La oposición aún no encuentra la salida de su laberinto

La oposición aún no encuentra la salida de su laberinto

El amplio respaldo opositor a la expropiación de YPF puso otra vez en evidencia la dificultad de la dirigencia anti-K para erigirse como alternativa. Los analistas afirman que la UCR y la FAP perdieron de vista que sus votantes les reclaman ejercer su rol de oposición, que volvió a quedar desdibujado. Temor a perder la coherencia y el consenso social frente a la medida: las razones. 04 de Mayo 2012

Tras la brutal paliza electoral que Cristina Kirchner le propinó en las elecciones de octubre, la dirigencia opositora parece sumida en un marasmo de confusión y desconcierto, incapaz aún de plantarse con un discurso alternativo frente a la topadora kirchnerista. Prueba evidente de este diagnóstico se vio en estas horas, cuando buena parte del arco opositor acompañó en el Congreso el polémico proyecto oficial para expropiar el 51 por ciento de las acciones de Repsol en la petrolera YPF, una iniciativa que terminó de poner en blanco sobre negro la consigna preferida del kirchnerismo devenido hoy en cristinismo: "Ahora vamos por todo".
Que los opositores se hayan perdido -una vez más- la oportunidad de diferenciarse del Gobierno es -a esta altura- un clásico de la política argentina de los últimos años. Es que, salvo algunas excepciones como las de Mauricio Macri y el PRO, la Coalición Cívica de Lilita Carrió y algunos peronistas disidentes, entre ellos el diputado Francisco De Narvaez, que se opusieron al proyecto, radicales y socialistas -con algunos matices- se alinearon detrás del Gobierno y dieron su voto positivo en el recinto.

En rigor, el apoyo de radicales y socialistas a la reestatización no debería sorprender a nadie. Tanto la UCR como el Socialismo -se sabe- históricamente han mantenido una posición contraria a la privatización de YPF. De hecho, cuando en los años '90, el peronismo acompañaba sin fisuras el pase a manos privadas de la compañía -el matrimonio Kirchner incluido- radicales y socialistas se plantaban con su voto en contra de la medida. La novedad es que, en este caso, los legisladores de la UCR y la FAP se llenaron la boca antes, durante y después de la votación con durísimas críticas a las formas y los modos de expropiar que aplicó el oficialismo y a la estructura de la intervención petrolera. Sin ir más lejos, el senador jujeño Gerardo Morales (UCR), poco antes de emitir su voto, le achacó la responsabilidad absoluta al Gobierno por el vaciamiento de YPF y la actual crisis energética. Después votó a favor.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Por qué a la hora del voto, los opositores apoyaron masivamente la iniciativa oficial? ¿Rigidez ideológica o temor a ser políticamente incorrectos frente a una sociedad que, al parecer, mira con agrado la avanzada estatista?

Eduardo Fidanza, de Poliarquía Consultores, afirma que la dificultad de la oposición para diferenciarse del oficialismo no es precisamente novedosa. "En realidad, si uno ve las principales medidas del kirchnerismo a lo largo de los años, cada vez que el Gobierno toma una medida que se puede llamar progresista, en el sentido de una nacionalización, estatización, como el caso de las AFJPs y otros, ha contado con el apoyo de buena parte del radicalismo y sobre todo del socialismo". Fidanza apunta a que el problema radica en que "el kirchnerismo fue todos estos los años vaciando y ejecutando buena parte del programa de estos otros partidos, mientras que la oposición no ha sabido dar una respuesta eficaz a este vaciamiento".

La trampa estatista
Hay otro dato que no es menor y que seguramente estuvo en los cálculos opositores cuando decidieron alinearse con la nueva cruzada K, esta vez, en busca de la soberanía hidrocarburífera. Según una encuesta nacional de Poliarquía publicada días atrás por el diario La Nación, seis de cada 10 argentinos ven hoy con buenos ojos la estatización de YPF.
Sin embargo, al margen del sentimiento nacionalista que refleja el sondeo, radicales y socialistas pasaron por alto un tema central que se desprende del mismo estudio: "El gran consenso social frente a esta medida se da entre los que votaron a Cristina. Pero cuando uno ve los electorados opositores, la gente es crítica. (Radicales y socialistas) tienen miedo de que alguien les objete cierta incoherencia y no se dan cuenta de que sus votantes quieren oposición y esa oposición debe ser ejercida. Una actitud opositora requiere de una alternativa", marca Fidanza.

Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, coincide: "Les faltó capacidad para votar un proyecto propio y diferenciado, donde podía haberse planteado nacionalización y no estatización, investigar la responsabilidad del estado argentino en el control de la empresa en los últimos años, cuestionar el artículo que declara de interés público nacional el abastecimiento y la producción hidrocarburíferas que limita el poder de las provincias", objeta.

Para Diego Reynoso, investigador de Flacso, en cambio, presentar una alternativa al proyecto oficial hubiera significado que no se pudiera llevar adelante la expropiación y un guiño al statu quo. "No les quedó otro remedio que acompañar", opina.
Es que, desde el punto de vista político estratégico, no cabe duda que la jugada oficial condicionó a los opositores en sus posicionamientos tradicionales. "Al ponerse del lado del Gobierno, se ponen en su posición política histórica. En definitiva, el Gobierno lo que está haciendo es levantar una bandera que la UCR levantó históricamente", amplía Reynoso.
"Podemos estar de acuerdo en la importancia estratégica de los hidrocarburos y recuperar de manera racional ese control estratégico, pero lo que se pierde en el camino y no se logra objetar son los métodos del Gobierno para alcanzar esos fines; entonces se desdibuja y diluye la identidad opositora. La opinión pública no entiende esto de una adhesión en general y una objeción en particular", disiente Fidanza.

Mirando el largo plazo
Precisamente, quienes se opusieron a la medida (Macri, Carrió y sectores del PJ disidente) son los que en el largo plazo podrían sacar rédito político de esta postura. O quizá no. Los analistas consultados por WE tampoco depositan demasiadas expectativas respecto de las potenciales ganancias futuras de la oposición que sí supo plantarse frente a las pretensiones oficiales.

"Estamos en un momento difícil porque hay una enorme asimetría de poder entre oficialismo y oposición y, después de muchos años, la competencia electoral ya no tiene lugar, y eso se manifiesta en la fragmentación de la oposición y las mayorías amplias del oficialismo. La oposición ya no es sólo débil, ahora es más débil por esa asimetría de poder de votos y de capacidad política", sostiene Fidanza.

No obstante, el politólogo reconoce que a la luz de los resultados de la última elección, el macrismo es, en todo caso, la fuerza opositora que queda mejor parada frente al electorado no oficialista, aunque por ahora "en minoría".
En efecto; está claro que la UCR y la FAP le sirvieron en bandeja a Macri el centro de la escena opositora. Así y todo, Reynoso considera que el líder del PRO "no lo capitaliza a nivel territorial. Tiene una fuerza electoral en Capital muy volátil e inestable. Salvo en la ciudad, al PRO le va mal, no metió senadores en la última elección, no tiene implantación territorial, salvo en Santa Fe, que es circunstancial, en Salta..., no mucho más".
Para el investigador de Flacso, el problema de la oposición, en general, es la falta de "objetivos políticos comunes y ése es un límite. Lo que impide la estructuración opositora es la posición centrista que tiene el Frente para la Victoria. El FPV polariza desde el centro. Tan centradamente estratégica es su posición, que a izquierda y derecha les cuesta ponerse en contra".

La re-re, otra vez al acecho
Como sea, la desarticulación opositora potenciada por el voto mayoritario a favor de la estatización de YPF sirve en estos días de caldo de cultivo para que el Gobierno se dé el lujo de volver a instalar el debate en torno a una nueva reforma de la Constitución que le permitiría a Cristina conseguir un tercer período de gobierno.

"Esta situación hace que el Gobierno avance más decididamente en función de su consigna 'vamos por más, vamos por todo'", razona Fraga.

Para Fidanza, en cambio, el default opositor es condición necesaria pero no suficiente para allanarle el camino de la re-re a CFK. "No está claro que esta movida le alcance para sostener su legitimación y eventualmente conseguir un tercer período para lo cual necesita una reforma y amplio apoyo. Sería absolutamente terminal para la oposición acordar una reelección", afirma. Y sostiene que la suerte de CFK "dependerá de que ciertas condiciones socio-económicas se mantengan. Hemos observado una desaceleración de la economía en los últimos meses, un descenso de las expectativas y de la imagen presidencial. Cristina tiene el problema de cómo mantiene su política económica exitosa. De eso depende su caudal electoral".

"Hay que analizarlo coyuntura tras coyuntura", se excusa Reynoso para evitar la polémica.
Aún restan cuatro años para la elección 2015 y esta historia -todo indica- recién comienza.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos