La oportunidad de la sustentabilidad

La oportunidad de la sustentabilidad

Una nueva generación de empresas innovadoras conjugan el respeto al medioambiente, la inclusión de grupos vulnerables y la renta económica. Cómo se financian y gestionan estas compañías que, con poco capital, contribuyen al desarrollo económico y social de su comunidad. Emprendedores e inversores cuentan su experiencia.Una nueva generación de empresas innovadoras conjugan el respeto al medioambiente, la inclusión de grupos vulnerables y la renta económica. Cómo se financian y gestionan estas compañías que, con poco capital, contribuyen al desarrollo económico y social de su comunidad. Emprendedores e inversores cuentan su experiencia. 23 de Septiembre 2010

Gustavo Genusso es ingeniero nuclear, nació en Azul, provincia de Buenos Aires, pero hace más de 30 años vive en Bariloche. Luego de trabajar 15 años en la Comisión Nacional de Energía Atómica, fundó Emprendimientos de Tecnologías para la Vida (ETV; www.etvida.com.ar), cuyo negocio principal es brindar soluciones tecnológicas a familias de bajos recursos, que viven en zonas alejadas, y ofrecer una oportunidad de trabajo a jóvenes que, de otra forma, quedan excluidos del mercado laboral. Por su alto impacto en el desarrollo de su comunidad y su innovador modelo de gestión, ETV fue incluida entre los casos de estudio de la revista Innovations, del Massachussets Institute of Technology (MIT).

Más allá de esta distinción y de otra que recibió como miembro de Ashoka, una organización internacional que apoya a “emprendedores sociales” que generan impacto en su comunidad, el mayor orgullo de Genusso es “haber probado que se podía crear una empresa sustentable, para distribuir tecnología donde más se la necesita y nadie llega”.

El primer producto que desarrollaron es una “bomba de soga”, que permite extraer agua en forma manual o accionado por energía eólica en su modelo más “sofisticado”. “Hay en el país al menos 30.000 familias que sacan agua de pozos con baldes y el tiempo que les lleva hacerlo les quita oportunidad de dedicarlo a actividades productivas. Por lo tanto, una tecnología sencilla como la de la bomba de agua, genera inmediatamente una mejora de la calidad de vida”, dice Genusso.

La compañía surgió como un spin off de la Fundación Gente Nueva, creada en la década del 80 por Genusso y un grupo de estudiantes universitarios, para mejorar la educación en barrios marginados. La entidad lleva construidas 10 escuelas, que atienden a 1.700 alumnos y tiene cinco áreas de trabajo principales: tierra, empleo, infancia, juventud y adultos mayores. “La idea de crear una empresa social surgió como una forma de combinar mi experiencia tecnológica y la actividad en la fundación”, señala.

Como todo emprendedor, Genusso se topó con el inconveniente de la falta de fondos. “Desde un principio, me planteé que esta empresa debía ser rentable y no vivir de subsidios y donaciones”, cuenta. “El problema es que hay pocas oportunidades de financiación para este tipo de emprendimientos. “Los fondos de inversión quieren prestarte u$s 1 millón para llevarse cinco en dos o tres años, y lo que yo necesitaba eran u$s 50.000 para un negocio a muy largo plazo, ya que usamos la lógica del comercio justo. Nuestros márgenes son bajos y ganamos en el volumen”. Finalmente, Genusso se contactó con el fondo de capital social Equitas (ver recuadro), conformado por inversores especializados que apoyan proyectos “sustentables” desde una triple óptica: ambiental, económica y social. De este modo, su idea se transformó en empresa hecha y derecha, que -como dice- “maximiza la inclusión, no la ganancia”.

Además de la bomba de soga, ETV produce cardadoras (para separar lana e hilar) y ruecas. También distribuye micropaneles solares para armar estufas, cocinas y calefones. La empresa emplea a tres profesionales y cinco jóvenes barilochenses, quienes se encargan del desarrollo y fabricación de los productos. Para la distribución y comercialización, trabajan en red junto con entidades públicas como el INTA y ONGs. Hace cuatro meses, conformaron una red de promotores con gente de las propias comunidades. “Producimos en Bariloche y enviamos los productos hasta cualquier lugar del país. Pero el apoyo de las ONGs y cooperativas locales es fundamental para hacer la última milla, es decir, instalar la bomba de agua o el panel solar en el lugar donde se necesita, aunque no haya camino ni tren”.

De la conservación al uso sustentable
A diferencia del enfoque conservacionista, que implica la no utilización de los recursos naturales, la tendencia actual apunta a hacer un uso racional (excepto casos puntuales como los de especies en vías de extinción). En este marco, han surgido numerosos emprendimientos en “áreas protegidas” o en las llamadas “reservas naturales de usos múltiples” donde se pueden llevar a cabo actividades de producción agroganadera, forestal o turística en armonía con la naturaleza.

La reserva privada Don Carmelo, en el departamento de Ullum, provincia de San Juan, es un ejemplo de este tipo de emprendimientos. Ubicado a 150 kilómetros de la capital provincial, y a 3.000 metros de altura, estas 40.000 hectáreas de tierras silvestres fueron rescatadas de la depredación por la familia Curátola, propietaria de la empresa gráfica Melenzane. “Compramos el terreno en un remate, a fines de los 80. Estaba diezmado por cazadores furtivos que estaban acabando con los guanacos, zorros, vizcachas, halcones y otras especies naturales”, cuenta Arturo Curátola. “También había ganado pastando en esta tierra de nadie, y depredando el suelo”, describe. Una vez cercado el terreno, sus nuevos propietarios tramitaron ante el estado provincial la declaración de “área protegida”. A partir de entonces, empezaron a invertir en la construcción de las instalaciones bajo el sistema antisísmico para recibir huéspedes, proveer energía a partir de dos generadores eólicos, que permiten el funcionamiento de Internet satelital y radios UHF, paneles de energía solar, hornos y calefones solares y televisión satelital.

