La otra cara de la economía

La otra cara de la economía

En 2010, el país dejó de facturar cerca de $ 10.000 millones debido al mercado ilegal, mientras que la Aduana incautó mercadería por un valor de US$ 122,2 millones. Evasión, falsificación y contrabando, pilares de un flagelo que afecta a rubros como el software, indumentaria, discos o tabaco. Radiografía de un problema global, que se expande por el territorio nacional. 29 de Julio 2011
Ya no son sólo puestos informales sobre la calle Florida, ni simples oportunistas que se las rebuscan para sobrevivir. Asoman verdaderas ferias al estilo centros comerciales, con ofertas desde cigarrillos falsificados hasta pen drives con la discografía completa de un artista. Todo, comandado por bandas organizadas que se dedican a la falsificación, contrabando y evasión fiscal de todo tipo de productos. “El negocio no es nuevo. Sí, las metodologías”, afirman los empresarios perjudicados.

El fenómeno afecta principalmente a marcas de rubros como indumentaria, tabaco, software, música, películas, editoriales, relojes o medicamentos. Los números son elocuentes: entre los cinco primeros sectores, las empresas y el fisco dejaron de facturar unos $ 10.000 millones en 2010 como consecuencia del mercado informal. “Hay que tener en cuenta que sólo la evasión del IVA rondó el 16 por ciento en 2010. En períodos de crecimiento como el de los últimos años, tenemos la presión tributaria más alta de la historia con un 36 por ciento de informalidad laboral”, explica Fausto Spotorno, director de Research de Orlando J. Ferreres y Asociados.

El procedimiento puede ser vía contrabando, a través de las fronteras o aeropuertos, o vía falsificación y copia sin autorización dentro del territorio nacional. De ahí a la calle, hay sólo un paso. “Muchos quieren instalar la idea de que son desocupados o que trabajan para sobrevivir. Por el contrario, son verdaderas organizaciones informales y la perspectiva a futuro es que vayan en aumento”, afirma Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC). Según su visión, tras el ejemplo paradigmático de La Salada (una de las mayores ferias de América del Sur, con una facturación anual estimada de $ 2000 millones), se empiezan a diseminar este tipo de establecimientos, que “no cumplen con las normas impositivas, registro de personal, ART, obra social, ni con las mínimas condiciones edilicias y de seguridad”, destaca.  Recientemente, la AFIP impuso la resolución 3075 para controlar este tipo de ferias. Desde julio, los administradores deberán presentar declaración jurada informando quiénes son los dueños de los locales, a quiénes se los alquilan y cuánto pagan de expensas cada uno de los puestos, entre otras medidas (alcanza a ferias como La Salada, La Saladita, Once Elefantes y Punto Once). “Es un tema de negocio. Los márgenes de ganancia son muy altos porque todo es en negro. Es el crimen del siglo XXI: enormes ganancias y riesgo cero”, afirma Diego Farreras, presidente de la Asociación Civil Antipiratería Argentina y director de Antipiratería del Grupo LVMH (Louis Vuitton-Moët Hennessy). Pone como ejemplo que una cartera de lujo se importa a US$ 5 y se llega a vender a US$ 100.

“En nuestro caso, tenemos una situación de producción de cigarrillos muy alta, en Paraguay, que entra al país por contrabando. Pedimos una priorización para evitar el cruce de fronteras y control de aduanas, con fuerzas de seguridad con mayores recursos”, solicita Alberto Raguzzi, gerente de Integridad de Mercado de Nobleza Piccardo. En el país vecino, se cuentan hasta 40 fábricas de cigarrillos que producen 13 veces más del consumo doméstico, por lo que unas 60.000 millones de unidades pasan ilegalmente a Brasil y la Argentina (por la Triple Frontera) todos los años, principalmente, por vía terrestre. Según datos del estudio Pack Swap, desarrollado por British American Tobacco (controlante de Nobleza Piccardo), el total del comercio ilegal en el país en 2010 en sus tres modalidades (contrabando, falsificaciones y evasión fiscal) alcanzó el 7,1 por ciento del mercado total y representó una pérdida de $ 716 millones (impositiva de $ 497 millones y para la industria, de $ 219 millones).

Lo mismo parece suceder con los laboratorios, rubro que mezcla productos copiados con medicamentos robados que se venden fuera de fecha de vencimiento. Entre ellos, el Viagra proveniente de Paraguay es uno de los más falsificados. 

Por el contrario, en el caso de la indumentaria, según Farreras, directamente las prendas falsificadas ya se fabrican localmente, “mientras que hace 10 años era un 70 por ciento importación”. Para contrarrestar esto, desde 2005, la Aduana trabaja, junto al sector privado, con un Sistema de Asientos de Alertas, una base de datos con información brindada por las marcas sobre el destino y tránsito de sus productos. Así, mientras en 2006 se incautó mercadería por un valor de US$ 2,7 millones, en 2010 ese número creció a US$ 122,2 millones. “Hay un cambio en la Justicia Federal sobre la visión de los delitos marcarios. A partir de la acción de empresas y ONGs, se empezó a concientizar a los jueces para catalogarlos como delitos complejos”, afirma Sergio Vargas, abogado especialista en Derecho Penal Marcario de la Universidad Austral y ex director de la Asociación Civil Antipiratería. 

