Las exportaciones volvieron a flote

Las exportaciones volvieron a flote

Después de un 2009 en el que cayeron las exportaciones, el sector externo recuperó el viento de cola en 2010. Por qué los analistas vaticinan un 2011 record. 29 de Diciembre 2010

Según abeceb.com, para la campaña próxima, el crecimiento esperado será del 35 por ciento. La suba será liderada por la producción de soja, seguida por la cosecha de trigo y maíz.

Los números positivos los arroja no sólo un mayor saldo exportable, sino los altos precios. Este año, la soja tuvo el valor más alto en su historia en moneda local. Luego, se mantuvo con tibias alzas y bajas, en torno a $ 1340 la tonelada.

Mientras una parte del campo festeja, probablemente, los exportadores de carne no tanto. A partir de noviembre, se resintió la entrega de permisos de embarque de productos cárnicos bovinos con el propósito de asegurar el abastecimiento interno durante diciembre. Para complicar aún más, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ahora también exige el nombre y/o razón social del comprador extranjero, con el fin de evitar triangulaciones. Las restricciones oficiales se presentan en un escenario de altísimos valores de la hacienda (producto de la escasa oferta de animales pesados presente en el mercado), lo que hace pensar que la medida continuará a futuro, hasta tanto el mercado se reabastezca de animales, lo que llevará varios años. Una luz en el horizonte, no obstante, podría ser un posible acuerdo con China, que garantizaría una cuota de importación del país asiático de 400.000 toneladas (este año se enviaron 350.000 al mundo entero). Al cierre de esta edición, el convenio no se había cerrado.

 En el alza de las exportaciones, una parte importante será responsabilidad de la industria automotriz. Según datos del Ministerio de Industria, en el período 2010-2012 habrá inversiones por más de $ 4000 millones. Entre las ya anunciadas, figuran Fiat ($ 813 millones), Ford ($ 1000 millones) y PSA Peugeot Citroën ($ 1300 millones). El año próximo las automotrices trabajarán a toda su capacidad, y se prevé que la producción crezca entre el 5 y 10 por ciento, principalmente, motorizada por la demanda brasileña.  

A pesar de esos buenos augurios, Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, señala áreas de preocupación. Por ejemplo, la revaluación del peso contra el yuan chino: entre 2005 y el 30 de septiembre de 2010, fue del 29 por ciento.   

Por último, el ingrediente fundamental para asegurar un pronóstico favorable es que el dólar no se revalue, mientras que las diferencias cambiarias con Brasil también se mantengan estables.

Después de un año negro como 2009, toda comparación resulta beneficiosa. Pasó lo peor de la crisis, repuntaron los precios de exportación de commodities y la sequía se compensó con una buena cosecha.

Hasta allí, todo bien. Pero, si se compara el curso de las exportaciones argentinas con 2008, año record en ventas al exterior, los números muestran algunas señales de alerta. Y 2011 trae algunos pronósticos favorables, aunque con posibles chaparrones. Para 2010, se prevén exportaciones por US$ 69.000 millones, según el promedio de cifras de distintas fuentes.

Son US$ 14.000 millones por encima del año pasado y US$ 1000 millones por debajo de 2008. Las importaciones, en cambio, no se comportaron igual. Como resultado, el superávit comercial cayó 24 por ciento durante los primeros ocho meses de 2010, según el Indec. El motor de las ventas surge del sector agroalimentario: poco más del 50 por ciento de las exportaciones pertenece a ese complejo, entre productos primarios y elaborados. La Argentina es el séptimo exportador mundial de alimentos. De las 10 mayores empresas exportadoras locales, que explican el 37,5 por ciento de las ventas totales del país (el año pasado, superaban el 50), siete pertenecen a este sector. En el primer semestre, LDC, filial del grupo Louis Dreyfus, trepó al primer lugar. En 2009, estaba detrás de Cargill y Bunge.

