Las fallas del lobby empresario argentino

Las fallas del lobby empresario argentino

En el país hay 908 entidades entre asociaciones y cámaras. Siete de ellas representan los intereses de 83 bancos y 103 es el promedio de miembros por cada cámara. Se repiten las misiones, objetivos y funciones pero cada vez tienen menor impacto. Las internas están a la orden del día y los objetivos de fondo no se cumplen. Los dilemas de la UIA, el campo y las pymes. 04 de Marzo 2011
"Al esquema de poder en el campo empresarial no lo une el amor, sino el espanto", dispara Guillermo D'Andrea, profesor del IAE Business School y responsable de la investigación del Foro de CEOs sobre el tejido empresario argentino. Y agrega: "La fragmentación que se vive en nuestra sociedad se replica entre los empresarios. Los números son elocuentes: en la Argentina no existe una ley nacional de cámaras”. Convive un universo altamente fragmentado con más de 900 cámaras detectadas, 103 socios promedio y "numerosas superposiciones" a nivel sectorial, regional y por producto. La brecha es tan amplia que existen entidades con sólo dos socios y otras en las que hay más de 4613.

El mapa del poder empresario en la Argentina tiene aún más complicaciones. Los sectores están representados por múltiples espacios nacionales, provinciales y regionales que repiten las misiones, objetivos y funciones. La articulación entre todos es escasa o directamente nula y el resultado es claro: un círculo vicioso en el que las redes empresariales son cada vez más débiles. "No hay canales muy fluidos porque al estar fragmentados, no es lo mismo con quién se hable y en las cuestiones estratégicas, como no hay unanimidad, les cuesta avanzar", describe D'Andrea.

¿A quién favorece este esquema? A los más grandes, los mejor conectados. El tamaño coincide bastante con la posibilidad de acción. "La interconexión se da entre las grandes empresas que ocupan sillas en las grandes entidades. Hoy en AEA -Asociación Empresaria Argentina- o en UIA -Unión Industrial Argentina- hay muchos intereses en común", admite uno de los integrantes de la mesa chica que pide un estricto off the record.

Los de mejor condición de influencia están favorecidos por esta fragmentación, porque lo que hace es que los más chicos queden en peor posición, surge del estudio realizado por el IAE Business School. Por otra parte, la profusión de cámaras está a la orden del día. Sólo en el rubro de comercio e industria hay 171 entidades, en agricultura 89 y en la alimenticia 56.

"Los más pequeños no tienen más remedio que seguir con la cámara, que no siempre los representa", agrega D'Andrea. Cuando existe esta falta de acción conjunta, también hay falta de planes. "Se espera para ver dónde sopla el viento, a ver si te sirve lo que tenés para navegar. El viento acá cambia con bastante frecuencia, sin que haya una instancia de dirección. Este Gobierno ha avanzado mucho más, y prueba de eso fue la 125. Pero con una instancia de diálogo, se pueden resolver las necesidades del Gobierno con las del sector", revela D'Andrea.

El campo, leading case
El lobby del campo constituye un leading case. La mesa de Enlace surgió como una forma de hacer frente al embate de las retenciones móviles propuestas por el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau. Esa iniciativa logró unir en un mismo conjunto intereses tan disímiles como los de la Sociedad Rural Argentina y la Federación Agraria, sostienen los más críticos. "El problema es que está a cada rato a punto de romperse. Sin este Gobierno, la mesa de enlace no existe. Las cuatro asociaciones no se ponen de acuerdo, cada una puja por su lado, y los políticos se entienden con quienes más sea conveniente", sostiene D'Andrea.

De hecho, el propio Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria, sostuvo que Hugo Biolcati (SRA) y Mario Llambías (CRA) "debilitan la mesa de enlace con sus cuestionamientos a la autorización del Gobierno a la Federación para comercializar 500.000 toneladas de trigo a la industria molinera".

Por su parte, Biolcati prefirió apostar a un discurso más conciliador diciendo que la "mesa de enlace superó peores crisis que ésta".

"La discrecionalidad en los subsidios o las trabas que se producen al mercado exportador de carne colaboran para mantenernos unidos. Sino hace tiempo nos hubiéramos dividido", sostiene otro de los hombres del campo que tuvo un rol activo en los tiempos del voto no positivo de Julio Cleto Cobos.

En la UIA, las internas giran por otro lado. Luego de varias semanas en las que no se llegaba al consenso para suceder a Héctor Méndez en la presidencia -y en la que incluso surgieron versiones de ruptura-, los industriales se pusieron de acuerdo en torno a la figura del ex presidente José Ignacio De Mendiguren. La vicepresidencia quedó en manos de un "clásico" de la entidad: Luis Betnaza. Hombre fuerte del Grupo Techint y figura clave en el desarmado de una interna en la que participaron propios -Cristiano Rattazzi- y ajenos -Javier Madanes Quintanilla, de Aluar-.

"Las elecciones en la UIA desatarían una carnicería", se había sincerado días antes el saliente Méndez. Las posturas tampoco están cohesionadas dentro de la propia entidad. Hay quienes pujan por un país abierto y quienes quieren una economía más cerrada, quienes pujan por un tipo de cambio alto y quienes sostienen que la competitividad no gira en torno a la moneda.