Actualmente, el predio se utiliza para recibir contingentes de estudiantes y científicos que desean hacer investigaciones en las áreas de biología, ecología y astronomía, mediante un convenio con la Universidad Nacional de San Juan. Dadas las características del lugar y el difícil acceso, no está previsto generar un emprendimiento turístico masivo. La realidad es que la Reserva Don Carmelo se sostiene con los ingresos de Melenzane, una compañía fundada en 1968 como industria gráfica y que hoy provee al Estado artículos de librería, indumentaria deportiva y otros. El año pasado, la empresa ganó el premio al Emprendedor Social en la categoría Pyme otorgado por el Foro Ecuménico.

Curátola señala que a pesar de haber invertido en infraestructura de caminos, no ha recibido ningún apoyo del Gobierno. En cambio, sí recibió una oferta de la Dirección Provincial de Minería para generar una explotación en su predio. “Vinieron a estudiar el terreno y dejaron lleno de colillas de cigarrillo”, comenta. Por el momento, el empresario sigue firme en su intención de priorizar la conservación del entorno natural. “Sostenemos esta idea porque no la pensamos desde la lógica de un negocio, sino desde el compromiso social”, dice el emprendedor.

Sobre la misma cordillera de los Andes, pero unos cuantos kilómetros al sur, más precisamente en el Parque Nahuel Huapi, Evelyn Hoter montó una eco-estancia: Peuma Hue que, en mapuche, significa tanto sueño como visión. “La verdad es que siempre soñé con un lugar así, y cuando compramos el terreno, estaba bastante depredado. El bosque nativo había desaparecido por la tala clandestina, la invasión de ganado y de especies extrañas (como la rosa mosqueta, tan apreciada por los turistas aunque se trata de una planta invasora). En el predio, unas 250 hectáreas a 25 kilómetros del Centro Cívico de Bariloche, construyeron cabañas y una huerta orgánica, cuyos productos se utilizan en el restaurante.

En esta eco-estancia, considerada una de las 30 mejores del mundo por el sitio especializado TripAdvisor, trabajan 20 personas en temporada alta y 14 en baja. Tiene capacidad para 30 huéspedes. Además del alojamiento ofrecen actividades al aire libre como trekking, cabalgatas y canotaje. “Priorizamos el trabajo local y tratamos de ser lo más sustentables posible, aunque las tecnologías van cambiando y, hoy, haríamos las cosas de otra manera”, dice Hoter. Actualmente, está a la búsqueda de un crédito o subsidio de pequeña escala para reconvertir las instalaciones eléctricas por energía solar y eólica.

Negocio en dos ruedas
Lejos de la naturaleza y cerca del ruido, en las principales ciudades del mundo, la tendencia es impulsar el uso de la bicicleta. Según diversos estudios, pedalear tiene múltiples beneficios: reduce las emisiones de CO2 del transporte convencional, combate el sedentarismo, uno de los principales problemas de salud urbanos y ayuda a esquivar piquetes y congestionamientos de tránsito. Subidos a esta movida, dos jóvenes rosarinos, Nicolás Masuelli y Leonardo Pellegrin, crearon la bambucicleta, una bici ecológica super liviana hecha con caña de bambú. El proyecto comenzó hace seis años, y desde entonces los emprendedores se dedicaron a diseñar y probar distintos prototipos hasta que lograron dos modelos básicos (uno deportivo y otro de paseo o uso cotidiano) que se pueden tunear a gusto del cliente.

“La principal virtud de la bambucicleta es que reemplaza los materiales convencionales como hierro, carbono y titanio, cuya extracción y procesamiento insume gran cantidad de energía y daña el ambiente; por un material noble y abundante como la caña de bambú”, cuenta Pellegrin. “Este cultivo aporta oxígeno, afirma el suelo, crece en amplias zonas del país y, a los tres años, ya puede utilizarse”, destaca el emprendedor. “Actualmente, hay un auge del bambú, pero se utiliza principalmente en mueblería, cuando sus aplicaciones son mucho más amplias”.

Con vistas a exportar el producto en algún momento - dado que muchos extranjeros que vieron las bambucicletas quieren llevárselas a su país-, los emprendedores están tramitando la certificación de huella de carbono. Este es un requisito cada vez más habitual en los países de la Unión Europea, donde los productos deben contar con una etiqueta que describa la cantidad de emisiones liberadas al ambiente durante la fabricación y el transporte del producto.

El modelo de negocios está montado sobre los parámetros del comercio justo. “Compramos la caña a un distribuidor de San Fernando, pero queremos acordar directamente con productores de Misiones, para que el pago les llegue a ellos sin intermediarios. El problema es que es difícil contactarse, dado que es una comunidad en medio de la selva, y nos enviaron un tipo de caña que no nos sirve. De todos modos, vamos a seguir intentando, a través de la casa de la provincia”, asegura Pellegrin.

Por el momento, la compañía se compone de cuatro personas: los dos socios y dos técnicos que construyen las bicis, casi artesanalmente. El mayor valor de la bicicleta no está en los materiales, sino en la mano de obra.

Hoy, se fabrican por pedido y se venden a través de Internet. La idea de los emprendedores es incorporar más personal para poder producir a mayor escala y vender en bicicleterías, tiendas de ropa y otros comercios.

Llevar adelante un negocio sustentable, como pedalear, requiere esfuerzo. Pero los emprendedores están convencidos de que vale la pena.



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