“En volumen y valor, las estrellas son nuestras commodities, que, en 2011, irán hacia un nuevo record, en función a las expectativas que hay en soja, maíz y otros productos del agro. La tendencia de alza de precios es firme y se espera superar el año próximo el hito de 96,5 millones de toneladas logradas en la cosecha 2007/2008. La de este año estará en 88 millones”, señala Raúl Ochoa, profesor de posgrado de la Universidad Tres de Febrero. La estrella es la soja.

Si bien los alimentos lideran históricamente el ranking, según Marcelo Elizondo, director General de Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), a lo largo del año, se vio un amesetamiento de las exportaciones alimenticias, mientras crecen más los productos industriales. La principal razón, la caída de los despachos de aceite de soja a China. Ese país dejó de comprar, en represalia por las barreras comerciales argentinas a sus productos, y se lo empezó a reemplazar con la India. “Si comparamos con 2008, las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario (MOA) y sus productos primarios cayeron un 37 por ciento”, puntualiza Elizondo.

Pronóstico similar aporta Eduardo Álvarez, economista Jefe de IES Consultores. “En cuanto a las exportaciones agropecuarias, es probable que su impacto haya disminuido en el segundo semestre”, indica.

En términos de mercado, crecen las regiones emergentes, como Asia y Mercosur. En tanto, la Unión Europea bajó del 25 al 20 por ciento su participación de compra.
El segundo pilar lo conforma la industria, traccionada por autos y siderurgia. “Son casi los dos únicos sectores que todavía tienen capacidad ociosa y siguen creciendo en producción. La mayoría de las otras ramas industriales no tienen potencial de incremento de producción sin inversión. En cambio, la industria automotriz podría fabricar 1 millón de autos y, este año, hará más de 650.000”, explica Elizondo. Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, aporta un dato clave: si bien, hasta septiembre, las MOI crecieron un 6 por ciento contra igual lapso de 2008, el material de transporte terrestre se incrementó un 19 por ciento. El resto, en cambio, avanzó sólo 1 por ciento. “Es un área de preocupación”, afirma.

Toyota se mantiene como el principal exportador, con ventas al exterior durante el primer semestre por US$ 617 millones, superando ampliamente lo exportado en el mismo período de 2009. Lo siguen Ford y Volkswagen.

Ochoa muestra la otra cara de la moneda: es cierto que aumentan las exportaciones de autos pero es un comercio de ida y vuelta porque, a su vez, hay déficit comercial por importación de piezas. Según la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), el rojo de la balanza comercial del sector será de US$ 7000 millones en 2010, contra  US$ 3700 millones de 2009.

Mauricio Claverí, economista de abeceb.com, alega que los motores de exportación este año están concentrados. “Aparte de tener cierto grado de primarización por estar muy basado en el sector agrícola, hay mucha concentración en soja, cereales, vehículos con destino a Brasil y algún producto puntual, como el biodiesel y el oro. Esos ítems descollan con respecto al resto y explican una parte muy importante del crecimiento de las exportaciones”, apunta el analista. El resto marcha a velocidad crucero.

Las ventas de hidrocarburos pierden peso en la participación total. Durante casi dos décadas, YPF fue el principal exportador del país. Pero su market share está en descenso. La recuperación de los precios de su canasta de productos en lo que va del año explica su ascenso dentro del ranking nacional. En 2010, la petrolera que comanda el grupo Petersen se ubica en el cuarto puesto. No se puede dejar de obviar el contexto en el cual opera YPF: el sector energético, con fuerte intervención por parte del Gobierno. De hecho, como consecuencia de las restricciones impuestas en reiteradas ocasiones desde 2004, la empresa se vio forzada a suspender, parcial o totalmente, sus entregas de gas natural a clientes del exterior.