"También están los que tienen buena llegada al Gobierno y creen que apostar a una alianza más a lo Lascurain es el camino y quienes optan por una postura más crítica. Eso todavía no está claro", comenta el vocero de uno de los hombres clave de la UIA.
Mientras tanto, los nombramientos están a la orden del día y dos de las figuras más fuertes del empresariado local -Arcor y Techint- dieron luz verde para las nuevas figuras de la alternancia.

Entre los bancos otra es la situación. Zenón Biagosch, director de la escuela de negocios de la UCA y ex hombre fuerte del Banco Central, describe el panorama: "Considero positiva la heterogeneidad de cada sector y que haya distintas cámaras, pero a la vez esto relativiza la representatividad".

Entre las entidades financieras están representadas las de capitales nacionales, las del exterior y los públicos, sólo por citar algunas. Biagosch cree que es clave que haya "un esquema de unificación dentro de cada sector. Creo que entre los bancos hay pleno acuerdo sobre los temas gruesos y luego hay lógicas diferencias respecto de las realidades e intereses diferentes".

Malas señales
La atomización del sector empresario no es una buena señal para los tiempos que corren. Los precios de los alimentos alcanzaron un nuevo record en febrero por octavo mes consecutivo, según el índice de precios publicado por la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura. El G-20 planea poner precios máximos. Brasil anuncia nuevas trabas a las importaciones y crea alerta en la Argentina. La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, acusó al campo de evasor y minimizó el peso del sector en el total de la recaudación. La Dirección de Lealtad Comercial investiga a las consultoras económicas por sus índices de precios y amenaza con nuevas sanciones.
Al mismo tiempo, algunos ejecutivos como Juan José Aranguren, presidente de Shell, es tildado de opositor por el Gobierno y dedica varias horas de su mañana a atender las más de 30 causas que lleva adelante.

"En otro país se hubiera producido un rechazo formal a la actitud que existe desde algunos sectores del Estado hacia Aranguren. En el nuestro, muchos empresarios tienen miedo de respaldarlo en on the record y lo hacen desde el off", analiza paradójicamente desde el off the record un colega de Aranguren desde el sector petrolero.

Diana Mondino, economista y profesora de la UCEMA, avanza sobre otro tema estratégico: "En general todas las cámaras se orientan a trabajar con el Poder Ejecutivo y no con el Legislativo, que es con quienes deberían cumplir su rol para influir en leyes, impuestos, entre otras cuestiones. Eso es porque tenemos un sistema presidencialista. Se desvirtúa el rol de las cámaras, que tienen que representar los intereses de las empresas, y se desvirtúa el rol del Congreso, que debe representar los intereses de los ciudadanos. Ambos pierden su rol natural y se someten a lo que diga el poder Ejecutivo".

A su vez, Mondino avanza sobre otro de los grupos que tiene mayor fuerza de representatividad: el de los Seis. Ahí se aglutinan los intereses de la Bolsa, los bancos, la construcción, la Sociedad Rural, la Unión Industrial y la Cámara de Comercio. "Tiene tergiversado su verdadero rol, que es generar un ámbito propicio para la inversión y el crecimiento. Las cámaras están más preocupadas por no perder posiciones que por crecer. Las empresas están más preocupadas por minimizar el impacto de las medidas del Poder Ejecutivo que por invertir y competir", agrega la profesora de UCEMA.

Cómo revertir la tendencia
Para evitar la atomización de la representatividad empresaria hay una fórmula que se aplicó en otros países: generar una entidad madre de todas. La solución no pasa por quitar o eliminar cámaras o asociaciones sino por consolidar un paraguas único que englobe intereses disímiles y del que no se puede salir. Es una especie de supraparaguas nacional multisectorial. En Chile, por tanto, hay una central empresaria unificada. En España, la CEOE es quien participa activamente de las políticas económicas. "No están todos de acuerdo pero no sacan el pie del plato. Acá muchos buscan esconderse para evitar conflictos", admite el CEO de una multinacional europea.

Ejemplos locales también existen: en la industria vitivinícola se desarrolló un plan de largo plazo. "Entendimos que juntos conseguimos más. Y así llegaron las devoluciones de retenciones a la exportación o la política conjunta para exportación de mosto. Nos costó evitar la preeminencia particular por sobre los intereses conjuntos pero lo logramos", confía el director de exportaciones de una bodega argentina.

La promoción y apertura de mercados en el mundo también aparece como otro de los valores en escena. Los desafíos por delante no son pocos: aranceles, regulaciones, cuotas, intervenciones estatales y paritarias 2011 forman parte de la agenda.

"Hay poco ruido y muchas nueces, porque las gestiones exitosas de una cámara significan un subsidio o un privilegio para esa cámara. Un interés de corto plazo. La capacidad de invertir, crecer y desarrollarse de una empresa claramente es difícil, pero esa dificultad no tiene que ser a expensas del resto de la cadena, tiene que ser a expensa de sus competidores: a quién le va mejor y a quién no", concluye Mondino.



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