La soja y Brasil disparan un Plan B para la economía local

La soja y Brasil disparan un Plan B para la economía local

La crisis global genera nuevos desafíos. Los expertos proponen alternativas para atenuar el impacto del freno a la economía internacional. Qué se estudia en el Gobierno puertas adentro. Por qué analistas y empresarios coinciden en poner foco en la inflación, competitividad, subsidios y fuga de capitales. Las recetas en danza. 14 de Octubre 2011

Brasil ya no baila al mismo ritmo. La acumulación de stocks provocada por el freno de la demanda pegó directamente en la industria automotriz local, que exporta el 85% de sus vehículos hacia el país vecino.

Las exportaciones de vehículos restaron un 11,4% el mes pasado y la estimación de crecimiento del PBI verde amarelho se corrigió hacia abajo a un 3,5% para los funcionarios de la presidenta Dilma Rousseff y a un 3,4% para los industriales paulistas.

El impacto es directo: medio punto menos, son u$s 400 millones menos de exportaciones y menor actividad para la industria del “compre argentino” que se traduce directamente en anuncios de suspensiones de turnos en plantas locales.

Por otra parte, si bien el oro verde repuntó su cotización esta semana y tuvo el martes un alza del 5% en Chicago elevándose a u$s 454 la tonelada, entró en un terreno de alta volatilidad que -fondos especulativos mediante- continuará durante los próximos meses.


"Por encima de u$s 400 la tonelada de soja sigue siendo un muy buen precio para el campo, el problema es para el Estado que necesita muchos más recursos de los que obtenía vía retenciones", señala uno de los principales productores agropecuarios del país.


Los empresarios coinciden en que la crisis internacional, más allá de valles y picos, tiende a ser muy larga. Esto va a continuar el año que viene, ya que tanto en el caso norteamericano como en el europeo, se da una complejidad superlativa.

“Desde el punto de vista de los commodities, es posible que no se recuperen los picos”, señala Raúl Ochoa, especialista de comercio exterior de la Fundación Standard Bank. Y agrega: “Si es el mismo Gobierno el que resulta electo, deberá tomar acciones antes del 10 de diciembre porque la crisis está encima”.


El primer paso para Ochoa pasa por recuperar competitividad lo antes posible. “No nos podemos dar el lujo de seguir perdiendo oportunidades de negocios en productos industriales y agroindustriales, que agregan valor.

La inflación en dólares también disparó los costos y eso hay que corregirlo porque cuando tire menos el mercado interno, habrá que pelear más los mercados externos y nos va a encontrar muy mal ubicados”, destaca.


Para Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), “el problema de la inflación se va a agravar en la Argentina, si es que Brasil se estanca. Hoy se tolera porque aumenta el nivel de actividad y el empleo, pero con menos crecimiento se sienten más los aumentos y por eso creo que más que nunca es el tema que hay que atender”.

Incentivos para la industria
Por los pasillos del Coloquio de IDEA, en Mar del Plata, son varios los empresarios que coinciden: “Cuando se empieza a ver un freno en Brasil, eso tarde o temprano tiene impacto porque la Argentina trabaja para esas mismas empresas que toman decisiones a nivel Mercosur", dispara un ejecutivo de alto perfil en sus actividades y bajo perfil en sus palabras. "De ahí que necesitamos mayores incentivos para la industria", receta el mismo big fish del mundo de los negocios.


La visión de los analistas está en línea. "Hay que hacer una política progresiva de actualización de tarifas porque no se pueden tener casi u$s 17.000 millones en subsidios. Buena parte de ese monto va a tener que volcarse a los incentivos para poder producir y exportar de forma competitiva", señala Ochoa.


Por su parte, Camilo Tiscornia, director de Tiscornia & Asociados, considera que “hay que acelerar los tiempos. Alta inflación con un tipo de cambio que se mueve poco es insostenible en el tiempo”.

Para el analista, después de las elecciones presidenciales del 23 de octubre se pueden dar dos escenarios por parte del Gobierno: "Corregir los desequilibrios o más de lo mismo, redoblando la apuesta. Hoy existe menos margen fiscal y por ello no creo que haya que hacer más de lo mismo como en 2009”, sostiene.

El Gobierno alerta
Lo cierto es que la idea de un Plan B empieza a aparecer no sólo entre los empresarios y economistas, sino también dentro de las huestes del propio Gobierno.

