La rueda de la vida

La rueda de la vida

Michel Rollier, presidente de Michelin, anunció que abandonará la conducción de la empresa que su familia fundó hace 122 años. Qué legado quiere dejar el ejecutivo mejor pago de Francia. APERTURA dialogó con él. 29 de Julio 2011
Con una compensación de 4,5 millones de euros el año pasado, Michel Rollier, socio director General de Michelin, es el ejecutivo mejor pago de Francia, según el diario Les Echos. Pelo cano, cuidadamente despeinado. Ojos celestes, de mirada inescrutable. Fornido, con buche prominente –si de estereotipar se trata, rasgo francés de pura cepa–, sube, a paso firme, los peldaños del escenario. Arriba, lo esperan sus espadas, Didier Miraton y Jean-Dominique Senard, “El Elegido”.

Por cuestiones de seguridad, pocas veces se muestran los tres juntos. De hecho, siempre viajan en aviones distintos, para evitar el vacío de poder que, en la compañía, generaría un accidente. Pero es una ocasión especial: la inauguración del Challenge Bibendum, evento que Michelin organiza para exponer los avances de la industria automotriz en materia de movilidad sustentable. Hay periodistas de todos los continentes, entre ellos, este enviado de APERTURA. Y la expectativa ambienta el auditorio principal montado en Tempelhof, histórico aeropuerto de Berlín, cuyas instalaciones, fuera de operación hace ya cinco años, albergan la muestra. Todos saben que será una de las últimas apariciones del sexagenario manager –cumplirá 67 años en septiembre– como número uno de una compañía que factura 17.900 millones de euros anuales (dato de 2010) y emplea a 110.000 personas en 170 países. Pero ninguno de los presentes tiene certeza acerca de cuál será la final.

Pese a pertenecer al clan –además de primo, su padre fue la mano derecha de François Michelin, nieto del fundador, durante 25 de los 47 años que presidió la empresa–, Rollier recién ingresó a la compañía en 1996, como director Jurídico y de Operaciones Financieras. Antes, trabajó más de dos décadas en la papelera Aussedat-Rey, fundada por otros antepasados suyos en el siglo XVIII y comprada en 1989 por el grupo International Paper. En 2005, se le encomendó la co-gestión del fabricante de neumáticos. Basada en Clermont-Ferrand, localidad de la región centro de Francia, Michelin tiene una compleja conducción colegiada, basada en una intrincada estructura accionaria que la mantiene a salvo de adquisiciones hostiles. Así, Rollier completó un triunvirato con Édouard Michelin –hijo de François– y René Zingraff, gerente General desde 1986.

Zingraff se jubiló a inicios de 2006. A los pocos meses, la tragedia. El 26 de mayo, Michelin, de 43 años, murió ahogado, después de que su yate naufragó en el Océano Atlántico. Desde entonces, experimentó la soledad del trono.

Pragmático, un perfil publicado por la edición francesa de la revista Capital lo definió como “un ermitaño de oficina”. Poco amigo de la tecnología, sus mejores herramientas, dice, son un bolígrafo de un euro y un block de notas. Tomó una compañía que, con 16.400 millones de euros de facturación anual, veía desplomarse sus beneficios: al cabo de su primer balance al frente, un 35,5 por ciento, a 573 millones. Cuatro años después, registró un crecimiento anual de ventas del 20,8 por ciento, a 17.891 millones de euros, y una ganancia record: 1049 millones, contra 104 millones de 2009.

En febrero pasado, el “Patrón de Michelin” (copyright de Capital) sorprendió. Su mandato, formalmente, finalizaba cuando tuviera 72 años. Anunció que no lo cumplirá. Comunicó que el Consejo de Supervisión, responsable de las designaciones ejecutivas, propondría a Senard –58 años, fichado como CFO en 2005, tras carrera en Total, Saint-Gobain y Pechiney– para que la junta de accionistas –máxima autoridad de la empresa– lo ungiera su sucesor. 

Será la primera vez que Michelin, fundada en 1889, será conducida por alguien sin lazos con la familia. Aún cuando Pierre Michelin –otro hijo del octogenario y aún vivo François– integre el directorio de la compañía, en la que también trabajan Philippe y Paul, hermanos de Rollier.

La reinvención del círculo 
Las luces se apagan. Sólo quedan encendidos los focos, apuntados al escenario. Se sabe: a rey muerto, rey puesto. Por eso, Rollier aún se reserva in péctore la fecha de su retiro. Será, dijo, una vez que el proceso de traspaso esté completo. Sigue al mando. Lo hace notar. El triunvirato está sentado. Pero es Rollier quien conduce la conferencia, con soltura de animador de TV. Asume cada pregunta. No esquiva respuestas. Sólo cede la palabra a los otros triunviros ante consultas específicas.

