La horma del mercado

La horma del mercado

La producción de calzado marcará un record este año: 100 millones de pares. Los planes de los players y cuáles son las piedras en sus zapatos. 15 de Octubre 2010
Stilettos, botas, chatas, botinetas, borcegos. Todos conviven en el variado y segmentado mercado del calzado local. En 2010, se espera que el sector llegue a producir 100 millones de pares. “Tiene que ver, en los últimos años, con el modelo del Gobierno de agregar valor productivo, que acompaña con licencias no automáticas. Estamos encaminados y dentro de los 10 principales productores mundiales”, sentencia Alberto Sellaro, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado, un sector que emplea a más de 45.000 personas en forma directa y unas 25.000 de manera indirecta. Sin embargo, todavía posee desafíos para superar. Entre ellos, la exportación, una deuda pendiente, ya que apenas sobrepasa los 2 millones de pares. Por otro lado, la caída en la faena vacuna implica menor oferta de cuero, que en esta temporada lleva acumulado casi un 70 por ciento de aumento en precio, según las empresas. “Eso afecta un poco los costos, pero tratamos de paliarlo con mayor producción”, explica Sellaro. Así están las perspectivas de una actividad caracterizada por una fuerte atomización de jugadores: entre las grandes cadenas, que se ubican en un segmento medio, y aquellas de autor, con showrooms o ventas privadas.

Dentro de las cadenas, una de las más importantes es Grimoldi, que comenzó sus actividades como una fábrica de calzado en 1895. Hoy, está enfocada en la comercialización de brands como Hush Puppies, Merrell, Timberland, CAT y Kickers, entre otras. “Diseñamos y desarrollamos la mayor parte de los 2,2 millones de pares anuales que comercializamos entre todas. Completamos el resto de las colecciones con modelos desarrollados y fabricados por las marcas en el exterior”, explica Hernán Grimoldi, gerente de Nuevos Negocios. Así, un tercio es producción local propia –posee una fábrica de calzado en Santa Fe y otra de suelas y plantillas. Otro tercio es en fábricas de terceros y el resto, importación, la mayoría, de Brasil. La pata de retail se compone de unos 100 locales, de los cuales 20 son franquicias, y presencia en multimarcas. Con una facturación prevista para 2010 de $ 400 millones –casi 30 por ciento más que el año pasado–, también avanza con locales exclusivos de algunas licencias, como The North Face. “En los últimos años, exportamos a mercados como Paraguay o Uruguay. Pero, como la fabricación es intensiva en mano de obra y el cuero es prácticamente una commodity, competir en volumen con productores como China, la India, Vietnam o Brasil es difícil”, admite Grimoldi.

Justamente, los mercados internacionales resultan atractivos para los pequeños fabricantes independientes, concentrados en el diseño, que pueden aportar valor agregado y diferenciarse de la producción en serie. Por caso, Josefina Ferroni, quien comenzó, pos crisis de 2002, exportando sus modelos a Barcelona. En 2003 se mudó a su primer local en Palermo y en junio abrió un segundo. “Por ahora, tengo dos locales y no pienso sumar más. Para el año que viene quiero focos pequeños o micro franquicias en el interior. No descarto estar en shoppings pero no en este momento”, asegura Ferroni. La emprendedora facturó $ 840.000 en 2009 y proyecta crecer 25 por ciento este año. “Con la crisis internacional, hubo un stop en la exportación pero estamos arrancando con Chile y retomamos Canadá y Barcelona. Armaremos un canal de comercialización para tener presencia de marca”, anticipa.

El caso de Luz Príncipe es distinto: entró al rubro de casualidad. Periodista de profesión, hace diez años le regaló un par de ojotas bordadas a una amiga y, 300 pares después, se dedicó full time al negocio. Sin local a la calle, atiende en un showroom. “Priorizo la atención al cliente, la calidad del producto y la comodidad. En un local es muy difícil de lograr”, sentencia. También con taller propio, suma entre 800 y 900 pares por colección –el precio promedio de los zapatos está en $ 300 y las botas, $ 650– y planea crecer 20 por ciento este año. “No quiero expandirme como cadena. Mi negocio se extiende hasta donde lo permita la edición limitada”, define. Exporta el 10 por ciento a Chile y, próximamente, a Uruguay.

