“La paciencia estratégica de Brasil con la Argentina también tiene límites”

Luiz Alberto Moniz Bandeira, especialista brasileño en relaciones internacionales, no descarta que su país adopte represalias si “la Casa Rosada sigue violando las reglas del Mercosur”. Y cuenta por qué Brasil podría convertirse en el próximo Irán para los EE.UU. en materia nuclear. 11 de Junio 2010

Académico, escritor, historiador, Luiz Alberto Moniz Bandeira es un profundo conocedor de la realidad latinoamericana y la de los Estados Unidos. Doctor en Ciencia Política, fue profesor catedrático de historia de la política exterior de Brasil en la Universidad de Brasilia y ha dictado clases en numerosas universidades de Europa y América, entre ellas, la Universidad de Buenos Aires.

Habla del futuro del Mercosur, la relación entre Brasil y los Estados Unidos, la elección presidencial en su país y el rol protagónico que supo ganarse el presidente Luiz Lula Da Silva en la política global.

Lula transita el final de su gestión con alta popularidad. Su candidata Dilma Rousseff, ¿seguirá los pasos de Santos en Colombia o corre algún riesgo de repetir el caso chileno con Frei?
Brasil no es igual a Chile ni a Colombia. No puede ser confundido con ningún otro país de Sudamérica, o América Central y México. Sus condiciones económicas, sociales, políticas y culturales son muy distintas. No es posible ninguna comparación. Brasil es una federación de 27 estados, que también son distintos entre sí, pero constituyen una nación, una unidad estable, históricamente formada, con una economía, un idioma común, una cultura común y otra psicología.

El apoyo del gran empresariado paulista a Serra, ¿es porque espera que realice cambios respecto de la política de Lula?
No es todo el empresariado paulista que apoya a Serra. No creo que pueda vencer en la elección presidencial.

Se dice que Brasil tiene paciencia estratégica con la Argentina, aceptando que cambie reglas de juego del Mercosur. ¿Cree que ese comportamiento brasileño habrá de cambiar con el fin de la presidencia de Lula o seguirá gane quien gane?
¿Conoce la famosa frase de Cícero contra el rebelde Catilina, en el Senado romano: "Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?" (¿Hasta cuando Catilina abusarás de nuestra paciencia?) La “paciencia estratégica” también tiene límites. Hay muchas presiones para que Brasil adopte represalias contra la Argentina. Es posible que eso ocurra si la Casa Rosada sigue violando las reglas del Mercosur, cuando todos los problemas pueden y deben ser discutidos y negociados por los socios. Las medidas unilaterales de la Argentina podrán tener consecuencias, sea Rousseff o Serra el presidente de Brasil.

Un informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz revela que Brasil se puso a la cabeza de gasto militar en la región. ¿Cuál es el interés?
Brasil tiene una extensión territorial de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, tres veces mayor que la de Argentina y mucho más grande que la de cualquier otro país en América Latina. También su litoral es el más vasto. Y aunque remotas, las amenazas existen. Brasil está virtualmente cercado. Los EE.UU. operan un total de siete bases en Colombia. Sus tropas ya están asentadas en la Amazonia, en la frontera de Brasil, mientras la IV Flota navega el Atlántico Sur, donde están las enormes reservas de petróleo que la Petrobrás descubrió y va a explotar en presal. La amenaza que representa una gran potencia, pero con inmensas carencias, sobre todo de energía, puede ser mucho mayor, cuando ella está por perder la hegemonía y la quiere conservar. La historia enseña que el derecho internacional no tiene validez para los países débiles y la soberanía nacional solamente es respetada cuando el país tiene medios de defensa y de vengar la ofensa. Pero las inversiones de Brasil en la compra de armamentos tienen también el objetivo de desarrollo económico, incluso de la industria civil.

El acuerdo que logró el presidente Lula al convencer al presidente iraní para que envíe la mayoría de uranio enriquecido a Turquía causó malestar en los EE.UU. ¿Hay beneficios en este desafío diplomático?
Brasil no espera ningún beneficio de los EE.UU.. No está alineado con ningún país. Tiene una política externa soberana. Y sabe perfectamente que la eventual amenaza que Irán puede representar es mera retórica, como fue la propalada amenaza de Irak, para justificar la invasión y derrocar a Saddam Hussein. Tras las sanciones propuestas por los Estados Unidos hay otros intereses políticos y geopolíticos de ese país y de las grandes potencias de Europa, así como de Israel. Pero no solamente por eso se opone a las sanciones.

