelencia son un imán para la actividad económica"

La vicepresidenta de la Universidad de Yale revela cómo una institución de alta educación y a 300 años de su fundación logra mantener el atractivo y la excelencia de su enseñanza. El rol de las nuevas tecnologías. 19 de Abril 2010

Yale, el nombre implica prestigio, ganado a lo largo de 300 años de trayectoria en la educación superior. La universidad, fundada en 1701, es una de las más reconocidas de los Estados Unidos. De visita en Buenos Aires, su vicepresidenta, Linda Lorimer, habló sobre cómo educar a los líderes del siglo XXI.

Con un presupuesto de más de u$s 1.000 millones para sus facultades de Ciencias, Ingeniería y Medicina, dos museos de arte, biblioteca, salas de teatro y su renombrada escuela de Arquitectura (el argentino César Pelli, creador de las torres Petronas de Kuala Lumpur, fue uno de sus decanos), Yale es hoy un centro de conocimiento global, aunque selecto.

A sus carreras, sólo ingresan los mejores promedios. Con 19.000 alumnos y 3.500 profesores, Yale no tiene cupos por nacionalidad o nivel socioeconómico y ofrece un programa de becas internacionales. “Así nos aseguramos que quienes son realmente brillantes puedan venir”, sostuvo Lorimer. La graduada en Leyes se ha abocado durante los últimos 15 años a ‘internacionalizar’ su universidad y difundir, a través de las nuevas tecnologías, el patrimonio intelectual. En una conferencia para ex alumnos argentinos y, más tarde en diálogo con Management, indicó: “La educación superior tiene una alta incidencia en el desarrollo económico de los países”.

Al respecto, presentó los casos de Singapur, un país sumergido en la pobreza en los años 60 que hoy es un centro de excelencia global gracias al prestigio de sus universidades; y China, con “un modelo que combina masividad y excelencia”.

Sostenibilidad Corrido
Otro de los desafíos que enfrentan los claustros es el de educar en tiempos en que la durabilidad del conocimiento se acorta. “Si vamos a estar activos hasta los 60 o 70 años, aquello que aprendimos en la universidad a los 20 o 30 difícilmente nos sirva”, destacó. Esto coloca a las universidades ante la disyuntiva de transmitir conocimientos, como lo han venido haciendo, hasta ahora. Otra opción es enseñar “mindsets”, hábitos mentales que ayuden a tomar decisiones, comunicarlas en forma efectiva, y llevar adelante,empresas o ser líderes en cualquier campo de actividad.

“Hoy, difícilmente encontremos una actividad que no haya cambiado radicalmente en los últimos 100 años: el transporte, las construcciones, el entretenimiento. Sin embargo, el modelo educativo de un profesor dando cátedra y los alumnos escuchando, pasivamente, continúa implementándose”, dijo Lorimer. No obstante, hay otros modelos, como el de la pedagogía interactiva, que son mucho más eficaces. “Por ejemplo, el profesor dicta una clase y sólo entiende el 35% de los alumnos. Pues bien, ese 35% se encarga de explicarle al resto. En este tipo de clases se ve la colaboración, el trabajo en grupo, cómo argumentan y comunican”, explicó la catedrática.

Por otro lado, la globalización impulsa a formar redes de trabajo e intercambio educativo. Para ello, Yale conformó redes de colaboración e intercambio con instituciones académicas de prestigio en todo el mundo, como la que mantiene, por caso, con la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En tanto, la universidad posee uno de los programas de Estudios Latinoamericanos. “El conocimiento y la excelencia no son patrimonio de un país o una nacionalidad, y vamos a buscarlo allí donde esté”, concluyó Lorimer.



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