La caída en combustibles (en volúmenes, mucho más que en precios) se compensa, sin embargo, con otras industrias extractivas. Hay una merma por el lado de la energía pero una recuperación de metales. Ahora, la Argentina exporta oro y cobre. Hace seis o siete años, no lo hacía. Según cifras provistas por KHT Consulting,  los metales comunes y sus manufacturas crecieron un 33 por ciento en el primer semestre respecto al mismo período de 2009, mientras que un incremento más espectacular tuvo la “sección XIV”, que agrupa perlas naturales, piedras preciosas, metales preciosos y sus manufacturas, con un alza de 284 por ciento. El 90,8 por ciento de estos envíos fue de oro en bruto y el 9,2 por ciento, de plata, también, en bruto. Si bien en el total de ventas argentinas no tienen un peso preponderante, es una joyita que no debe pasarse por alto. Entre los principales exportadores, Minera Argentina Gold acapara el 56,6 por ciento de la facturación exterior, seguida por Cerro Vanguardia (13,4 por ciento) y Minas Argentinas (12,9 por ciento). 
Otra compensación a la caída de combustibles se encontró por el lado del biodiesel. La Argentina se convirtió, abruptamente, en el primer exportador mundial de esta fuente de energía, elaborada a partir de aceite de soja, cuando, hace apenas tres años, realizaba su primer envío como un producto novedoso. Este combustible está hecho a base de aceite vegetal o animal y es menos nocivo al medioambiente que los procesados en función de combustibles fósiles. Hasta ahora, la Argentina no tenía un mercado interno. Pero, desde agosto último, una reglamentación obliga a mezclar los carburantes fósiles con un 7 por ciento (antes, era el 5) de biocombustibles.

Esto no parece afectar gravemente el saldo exportable, que sigue creciendo: según la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), hasta agosto, se exportaron 883.000 toneladas, contra 678.000 de todo 2009. Durante ese año, se facturaron al exterior US$ 913,2 millones. El monto, en 2010, superaría los US$ 1000 millones. El sector lleva invertidos US$ 700 millones en la construcción de plantas y están en marcha proyectos para mejorar la capacidad instalada. El 85 por ciento del potencial productivo está en Santa Fe y los principales players son Louis Dreyfus, Renova (Vicentín/Glencore), Cargill, United Bio y Patagonia Bioenergía.

El rubro de servicios es otro que crece y permite que se logre nivelar la cuenta en la balanza comercial de servicios, que, históricamente, fue deficitaria. “Generalmente, el ingreso de divisas se mide mucho por el lado de bienes. Pero la Argentina está muy bien ubicada en la exportación de servicios”, opina Ochoa y menciona, entre otros, el turismo de salud, que abarca cirugías plásticas y odontológicas, por ejemplo.

Durante 2010, la llegada de turistas extranjeros podría superar los 5 millones, lo que representa un 15,5 por ciento más que en 2009. En ese año, se exportó por US$ 3844 millones, ocupando el quinto lugar entre todos los bienes y servicios que la Argentina vende al resto del mundo. Su potencial radica en el mercado que queda por desarrollar: el año pasado, los países emergentes recibieron 400 millones de turistas. De eso, la Argentina recibió sólo el 1 por ciento. Es decir, 4 millones.

También hay otro tipo de servicios. Las cuestiones vinculadas con la maquinaria agrícola y servicios no tradicionales ligados al agrobusiness, si bien no hacen al gran volumen, crecen con diversificación de mercados, desde América latina hasta Angola. Los empresarios locales son muy buscados como consecuencia de la innovación que tiene la Argentina en su proceso productivo, como la siembra directa o el manejo de pools, con rendimientos cercanos a los estadounidenses y una buena relación costo-ingreso.

El software y servicios informáticos (SSI) también aporta su grano de arena. A partir de 2002, y fruto de la devaluación, el país tuvo un pronunciado salto exportador. La Argentina registró una tasa de crecimiento promedio del 33 por ciento anual en esta década. Las ventas llegarán pronto a los US$ 900 millones. Actualmente, exporta la mitad que Brasil y el doble que Uruguay. Sin embargo, tomando el ingreso de estas ventas per cápita, si la Argentina tuviese la misma productividad de Uruguay, exportaría casi US$ 3000 millones anuales en SSI.