“En este evento, presentamos toda una generación de nuevos neumáticos”, rompe el hielo. En 2010, el mundo superó los 750 millones de vehículos, puntualiza. Para 2040, serán 1500 millones, agrega. “No sabemos qué materiales usar para soportar el costo de abastecer ese crecimiento”, continúa. “Por eso, debemos movernos hacia delante”, dice. “Trabajamos para no depender exclusivamente del caucho natural. Esa es la clave para el futuro de Michelin”, proclama.

El 99 por ciento de los ingresos de la compañía proviene de la venta de neumáticos, 176 millones fabricados, en 18 países, el último año. Habilitado por su todavía jefe, toma la voz el futuro CEO. “Nuestro insumo principal, el caucho, está en precios altos. Y, en los próximos años, habrá escasez, calculada en un 40 por ciento”, explica Senard. Por estos días, el kilo de caucho natural promedia los US$ 5. Tres años atrás, cotizó US$ 1,60. “Podemos reemplazarlo con productos petroquímicos. Pero, en ese caso, nos afectarán los precios del petróleo”, apunta.

Los franceses juegan al misterio. No develan cuál puede ser el material sustituto. Sí, en cambio, ofrecen destellos, faros para iluminar qué camino tomarán. A corto plazo, entre abril y este mes, Michelin aumentó entre 5 y 7 por ciento –según producto y segmento– los precios de sus neumáticos en Europa. Estos retoques apuntan a cubrir, al menos, 300 millones de los 1800 millones de euros adicionales que, prevé la compañía, este año demandará la compra de materias primas por las subas de valor de sus insumos básicos. A mediano, trabaja en “reinventar la rueda”: neumáticos con nuevos tamaños para optimizar performance, innovaciones tecnológicas y, a más largo aliento, reducción de la masa de la cubierta. La meta, dicen, es lograr un ajuste de volumen de 5/10 por ciento cada cinco o 10 años.

Definido el qué, Rollier anticipa el cómo. “Invertiremos fuertemente en incrementar la capacidad de nuestras fábricas. En Europa, tendremos plantas más grandes”, cuenta. Pero su gran apuesta no es el Viejo Continente. “De los 1600 millones de euros que desembolsaremos este año, destinaremos el 50 por ciento a los mercados emergentes”, precisa. Dispuso 800 millones para construir nuevas fábricas en China. También confía en la India. Y, en América del Sur, pronuncia esperanza en portugués. Michelin ya tiene tres fábricas en Brasil y, actualmente, levanta una cuarta, que producirá neumáticos para autos y comenzará a operar en 2013. El objetivo es triplicar sus actuales volúmenes en la región (ver aparte). El desembolso ascenderá a 300 millones de euros, adicionales a US$ 200 millones que la compañía ya invirtió para desarrollar una planta de cubiertas para minería y obras civiles en ese país.

“Última pregunta”, advierte Rollier, al cabo de 45 minutos. Ya había cruzado mandobles con periodistas franceses, alemanes, ingleses, estadounidenses, indios, holandeses y un perseverante turco. Las luces del auditorio vuelven a brillar. Las pantallas de LED ya no muestran su rostro, sino el afiche del evento. El murmullo invade el lugar. Rollier inicia su descenso. No lo completa: todavía parado en la escalera, un ramillete de cámaras, micrófonos y grabadores –entre ellos, el del insistente turco– lo envuelve. “¿Focalizarán las inversiones sudamericanas en Brasil?”, le pregunta el cronista de APERTURA, capitalizando una pausa. “Sí, sí. Actualmente, tenemos importantes proyectos allí”, contesta. Lee “Argentina” en la credencial. “Estamos muy orgullosos de lo que estamos haciendo en su país. Es un mercado muy importante para no-sotros. Pero está pegado a Brasil. Y su volumen de negocio, por escala, no justifica construir una fábrica, teniendo un centro proveedor tan cercano”, amplía.

–En las últimas semanas, hubo tensiones comerciales entre ambos países, que frenaron el intercambio.
–Efectivamente. Estamos al tanto. Pero lo manejaremos. Ambos son mercados clave y muy competitivos.

Aprovecha la pausa para despedirse. Inicia su marcha hacia la salida. La real y la simbólica. Su meta es que Michelin –que proyecta un crecimiento, en volúmenes, de 6,5 por ciento este año– avance un 25 por ciento en cantidades hacia 2015 y un 50 por ciento, en 2020. Sueña con que su legado sea una empresa que, para entonces, exceda los 2000 millones de euros de resultado operativo. Él cerrará un ciclo: el de la familia al volante. La compañía habrá iniciado otro: el de la reinvención de la rueda.



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