Las buenas costumbres empiezan en casa

Las buenas costumbres empiezan en casa

Para tener un bar propio no es necesario ser un experto, sino saber apreciar una buena bebida. Claves y consejos de los corporate bartenders. 20 de Octubre 2010

El bar es el rincón de la casa al que muchos ejecutivos se acercan con paso decidido al momento de celebrar un logro, relajarse después de una jornada intensa o tomarse unos minutos para reflexionar. Las excusas para abrir esa botella que los sorprendió en un free-shop, saborear sin apuro el trago preparado con esmero o agasajar y lucirse con lo mejor, sobran.

“Desde chico, siempre, me interesó descubrir bebidas nuevas. Mezclar, investigar sobre sus orígenes”, dice Agustín Camps, gerente de Marketing de Nespresso. “El bar de mi casa es un lugar importante en relación a la cantidad de metros que tengo”, aclara, entre risas.  Camps ordena con criterio botellas, recetas y libros afines, cristalería y utensilios de coctelería. Su preferido, un single malt Lagavulin 16 años, de Escocia. “Es muy difícil de conseguir. Lo tomo cuando me quiero premiar, en un momento de relax el fin de semana o con amigos que puedan apreciarlo”, comenta. 

¿Cuáles son las bebidas que no pueden faltar en un bar? Sin un ápice de duda, en casi todos los casos, la lista comienza con una selección de maltas, gin y diferentes tipos de vodka, como los Absolut saborizados. Diego de Elizalde, socio y gerente de Sabbia Liquor Bar y de Godoy Restaurant & Cocktail Bar, agrega ron, tequila, cachaza, fernet, Campari, pisco y licores de diversos tipos, como el Amarula o el Cointreau. “Tampoco pueden faltar limón, aceitunas para los Martini, cerezas de maraschino para los Old Fashioned, menta para los Mojitos y los Mint Julep, limas para las Caipirinhas, azúcar y frutas para los Daiquiris y jugo de naranja o pomelo para otros cócteles. Además, tiene que haber claras de huevo para preparar los Pisco Sour”, apunta. Los utensilios: una coctelera, un mortero, un buen cuchillo y una tabla para cortar la fruta, una licuadora, un vaso mezclador y una cuchara de plata para refrescar. El bartender Tato Giovannoni cree que hay que desmitificar a la coctelería como algo complicado. Para él, un vaso de trago largo, un whisky y una copa de champagne son suficientes. “Si querés hacerte un poco más el sofisticado, podés tener una copa de Martini”, afirma.  

Un buen momento
“Antes de comer, tomo sin ningún problema un Jameson (whiskey) irlandés de triple destilación, porque es suave y abre lentamente las papilas gustativas para disfrutar después la comida y el vino”, explica Martín Galeazzi, gerente de Marketing de Amway, quien se acercó al mundo de las espirituosas a partir de los 30 años.

Después de la cena, Baileys, Zambuca, Lemonchelo, whisky de las islas o bourbon. En el bar de su casa, tiene whiskies de diferentes regiones. “Creo que no hay uno mejor que otro. Lo importante son las ocasiones. Y hay uno para cada una”, observa el ejecutivo.   Sergio Vekselman, director Regional para Latinoamérica Sur, Andina y Caribe de BMC, compra los productos cuando viaja, en los free-shops o en lugares recomendados. Se define como un “amante del champagne” y le gusta ofrecerles a sus invitados un Mojito Cubano durante una picada o con la entrada. 

Galeazzi y sus amigos inventaron hace ya algunos años un trago que, asegura, “le gusta a todo el mundo y es ideal como aperitivo”. Su receta, todavía, no tiene nombre e incluye vodka, gaseosa de lima limón, limón y azúcar. “Cuando voy a un bar, tengo que explicárselo al barman. Es muy fresco, muy rico y no te pega”, sostiene. “En mi casa, estoy preparado para hacer un Dry Martini, ideal para después de una semana dura de trabajo, para entendidos o para disfrutarlo solo; un Apple Martini, para cuando tengo invitados; o un Bellini, sobre todo, al atardecer, en verano. El fernet siempre es una buena opción para abrir un asado”, agrega Camps.

