La primera mujer que puede gobernar Brasil

La primera mujer que puede gobernar Brasil

Ex guerrillera y dueña de un carácter explosivo, Rousseff gana terreno en los sondeos con vistas a las elecciones presidenciales brasileñas, previstas para octubre. Por qué Lula la eligió para sucederlo. Los secretos del marketing para cambiar su imagen. 12 de Marzo 2010

Es conocida por su carácter autoritario, duro, explosivo. Pero son estas características las que moldearon a Dilma Vana Rousseff, candidata para las elecciones presidenciales de Brasil por el Partido de los Trabajadores (PT), como una mujer luchadora. En pocos años, no sólo se transformó en la mano derecha del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, sino que también se ganó su plena confianza. Por eso, el brasileño la eligió para que en octubre de este año presente batalla para sucederlo en el sillón principal del Palacio del Planalto.

Rousseff promete dar continuidad a la gestión de Lula, una tarea poco sencilla tratándose del mandatario que se consagró como personaje internacional indiscutido de 2009 y concretó la ambición de Brasil de convertirse en global player. Más bien, es todo un desafío para esta economista de 62 años, cuya candidatura surgió como resultado de un escenario con pocas opciones.

La notable falta de candidatos se disparó con la crisis que sufrió Brasil en 2005 por escándalos políticos en distintas esferas del poder, que barrió con los preferidos del mandatario brasileño. Así, el rechazo de la población enterró a mitad de camino tanto las aspiraciones presidenciales del entonces ministro de Economía, Antonio Palocci, como las del senador oficialista Aloizio Mercadante. Sin embargo, uno de esos escándalos se transformó en una gran oportunidad para Rousseff, quien en junio de 2005 reemplazó en el Ministerio de la Casa Civil a José Dirceu, obligado a renunciar luego de verse envuelto en denuncias de corrupción. Desde ese instante, Rousseff se convirtió en la mano derecha de Lula, y más tarde, en su única heredera política.

En el contenido y no en la forma se basa la candidatura de la actual ministra. "Lula siempre dice "Dilma no me trae problemas, me trae soluciones’. A Lula eso le gusta mucho, y luego de los escándalos de corrupción, era importante tener una persona que sólo quería hacer cosas, alejada de la vida partidaria", explica Thomas Traumann, director General de la consultora Llorente & Cuenca en Brasil. Sin una gran trayectoria política que la respalde, Rousseff es reconocida por su nivel técnico, competencia y ejecutividad. Como ministra de la Casa Civil -una figura similar a la de jefe de Gabinete en la Argentina-, mueve los hilos de las principales políticas de gobierno.

El jefe de estado brasileño vio en ella una gran capacidad, y la nombró ministra de Energía en 2003, cuando arrancó su militancia en el PT. Sin embargo, no es en su carrera más reciente donde se centra la atención de los medios internacionales. Durante la dictadura militar de mediados de los "80, Rousseff integró dos organizaciones armadas clandestinas: el Comando de Liberación Nacional (Colina) y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR Palmares). Su pasado guerrillero es lo que preocupa a ciertos sectores de la derecha brasileña, que presumen que de triunfar podría darle al gobierno un giro a la izquierda. "Ella empezó su carrera política cuando era un estudiante en la lucha armada, en la extrema izquierda brasileña. Después fue presa, sufrió el proceso militar, salió de prisión y cuando regresó a la política, lo hizo a través del Partido Democrático Laborista (PDT), dirigido entonces por Leonel Brizola", precisa Ricardo Antunes, experto de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). De la mano de ese partido fue que la economista se desempeñó como Secretaria de Energía del estado Rio Grande do Sul, entre 1991 y 1999, bajo los gobernadores Alceu Collares y Olivio Dutra. Para Antunes, su primera fase de guerrillera "es cosa del pasado", y no cree que se pueda hablar de un cambio ideológico. Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, amplía: "La experiencia de Uruguay hasta ahora muestra que, si bien (José) Mujica es el ala izquierda del Frente Amplio respecto a Tabaré Vásquez, una vez en el gobierno mantiene su línea económica de moderación. Creo que en Brasil sucederá lo mismo con Rousseff".

Las últimas posiciones

Más allá del debate sobre sus orígenes militantes, los especialistas consultados por We concuerdan en que la principal carencia de la candidata coincide con la característica que más define a Lula: el carisma. Hija de la brasileña Dilma Silva y del empresario búlgaro Pedro Rousseff, pronto se ganó la fama de "dama de hierro" de la política de Brasil. Los que la conocen la definen como una mujer muy explosiva, autoritaria y áspera en el trato con la gente.

Tiene otro problema: su bajo perfil. Aunque en el último año se ha mostrado en público junto a Lula cada vez que tuvo ocasión, gran parte de la población brasileña sólo la conoce a grandes rasgos. "No habla nada. Llega, sonríe, dice una media docena de cosas y punto. La gente no tiene la más mínima idea de cuál es su programa", dice Alexandre Barros, presidente de la consultora política Early Warning, en Brasilia.

Por eso, la lucha para llegar al poder será difícil. Enfrente tiene al opositor José Serra, actual gobernador de Sao Paulo, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con reales posibilidades de llegar al Planalto. Con todo, y aunque arrancó en desventaja, la última encuesta de DataFolha muestra a Rousseff en ascenso y "casi en un empate técnico” con Serra. Para Barros, ese sondeo tiene otro dato "alarmante" para la oposición: "el 67% de los encuestados que dijeron que iban a votar a Serra creen que el gobierno de Lula fue bueno. Eso indica que esa gente no está muy segura de que va a votar a Serra, y son potenciales electores".

Si bien Serra todavía no anunció de forma ofical su candidatura, legalmente la campaña presidencial se lanzará en julio, luego de la Copa del Mundo. Pero la fecha límite se acerca para los candidatos: el 2 de abril, cualquier postulante deberá renunciar a su actual cargo. Cada vez falta menos tiempo para que se lancen los primeros embates políticos.



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