La oposición en la encrucijada

La oposición en la encrucijada

A menos de siete meses de las elecciones de octubre, el Gobierno parece estar ganando la batalla en la opinión pública instalándose como el seguro ganador de la contienda electoral. ¿Está la oposición en condiciones de revertir el escenario adverso? Renunciar a las peleas de cartel, condensar la oferta electoral y seducir al electorado con un discurso económico eficaz: las claves de los expertos políticos para romper el prematuro triunfalismo K. 08 de Abril 2011
Desorientación, debilidad, falta de iniciativa. La dirigencia opositora navega en un mar de confusión cuando faltan menos de siete meses para las elecciones presidenciales de octubre. El nuevo mito K que el gobierno nacional ha logrado instalar -a fuerza de una sólida estrategia de marketing y la maquinaria estatal volcada a afianzar “el proyecto nacional y popular”- reza que Cristina Kirchner (aún no oficializada como candidata) conseguirá su reelección el 23 de octubre sin necesidad de ir al ballottage. “El partido está jugado y ya tiene ganador”, es la frase que se repite como un mantra en campamentos oficialistas donde reina el exitismo.

Crecimiento económico y boom de consumo, fragmentación, falta de liderazgos y peleas de cartel, todo eso sumado a la recomposición de la imagen presidencial a partir de la muerte de Néstor Kirchner integran el combo ¿imbatible? que encontró el kirchnerismo para grabar a fuego en el imaginario colectivo la idea de una victoria anticipada. Por ahora, el variopinto arco anti-K no le encuentra la vuelta y algunos de sus dirigentes se dejan ganar por el desánimo a riesgo de sucumbir ellos mismos bajo el axioma de la profecía autocumplida.

¿El Gobierno ya ganó o la oposición está todavía en condiciones de dar vuelta la taba?
El sociólogo e investigador del Conicet, Marcos Novaro, admite que Cristina aparece “muy bien ubicada en las encuestas en cuanto a popularidad, aunque con un gap en términos de intención de voto” que desmiente la idea de triunfo que el oficialismo ya da por descontado.
“Existe una sensación muy extendida de que CFK obtendrá su reelección en octubre", reconoce Eduardo Fidanza, director de Poliarquía Consultures, lo que obliga a la dirigencia opositora a replantear su estrategia electoral si no quiere quedarse anticipadamente fuera de la competencia. "La oposición debe condensar la oferta, presentando pocas candidaturas y procurando hacerlo antes de las inciertas internas abiertas anunciadas para agosto próximo", resume Fidanza ante We.

Pues bien; lo cierto es que hasta ahora, los ensayos en pos de un acuerdo opositor para conformar un gran frente electoral en octubre han caído en saco roto. La idea lanzada por Mauricio Macri el fin de semana pasado de bajar a octubre con una candidatura única capaz de polarizar con el Gobierno no encontró demasiado eco entre la dirigencia opositora. Mejor dicho, la reacción de los precandidatos volvió a poner en evidencia las diferencias ideológicas y los intereses personales que persisten y hasta pareció retrotraer a foja cero las negociaciones que vienen desarrollándose en silencio para articular al conglomerado opositor. Solo Eduardo Duhalde, por el PJ Federal, y Julio Cobos y Ernesto Sanz, por la UCR, se mostraron proclives a ampliar el marco de alianzas. Ricardo Alfonsín, igual que Lilita Carrió y Pino Solanas, pusieron el grito en el cielo.

Fragmentación vs. polarización
Los analistas coinciden: la fragmentación no ayuda. Los pasos que la oposición retrocede son casilleros que avanza Cristina.

Descartada la hipótesis de un único candidato que pueda enfrentar al Gobierno, la oposición debería, según Fidanza, "unificar la oferta en al menos dos bloques: el macrismo y el Peronismo Federal por un lado y el 'panradicalismo' del otro. Tal como están las cosas, hoy tal vez no alcance para ganar, pero sería al menos un modo de hacer menos asimétrica la competencia”, reflexiona.

La tarea es ardua. El radicalismo volvió a perder certidumbre tras la suspensión de la interna entre Alfonsín y Sanz y la consagración del primero como candidato oficial aumentó las rencillas internas. Y la realidad es que el frente progresista con el Socialismo y el GEN de Margarita Stolbizer no termina de consolidarse. El PJ Federal sigue confuso y disperso; y Macri no logra afianzar su candidatura. Sin embargo, la posibilidad de convergencia entre el macrismo y el Peronismo Federal aún parece factible. Para que funcione -acota Fidanza-, "las banderas y estética del PF deberían subordinarse a las propuestas y estética del PRO".

Para Rosendo Fraga, director del Centro Unión para la Nueva Mayoría, pese al repunte en la imagen presidencial, "el electorado sigue dividido aproximadamente en dos mitades, oficialismo y oposición, con un segmento de indecisos importante. La diferencia -señala- es que el voto oficialista está unido y el opositor dividido y ello no es un tema menor en política".

Siguiendo la lógica electoral, dice Fraga, el voto opositor debería volcarse hacia uno de los candidatos a medida que se acerque la fecha del 23 de octubre.

Claro; la cuestión pasa a ser entonces quién será ese candidato y en qué medida logrará polarizar el voto. En rigor, los liderazgos claros hoy brillan por su ausencia.
“Los candidatos que compiten no tienen un posicionamiento fuerte en la opinión pública”, señala Daniel Gutierrez, presidente del Consejo Profesional de Comunicación y Marketing Político de la Argentina.

"Lo primero que debe hacer la oposición es mostrarse sumando, no restando, tienen que resolver sus problemas entre ellos. Si lograran tener un discurso eficaz sobre la economía pueden hacerle daño al Gobierno en términos económicos, para no hablar de los problemas con el sindicalismo, de corrupción o de política exterior que persisten", sostiene Novaro.
Gutierrez insiste en que la única forma que la oposición tendría de articularse es "generando un punto de reunión en el que pueda hacerle fuerza al Gobierno. Pero si cada uno sigue llevando agua para su molino, va a ser complejo porque, además, no son figuras que tengan un alto grado de credibilidad y de conocimiento".

Debilidades K
Pese al panorama sombrío para la oposición, los especialistas ven aún una luz en el fondo del túnel. Y advierten que la “capacidad” que los Kirchner ha demostrado durante sus años de poder para autoinfligirse daño es un factor que no debería subestimarse a la hora de lanzar pronósticos electorales anticipados.

Novaro lo explica así: "Cristina es más flexible que Néstor pero tiene varios problemas: sus convicciones son más fanáticas que las de su marido, más cerradas, no es tan pragmática y es muy probable que cometa errores: la salvajada de ponerle multas a las consultoras (que miden la inflación), por ejemplo, es una brutalidad y muestra una visión muy fascistoide. Cristina tiene rasgos más autoritarios, más nac & pop (nacional y popular) que Néstor. No olvidemos que la propensión al error del Gobierno siempre ha ayudado mucho", plantea.

La inflación y la inseguridad, por caso, persisten como frentes de tormenta capaces de aguarle la fiesta al oficialismo. "El Gobierno tiene dos ventajas: una es económica, el crecimiento del consumo, y otra política, la división de la oposición", marca Fraga, pero apunta: al kirchnerismo "puede jugarle en contra la inflación, la inseguridad y la ideologización que está asumiendo en sus actitudes políticas, lo que genera resquemores dentro del peronismo".

Gutiérrez, por su parte, cree que el Gobierno logrará mantener contenido el problema de los precios, al menos hasta octubre. "Hoy pasa lo que pasaba en el uno a uno de Menem. La gente se siente tranquila y sigue aprovechando de la 'fiesta'. En las sensaciones, sí, el dólar no alcanza, los productos importados no pueden ingresar, pero no se nota en el común de la gente”.

"Esto se parece cada vez más a la plata dulce, la inflación alta y además persistente y en dólares, hay una sensación de incertidumbre, sobre todo en los sectores medios y medios bajos, lo que hace que la situación económica allí no sea tan favorable al Gobierno", dice Novaro.

Sobre la inseguridad, en cambio, señala que “a partir de las iniciativas que tomó el Gobierno (con la creación del Ministerio de Seguridad), la cosa está empatada. La gente no percibe mejoría pero ve que se hacen cosas”.

Como sea, la política local está llena de imponderables. Lo fue la muerte de Kirchner, que terminó traduciéndose en un fortalecimiento de la imagen de CFK impensado hasta octubre de 2010. A siete meses de las elecciones, un alto porcentaje de la población sigue sin decidir su voto, lo que mantiene abierta la posibilidad de competencia. El desafío opositor es evitar que el comicio se convierta en un mero trámite como pretenden los K.



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