"La viudez es políticamente un arma casi imbatible"

El escritor y analista internacional, Álvaro Vargas LLosa, asegura que la muerte de Néstor Kirchner dejó a Cristina más cerca de la reelección, pero advierte que sin el actual contexto de bonanza internacional, el país ya “habría estallado” en manos del kirchnerismo. 20 de Mayo 2011

Álvaro Vargas Llosa puede jactarse de conocer de cerca la problemática de América Latina. Aunque reside en Washington DC y se considera a sí mismo “un ciudadano del mundo”, el hijo del Premio Nóbel de Literatura 2010, Mario Vargas LLosa, hizo su propio camino en las letras con una abundante obra cruzada por la realidad regional. Escritor y ensayista, además de politólogo y periodista, Vargas Llosa posó su avezado ojo de analista internacional en la Argentina, a cinco meses de las elecciones presidenciales de octubre.

¿Cómo ve el actual escenario político en América Latina?
- Creo que existe un elemento muy perturbador, que es el buen contexto internacional que vive América Latina. Si no existiera ese contexto internacional y no hubiera ese elemento perturbador, muchos de los gobiernos que están haciendo las cosas que no deberían hacer ya habrían fracasado de una manera muy evidente para su pueblo. No digo que habrían desaparecido algunos gobernantes que están demasiado atornillados en el poder, quizá no, pero el ambiente interno sería para ellos doblemente difícil. Para los países que están haciendo las cosas bien, sería más fácil la diferenciación, sería más clara la frontera de los países que van camino al desarrollo de los que no.

El viento de cola sirve para disimular algunos pecados...
- Sí, lamentablemente ese factor perturbador ha disimulado, difuminado esa frontera. Hubo años, hasta antes de la crisis financiera de 2008, que se podía decir que en algunos países gobernados por el populismo la pobreza había caído a un ritmo semejante o, incluso, más acelerado que en los países que estaban haciendo las cosas bien. Por ejemplo, Venezuela, Bolivia, Ecuador. Desde luego, es un mecanismo temporal y todos sabemos que a un precio muy alto, que a corto plazo se va a revertir. Pero el ciudadano que ve cómo estaba su situación hace cinco o seis años y como está hoy..., es difícil convencerlo. Hay dos América Latina; una claramente enderazada, la otra no, pero como hay este elemento perturbador, esa diferenciación se hace difícil.

En ese grupo que integran Venezuela, Bolivia, Ecuador, ¿incluye a la Argentina?
- Yo creo que la Argentina está más en ese grupo que en el otro. No llega a estar cien por cien, porque todavía hay zonas de la economía donde la mentalidad moderna, el heroísmo cívico, la capacidad de sobrevivir a todos los obstáculos que le ponen es tan grande que es capaz de seguir tecnificándose, modernizándose. El campo es el gran ejemplo. Y luego también hay una clase media que, aunque golpeada y muy hostilizada por el régimen y sus políticas, tiene una mayor capacidad de resistencia que en otros países. Yo vengo a la Argentina desde comienzos del gobierno de los Kirchner, en 2003, y siempre pronostico que al año siguiente esto es insostenible y estalla. Y cada vez que vengo me dicen que están mejor y me preguntan, ¿cuándo va a estallar? Lógicamente, si no hubiera este contexto internacional, esto habría estallado hace mucho tiempo. 

¿Percibe algún cambio significativo en el país a partir de la muerte de Kirchner?
- Mi impresión ahora es que han seguido haciendo lo mismo sin el lastre tremendo que era el marido de la señora Kirchner. Es decir, con un rostro más amable, probablemente con una mayor empatía por obvias razones, la viudez políticamente es un arma casi imbatible, pero la estructura de poder es más o menos la misma. Lo que ha cambiado es que, precisamente por eso, hoy no es inconcebible que la señora de Kirchner gane las elecciones y las gane incluso en primera vuelta. Y si no las gana en primera vuelta es casi imposible que las pierda en segunda. Eso hace ocho o diez meses no se veía tan claro. Hay una empatía mucho mayor con ella desde el momento en que no está el marido que le puede facilitar la reelección.

