La presidenta brasilera Roussef le escapa a la sombra de Lula

Su primera victoria la muestra como una dura negociadora, pero ¿es lo suficientemente firme como para domar la inflación? 05 de Abril 2011

Por Harry Maurer

Ha sido un buen comienzo para Dilma Roussef. La presidenta de Brasil, que asumió el 1° de enero, salió de la sombra de su predecesor y mentor lleno de vida, Luiz Inácio Lula da Silva, y estableció su propia identidad como una negociadora inflexible. En febrero, taladró a través del Congreso un salario mínimo muy por debajo del monto demandado por los sindicatos que constituyen la base de su Partido de los Trabajadores. Luego el gobierno le hizo un guiño a los mercados al prometer que bajaría el presupuesto de este año. Durante la visita del presidente Barack Obama, le pidió sin rodeos una relación comercial más balanceada con los Estados Unidos.

“La gente está conforme”, dice Robson Barreto, un abogado corporativo que lidera el capítulo de Río de Janeiro de la American Chamber of Commerce para Brasil. “Está tomando sus propias decisiones y no son necesariamente las que Lula hubiera tomado”. En una encuesta de Datafolha divulgada el 21 de marzo pasado, Rousseff tenía un rating de aprobación del 47 por ciento, más alto que el de Lula luego de tres meses en la posición.

Pero los brasileros también están inquietos por lo caro que se está volviendo su mercado emergente. Rousseff heredó una economía recalentada en parte por el esfuerzo de Lula de que ella sea elegida. El gasto federal explotó en 2010. En febrero, la inflación alcanzó su tasa más alta -6 por ciento- desde noviembre de 2008. Los consumidores están sintiendo la estrechez. “Mi factura de comida se hace más grande mes a mes”, dice Alexandra Camargo, una peluquera de 26 años, mientras compra en una tienda de C&A Group en Copacabana. “Los servicios están más caros. Solo compro lo que es estrictamente necesario y pago en cuotas”, dice. Hace un año, el Banco Central subió la tasa de referencia de 8,75 por ciento a 11,75 por ciento. Los economistas esperan otra suba de medio punto en abril.

Con un recorte de gastos imperativo, la nueva Presidenta demandó que su coalición apoye una fórmula que aumente el salario mínimo un 6,8 por ciento, a US$ 324 mensuales, aunque los sindicatos pedían US$ 360. Fue una pelea crucial porque las pensiones están ligadas a los niveles de salarios mínimos. La ley fue aprobada por mayoría, a pesar del disgusto de los sindicatos. “Fue un desastre”, dice Ricardo Patah, presidente de la Unión General de Trabajadores con 6 millones de miembros. “Con Lula era diferente. Él nos escuchaba”.

Apenas fue una victoria completa para los halcones fiscales. Bajo esta fórmula, el salario podría crecer 13 por ciento en 2012. El anuncio reciente de 50.700 millones de reales (US$ 30.500 millones) en recortes presupuestarios fue socavado días después cuando Rousseff anunció un aumento de 2200 millones de reales en el programa social “Bolsa Familia”. El Tesoro también dijo que pediría prestado 55.100 millones de reales para otorgar préstamos a tasas fuertemente subsidiadas al banco de desarrollo nacional, que a cambio prestará el dinero para proyectos de infraestructura. “El recorte presupuestario es positivo”, dice Felipe Salto, analista de Tendencias Consultoria Integrada en San Pablo. “Pero el argumento del gobierno de que los créditos bancarios baratos no presionarán sobre la inflación es incorrecto en el corto plazo”, añade.

El real en aumento es otro problema. Los inversores piden prestado barato en Japón y los Estados Unidos e invierten el dinero en Brasil, cuyas tasas pagan más. El real se apreció un 8,5 por ciento contra el dólar en el último año y 4,2 por ciento contra el yuan, aumentando el costo de las exportaciones y exponiendo a la industria a importaciones más baratas. Los analistas encuestados por el Banco Central predicen un crecimiento de 4 por ciento para este año, versus 7,5 por ciento en 2010.

Algunos inversores sospechan que el nuevo director del Banco Central, Alexandre Tombini, podría ser más suave con la inflación que su predecesor, Henrique Meirelles (los managers de fondos lo apodaron Pombini, un juego de palabras en portugués relacionado con la palabra paloma). En los minutos de su reunión de marzo, la junta de política del banco insinuó que el nuevo aumento en la tasa podría ser el último por ahora. Newton Rosa, economista Jefe de SulAmérica Investimentos en San Pablo, llamó a los reportes “extremadamente pesimistas”. Para contener el real y enfriar el crecimiento del crédito, el Banco Central dijo que podría apoyarse más en mayores impuestos sobre los flujos de capitales y aumentar los requerimientos de reservas de los bancos.

Rousseff también necesita lidiar con la infraestructura primitiva, un sistema impositivo arcano y gravoso, educación pública pobre, inversión privada insuficiente y una burocracia tan enredada que el país ranquea en el puesto 127 de la encuesta del Banco Mundial que mide la facilidad para hacer negocios. Ella ha indicado que la modesta reforma impositiva podría ser su primer esfuerzo para arreglar los problemas que vienen de largo. Ella es una jugadora experimentada que actuó como ministra de Energía de Lula y jefe de Gabinete. “Su ventaja es que ya tiene el gobierno entero en su cabeza”, dice el ministro de Comunicaciones Paulo Bernardo. “Sabe más de gobernar que Lula cuando asumió en el poder”. Lo que todavía queda por ver es el alcance de sus aspiraciones y capacidades políticas.

The bottom line: las primeras victorias de la presidenta brasileña Dilma Rousseff contra el exceso de gastos podrían ser fugaces a menos que se resista a las iniciativas que minan el presupuesto.

Con Iuri Dantas, Adriana Brasileiro y Eric Martin. Maurer es editor de Bloomberg News en Rio de Janeiro.



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