Mucho por hacer
Con números positivos en general, los economistas no se quedan con la primera impresión. Aldo Abram, director del Centro de Investigación e Instituciones de Mercado de Argentina (CIIMA), opina que, más allá del discurso oficial pro-exportador, las ventas externas dependieron más del contexto externo que del interno. “Si uno observa la evolución de nuestras exportaciones desde 2002, punto en el que tocó un mínimo, mostraron un progreso más moderado que algunos vecinos, como Chile y Brasil. La demanda mundial arrastra a nuestras exportaciones, a pesar de las políticas económicas que se implementan. Esto también se nota en qué y a quiénes les vendemos: alimentos al Este de Asia, lo cual es lógico, por su aumento de demanda. En tanto, las MOI siguen sintiendo el peso de Brasil como gran comprador, por lo que aumentan más fuerte cuanto más crece nuestro vecino”, analiza.

¿Cuáles son los desafíos frente a otras experiencias cercanas, como las de Brasil, Chile o Colombia? Marcela Cristini, economista de FIEL, nota que, en todos los sectores en los que se creció, se observa un conjunto de oportunidades no aprovechadas y un ritmo muy bajo de incorporación de tecnología. “Así, en la agroindustria, el rubro insignia de la Argentina, los alimentos procesados (de mayor valor agregado) conforman menos del 40 por ciento del total agroindustrial, uno de los porcentajes más bajos entre los países agroexportadores (Brasil, 40 por ciento; Uruguay, 65; Nueva Zelanda, más del 80)”, señala.

Otro problema lo representa la relativamente alta dependencia de la competitividad del nivel del tipo de cambio real. Para Cristini, ello se debe, en gran parte, a las falencias organizativas, en términos de infraestructura, crédito y logística para la exportación. Todos estos problemas afectan más gravemente a las manufacturas de base industrial. “Por último,  el regreso a una política comercial defensiva y las limitadas iniciativas de asociación comercial con otros países contrastan con el activismo de inserción internacional que se registra en la región de América latina. Chile firmó un acuerdo de libre comercio con China. Perú, con los Estados Unidos. Brasil busca un liderazgo político y económico mundial. Esto aumenta los costos de recuperación de los mercados en el futuro”, expone Cristini.
José Luis Espert, director de Espert y Asociados, argumenta que es una pena que, con esta demanda mundial, con precios tan firmes, se trate de exportar lo mínimo posible. “El espacio para crecer de las MOA es extraordinario. Casi todo lo que hace la Argentina, si no hubiera esta política disparatada de prohibir o dificultar todo lo que se pueda las exportaciones, con el argumento falaz de servir a la mesa de los argentinos, tiene un potencial extraordinario. El Gobierno metió tanto ruido que un lector no especializado puede llegar a confundir cómo crecieron las exportaciones de origen industrial. Pero hemos destruido el sector de carnes, el de trigo, el de maíz, y el de combustibles”, señala. El economista vaticina que es probable que el crecimiento de las MOI no sea sostenible en el tiempo. 

La reciente evolución negativa de la economía de los Estados Unidos podría afectar las expectativas de crecimiento internacional, al igual que las medidas tomadas por China para enfriar su incremento, como forma de combatir la inflación. “Lo mismo podría suceder con la economía brasileña. En especial, si se agudiza el déficit comercial externo en ese país. Al mismo tiempo, la incertidumbre respecto de cómo afectará un escenario de menor crecimiento a la paridad entre las principales monedas (especialmente, si se opera una devaluación del real contra el dólar) podría impactar negativamente en nuestras exportaciones, en una medida aún impredecible”, especula Álvarez, de IES.

Según los expertos, la Argentina tiene cinco sectores de gran consolidación internacional a futuro: el complejo agroindustrial, la industria automotriz y autopartista, el sector siderúrgico, las actividades extractivas y las de servicios. Sin embargo, no es la llave al éxito. Nada está asegurado en un mundo tan globalizado.



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