¿Esa mayor sintonía con el electorado sólo la explica la muerte de Kirchner? ¿Qué rol le cabe a la oposición política?
- Tiene gran responsabilidad, no creo que sea el único factor. Yo entiendo que en un ambiente ejemplarmente democrático, que no sea de emergencia nacional, haya opciones diferenciadas en la oposición, eso es lo más democrático del mundo, si no fuera así algo estaría mal. Pero en un escenario como éste no se puede desalojar a una estructura de poder tan sofisticada y tan poderosa haciendo lo que están haciendo. Así divididos van al suicidio.

¿Es creíble una alianza opositora que tenga como único leit motiv ganarle al kirchnerismo?
- El problema es, ¿estamos discutiendo una política económica o estamos discutiendo una estructura de poder? Yo creo que es más una estructura de poder que una política económica. Y si eso es así, entonces el comportamiento de la oposición es facilitador de la labor del Gobierno.

¿El deterioro de la calidad institucional se ha profundizado?
- Es enorme. Es el gran problema que tienen. No es la política tributaria, la política tributaria es un horror, pero ése es un síntoma del problema. La causa es una cuestión de tipo institucional, hay una erosión, un deterioro institucional que hace que haya muy poca protección para los agentes económicos y para todos los demás frente a cada decisión que toma el Gobierno. En un escenario de mayor fortaleza institucional, muchas de estas cosas no se podrían hacer.

¿Como ampliar la presencia estatal en las empresas privadas donde el Estado tiene acciones a través de la Anses?
- Esto es una semiestatización usando unas formas bastante elaboradas. Capturar los ahorros del país para financiar un sistema que a pesar de los ingentes ingresos fiscales evidentemente no se puede financiar, porque si no, ¿para qué captura los ahorros del país? Y luego, a través de los ahorros del país, penetrar en el tejido empresarial que no es una función del Estado, cosa que hoy acepta la izquierda democrática latinoamericana en muchos países. Eso es algo que tiene que tener, además de un efecto económico, uno institucional porque, a menos que la Justicia fallara a favor de las empresas y las protegiera de esa intervención estatal, lo que queda demostrado es que las libertades individuales, tanto económicas como políticas, no son lo suficientemente sólidas como para poder defenderse ante un asalto de esta naturaleza.

Para muchos, también la libertad de expresión en la Argentina está en tela de juicio...
- Esto a la imagen de Argentina no le ha hecho bien. El día que Clarín salió con su portada en blanco, eso en el plano internacional es algo que le recuerda a la opinión pública al peor momento... Creo que de todas las cosas que se han hecho en el último par de años, que se han intensificado, quizá es la más peligrosa. Porque si tú tienes una semi intervención estatal pero tienes una prensa auténticamente libre es mucho menos grave que si tienes menos intervención estatal y no tienes libertad de expresión. Es así.

¿Cómo se ve al país cuando los analistas o inversores externos ponen el foco en la región?
- Casi no conozco una persona en el exterior que tenga un mínimo de información, incluido Washington, sobre América Latina que no sienta que la Argentina es un país que se está tercermundizando. Es un país que ha cedido el cetro que tuvo alguna vez en la región, que se ha contentado con una performance de segunda categoría y que está haciendo esfuerzos denodados para seguir allí e, incluso, para retroceder más. Cuando se habla de América Latina en Washington o en Madrid, lugares donde se pone un poco de atención porque hay países que están exhibiendo resultados, Chile, Brasil, Perú, salvo la última elección complicada, pero el país ha dado un gran despegue, la Argentina ya no figura en ese grupo. Cuando se habla de América Latina, la que está avanzando, cuando se dice que se redujo la pobreza de tanto a tanto, en Perú del 55 al 33%, ya no se menciona a la Argentina. 

En junio habrá ballottage en su país. ¿Quién garantiza la continuidad económica, Keiko Fujimori o Humala?
- En Perú pasó algo que por lo menos el 50% del país temía como el peor de los escenarios. Ahora a lo que apuntamos es a poner suficiente presión como para asegurar la continuidad del modelo. El modelo no es un modelo económico, combina un aspecto político y uno económico. Desde luego perfectible pero en el que no se puede retroceder lo que ya avanzamos. Entonces, estamos tratando de crear en torno a ese modelo unos candados que ya nadie pueda abrir, llegue quien llegue al gobierno. Una continuidad.



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