"La política de expropiación de empresas trae descrédito a la región"

El ex presidente de Chile, Eduardo Frei, destaca el valor del diálogo democrático y advierte sobre los peligros de la ola reeleccionista en América Latina. Cuestiona la eficacia del Mercosur como instancia de integración y pide mayor voluntad política para llevar adelante ese proceso. 13 de Diciembre 2010

Eduardo Frei fue candidato en las elecciones presidenciales de 2009 para suceder a Michelle Bachelet, pero fue derrotado en segunda vuelta por el actual mandatario, Sebastián Piñera. Sin embargo, a la hora de referirse a su ex contrincante político y transcurrido ya un año de aquella disputa electoral, Frei da una lección de convivencia democrática, un valor híperdevaluado de este lado de la cordillera, siempre propenso a la crispación y la chicana política. “Yo puedo tener discrepancias con el Gobierno por cómo está aplicando sus políticas sociales, pero me pongo de acuerdo en temas que van más allá de la coyuntura. Yo actúo y trabajo para mi país”, resume, con naturalidad, el ex presidente y actual senador de la Concertación.

Invitado por Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina) para participar en Buenos Aires del Foro Democrático Iberoamericano, Frei conversó con We sobre el presente y el futuro de América Latina. 

¿Cómo evalúa el momento actual de América Latina?
Desde el punto de vista democrático y en los últimos 40/50 años, nunca habíamos estado con tanta democracia. Desde el punto de vista económico, nunca habíamos afrontado una crisis internacional como la que hemos afrontado. En 2010, no tenemos déficits fiscales, la economía está relativamente ordenada, estamos en mejor pie para enfrentar las crisis. Pero también hay muchas realidades económicas. Hoy día, la democracia es eficiencia económica, es resolver los problemas de la gente, la pobreza, y crear condiciones vitales para sustentar un proyecto de largo plazo. Ahora, desde el punto de vista político, en general en América Latina, veo gobiernos presidenciales muy fuertes y falta de equilibrio con los otros poderes del estado. Eso no es bueno. Mi impresión es que los presidentes se han reelegido una y otra vez. Y hay un descrédito de la política causado por el desfonde de los partidos, la gente no se siente parte del ejercicio democrático, se siente alejada, y uno de los factores es el tema de la corrupción, muy marcado en la región.

Tampoco hemos visto mejoras significativas en la redistribución del ingreso, pese a la buena performance de la economía. 
Así es. A pesar de que yo pienso que mucho se habla, por ejemplo, que Chile y otros países son los peores en ingresos del mundo. Seamos un poquito más objetivos. En África hay más de 50 países. ¿Cuántos países africanos tienen mejor distribución que nosotros? Uno de los grandes avances que ha tenido Chile en los últimos años ha sido construir una sociedad que se desarrolla, pero al mismo tiempo da espacios para reducir la pobreza. La Cepal acaba de entregar un informe de 2006 a 2009 que dice que Chile bajó su nivel de pobreza al 11%, eso no lo habíamos visto en los últimos 50 años. Y eso ayuda a entender que el Estado tiene que cumplir un rol regulador, fiscalizador, un rol social importante, de políticas sociales que vayan en directo beneficios de los sectores para evitar las desigualdades. El gran problema de América Latina es que hoy tú naces en un barrio, te educas en un liceo y con eso estás marcado socialmente para siempre. Entonces, el que tiene la oportunidad, va a tener mejor acceso al trabajo, mayor bienestar en la vida, etcétera. Por eso el rol del estado es ése, cambiar esas ecuaciones y darle la oportunidad a todos. Uno de los grandes logros de Chile ha sido que 7 de cada 10 jóvenes que llegan a la educación superior son primera generación. Es un cambio cualitativo y hay que avanzar.