Pero no todo son momentos y buena voluntad. No, por lo menos, para el chef Hubert O’Farrell, dueño del restaurante que lleva su apellido. Así, un buen trago no sólo depende de la habilidad del barman, sino también de comprar el mejor gin para preparar el mejor Martini, o de hacer el jugo exprimido al instante, en lugar de usar jugo industrializado de bidón. “Cuando ofrecemos algo a nuestros invitados, hay que darles lo mejor. Si la receta de un trago pide especias, se debe tratar de usarlas recién tostadas y molidas. No se puede decir que un Bloody Mary es perfecto si no contiene pimienta fresca recién tostada y molida”, enfatiza. 

Roberto Faillace, gerente Comercial de Tres Blasones, explica que, a la hora de comprar, hay que tener en cuenta el origen: el whisky debe ser de Escocia, y el bourbon (whiskey), de los Estados Unidos. La cachaza, de Brasil. El cognac, de Francia. El ron, del Caribe. El vodka, de Rusia. El tequila, de México. Y el pisco, de Perú. “La Argentina tiene pocas bebidas propias porque el fernet, por ejemplo, es italiano”, aclara el ejecutivo de la empresa, importadora de destilados de alta gama. Un dato curioso: la Hesperidina, elaborada a base de cáscara de naranja amarga, tiene la marca número 1 en el Registro Nacional de Marcas y Patentes. Su lanzamiento en Buenos Aires, en 1864, se realizó con una campaña incógnita, en la que se pintaron las veredas de la ciudad con la leyenda “Se viene Hesperidina”. 

Ante tantas posibilidades, una opción segura es volver a las fuentes. “Lo clásico nunca falla. Siempre es bueno aportar nuevos sabores. Pero, para innovar, es fundamental conocer lo básico”, aconseja Giovannoni, quien, además, es asesor de bebidas y coctelería de Bar Isabel, en Palermo. A los ejecutivos, les recomienda que sigan yendo a los bares para actualizarse, preguntar y ver qué se está haciendo. 

Crecimiento y sofisticación
Los especialistas opinan que, en la Argentina, el consumo de otras bebidas, además de vino o cerveza, está en franco aumento. “El whisky y el vodka lideran el de-sarrollo, aunque también crecen otras categorías, como el ron, el gin e, incluso, el cognac”, comenta Faillace.

En el mercado local, el auge gastronómico de los últimos años estuvo acompañado por el desarrollo del vino, los licores y los destilados. “Antes, eran muy pocos los bares que tenían una carta de tragos y cócteles sofisticados. Hoy, vas a una barra y encontrás Cosmopolitan, Manhattan y Old Fashioned, es decir, tragos con mayor elaboración”, agrega. 

En el mundo, según Giovannoni, la tendencia son los remakes de tragos clásicos que, originalmente, eran mucho más alcohólicos y no tan refinados. Él mismo elaboró para Bodega El Esteco un Cobbler (un formato de coctelería de fines del siglo XVIII) con torrontés, pera, ananá, naranja, triple sec y azúcar.

Una barra en la oficina ya no es inusual. Aunque sólo se abra para celebrar el cierre de un negocio, un viernes a última hora o si hay que quedarse hasta muy tarde. Por otro lado, Sebastián Nazábal, Brand ambassador de Pernod Ricard, asegura que, poco a poco, las mujeres incursionan en las espirituosas. “Hoy, todavía ocurre que la mujer toma whisky en su casa y, cuando sale, pide un Cosmopolitan u otro cóctel. No pasa en otros mercados. Pero, por suerte, descubren que se trata de una bebida noble y amigable”. 

Ante la pregunta de cuál es la mejor forma de preparar o disfrutar los diferentes tragos y bebidas, la respuesta casi siempre es la misma: depende del momento y de la compañía. 



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