La reinvención de las oficinas

La reinvención de las oficinas

Se los llama “tercer espacio”. Tienen la comodidad del hogar, los servicios de una empresa y un estilo flexible. Las ofertas. 27 de Mayo 2010
Ignacio Roizman (34) madruga para hablar con un cliente brasileño. Cuelga su iPhone y horas más tarde hace un llamado a Colombia y luego a Nueva York. Pero su oficina, que alquiló por dos meses, está instalada en un centro de trabajo urbano ubicado en Palermo Soho. Roizman viajó a la Argentina en 2009, después de 10 años de vivir en Miami, para abrir la operación local de Jumba Media Group, brazo de Digital Performance Marketing de la estadounidense US Media Consulting Group. Su plan era instalar una oficina que le permitiera atender a clientes de España, América latina y los Estados Unidos. “Replicamos este modelo en distintos países. Buscamos crecer sin una estructura formal hasta tener un sistema de operaciones más grande”, explica el managing partner, que planea quedarse en la Argentina dos años más. 

Como Roizman, son 1,2 millón los argentinos que trabajan de forma móvil, según datos de 2009 de la consultora Carrier y Asociados. La modalidad implica cualquier trabajo que se haga fuera de la empresa, sea en la casa propia o en un bar. Sin embargo, la mayoría de ellos no garantizan un entorno agradable ni buenas instalaciones. Por eso, para responder a las necesidades de los nómades digitales, se creó un “tercer espacio”: lugares que combinan las comodidades del hogar con las instalaciones de la oficina, y que suman el condimento del networking. Son flexibles y descontracturados, tanto por la posibilidad de alquilar los espacios de trabajo por horas, días, semanas o meses, como por la de poder trabajar en bermudas y ojotas.

“Cada vez hay más gente que quiere desvincularse de la estructura fija y que se inclina por un trabajo más flexible”, sostiene Martin Frankel, socio Gerente de areatres workplace. El estadounidense ideó este espacio, situado en Palermo, junto a Sergio Cantarovici, director de Manifesto, una empresa especializada en diseño de mobiliario; y Leonardo Militello, del estudio de arquitectura hm.a (Hitzig-Militello arquitectos). Con valores que van de los $ 80 por día a los $ 4100 por mes, el lugar posee desde oficinas privadas, escritorios individuales y salas de reunión para ocho personas, hasta un espacio abierto para quienes quieran estar en contacto con otros trabajadores. Desde su apertura en 2009, tras una inversión inicial de $ 300.000, la empresa creció hasta alcanzar el 80 por ciento de ocupación actual y planea facturar          $ 75.000 mensuales este año. “En 2010 queremos abrir un nuevo centro de trabajo en el distrito tecnológico de Parque Patricios”, anticipa Frankel.

Además, el estadounidense pone especial énfasis en la posibilidad de establecer contactos entre los usuarios, muchos de ellos locales pero también provenientes de otros países. Tal es el caso de Hilary Strong (35), una inglesa que llegó a la Argentina hace dos años para abrir The Brand Bean, una consultora de Marketing. “Trabajé un año desde mi casa y desde bares pero me faltaba la sensación de estar yendo al trabajo”, expresa la directora, que hace ocho meses alquila una oficina en areatres. Tras 12 años de experiencia “presencial” en Unilever, donde llegó a directora Global para la marca Knorr,  la ejecutiva abrió su propia consultora, desde la que ya desarrolló trabajos para 13 clientes locales y de su país de origen.
 
Más opciones
A pocas cuadras de areatres se ubica Urban Station, una “estación de trabajo urbano”, según la definen los cinco socios que dieron origen al proyecto en diciembre de 2009. Florencia Faivich fue el puente entre Marcelo Cora y Claudio Bisurgi, que no querían “saber nada más con estar encerrados en una oficina”, y los diseñadores Gonzalo Lamas y Juan Pablo Russo. Con mesas, livings y un coffee break incluido (a un precio promocional de $ 15 la primera hora), el espacio es la “evolución de un bar”, definen. “Tiene las mismas comodidades pero no cuenta con las limitaciones del ruido o de que alguien te tenga que cuidar la computadora cuando vas al baño”, explica Faivich. En general, la mayoría de los clientes se instalan entre una hora y media y dos horas, seguidos de aquellos que pasan más de cinco horas. Urban Station, que tiene capacidad para 70 personas, cuenta con más de 300 trabajadores registrados, con una ocupación del 60 por ciento. A pocos meses de desembolsar los US$ 200.000 iniciales, los socios adelantan los planes de apertura de cinco sucursales más. “El objetivo es consolidar una red a nivel país y desarrollar franquicias”, dice Cora.

Además de estos dos espacios, existen otros que mantienen un perfil más bajo. Es el caso de Cowork Central, que instaló el concepto del co-trabajo (como su nombre en inglés lo indica) a principios de 2007. Su fundador, Fernando Maclen, tomó la idea de una página web belga mientras estudiaba diseño. Cansado de trabajar en su cuarto, el joven de 23 años decidió invertir $ 30.000 para instalar su propio “centro” en Balvanera. Hoy, factura $ 10.000 mensuales. La modalidad de los “tercer espacio” está cada vez más formalizada, a tal punto que hasta las compañías empiezan a cerrar sus acuerdos. Visa, Club Nextel y DirecTV, por caso, son clientes de Urban Station. María Inés Calvo (34), gerente de Recursos Humanos de Cisco para el Cono Sur, destaca: “En tu casa terminás trabajando el doble, porque no tenés las interrupciones de los llamados telefónicos ni de las reuniones”. Calvo, trabajadora móvil desde hace tres años, pasa entre una y dos veces a la semana fuera de la oficina. “Cuando te acostumbrás no lo cambias más”, cuenta la ejecutiva, que ingresó a Cisco decidida a sumarse al grupo de los mobile workers.
 



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