Las cuentas pendientes del Desarrollo Humano

En los últimos 40 años, los indicadores de salud, educación y PBI per cápita tuvieron una tendencia positiva, aunque menor a la esperable, puesto que la Argentina perdió el liderazgo regional en la materia. Por qué el país se quedó atrás en la mejora de la calidad de vida. Especialistas analizan para We las causas del fenómeno y sus posibles soluciones. 04 de Febrero 2011
Entre 1970 y 2010, el crecimiento del Indice de Desarrollo Humano (IDH) en la Argentina fue del 15%, una suba similar a la de los países más desarrollados. A primera vista, la noticia parece auspiciosa. Sin embargo, el número esconde una realidad desalentadora: la dificultad con la que el país progresó en materia de salud, educación y nivel de ingresos de su población (medido como PBI per cápita), similar a la de países que ya tenían un estándar alto. En cambio, cuando se compara a la Argentina con otros países latinoamericanos, que en promedio tuvieron un crecimiento del IDH del 30%, se revela su rezago en materia de calidad de vida.

Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2010 elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), la Argentina tenía en 1970 un IDH de 0,762, y ascendió a 0,879 en 2010. No obstante, su trayectoria fue dispar. Mientras los indicadores de Educación y Salud permanecieron prácticamente estables, con un crecimiento cuantitativo en el acceso a estos servicios, la evolución del PBI per cápita sufrió profundos altibajos. De este modo, el producto per cápita en 1990 era igual al de 1965, y en 2002 retrocedió a niveles de 1970. Finalmente, a partir de 2003, se nota un crecimiento constante de los indicadores económicos, aunque la bonanza no llegó a todos los argentinos en similar medida.

Para Juan José Llach, profesor del IAE y director del GESE (Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía) de la Universidad Austral, “el desempeño de la Argentina en el IDH no puede considerarse satisfactorio”. La Argentina ocupa el puesto 46 en un ranking de 169 países y ha perdido el liderazgo en la región a manos de Chile. “Extendiendo la mirada hasta 1980, se observa que la década de menor aumento del desarrollo humano de la Argentina ha sido la actual y que hubo 70 países con mejor desempeño que la Argentina”, apunta el sociólogo y economista. “Esto sería lógico en relación con países más pobres, que tienden a mejorar más que los ricos por su bajo punto de partida. Pero son muchos los países con alto desarrollo humano con mejor desempeño que nosotros desde 1980. Tal es el caso de Australia, Corea, España, Francia, Grecia, Italia, Noruega o Portugal”.

El país que no fue
A la hora de explicar el escaso desarrollo humano de la Argentina en los últimos 40 años, la volatilidad económica es uno de los factores. Pero a su vez, “parte del estancamiento argentino está asociado a la baja productividad e innovación tecnológica”, destaca el informe del PNUD. Los rankings internacionales ubican al país en un lugar mediocre en cuanto a innovación (puesto 46 del índice de Innovación Mundial MERIT y puesto 58 del índice de Economía del Conocimiento, KEIT Banco Mundial), y el déficit de profesionales en ciencias duras y aplicadas impiden destinar más recursos a la Ciencia e Innovación (hoy el 0,5 % del presupuesto nacional).

Según el PNUD, la Argentina se ubica mejor en los indicadores propiamente sociales (puesto 40) que en el ingreso por habitante (puesto 52). No obstante, “si se considera la desigualdad de acceso a bienes y servicios, la Argentina baja 11 puestos en el ranking global”, advierte Llach. “No nos va mejor con el nuevo indicador multidimensional de pobreza, que incluye no sólo la cantidad de personas pobres y en riesgo de estarlo, sino también la intensidad de las privaciones, y nos ubica en el puesto 60. La idea de que nuestra situación es mejor que la de la mayoría de los países de América Latina no es tranquilizadora. La realidad es que está dejando de serlo. Todos los países de la región para los que figuran datos mejoraron su desarrollo humano más que la Argentina desde 2000, y también desde 1980 con excepción de Venezuela”, dispara Llach.

Una visión coincidente tiene Eduardo Amadeo, economista y ex secretario de Desarrollo Social en los ‘90: “La inestabilidad económica y política en las últimas cuatro décadas dejaron afuera del proceso de movilidad social a un 10% de la población, y en franca vulnerabilidad a otro 25%”, destaca.

Desde una óptica diferente, Juan Carr, fundador de la Red Solidaria, cree que “la Argentina está mejor que hace una década y podría estar mucho mejor aún”. Para el veterinario y docente, devenido en dirigente social, “el 90% de los indicadores sociales están hoy mejor que en 2001, y mejor que a fines de los ‘90”. Carr no es economista pero apunta algunos números: “En 1999, antes de que estallara todo, 25 chicos menores de seis años morían por día por desnutrición. Hoy se nos mueren seis, y tenemos que llegar a que no muera ninguno”, propone.

Desafíos 2011 y más allá
Más allá del cristal con que se mire, está claro que la situación del desarrollo humano en la Argentina no se resuelve aplicando la “teoría del derrame”. “Creer que lo social se arregla con dinero es una condición necesaria, pero no suficiente”, dice Llach. “Las dos políticas más importantes para avanzar en el desarrollo humano, la educación y la salud, están en manos de las provincias. Y a lo largo de las décadas ha regido un sistema centralista, que mermó sus recursos. En el caso de la educación, si bien aumentó la matrícula, hubo un notable deterioro de la calidad de los aprendizajes que se reveló en los resultados de la prueba internacional PISA. Mientras la falta de federalismo no se corrija -y para nada alcanzan las ‘transferencias discrecionales‘, que en su mayoría van a obra pública- el desarrollo humano de la Argentina comparado con el de otros países se seguirá deteriorando”, advierte el especialista.

“Hoy el principal desafío es tener una visión sistémica de la pobreza y actuar en consecuencia”, aporta Amadeo. “Todo se conecta con todo: una educación degradada e inequitativa excluye a los jóvenes pobres de los empleos de calidad. El trabajo en negro los condena a no tener un seguro de salud, y una economía inestable impide contar con crédito hipotecario a tasas razonables, con lo que acentúa los problemas de vivienda”, señala el ex funcionario.

Para Juan Carr, “de los 70 temas sociales a resolver que incluyen a las familias sin vivienda, la drogadicción, la inflación y la violencia, hay dos en los que no se puede discutir, sino que hay que elaborar un plan ya: educación y desnutrición. Con cuatro días de cosecha de granos, daríamos de comer a 1.5 millones de personas que hoy no tienen su plato asegurado, durante un año. Y si resolvemos el tema del hambre, vamos a lograr que más chicos tengan una mejor educación. Están los recursos, falta ponernos de acuerdo. Y esto no se resuelve con voluntarismo sino con política. Necesitamos que los jóvenes se involucren más con la política, algo que, felizmente, está volviendo a suceder”, concluye.

Eduardo Amadeo
“La inestabilidad política y económica en las últimas cuatro décadas dejaron afuera del proceso de movilidad social a un 10% de la población”

Juan Carr
“En 1999, antes de que estallara todo, 25 chicos menores de seis años morían por día por desnutrición. Hoy se nos mueren seis, y tenemos que llegar a que no muera ninguno”

Juan José Llach
“Desde 1980, se observa que la década de menor aumento del desarrollo humano ha sido la actual y que hubo 70 países con mejor desempeño que la Argentina”



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