La moda pasa por la cabeza

La moda pasa por la cabeza

En 2002, Lara Grinberg empezó a diseñar sombreros y boinas con retazos de telas. Hoy produce hasta 15.000 unidades por año, que se venden en 400 locales de todo el país y en tiendas de alta costura de Australia, Suecia y Francia. 16 de Septiembre 2010

En vidrieras y escaparates de moda, los sombreros son un accesorio que acompaña a la ropa. Pero, en el local de Compañía de Sombreros, ocurre lo contrario. Allí hay centenares de gorros, boinas, vinchas y sombreros de todas las formas y colores: desde capelinas hasta modelos Panamá. Los vestidos y conjuntos que también se exhiben, son simplemente un complemento del producto principal. Lara Grinberg, la creadora de este espacio, es analista de sistemas y diseñadora industrial. Y la empresa surgió -como muchos emprendimientos- en un momento de crisis económica y personal.

A fines de 2001, después de recibirse y trabajar durante varios años en la empresa de indumentaria masculina de su padre, Lara decidió viajar a los Estados Unidos, donde vive una hermana, con la intención de afincarse, pero las cosas no resultaron como lo imaginaba y, antes del mes, estaba de vuelta. “Era un momento terrible en el país, pero de todos modos no quería volver a la empresa familiar. Conseguí unos trabajos de armado de redes y sistemas, y con eso me mantuve. Como siempre me gustó mirar revistas de moda y diseñar ropa, fui descubriendo un nuevo auge de los sombreros en el mundo. Así que con retazos de la empresa de mi papá empecé a diseñarlos y salí yo misma a venderlos”, cuenta.

A principios de 2002, lo que hoy es el distrito de diseño de Palermo Soho, recién empezaba a armarse. Poco a poco, la caída en las importaciones de indumentaria como consecuencia de la devaluación, animaba a los diseñadores independientes a abrir sus propios locales. Lara empezó a recorrerlos y así le vendió sombreros a marcas como Uma y a María Cher. “Lo que me dio un gran impulso fue participar, a comienzos de 2003, de la feria Código País, que se hizo en una caballeriza en Las Cañitas. Había pedido u$s 300 para comprar insumos. Con lo que vendí devolví el dinero y me quedó otro tanto para reinvertir”, cuenta.

Al rescate de un oficio
Al principio, Lara se ocupaba de diseñar y cortar los moldes, y mandaba a coser los sombreros. “Me basaba en fotos históricas y de revistas viejas, y recreaba esos sombreros con un toque más moderno. Hasta la década del 50, los sombreros eran muy importantes, pero después de los ‘60 se dejaron de usar. Ahora, están volviendo. Lo que hago es combinar materiales y colores que antes no se usaban. En vez de utilizar pana, los armo con tela de jogging y combino colores y detalles”, cuenta. Hoy, la firma produce entre 12 y 15.000 sombreros al año, en 100 modelos distintos y factura $ 700.000.

Una de las dificultades que tuvo la emprendedora, fue encontrar personas capacitadas. “Es un oficio que prácticamente se ha perdido. Me costó mucho conseguir talleres que tuvieran hormas, planchas y conocimiento del tema”, cuenta. “Los pocos que quedan hacen una sola clase de sombreros, las típicas boinas para jubilados”. Finalmente, dio con un taller y fue formando gente. Hoy, tiene seis empleados y terceriza la producción.

Durante cuatro años, mantuvo una góndola en el Paseo Alcorta junto a una diseñadora de bijouterie. “Las ventas en el shopping eran buenas, pero el año pasado vendí mi parte a mi socia porque creo que es lo mejor para la marca”. Recién a comienzos de este año abrió su local en la zona de Palermo Soho, donde además de sombreros, que hacen al 60% de sus ventas, se vende indumentaria femenina diseñada por ella misma. Lara diseñó el site “www.companiadesombreros .com.ar”, a través del cual se canaliza casi el 50% de las ventas. Sin embargo, por ahora, sólo se puede ver el catálogo y encargar los productos, cuya compra se paga contra entrega. El próximo paso es habilitar la compra directa con distintos medios de pago a través de Internet.

De Palermo a Nueva York
“Recibo muchas consultas y pedidos de clientes del interior y del exterior, ya que mi página está dentro de un portal de diseño independiente (www.feriadedisenio.com.ar). A partir de conectarse con otros emprendedores que participan del portal, Lara presentó su caso este año, durante el Encuentro Latinoamericano de Diseño, organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.

A comienzos de 2008, la diseñadora fue invitada por la Oficina de Moda de la Cancillería a participar de una feria del rubro en Nueva York. “Allí, surgieron muchos contactos, incluso varios pedidos. Pero, lamentablemente, explotó la crisis de las hipotecas subprime y mis clientes desistieron del negocio. A pesar de todo, fue una buena experiencia y logré hacer algunas exportaciones puntuales a boutiques en Londres y a las galerías francesas Le Bon Marché”, cuenta la emprendedora.

Por estos días, Lara está enfocada en ampliar el mercado local. Otro de sus proyectos es conseguir inversores para armar una red de franquicias. De lo que no caben dudas es que pone en su negocio corazón y cabeza.

Ficha
Empleados: 6
Producción: entre 12.000 y 15.000 sobreros al año
Facturación: $ 700.000 (proyectado 2010)
Exportaciones: a Francia, Reino Unido, Australia y Suecia



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