Mencionaba al inicio como síntoma preocupante la tendencia de algunos mandatarios a reelegirse en forma indefinida. Chávez, por citar un ejemplo. 
Eso es lo más negativo en América Latina. Hemos visto muchos casos de presidentes que son elegidos democráticamente que tratan de reformar la Constitución en beneficio personal y eso hace que la democracia no se consolide, que las instituciones no funcionen y al final, ¿en qué terminamos? Más pobreza, más desempleo, más inseguridad. Ésa es la realidad. En Venezuela hoy día hay más pobreza, más desempleo, más inseguridad. Nos vendieron un modelo que teóricamente iba a ser mejor al que tenemos y resulta que hemos ido más atrasados. Y por eso es muy importante la separación de poderes, tener instituciones fuertes, el Poder Legislativo tiene que tener su autonomía, lo mismo que el Judicial, los medios... Ése es el ejercicio democrático.

¿Cree que el modelo chavista puede extenderse a otros países de la región?
No creo. Es que ha fracasado. Hemos visto la última elección en Venezuela, la elección fue democrática, por eso ganó la oposición. Ahora ha habido cambios en la Constitución que le permitieron sacar más diputados, pero todos sabemos que eso en el fondo es una trampa. Es importante que los países tengan mecanismos democráticos para resolver esos conflictos, y en la medida en que eso pase, los presidentes van a ir entendiendo que no se pueden perpetuar en el poder, que se tienen que abrir al pueblo y ser eficientes en sus resultados económicos. En muchos casos, hay un presidente con mucha popularidad y comienzan los acólitos a querer... El ejercicio democrático es elecciones periódicas.

¿Cómo ve la política de expropiación de empresas? 
Una tendencia muy negativa. Hoy día, en el mundo, ¿cuáles son los países que tienen más grado de desarrollo? Aquellos en los que el Estado y el sector privado tienen un mínimo de roles regulados. En Chile, por ejemplo, hay espacios en toda la infraestructura en los que participan los privados: autopistas, aeropuertos, hospitales... En la construcción, no en la gestión, en servicios públicos, como el caso sanitario de Chile que es muy exitoso. Llegamos a tener cobertura del 100% de agua potable y en 2012 vamos a tener 100% de cobertura en tratamiento de aguas servidas. Estamos entre los mejores del mundo. Porque se reguló, las tarifas se fijan cada cuatro años, hay un procedimiento y además hay un subsidio para los sectores de mayor pobreza. Hay que definir claramente cuál es el rol del Estado y cuál el del sector privado, ya sea nacional o internacional. Es clave. Ahora entrar a expropiar..., ¿para qué? ¿Cuánto está llegando de inversiones? No llega nada, nadie quiere invertir, y además nos crean un descrédito porque los grandes centros financieros del mundo no hablan de cada país, salvo Brasil que es una potencia, pero sí hablan de América Latina, entonces nos meten en el mismo saco y todos pasamos a ser poco confiables, inseguros. Y eso es un descrédito para la región.

La libertad de prensa también es foco de preocupación regional. ¿Cómo ve lo que ocurre en la Argentina, los ataques del Gobierno a la prensa independiente? 
No me gusta opinar sobre las situaciones internas de los países, primero porque uno no está en detalle. Pero hay ciertos principios generales. El principio general es que si no hay libertad de prensa no hay democracia. Entonces tiene que haber el máximo de apertura y crear espacio para que todos los que quieran crear, desarrollar medios de comunicación, amplia libertad porque eso enriquece la democracia. Segundo, estamos en el gran debate de la comunicación digital que va a ser un cambio revolucionario en el modo de comunicarse en el mundo, y eso exige mayor amplitud y no que haya uno o dos grupos que controlan todos los medios del país o el Estado que quiere hacerse cargo. Eso atenta contra la democracia. 