La situación en la calle
Sólo durante el mes de abril, se detectaron 322 puestos en la peatonal Florida, que agrupó el 21 por ciento del total de puestos ilegales en calles y avenidas en la Ciudad de Buenos Aires (1872). Una situación que creció 8,2 por ciento en 2010 y que, en diciembre, alcanzó su pico máximo desde 2004, según datos de la CAC. Otros focos: avenida Avellaneda (173 puestos), avenida Rivadavia (169 puestos) y la estación Retiro (151 puestos). “Son el último eslabón de una cadena que comprende la fabricación en negro o la venta fruto del delito”, sostiene De la Vega. Indumentaria y calzado se ubicaron como los rubros más comercializados, con Nike, Adidas, Puma, Dufour, Lacoste, Gap, Ray-Ban (anteojos) o Rolex (relojes) como las marcas más copiadas. Otro de los sectores afectados es el informático. Aquí, el problema principal es la reproducción indiscriminada, más que el contrabando. “Los canales de comercialización venden las computadoras denominadas clones con programas con o sin licencias, que, luego, se multiplican a otras PCs. En el mercado argentino, los clones tienen una participación muy alta”, destaca Hernán Alberti, gerente General de Software Legal, una institución sin fines de lucro que promueve y protege la industria.

Las pérdidas debido a la piratería de software se incrementaron en el último año de US$ 645 millones a US$ 681 millones, lo que ubica al país entre los tres con mayor perjuicio económico de América latina, detrás de Brasil (quinto a nivel mundial, con US$ 2619 millones) y México (US$ 1199 millones). Los datos se desprenden del estudio elaborado por Business Software Alliance (BSA) e IDC. “Hay una tendencia a la baja, aunque sigue aumentando el valor de las pérdidas porque el mercado es cada vez más grande. Para que la Argentina alcance el promedio latino, nos faltan seis años; el mundial sería recién en 2049”, especifica Monserrat Guitart, abogada y vocera de BSA en el país. La piratería local alcanza un 70 por ciento del mercado, contra un 64 por ciento en América latina y 42 por ciento global.

Sin embargo, el panorama empieza a aclararse con el avance de las laptops (notebooks y netbooks) que incorporan software legítimo y crecen más que las PC de escritorio. “Los usuarios argentinos reconocen al software legal como más seguro, por encima de la media mundial. Además, aprueban que tiene que ser pago. Muchas veces, un usuario no sabe que la reproducción y copia de un producto en varias computadoras es ilegal”, afirma Monserrat Guitart. “Para este año, el objetivo es bajar entre 1 y 2 puntos el nivel de piratería”, promete Alberti. 

El Rey del CD
El mercado negro de la música es uno de los más desarrollados y difíciles de controlar. En 2010, se descargaron 1100 millones de temas en forma ilegal, “casi 10 veces la producción legal de álbumes de la Argentina”, grafica Javier Delupí, director Ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif). En esta modalidad, el porcentaje de evasión en la distribución y puesta a disposición es casi total (99 por ciento). Pero, si bien es un nicho que  crece velozmente, debido al avance de Internet y la banda ancha, todavía iguala al mercado de soporte físico. “Este es casi seis veces más que el digital y, entre ambos, alcanzaron $ 325 millones en 2010”, sostiene Delupí. Los dos compiten contra la venta ilegal, que en el último año implicó pérdidas por $ 1184 millones y representó, para el segmento físico, un 60 por ciento de piratería.

“Hay una perspectiva positiva en cuanto a los sitios de streaming que no implican descargas. Son alternativas legales positivas en servicios con valor agregado”, afirma Delupí. Un ejemplo es Sonora, la plataforma de Terra, lanzada en 2009, que tiene alianzas con discográficas como Walt Disney Record, Warner, Sony, Universal y EMI. “El porcentaje de informalidad viene cayendo, sobre todo, porque crece la descarga legal desde los móviles. Se requiere un esfuerzo de todas las partes, desde las telefónicas hasta las discográficas”, afirma Jonatan Fasano, gerente de Servicio de Valor Agregado de Terra Argentina. Con 300.000 usuarios únicos por mes (y 45.000 pagos) y un catálogo de 2 millones de canciones, su diferencial pasa por la calidad del audio y contenido y por la información que conlleva cada tema. “Hay que demostrar interés y bajar los precios de los abonos para persuadir a los usuarios e ir contra los que trafican material pirata”, sostiene Fasano.
Similar situación vive la industria del video. “La injerencia de Internet es importante y nos afecta. Pero el mayor daño está en el soporte físico”, admite Daniel Parise, presidente de la Unión Argentina de Videoeditores (UAV). Afirma que entran entre 100 y 150 millones de DVDs vírgenes de contrabando por año, más los que se fabrican localmente, que se transforman en películas, videojuegos o música. Según sus cálculos, el gasto del consumidor en la industria ilegal alcanza unos $ 1240 millones, mientras que en la legal llega a $ 250 millones. “De 2007 a 2010 el comercio clandestino aumentó un 40 por ciento, lo mismo que cayó el mercado legal”, grafica. Por ejemplo, en el último año, abandonó el país la cadena Blockbuster (cerró 83 bocas) y sólo sobreviven cerca de 600 videoclubes en todo el país. A esto se suma la venta de Musimundo al Grupo Megatone por US$ 15 millones. Para tener una idea de lo que sufre esta actividad, el impacto de la piratería en la película “El secreto de sus ojos” se tradujo en 300.000 espectadores menos y en 100.000 DVDs vendidos menos. Números de un fenómeno que, por ahora, no se detiene.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos