"La mejor solución a la expropiación de YPF sería un acuerdo negociado entre Repsol y la Argentina"

El embajador de la Unión Europea, Alfonso Díez Torres, admite la inquietud de las empresas europeas por el tratamiento de sus inversiones en el país y afirma que medidas como las de YPF y las trabas a las importaciones desalientan el clima de confianza. 21 de Mayo 2012

La ajetreada agenda que por estos días lleva Alfonso Díez Torres, el embajador de la Unión Europea (UE) en el país, es apenas una muestra de los tiempos de borrasca que hoy corren en la relación entre Buenos Aires y Bruselas. Tras el anuncio la semana pasada de inminentes represalias contra la Argentina por la polémica expropiación del 51% de las acciones de la española Repsol en YPF lanzadas por el Comisario de Comercio Europeo, Karel de Gucht, Díez Torres, habló con El Cronista WE.

En lenguaje diplomático -como no podía ser de otro modo por el cargo que ocupa- el embajador de la UE parece abrir un compás de espera respecto de eventuales sanciones contra el país y aboga por una pronta solución negociada entre las autoridades argentinas y Repsol que ponga fin a la disputa por la expropiación de la petrolera que sigue generando duros cruces entre los gobiernos de Cristina Kirchner y Mariano Rajoy.

La UE anunció represalias pero aún no las ha hecho efectivas. ¿Qué cabe esperar?

Primero decir que en estos momentos en que se hizo firme la decisión al ser aprobada la ley de expropiación por el Congreso, la UE respeta esa decisión y reitera que nunca cuestionó el derecho a la expropiación conforme a la Constitución y a los acuerdos internacionales que tiene la Argentina. Únicamente manifestó su inquietud por los procedimientos, las formas como se hizo y porque pudieran haberse vulnerado los derechos de la empresa afectada. En tal sentido, mirando al futuro, expresa ahora su confianza en que como las propias autoridades argentinas han manifestado y nosotros confiamos plenamente en ello, Argentina procederá a completar este proceso de expropiación conforme a la Constitución y tratados, lo cual pasa sobre todo por acordar una compensación económica por esta situación.

Repsol formalizó su intención de ir al CIADI y reclama u$s 10.500 millones. ¿La UE espera un acuerdo negociado antes de llegar a esa instancia? ¿Confía en que la Argentina pagará un precio justo por la expropiación?

Ahora se abre un proceso de negociaciones entre la empresa y las autoridades argentinas para ver si es posible un acuerdo que consideramos que sería la mejor opción, la mejor solución, y vamos a poner toda nuestra colaboración para que así sea. En el caso de que pudieran surgir discrepancias sobre las modalidades o el importe de esa compensación, pues el propio tratado de inversión prevé acudir a fórmulas de arbitraje o también a los organismos juridisdiccionales tantos nacionales como internacionales. Así que por una vía u otra, confiamos en que esa sea la salida, cuanto más rápido mejor. Creo que en cómo se resuelva finalmente esta decisión, que en sí es respetable pero ha podido de alguna forma erosionar la confianza de los inversores europeos, podrá ayudar a normalizar la situación como todos deseamos.

¿Las represalias anunciadas entonces entran en una suerte de stand by según se avance en las negociaciones?

Creo que hay que entender que el Comisario Europeo a lo que se refirió, como ya se hizo en anteriores ocasiones, es que la UE al haber expresado su inquietud sobre esta medida y sobre todo a la forma en que se tomó, manifestaba que todas las opciones estaban abiertas, que cualquier medida que se considere oportuno tomar por parte de la UE siempre será en conformidad con el derecho europeo y el derecho internacional.

¿Cuáles son las inquietudes que usted recibe por parte de los empresarios europeos que tienen intereses en el país? ¿Qué les preocupa?

Es una cuestión que quizá habría que preguntarle a ellos.

Por el cargo que ocupa, usted es claramente receptor de esas inquietudes...

En alguna medida, pero también los propios inversores tienen sus lógicas conexiones con sus embajadas y cámaras de comercio. En cualquier caso, no es ningún secreto y ha habido informaciones, se ha trasladado ese sentimiento general de que puede haber una inquietud sobre cuál puede ser el tratamiento de las inversiones y sobre todo la consideración de lo que debe ser un razonable y justo equilibrio entre la inversión y el retorno de esta inversión. Cualquier inversor, y creo que los inversores europeos han sido modélicos en ese sentido, busca obtener beneficios pero también en este caso contribuir decisivamente al desarrollo industrial y de otros sectores de Argentina. Y por tanto, es razonable esperar unas reglas de juego estables y que garanticen ese equilibrio razonable entre lo que se aporta al país y también la necesidad de amortizar esas inversiones y tener un beneficio razonable.

¿Hay temor a una ola estatizadora que pueda afectar intereses europeos en el país? 