¿Lo satisface el Mercosur?
Hemos creado muchas instancias de integración y como no nos funcionan, creamos otras. ¿Por qué no nos concentramos en una? ¿Mercosur, Unasur? Centrémonos en una y dediquémonos a hacer un esfuerzo de integración. Si no nos integramos no podemos competir en el mundo global. Después de casi 20 años, no tenemos acuerdo con la Unión Europea, con las grandes potencias. A nosotros muchas veces nos criticaron porque íbamos a buscar esos acuerdos por fuera, pero ¿qué alternativa teníamos? Si se resfría Wall Street aquí nos da neumonía. Hoy día no nos podemos dar el lujo de estar desunidos. Si queremos jugarnos por la integración en infraestructura, en el caso de la energía, que es patético. Al no tener integración energética, salvo la Argentina que tiene subsidios, pagamos costos de locos. Se necesita una mayor voluntad política y más fuerza para hacer el proceso de integración porque eso ayuda al turismo, a los intercambios y a mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Cómo define el estado de la relación bilateral?
Muy bien. Yo soy un gran hincha de las relaciones con la Argentina, es fundamental. Si hace una revisión completa de todo lo que está pasando en materia de Fuerzas Armadas, de pasos fronterizos, de comités de frontera, tenemos siete comités funcionando entre provincias y regiones chilenas, en materia cultural. Es por lejos la relación más fructífera que Chile tiene con cualquier país del mundo y hay que acrecentarla. Va en tremendo beneficio de nuestros países.

El caso Apablaza, ¿realimentó desconfianzas del pasado?
Es un tema delicado y complejo para Chile porque fue asesinado un senador y fue asesinado cuando ya habíamos recuperado la democracia. Pero con la misma fuerza con que se ha tocado ese tema, me gustaría que se tocaran otros: el caso del presidente Frei, que fue asesinado, me gustaría que hubiera la misma fuerza en los tribunales chilenos y en la opinión pública para lograr establecer esto. Quiero que en todos estos casos de violaciones a los derechos humanos o asesinatos de destacadas figuras políticas se actúe con la misma claridad. En el caso del presidente Frei, se nos dijo que lo estábamos usando para la campaña, tienen a seis inculpados y la Corte ha dicho que se trató de un asesinato (N. de R.: el homicidio del ex presidente Eduardo Frei (padre) fue confirmado por la Justicia de Chile, en vísperas de las elecciones de ese país), pero no avanza y no le dan la cobertura que le dan a estos casos. En el caso Apablaza, si la justicia chilena tiene los elementos para comprobar que él participó, que pida la extradición y se entreguen los antecedentes y se demuestre la verdad. Es un tema netamente judicial y yo voy a estar siempre porque se aclaren todos los asesinatos posibles.

¿Cómo ve a Piñera, a poco de cumplir un año de gestión?
Siempre un primer año, van nueve meses, con terremoto y todo, es difícil. Tenemos nuestras diferencias, hemos llegado a acuerdos en algunos temas, pero aún es muy poco para juzgar a un gobierno. Tenemos diferencias con respecto al rol del Estado, se discutió mucho ahora la ley de Presupuesto, hemos colaborado en sacar leyes importantes, como fue el impuesto a la minería, que le va a dar una continuidad a un proceso muy importante para Chile. Estamos cumpliendo nuestro rol opositor como se hace en democracia y espero que nos respetemos en esa línea.

A los argentinos nos asombra el nivel de convivencia política de Chile. ¿Cómo se logra?
Hay un factor que no es solo con la Argentina, sino en general en la región, que es que en América Latina escogemos un nuevo gobierno y éste se siente refundacional y dice que toda la historia está mal. Uno cuando asume la Presidencia, lo hace con su historia, defectos, errores, virtudes y, por tanto, uno de los grandes éxitos de Chile ha sido que a partir del ‘90 le hemos dado continuidad de Estado a las políticas. Hay políticas de Estado que van más allá de la coyuntura y eso es fundamental. Y entender que el diálogo democrático ha sido eso: yo puedo tener discrepancias, distancias fundamentales con el Gobierno por cómo está aplicando sus políticas sociales, pero me pongo de acuerdo en un tema de país que es el régimen tributario para las empresas mineras que representan el 30, 40% del PBI. O sea, yo actúo y trabajo para mi país. El gobierno es de todos, es de Chile.



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