La incógnita del talento ausente

La incógnita del talento ausente

El problema de la falta de recursos se hace sentir cada vez más fuerte en el sector tecnológico. Para reducir su impacto, tanto desde las empresas como desde la academia, apuran iniciativas y proyectos conjuntos. Algunas de las principales universidades del país cuentan cómo son y qué objetivos puntuales tienen. 23 de Agosto 2011

Desocupación cero suena a Ciencia Ficción en tiempos de mercados oscilantes y deudas públicas que estremecen hasta a las economías más desarrolladas. Sin embargo, la Argentina versión 2011 ya vive esa realidad en su sector IT. Y, con niveles de facturación que superan la marca de los $ 9.000 millones y exportaciones que generan más de u$s 700 millones, todo indica que la industria continuará con su tendencia alcista y así, también, con su principal amenaza: la falta de talento.

Sin embargo, no sólo el mercado y las empresas (la demanda) remarcan el peligro que tal disyuntiva supone para el futuro del sector. También desde el mundo académico las voces de alerta suenan cada vez más fuerte.

La directora de la carrera de Ingeniería Informática del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), Silvia Gómez, sostiene: “La Argentina tiene una industria del software que creció terriblemente en los últimos años y no incrementó la cantidad de egresados y tiene una necesidad imperiosa en lo que es software”.

Para el secretario Académico del departamento de Ingeniería y Coordinador de la carrera de Ingeniería en Informática de la Universidad de La Matanza (Unlam), Domingo Donadello, “cada vez, se necesita más gente y es un problema porque los alumnos de los primeros años empiezan a conseguir trabajo, porque programan bien o dan soporte, y eso termina entorpeciendo la cursada”.

Los últimos datos de la Secretaría de Políticas Universitarias muestran que, en 2009, las carreras de Ingeniería en Ciencias Informáticas, o similar, entregaron 1.491 graduados al mercado. A su vez, había 43.394 alumnos y 9.491 nuevos inscriptos. Tal número es insuficiente para abastecer a un mercado que emplea a 60.000 personas y está en constante crecimiento.

Duplicar los egresados
Según Marcelo De Vincenzi, decano de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), “hay una demanda insatisfecha de entre el 20 ó 30% de ingenieros informáticos”.

El decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Fcefyn) de la Universidad de Córdoba, Héctor Tavella, asegura que el mercado necesita el doble de graduados. A la inercia natural del sistema educativo, el directivo agrega: “No hay una gran formación de técnicos medios”. Por ello, muchos egresados terminan “haciéndo el papel de ingenieros y estudiantes de primer año haciendo de técnicos”. Gómez, del ITBA, amplía: “Hay empresas que toman alumnos desde el secundario, les enseñan Java y estos ya empiezan a programar”.

Frente a este panorama de ansiedad, las propias universidades resaltan que la colaboración entre empresa y academia hoy es una obligación, más que un opción. “Hay que trabajar muchísimo más con las compañías, a lo mejor hay que hacer un esquema distinto, apoyando más para que el alumno estudié”, sugiere Gómez del ITBA.

Existen muchos alumnos que abandonan la carrera en los últimos años porque no pueden combinar el trabajo con el estudio. “Al trabajar y haber mucha demanda laboral, con buenos sueldos, se reduce la capacidad para estudiar”, dice Donadello.

Sin embargo, el compromiso pasa también por el lado corporate. “La empresa tendría que comprometerse muchísimo más, apoyar la investigación en la universidad, con alumnos. A veces, vienen, piden resultados sin involucrarse demasiado”, indica la directora del ITBA. Por su parte, De Vincenzi matiza: “Las firmas están más que preocupadas porque sin su activo de recursos no pueden funcionar como empresas, no pueden vender, no pueden desarrollar”.

Respondiendo a esa realidad, la UAI realizó recientemente una serie de encuentros con empresas de tecnología. El objetivo: analizar qué es lo que se puede hacer para mejorar los tiempos de formación. “Se habló de mejorar la comunicación con la empresa con respecto a la planificación, porque, muchas veces, no saben cuál es la cantidad de materias que tienen que cursar los alumnos o cuándo son los exámenes”, cuenta el decano de la facultad.

Por su parte, la Unlam creará un polo tecnológico en colaboración con la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI) donde se radicarán empresas del sector. “La idea es que los chicos trabajen en el mismo ambiente de la universidad, pero en la empresa y, además, puedan continuar estudiando sin perder tiempo en traslados”, comenta Donadello. Desde la casa de estudios, esperan que, en dos años, el polo esté funcionando y emplee hasta 100 alumnos.

Lo público y lo privado
La colaboración con el Estado es otro elemento importante a la hora de generar más ingenieros del sector. “Alentado por el Gobierno nacional y, en el caso de Córdoba, por el provincial, se establecieron sistemas de becas para estudiantes de estas asignaturas”, subraya el decano de la Universidad de Córdoba. Hoy, 600 alumnos reciben parte de estas becas. En el caso de la Unlam, la cifra de tales beneficiados alcanza a 100 estudiantes.
“En la zona de influencia de la universidad, hay muchos chicos humildes que vienen a estudiar. Entonces, la búsqueda de trabajo y las becas son importantes”, comenta el Secretario Académico del departamento de Ingeniería.

Por su parte, De Vincenzi afirma que espacios como Tecnópolis o Buenos Aires Futuro ayudan particularmente a demostrar que “para ser ingeniero no hay que ser un superdotado, sino que se requiere vocación y esfuerzo”. Desde el ITBA, Gómez agrega: “El Gobierno de la Ciudad convocó a las universidades a proponer contenidos necesarios para una nueva escuela técnica en el Polo Tecnológico”.

Otra herramienta a la que apuestan las universidades es al seguimiento y apoyo de los alumnos de años más avanzados, para ayudarles a continuar en la carrera cuando ya están trabajando. “Estamos implementando un programa para colocar tutores que acompañen las situaciones de estos alumnos para ayudarlos a ordenarse y a tener un régimen, aunque lento, de aprobación", cuenta Donadello.

En la Universidad de Córdoba, existe un sistema de “padrinos externos”. Se trata de profesionales insertos en la empresa que toman a un estudiante bajo su padrinazgo. “El objetivo es hacer graduar a los alumnos”, afirma Tavella.

En este sentido, resaltan también la colaboración que se estableció en los últimos años con el lado corporate. "Tenemos muchísimos convenios con empresas que se ofrecen para dictar cursos y también convenios quw nos permiten acceder a herramientas gratuitas para usar en cátedras de la universidad”, indica Gómez, del ITBA.

En la Unlam, los alumnos pueden realizar cursos de herramientas de Oracle o IBM. “El plan apunta a insertar la tecnología que usan las empresas dentro de la cursada”, comenta Donadello y subraya: “Esto garantiza que el chico haga una cursada adicional al programa normal, de dos horas en laboratorio, y obtenga una calificación profesional por parte de las empresas”.

Incubar para innovar
En Córdoba, una de las iniciativas es un convenio con la francesa Dassault Systemes, por el cual, en la facultad de Ciencias Exactas, se genera un centro de referencia de PLM (gestión de ciclo de vida de producto, por sus siglas en inglés). El decano, Tavella, resalta: “Ellos nos ceden toda la tecnología para formar un laboratorio de innovación productiva y de tecnología de informaciones y comunicaciones para que nuestros estudiantes puedan estar bien formados”. Un acuerdo similar tienen con Cisco, donde los estudiantes pueden especilizarse, sin cargo, en el área de redes.

También hay casos en los que, desde la mismas universidades, se generan programas de incubación de base tecnológica. “Esto promueve que, a partir de ideas concretas, los alumnos puedan desarrollarlas desde el punto de vista tecnológico y, después, concretarlos en una empresa”, asegura De Vincenzi. Así, después de cinco años, la iniciativa de la UAI ostenta 24 empresas incubadas.

En Córdoba, cuentan con un programa similar, Tavella resalta el beneficio hacia ambos lados del mercado: “Las empresas incubadas, luego, se transforman en empresas internacionales que mantenien la relación (con la academia)”.

Por su parte, en el ITBA, funciona un grupo que coordina las materias y que, a su vez, “contacta a empresas y egresados para ir actualizando contenidos”, según comenta Gómez. También en la Unlam hay un área de extensión que organiza actividades vinculadas con el sector empresario y el sector público. “Hay desarrollos de software hechos por alumnos, graduados y profesores de la universidad, que abastecen demandas que tienen que ver con el Estado o las empresas que nos piden la colaboración para organizar sistemas”. relata Donadello.

La cantidad de las iniciativas indica que tanto desde el lado de la oferta (universidad) como de la demanda (empresas), las fuerzas están tomando velocidad para cerrar un déficit que, en caso de seguir vigente, amenaza con costarle a la industria IT local la posición de privilegio que hoy ostenta.



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