La voz de los expertos

El lanzamiento de la ISO 26.000, a fin de este año, fue una de las marcas registradas de 2010, que también promete dar que hablar el próximo año al igual que la cumbre Río + 20. El crecimiento de los primeros reportes, que alcanzó el récord a nivel mundial, fue otro de los hitos. En el plano local, la necesidad de información general sobre esta materia deja el paso a la transferencia de herramientas de gestión. Y, de manera lenta, el camino de la sustentabilidad se afianza. El año electoral también podrá deparar iniciativas regulatorias. 23 de Noviembre 2010

1| ¿Cómo calificaría al 2010 en materia de RSE, tanto en el plano local como internacional?

2| ¿Cómo vislumbra el escenario para el próximo año?

Sebastián Bigorito Director del Ceads
1 A nivel global, la cumbre de la United Nations Global Compact (UNGC) dio una clara señal del preponderante rol de esta iniciativa en los foros de cara a Río+20, siendo el interlocutor que otrora cubrieron otras agencias y programas dentro del sistema de Naciones Unidas, en la agenda de articulación público privada.

Por otra parte, la aprobación y publicación de la ISO 26.000 significa que existe, a partir de esto, una herramienta internacional sobre Responsabilidad Social (RS). Puede gustar o no, pero por legítima convención hoy está consensuado de qué hablamos cuando hablamos de RS.

En la agenda de Biodiversidad, se llegó en la reciente COP a un claro consenso con metas bien claras, a diferencia de la agenda climática, en la que todavía el descafeinado recuerdo de la COP 10 de Copenhagen difícilmente se compense en la COP 11 de Cancún.

En la esfera privada, el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) y la red de Consejos Empresarios estamos muy abocados al desarrollo de nuevas capacidades de advocacy y de herramientas que sean cada vez más familiares para el mundo corporativo. Se destaca el crecimiento de la Red Latinoamericana de Negocios Inclusivos que, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está dando pasos concretos en proyectos que parecen tener mayor escala que los usuales. Por otra parte, no ha sido menor el desarrollo de nuestra Visión 2050, en un momento donde mirar a largo plazo vuelve a ser imperioso.

En la agenda local, vemos un acompañamiento de estos procesos globales. En nuestro caso, el hecho de presentarnos en el Congreso Nacional y llevar a ese ámbito nuestra 11ª recopilación, como la introducción de la Visión 2050 ante el ámbito legislativo ha sido más que simbólico. Hemos tenido un récord de 62 buenas prácticas relevadas en 14 categorías, relacionadas a la sustentabilidad, que marcan una fotografía de que esta materia es cada vez más cíclica a la actividad empresarial y menos independiente de los negocios.

Nuestras capacitaciones 2010 superaron las expectativas en número y en calidad de asistentes. Esto nos obliga a repensar el 2011, mejorando las actividades de formación y menos de sensibilización, puesto que ya el nivel es muy parejo y la demanda es de implementación y no tanto de información. Todo esto cuaja con nuestro lema 2010 “personas - empresa - sector”.

2 En un año con alta actividad política, se escuchará mucho el término “Responsabilidad Social” o “desarrollo sustentable”, pero quizás no estemos todos hablando de lo mismo. Como organización de advocacy que somos, tenemos la obligación de trabajar, y de hecho lo estamos haciendo, con todos los sectores incluyendo el político, llevando claridad conceptual, haciendo escuchar la voz del empresariado en sustentabilidad y RSE.

Es probable algún reflejo en el parlamento de iniciativas relacionadas a la RS y RSE, que van del correcto abordaje de la promoción hasta el cuestionado enfoque regulatorio. La reacción en España respecto a la iniciativa Extremeña y el alineamiento con la Unión Europea, forjados por el ministro Ramón Jauregui, será una buena brújula.

Las actividades oficiales respecto de la ISO 26.000 generarán el primer núcleo duro de empresas, que sentarán jurisprudencia en el uso de la herramienta. El rol de IRAM en este desafío es primordial, como también lo es que los usuarios sepan que esta organización es el miembro local de ISO y se promueva el uso correcto de la norma.

Más me preocupa le nueva versión del GRI, que, por lo que pudimos ver en su proceso de consulta, está pegando un salto que puede ser muy alto y abrupto para países en desarrollo.

A nivel de la agenda internacional, será un año preparatorio para Río +20, donde está casi todo en blanco. Pero sabemos que será otro de esos hitos, que cada 10 años suelen golpean las agendas públicas y privadas. Una revaluación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio puede ser un catalizador de esta tendencia. En Ceads, le llamamos “Ruta a Río” y estamos ya en 2010 pensando en qué y cómo para el 2012. Lo que es seguro es dónde: Río de Janeiro.

Flavio Fuertes
Coordinador del Pacto Global en Argentina

Este año, la RSE ha vivido dos hechos trascendentales. El primero es, sin duda, la aprobación de la ISO 26000. Los objetivos primarios de la norma en estudio son hacer entendible qué es la Responsabilidad Social y cómo está relacionada con los diferentes tipos de organizaciones, especialmente con las pequeñas y medianas empresas. Entiendo que el principal aporte de la norma será poner fin a viejas discusiones semánticas (como qué entendemos por responsabilidad social), pero también permitirá esclarecer las materias fundamentales y temas relacionados con su forma de integración en la gestión de las organizaciones, entre otros aspectos.