Aunque no lo admiten oficialmente y mientras llueve la lista de candidatos a potenciales ministros de Economía, el debate interno en Balcarce 50 gira en torno a varios caminos: política financiera -si colocar o no deuda en el exterior, dada la impronta política que se le dio en los últimos años al tema-, aumentar tarifas preservando sectores de ingresos medios y bajos recursos, intentar cambios en la política fiscal para frenar la baja de algunos tributos, y analizar el comportamiento post elecciones en torno a los dólares, tanto a nivel cotización como resguardo de capitales.


Además, comienza a haber debates sobre cuáles deben ser los incentivos para mantener los niveles de consumo interno, uno de los pilares del modelo local. "Te mentiría si te dijera que no estamos viendo la película. Hoy sabemos lo que pasa en el mundo y sobre todo en Brasil, pero no nos preocupamos, sino que nos ocupamos", dispara con su tono habitual un funcionario de la cartera económica.

Y agrega: "Durante los últimos años nos cansamos de leer pronósticos agoreros sobre la economía, pero finalmente comprobamos que esos pronósticos no coincidían con la realidad que finalmente atravesamos".


Más allá del debate de las proyecciones de corto y de largo plazo, los economistas insisten en que es momento de aprovechar la primavera local para evitar un futuro invierno.


Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, sostiene que “hay que tener un Estado que ahorre más para estar más fuerte cuando llegue la crisis y genere espaldas para sostener el gasto. Hay que empezar a hacer bien las cosas desde el punto de vista fiscal, porque hoy tenemos un Estado que se gasta todo".

¿Cuál es su receta, entoces? “Preservar las reservas del Banco Central para dejar de financiar la demanda interna, volver competitivas las exportaciones y rever el tema de los subsidios”.

Ortodoxos vs. heterodoxos
La utilización de la reservas es uno de los temas que mayor debate genera entre los economistas ortodoxos y los heterodoxos. Depende del traje que se calcen, los primeros están convencidos de que el Plan B para la Argentina sería una menor intervención del Estado y una reducción del gasto.


En cambio, los segundos insisten con una mayor intervención y un mayor flujo de fondos destinados al consumo interno. Tiscornia está convencido de que “la suba de precios tiene mucho que ver con una política fiscal y monetaria desenfrenada. En los últimos tres años, el Gobierno dilapidó el superávit que tenía en 2008.Y además, esto repotenciado por el hecho de que se han ido financiando cada vez más en base al Banco Central implica que hoy tenés una política fiscal expansiva financiada con una política monetaria expansiva”.


Maximiliano Castillo Carrillo, director de ACM Consultores, opina que "la ventaja de la Argentina es que los bienes que produce son menos sensibles a la variación de la actividad. Si se desacelera el crecimiento en China, los chinos no va a dejar de comer. Con Brasil la situación es distinta porque nuestras exportaciones se concentran en autos".


No obstante, cree que la disyuntiva frente al nuevo escenario global se da porque "el Gobierno no puede ser contracíclico. No tiene disponibles los instrumentos que utilizó en exceso en el pasado. Hay que trabajar en profundidad para reducir la salida de capitales y la incertidumbre. Debe ser un objetivo primordial".


En el mismo sentido, opina el director financiero de una multinacional con filial en la Argentina. "Creo que la salida de capitales es un problema, pero lo que más le preocupa a nuestra matriz es si habrá nuevas medidas o cambios sustanciales respecto del dólar". desliza.


Desde el Gobierno, en tanto, ya han afirmado en sucesivas oportunidades que no prevén modificaciones en el tipo de cambio y que se intervendrá todo lo que sea necesario para evitar un dólar volátil.


Así las cosas, el nuevo escenario de la cada vez más compleja aldea global lleva a que Gobierno, analistas, empresarios y sindicalistas empiecen a analizar sus respectivos planes B para 2012.


Las recetas varían según los interlocutores. "Si queremos ser competitivos no quedará otra que normalizar los índices de inflación y generar un acuerdo en el que empresarios, sindicatos y Gobierno nos pongamos de acuerdo", sostenía ayer otro ejecutivo argentino que asistió al Coloquio de Mar del Plata.

El mismo CEO de una alimenticia local agregaba: "Siento un deja vú. En cualquier momento vuelve la idea de generar una mesa de diálogo y un nuevo pacto social. Hasta fines de octubre la crisis global no existirá localmente".

Inclusive hay quien recuerda en estos días la famosa frase de campaña que llevó a Bill Clinton a la Casa Blanca: "Es la economía, estúpido".

Investigación: Jorgelina do Rosario



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