La nueva clase media de Brasil sale de compras

Mientras la economía pasa por un boom, los residentes de las favelas compran en cuotas y exageran con las deudas. El gobierno está preocupado por la posibilidad de un default. 26 de Mayo 2011

Por Harry Maurer y Alexander Ragir

Francisca de Carvalho vive en Rocinha, una favela que sobre una ladera justo por encima del lujoso barrio Leblon de Río de Janeiro. Su departamento en el cuarto piso no es lo se espera en una favela: es pulcro y limpio, con muebles modernos y una vista amplia. Carvalho, de 54 años, recientemente gastó US$ 400 para remodelar su baño. Pidió un préstamo sobre su tarjeta de crédito del Banco Itaú y paga 14 por ciento de interés mensual. “Me gustan las cosas lindas”, dice.

Más y más brasileños están desarrollando un gusto por cosas lindas y tomando préstamos para pagarlas. La séptima economía del mundo se expandió 7,5 por ciento el año pasado, y el Ministro de Finanzas predice un crecimiento de 4,5 por ciento este año, energizado por la demanda de los bienes de la buena vida. La deuda del consumidor está creciendo tan rápido que el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, en un intento de desinflar una posible burbuja crediticia, ha incrementado los impuestos que los consumidores pagan sobre los préstamos. El Banco Central ha aumentando las tasas para desalentar el gasto.

Las tiendas brasileras alientan a los consumidores a comprar en planes de cuotas. En el barrio playero de Rio, Copacabana, los emporios Casas Bahia y Ponto Frio anuncian con bombos y platillos hornos y lavarropas por “10 pagos sin interés”. A unos metros, uno puede pagar en cuatro cuotas la compra de unas zapatillas en Ultraflex.

Bajo este tipo de acuerdos, la tienda parecería asumir todo el riesgo -y, como si fuera poco, con la inflación de 6,5 por ciento está perdiendo dinero. De hecho, la etiqueta con el precio ya tiene una alta tasa de interés incluida, por lo que las grandes cadenas están haciendo más dinero como casas de financiación del consumo que como retailers. Sus ganancias reflejan el boom: Lojas Americanas, el mayor retailer de descuentos de Brasil que cotiza públicamente, vio un salto de 33 por ciento en las ganancias del primer trimestre respecto del año último, y en Hering, una cadena de indumentaria, las ganancias trimestrales crecieron 74 por ciento. Los compradores que pueden permitirse comprar directamente usualmente pueden regatear el precio o encontrar el mismo ítem online por menos.

Durante los ocho años en el poder del presidente Luis Inácio Lula da Silva, de 2003 a 2011, 24,5 millones de personas salieron oficialmente de la pobreza, y 35,5 millones se movieron a al peldaño más bajo de la clase media, la llamada Clase C, ganando entre US$ 1100 y US$ 3900 al mes, según investigadores en la universidad Fundación Getulio Vargas. Para estos luchadores, los créditos abundan por primera vez. Los préstamos totales de consumo crecieron seis veces en los últimos ocho años, a US$ 495.000 millones, y saltaron del 24 por ciento del producto bruto interno en 2003 a 46 por ciento hoy, según el Banco Central. Cerca de un quinto de estos préstamos se cobran por débito automático de los sueldos. Desde 2004, las tarjetas de crédito bancarias se triplicaron, a 159,5 millones, y las tarjetas de retailers casi se cuadriplicaron, a 233,5 millones. La tasa promedio de interés en las tarjetas de crédito es 238 por ciento anual, mientras que los préstamos de retailers cuestan 85 por ciento, y los préstamos personales de bancos, 47 por ciento.

Debido a los rígidos aranceles de Brasil que revisten el mercado doméstico, los objetivos pueden costar mucho más que, por ejemplo, en los Estados Unidos. El modelo más barato de una TV de pantalla plana de LG Electronics de 32 pulgadas cuesta US$ 749 en Casas Bahia, versus US$ 449 en P.C. Richard & Son en Nueva York.

Quienes piden préstamos en general no saben en lo que se están metiendo. “Estas son personas sin experiencia de crédito”, dice Andrew Frank Storfer, presidente de Anefac, una asociación de San Pablo de finanzas y contabilidad ejecutiva. “No hay cultura de manejo de deuda”.
María de Matos puede testificar eso. Vecina de Carvalho en Rocinha, Matos obtuvo su primera tarjeta de crédito hace cinco años y comenzó a frecuentar el shopping Barra da Tijuca. Cada mes se tomaba un colectivo hasta ahí con la plata que ganaba limpiando casas, para hacer shopping. Con 48 años y analfabeta, Matos dice que ella no tenía idea de las tasas que estaban cobrando los negocios. Hace un año se declaró en bancarrota en su deuda de US$ 1100. “Era como si estuviera nadando pero cada vez me hundía más y más”, dice.

Aunque el Banco Central regula cuánto los bancos deben dejar aparte para cubrir los préstamos riesgosos, los bancos pueden prestar a las tasas y en los términos que quieran. En parte como resultado, los bancos brasileros disfrutan de un margen de ganancias promedio de 15 por ciento, comparado con 7,8 por ciento de los prestamistas en los Estados Unidos, según datos de Bloomberg. Brasil también carece de bureaus de créditos de consumo, lo que significa que no hay manera de que los consumidores accedan a préstamos más baratos con un buen puntaje de crédito, porque el gobierno sólo puede rastrear a quienes entraron en default.

Hasta ahora, con la economía en crecimiento y los mercados laborales reñidos, las tasas de delincuencia de consumidores no subieron peligrosamente. Itaú Unibanco Holding, el banco más grande de la nación por valor de mercado, acaba de aumentar las provisiones para préstamos malos, diciendo que espera que crezcan los defaults. Lula aumentó los requerimientos de reserva y capital en diciembre, mientras que Rousseff casi triplicó, a 6,6 por ciento, el impuesto que los brasileños pagando en cualquier compra con tarjeta de crédito hecha en el extranjero.

Aunque se esperan más movimientos que regulen el crédito, podría ser difícil mantener a los brasileños en sus casas ahora que experimentaron los placeres de los malls llenos de multitudes. “Ir de compras era una gran tentación”, dice Matos de su vida antes de la bancarrota. “Ahora me arrepiento tanto. Ensució mi nombre”.

The bottom line: los nuevos consumidores prósperos de Brasil podrían poner en peligro la economía del país pidiendo prestado a altas tasas.

Maurer es editor de Bloomberg News en Rio de Janeiro. Ragir es periodista de Bloomberg News.



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