El segundo hecho de importancia ha sido la celebración de la III Cumbre de Líderes del Pacto Mundial de Naciones Unidas, que reunió a más de 1.000 líderes empresariales con el Secretario General de la ONU, Ban ki-Moon. La cantidad de participantes fue un hecho importante, pero también los compromisos asumidos por Naciones Unidas y los empresarios del mundo. Ambos sectores expresaron su deseo y compromiso de que el Pacto Mundial se convierta en un movimiento realmente transformativo de las reglas de funcionamiento general de la economía global, con el reto de alcanzar los 20.000 participantes en el año 2020. Para la puesta en marcha de este nuevo modelo de liderazgo empresarial, los participantes de la Cumbre aprobaron la Declaración Empresarial de Nueva York, reconociendo que la recesión de 2009 ha probado que la necesidad de responsabilidad y liderazgo nunca han sido más grandes. Adicionalmente, la Cumbre permitió corroborar la vinculación creciente, pero cada vez más notable, entre responsabilidad social y desarrollo sostenible. Es probable, en consecuencia, que este año se haya producido un cambio en el cual la sostenibilidad será la palabra clave de los próximos años.

Ambos factores han comenzado a plasmarse en el plano local, aunque con menor intensidad. La ISO 26000 está concitando la atención de los grupos de interés de las empresas, pero también de las consultoras dispuestas a ofrecer servicios de apoyo. Sabemos que ISO ha aclarado que la norma no será certificable, pero esto no impide que la participación en algunas cadenas de valor globales haga exigible el "apego" a un proceso de estandarización de la responsabilidad social, tal como lo prevé la 26000.

El camino de la responsabilidad social hacia el desarrollo sostenible es aún menos intenso en Argentina pero ya existen señales. Algunas empresas han comenzado por cambiar el nombre de sus reportes y otras, las más avanzadas, han creado nuevas estructuras (o modificado las anteriores) bajo el nombre de "Desarrollo Sostenible", "Sustentabilidad Corporativa", aunque esto no significa que la mayoría haya entendido el significado del término.

En los primeros años del despertar de la Responsabilidad Social (RS), se generalizó la idea de que su carácter era y debería ser por siempre voluntari, y las empresas, a través de sus agremiaciones, estuvieron muy atentas a evitar que la responsabilidad social adquiriera algún atisbo de legalidad y sobre todo de obligatoriedad. Bajo la bandera de su carácter voluntario en el movimiento de RS, se pensó que cualquier cosa era válida: las empresas realizaban alguna acción o programa con sus grupos de interés, la calificaban como “buena práctica” y con ella se atendían los requerimientos de ser una empresa responsable.

Hoy en día, sin embargo, se puede registrar un interesante tránsito hacia la configuración de un inusual escenario de “control” del funcionamiento de las empresas, constituido por tres grandes fuerzas complementarias entre sí: la regulación por parte del Estado, la auto regulación de las empresas y el control social. Los estados han adoptado una actitud prudente frente a la RS: se han limitado a adelantar programas de invitación al ejercicio de la RS. Por su parte, el auto control o auto regulación de las empresas se ha manifestado en iniciativas sectoriales y de cadena de valor. Un sector de la producción concierta un código de comportamiento y lo convierte en referente global para todas las empresas de dicho sector de la industria. El control social es el ejercicio de responsabilidad desde los grupos de interés hacia las empresas. El control de la sociedad ha tomado, por lo pronto, un preocupante carácter confrontacional como boicots al consumo, la negación de licencias sociales de operación y los juicios populares a empresas. Todos estos factores de convergencia se verán acrecentados en los próximos años. Control que podría cambiar el curso de los acontecimientos hacia la sostenibilidad y el desarrollo humano.

Beatriz Balian de Tagtachian
Vicerrectora de Asuntos Académicos de la UCA

Crecimiento es la calificación para la RSE en el 2010. En realidad, debería decirse que esa característica le corresponde a la década. Los principios del Pacto Global enunciados por Naciones Unidas en el año 1999 han enmarcado institucionalmente las actividades que las empresas hacían por propia convicción.

El concepto de RSE puede considerarse ambiguo, multidimensional, integral y también dinámico. Ambiguo pues puede interpretarse de muy diferentes maneras o con distintos énfasis. Multidimensional, porque se refiere a varios aspectos. Realmente, son los principios del Pacto Global los que han uniformado las dimensiones a tratar. Son los Derechos Humanos, los laborales, la seguridad industrial, el cuidado del medio ambiente, así como la rectitud por oposición a la corrupción.

Puede ser caracterizado como integral, porque las diferentes dimensiones consideradas conjuntamente hacen alusión a una forma de comportamiento y también dinámico, en cuanto puede describirse en construcción, porque son las experiencias las que van orientando los temas a abarcar.

Además, en este período, fueron presentándose distintas herramientas metodológicas para el análisis de las empresas, cuyo marco deseable de comportamiento se resume con el vocablo sostenibilidad. En nuestro país, se multiplicaron las empresas que presentan, publican y/o realizan informes de sus actividades con muy diferentes formatos.

La RSE llegó para quedarse, por lo menos por un tiempo. A un concepto activo, se le suman diferentes tipos de medición que internacionalmente se respaldan desde 1999 en los Principios del Pacto Global y, desde el año 2010, en la ISO 26.000, Guía de Responsabilidad Social.

Después de cinco años de elaboración y consulta en las que han participado 91 países y distintas organizaciones, la ISO 26000, si bien fue muy discutida pues tuvo votos negativos y abstenciones, ha sido aprobada y presentada.

A los principios del Pacto Global, se han agregado otras dimensiones como los deberes de los consumidores y la participación comunitaria. Puede suponerse que en los próximos años los desafíos se focalizarán en encontrar formas más adecuadas de interrelación entre diferentes sectores: las empresas, las organizaciones de la sociedad civil y también el Estado. Posiblemente, se tratará no sólo de establecer lazos de cooperación, sino de obtener resultados en términos de organización y desarrollo humano.



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