Ésa es una cuestión subjetiva, pero más allá de que exista o no el temor, hay que tener en cuenta que hoy día en este mundo globalizado, atraer inversiones también es un ejercicio de competencia porque hay países que cada vez buscan de una forma más decidida atraer esas inversiones. Entonces, no se trata de que se tengan dudas o no, sino de que se ofrezca un marco atractivo y comparativamente más atractivo del que puedan tener otros países de la región que también buscan esas inversiones. Ahí está quizá el reto de la Argentina.

Concretamente, ¿Argentina sigue siendo un destino atractivo para las inversiones europeas?

Objetivamente lo es, sin duda. Pero también creemos que potencialmente está por debajo del nivel que podría llegar a tener.

El canciller español ha dicho que Argentina podría quedar excluida de un acuerdo Mercosur-UE porque justamente no cumple las reglas de juego ni en materia de comercio ni en materia de inversiones. ¿Existe esa posibilidad?

No me corresponde a mí comentar declaraciones de los ministros de Asuntos Exteriores de los estados miembros. Lo único que puedo decir aquí es que, en el momento actual, el mandato que tiene la Comisión de los estados miembros es negociar un acuerdo de asociación que incluye un acuerdo de libre cambio entre la UE y el Mercosur y naturalmente en ese marco nos movemos. Lo que sí han señalado también las autoridades europeas es que medidas como las que se adoptaron últimamente no contribuyen a fomentar el clima de comprensión y mutua confianza necesaria para avanzar en una negociación que de por sí es complicada y difícil. Pero las posibilidades de obtener grandes ventajas de ese acuerdo son realmente muy importantes para ambas regiones.

En realidad el acuerdo está empantanado desde hace tiempo. ¿Cuáles son las trabas específicas?

Es una larga historia que ha atravesado por períodos diversos y difíciles. Se lanzaron las negociaciones en 2000, se suspendieron en 2004 ante la divergencia de puntos de vista. En 2010, con la presidencia de Argentina del grupo de América Latina, por un lado, y de España como presidenta del Consejo de Unión Europea, por el otro, jugaron un papel clave para hacer posible que en la cumbre America Latina y Caribe-UE de Madrid se relanzaran esas negociaciones en la confianza de que establecieran un reinicio definitivo para poder concluir en un período razonable ese acuerdo. En estos dos años han pasado muchas cosas y también el mundo ha cambiado profundamente, pero a pesar del nuevo contexto, el interés y beneficio mutuo que resultaría de esas negociaciones sigue ahí y por tanto creo que nuestro empeño debería ser superar esos obstáculos, siempre y cuando haya un convencimiento de ambas partes.

¿La tendencias proteccionistas producto de la crisis que se ven en países como la Argentina afectan esa negociación?

Es una conclusión que se suele usar con frecuencia, pero quizá de forma un poco mecánica porque desde el punto de vista europeo, donde algunos países, no toda Europa, están pasando por una crisis difícil (ver recuadro), el compromiso con un acuerdo de libre cambio y de impulsar el comercio no ha disminuido; al contrario, una de las estrategias de salida de la crisis es buscar instrumentos para favorecer ese comercio y sin duda que éste lo es.

¿Entonces?

Desde el punto de vista de Mercosur es bien distinta la situación, son países que están creciendo, transformándose de una forma distinta y es verdad que también hay que buscar un punto de encuentro para que esa liberalización comercial tampoco menoscabe los legítimos deseos para continuar avanzando en el proceso de industrialización, evitar que estas economías se reprimaricen. Y la UE apoya esa visión. Lo que nosotros entendemos, y ahí puede haber divergencias, es que una economía abierta, el libre mercado no va en contra del objetivo de la industrialización en el mundo globalizado donde es inútil poner puertas al campo. Hay que abrirse, hay que ser competitivo, y las políticas proteccionistas o que se cierren al exterior no creemos que sean las fórmulas adecuadas para avanzar en esa industrialización que es correcta.

¿En qué estado están las quejas que ha presentado la UE en la OMC contra la Argentina por las restricciones a las importaciones que aplica el país?

El proceso sigue, confiamos en que se pueda resolver mediante el diálogo y la negociación. En cualquier caso, todas las opciones siguen abiertas para avanzar en ese proceso conforme a los propios procedimientos que tiene la OMC para arreglar estas diferencias. Es cierto que este tipo de situaciones que están conectadas al elemento central del acuerdo (Mercosur-UE), el libre comercio, no son las que generan el mejor clima de confianza y sobre todo de convencimiento de que la opción política de cada parte es absolutamente consistente con ese acuerdo que implica creer en las virtudes de una economía abierta y de libre cambio.

¿Usted dice, básicamente, que la política que lleva adelante el secretario Guillermo Moreno genera ese clima?

Cada país es libre de llevar a cabo la política comercial que considere adecuada, siempre y cuando respete los compromisos que ha asumido en el marco de la organizaciones internacionales y en particular en la OMC. Es todo lo que puedo decir.



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