 De autor a cadena
Sofi Martiré hizo una transición, ya que comenzó de manera independiente, y hoy cuenta con cinco locales y planea lanzar franquicias. “La idea es crecer en puntos y abrir en mercados como Chile, Paraguay y Uruguay”, explica Federico Halle, socio gerente de Sofi Martiré, y marido de quien le da nombre y diseño a la brand. La producción, que suma entre 55.000 y 60.000 pares anuales, tiene zapatos que arrancan en $ 350. Este año, proyecta crecer entre 20 y 25 por ciento respecto de 2009. El próximo, se concentrará en la exportación y el crecimiento en multimarcas. “Es un sector complejo por la cantidad de players y la incertidumbre sobre los costos. Se depende de muchos actores para tener los productos en tiempo y forma”, analiza Halle. 

“Un zapato junta 15 proveedores distintos y muchas industrias. La cintura y la versatilidad del diseño te la da la fábrica”, confirma Gustavo Manfré, al frente de Huija, con siete años en el mercado. Arrancó haciendo producción para otras marcas, hasta que se dedicó a la etiqueta propia (de hecho, hoy sólo el 10 por ciento de lo que fabrica lleva el nombre de otra brand). Las ventas, que este año totalizarán $ 1,2 millón, se concentran en dos showrooms, en San Isidro y Palermo, lejos de la masividad de los shoppings. Al año, fabrica entre 10.000 y 12.000 pares. “Exportamos, pero estamos caros. Los países que trabajan con China nos descartan como proveedores”, sentencia Manfré. Y añade: “El cuero aumentó 40 por ciento en cuatro meses, el dólar se mantiene igual y todas las fábricas resignamos rentabilidad porque hay números imposibles de trasladar”. 

“El desafío de la industria es el abastecimiento de materiales para soportar el crecimiento. Que las importaciones estén restringidas o cerradas complica porque algunos de los materiales se traen de afuera”, aportan Alfredo Chiodini y Diego Cairo, respectivos director y gerente de Desarrollo y gerente de Administración de Viamo. La compañía nació en el seno de una familia de zapateros, que dos hermanos (los Chiodini) convirtieron en marca en 2004. Hoy, cuenta con 12 locales y proyecta 15 para fin de año. De los actuales, 10 son propios y dos, franquicias. “Queremos seguir creciendo a través del retail en el interior, y mediante los más de 250 clientes multimarca”, añaden. Con una producción propia de 200.000 unidades anuales, el año último facturó $ 25 millones y rondará entre $ 32/34 millones en 2010. 
Poca materia prima

Otra empresa familiar que combina la producción con el retail es Natacha. “Antes, fabricábamos para otras marcas pero, en 2002, abrimos un local y trabajamos en el posicionamiento de la brand”, cuenta Mauro Haas, director de la compañía, con siete locales (tres de ellos, franquicias). La exportación se lleva el 20 por ciento de la producción, especialmente a Chile. Natacha apunta a un target medio y medio/alto, con zapatos a $ 450 promedio y botas a $ 700. El último verano vendió 45.000 pares. “El nivel de precios es difícil de sostener. Aumentan los insumos y la mano de obra, y encima se suman las promociones de los bancos. No hay margen”, sentencia.

Según indican en las empresas, el margen de un comercio se ubica en el 70 por ciento del precio al público, deducido el IVA. Para el fabricante, rondaría la mitad. “El aumento del cuero es importante y hay un faltante, por la caída en la faena”, cuenta María Inés Caruso, directora de Rossi & Caruso, una brand de indumentaria que sumó la línea de calzado hace más de cinco años. Con tres locales en el país y uno en España, está en tratativas para exportar a la región.

Cristian Calandra, responsable de Maggio Rossetto, coincide: “Los productos tienen cada vez más mano de obra. Por la inflación y las promociones se pierde rentabilidad”. La marca, que nació en 1996, está renovando su imagen, de un estilo conservador a brand de tendencia. “Tenemos seis locales y la idea es llegar a fin de año con igual cantidad, pero reformados. Buscamos crecer en el interior con franquicias”, añade. Produce 60.000 pares/año y proyecta aumentar la facturación 30 por ciento.

“Con el dólar quieto y la inflación, los mercados externos se van cerrando”, sentencia Edgardo Tosone, presidente de Tosone, compañía de 70 años con fábrica propia, de la que anualmente salen 25.000 pares para cuatro tiendas en Buenos Aires y zapaterías del interior. Exporta el 20 por ciento a Perú, Chile, Bolivia y Suiza. “Tenemos una industria complementaria de apoyatura que es débil, con tiempos largos para conseguir materia prima”, concluye. Luces amarillas de un sector que, pese a su crecimiento, enfrenta desafíos.



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