Entonces, ¿por qué lo hace?
También para defender sus propios intereses nacionales. Es uno de los pocos países del mundo que dominan el ciclo tecnológico completo del enriquecimiento del uranio, lo que le permitiría producir la bomba atómica, si quisiera. Y ya sufrió varias amenazas por causa de su programa nuclear. Posee actualmente la sexta mayor reserva mundial de uranio, con 309 mil toneladas, pero solamente 30% del territorio nacional fue explorado y la estimativa es de que existan más 800 mil toneladas, lo que lo tornará una de las dos mayores reservas del mundo. Así, con la capacidad de enriquecer uranio en escala comercial será autónomo en la producción de combustible nuclear, pudiendo exportarlo para otros países y quebrar el oligopolio civil y militar del mercado mundial. Hace pocos años, ya bajo el gobierno de Lula, Brasil resistió a los intentos de los EE.UU. para que se sometiera a sus instalaciones nucleares a inspecciones amplias con intrusión de la AIEA, sin aviso previo. El objetivo es económico y comercial. Las presiones siguen, pero Brasil no firmará el Protocolo Adicional al Tratado de No-Proliferación Nuclear como los EE.UU. y las otras potencias pretenden. En tales circunstancias, mañana Brasil podrá ser el nuevo Irán, amenazado por sanciones.

Obama desairó a Lula al no asistir al III Foro de la Alianza de las Civilzaciones de Brasilia. ¿Le conviene a Brasil tener ese enfriamiento en la relación?
No importa si Obama viene o no viene a Brasil. Brasil no es colonia de ningún otro país y tiene sus intereses nacionales que no son los mismos de los EE.UU. y muchas veces se contraponen. No es la primera vez que su política exterior se confronta directamente con la política internacional de los Estados Unidos. En la primera mitad de los ‘60, Brasil se opuso a las sanciones contra Cuba en la OEA, donde impidió que los Estados Unidos consiguieran aprobar la intervención armada para derrocar al régimen revolucionario de Fidel Castro. No mandó buques para el bloqueo de Cuba, como la Argentina hizo, cuando los EE.UU. lo impusieron en 1962, por causa de los misiles instalados en la isla por la URSS. Y es bueno no olvidar que los esfuerzos de los EE.UU. para imponer el ALCA fracasaron debido, sobre todo, a la oposición de Brasil, con el respaldo argentino.

Brasil tiene un rol protagónico en las decisiones internacionales y aspira a ocupar un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Cuáles son sus chances?
Antes de la Conferencia de San Francisco, en 1945, el presidente Roosevelt le prometió al presidente Getulio Vargas un lugar permanente para Brasil en el Consejo de Seguridad, en virtud de su participación en la II Guerra Mundial. Inglaterra y la Unión Soviética lo obstaculizaron porque Brasil era percibido como aliado incondicional de los EE.UU.. La aspiración de Brasil también se basa en su creciente desarrollo económico y político, como potencia con intereses globales, y el Consejo de Seguridad está obsoleto. Pero creo que su reforma sólo ocurrirá dentro de una o dos décadas, con la profundización de la crisis económica y financiera de los EE.UU. y la mudanza en la correlación de fuerzas en el juego político internacional. Cómo será el nuevo consejo es difícil de prever.

Con mirada global
Luiz Alberto Moniz Bandeira nació en Salvador de Bahía en 1935. Escritor e historiador brasileño, es uno de los más respetados especialistas en la política exterior y las relaciones internacionales de Brasil. Desde 1996, vive en Alemania, donde ejerció la función de Agregado Cultural en el Consulado General de Brasil en Frankfurt (1996 – 2002).De intensa participación política en su juventud, en 1964 se asiló en Montevideo a consecuencia del golpe de Estado que derrocó al presidente João Goulart. Es autor de más de 20 libros, entre los que se destacan Argentina, Brasil y Estados Unidos (De la Triple Alianza al Mercosur) y Formación de los Estados em la Cuenca del Plata (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), entre otras.



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